Con la peste en la calle
marzo 16, 2020 6:10 am



 
No resultaba difícil imaginar que este disparate de la historia bolivariana (vaya, vaya, ¡ay! la falta de respeto con Bolívar) nos traería este episodio apestoso que estamos viviendo con el desembarco en nuestras cansadas y torturadas tierras venezolanas de un virus que, para mayor desgracia del dictador y su combo de corruptos embusteros, no puede ser atribuido al inefable imperialismo yanqui. Esta vez, por gracia divina o tortura oriental, la peste nos llega directamente desde el aliado cercano y querido, un país al cual le debemos desde los pantalones hasta la forma de caminar: China.

 

 

No es, por supuesto, la China que hizo alucinar a Marco Polo, ni tampoco la que alimentó la Ruta de de la Seda que hoy quiere revivir el dictador aposentado en Pekín, sino el régimen comunista que engañó a un comandante militar ignorante abriéndole una línea de crédito tan multimillonaria que era una trampa cazabobos que nunca alcanzaríamos a pagar en todos los años del mundo y del más allá si es que existe. Pero el tonto no ve la trampa hasta que cae en ella.

 

 

Para mayor desgracia, ahora nos mandan este virus terrible que, como bien lo ha reconocido el gobierno chino, nació y fue amamantado allá hasta expandirse por todo el mundo. Desde luego, que la China comunista (¿o capitalista disfrazada?) no tiene la culpa de este virus horrible, pero sí de haber creado este monstruo de corrupción que se ha extendido como una peste imparable por todos los niveles de la sociedad venezolana. No existe ninguna duda del papel que el gobierno chino ha tenido en el mantenimiento de esta dictadura que hoy nos agobia, y de qué manera cobra en barriles de petróleo, oro, uranio y otros minerales extraídos de Guayana esta deuda impagable.

 

 

Hoy la camarilla civil y militar bolivariana pega un grito de auxilio a China para que nos haga llegar material sanitario para combatir una peste cuya llegada era inevitable y ante la cual, como era lógico, este gobierno debía haber tomado previsiones con suficiente antelación. No lo hizo a tiempo y hoy llora lágrimas de cocodrilo porque si algún gobierno tenía prioridad en la ayuda china en Suramérica era Venezuela.

 

 

Pero dejemos a un lado a China, que quiere cobrar todo todito por encima de nuestras miserias. Hablemos de Cuba, de donde se supone debe llegar o llegará la ayuda para la peste china. ¿Somos para ellos la prioridad o su propia gente?  Ya sabemos que Cuba nos desprecia porque considera vasallos a nuestros gobernantes… ¿y qué les obliga a gastar sus escasos suministros antivirus en nosotros?

 

 

Sabemos perfectamente bien que Cuba es un burdel para cierto y turbio turismo italiano y español y que las empresas hoteleras de la península son sospechosamente vinculadas a la red de turismo sexual. ¿Y qué ha hecho Cuba y el gobierno español de Pedro Sánchez para darse cuenta de que había un monumental peligro en este intercambio internacional de sexo y virus?

 

 

Hoy pagan las consecuencias y nosotros también, de esa alcabala que impide a los viajeros regresar a sus lugares de origen. En Venezuela no se tomaron para nada las medidas que eran necesarias para quien llegara de Europa. Bastaba con un mínimo control de los viajeros, que no son tantos hoy en día. Pero los militares y sus subalternos civiles ni siquiera estaban entrenados.

 

 

Y luego salieron a dar la cara quienes menos credibilidad tienen ante la opinión pública, prominentes voceros desprestigiados, con un discurso improvisado y mal expresado, lleno de hipocresía. El país, como era lógico de esperar, se hundió en la confusión y sigue a oscuras, sin agua y jabón para lavarse las manos. En esa estamos, con la sociedad civil haciendo todos los esfuerzos, y con los soldados muy asustados y desprotegidos en sus cuarteles.

 

Editorial de El Nacional