Humillación infinita

Posted on: mayo 26th, 2013 by lina No Comments

El castellano de Venezuela es hoy una lengua muerta: la sociedad no tiene manera de decir basta. No hay, en el lenguaje o en algún sistema abstracto (incluidas las leyes y las instituciones), forma eficiente de detener esta degradación desenfrenada.

 

La conversación entre un coronel de las fuerzas armadas cubanas y Mario Silva, sicario de Hugo Chávez, a quien éste encargaba de perpetrar sus asesinatos morales, ha puesto a Venezuela frente a una realidad que el país intentó por todos los medios desconocer: hemos sido ocupados por una impotencia extranjera. Los hijos de los libertadores del siglo XIX hemos sido colonizados por una islita hambreada, presa de una tiranía de más de medio siglo, destino turístico sexual de Europa e incubadora de un patético destino humano: la jinetera y su intrincada red de chulos.

 

Esta vergonzosa certeza se había mantenido elusiva, pese a la presencia indisimulada de agentes del castrismo en todos los estratos del poder, incluidos las fuerzas armadas, todos los ministerios, los registros mercantiles, las oficinas de extranjería y, naturalmente, los dos jefes del Estado que ha dado el chavismo cuya cautividad de La Habana es evidente en el acento antillano con que hablan. Lo teníamos delante. Era cotidiano, agobiante, abyecto e ignominioso. Y, sin embargo, se mantenía subterráneo.

 

Ese diálogo de bandoleros que tuvimos que tragar es la evidencia definitiva, la demostración concluyente que no podremos soslayar, de la deshonra que nos tizna. A presenciarlo, con bombos y platillos, nos invitó la oposición democrática, a través de los reiterados mensajes de Henrique Capriles, quien voceaba en las redes sociales como quien empuña un megáfono para publicitar, en las calles de una aldea, la inminente función de circo. Con innecesario y pueril suspenso, la grabación fue anunciada como si se tratara de un logro de la oposición, del país, de algún venezolano, de algo positivo que por fin hubiera ocurrido. Muy lejos de eso, era el reventón de un pozo séptico que en su estallido no sólo dejó pringado al presidente de la Asamblea Nacional, cubierto de insultos y de imputaciones, al Ejército de Venezuela, a muchos altos oficiales de la Fuerza Armada, al Consejo Nacional Electoral, al partido de gobierno, a ciertos directivos de VTV, al Presidente de la república impuesto por el CNE, a la primera dama… no sólo enterró a estos en una montaña de vituperios, sino, lo más importante, es que aplastó al pueblo venezolano al restregarle en la cara su subordinación a los Castro y su soldadesca.

 

Lo más prominente del monólogo de Silva es la constatación, por boca del gran vocero del chavismo (después de Fidel Castro y Hugo Chávez), de que en Venezuela no se mueve una hoja sin aprobación de los Castro y sin que suponga un beneficio para su régimen. Los recursos de Venezuela, sus instituciones, sus tradiciones democráticas, culturales y espirituales, la dignidad de los venezolanos, lo más sagrado de la república, todo es leña para la hoguera que mantiene tibios los cadáveres insepultos de los Castro. Nuestro país es bodega para el saqueo cubano, con la connivencia, naturalmente, de sus cómplices locales. El Presidente es un bobo que ellos naricean. La industria petrolera es botín que ellos controlan.

 

No es la primera vez que la tiranía cubana pone en riesgo sus intereses de ultramar por esa necesidad de jactarse del dominio que ejercen sobre otros países. Mucho de eso ocurrió en la isla de Granada, donde se cebaron como garrapatas e hicieron exhibición de su asalto hasta extremos intolerables… O en el Chile de Allende, donde Fidel Castro no sólo distribuyó sus comisionados sino que se instaló por tres semanas, recorrió el país, se permitió manifestar su escepticismo frente a la vía pacífica de Allende y, en el acto de despedida del Estadio Nacional, insultó a la oposición chilena.

 

Por algún vericueto de su perversa psicología, a los cubanos no les basta ejercer su hegemonía, necesitan aún prendas de vejación. Ya las tienen. No nos han ahorrado afrentas. Tanto se han llevado que también nos han dejado sin las palabras necesarias para consolar el alma lacerada y dar inicio al relato que contribuya a suturar el país malherido.

 

 

Milagros Socorro

«Nicolás, me llamo Yendri, ayúdame»

Posted on: mayo 12th, 2013 by lina No Comments

Hasta este viernes en la tarde, Yendri Sánchez estaba preso e incomunicado en la Comunidad Penitenciaria de Coro, adonde fue llevado el 20 de abril, un día después de haber irrumpido en el acto de investidura de Nicolás Maduro como Presidente de la República. Sánchez, de 28 años, no iba armado ni hizo gesto alguno de agresividad contra Maduro. Lo que hizo fue burlar la seguridad de la Asamblea nacional, donde tenía lugar el evento, y arrojarse sobre el micrófono que usaba el cuestionado mandatario para proyectar un grito: «Nicolás, me llamo Yendri, ayúdame, por favor».

 

Inmediatamente fue detenido y desde el 20 de abril no se ha sabido de él, con excepción de esa mañana, cuando fue llevado por funcionarios del Sebin a la morgue de Bello Monte, para que se le practicaran exámenes médicos de rutina, con el objeto de determinar su estado exacto de salud física y mental al momento de ser llevado a la cárcel de Coro.

 

Al salir de la medicatura forense del Cicpc, en Bello Monte, Yendri Sánchez se dirigió a los periodistas y con mucha angustia les dijo: «Necesito hablar con los medios de comunicación, me tienen aislado, no me dejan hablar. Me quieren dar de uno a seis años de cárcel». Y cuando los reporteros le preguntaron por qué estaba detenido, respondió: «Porque el Estado quiso». Y añadió que en el Sebin lo estaban tratando «más o menos…».

 

La severidad de las medidas aplicadas a Yendri Sánchez contrasta con la primera reacción de Maduro tras la intempestiva aparición del exhibicionista mediático. Tras reprochar el descuido de quienes debieron protegerlo de ese asalto, que resultó inofensivo, Maduro se comprometió a hablar «con este muchacho, que debe estar desesperado».

 

Según Mariangi Sánchez, hermana mayor del audaz cazador de instantes de fama, Yendri estaba desesperado porque a ella le habían diagnosticado en noviembre un cáncer de útero y la familia carece de medios para hacerle frente. Además de no haber tenido éxito en su solicitud de apoyo «a diversas instituciones».

 

Mariangi Sánchez niega que su hermano tenga perturbaciones mentales, como se ha afirmado.

 

Y descarta que el salto sobre Maduro respondiera a la determinación de Yendri de competir con su primo Juan Salas Sierra, quien le llevaba la delantera en el torneo de robar cámaras en espacios estelares al acercarse hace unos meses al presidente Chávez en plena cadena proselitista. Mariangi asegura que Yendri actuó movido por la intención de conseguir una ayuda para ella.

 

La hermana explica que el preso incomunicado nació en Maracaibo y está residenciado en Ciudad Ojeda, donde ejerce diversos oficios después de haberse iniciado en la vida laboral como limpiabotas en la plaza Baralt de Maracaibo. Dice que Yendri, quien abandonó los estudios al completar el sexto grado, es un auténtico fanático del presidente Hugo Chávez, de quien habría recibido un dinero con el que construyó la casita que comparte con la madre de ambos, una señora zuliana que «se gana la vida lavando ajeno»; y que ahora pasa los días llorando porque no le han permitido hablar con su hijo o tener alguna noticia de él desde que fue llevado a Coro el 20 de abril.

 

Lo más asombroso es que, tal como asegura Mariangi Sánchez, la misma negativa ha recibido la abogada Gloria Janet Espífano, quien se ofreció a llevar el caso como defensora privada, sin cobrar un centavo a la familia, que, de todas formas, no podría permitirse semejante egreso. «La doctora supo del caso, se indignó por la injusticia que se está cometiendo con mi hermano y nos contactó para ofrecernos su ayuda profesional. Pues bien, mi mamá y la doctora fueron a Coro a hablar con Yendri y no les permitieron el más mínimo contacto ni un vistazo al expediente».

 

Muy pronto se olvidó Maduro del muchacho desesperado con quien dijo que hablaría. Y en este momento Yendri Sánchez es rehén de la Ley Orgánica contra la Delincuencia Organizada y Financiamiento al Terrorismo (la repudiada Ley Sapo), un instrumento para criminalizar la protesta, el mismo que fue usado contra los estudiantes de Barquisimeto detenidos por las protestas de los días 15 y 16 de abril, quienes han denunciado torturas, humillaciones y maltratos infligidos por la Guardia Nacional Bolivariana.

 

Quién sabe qué le estarán haciendo a Yendri Sánchez y cuáles serán las marcas de martirio que sustraen a la mirada de su madre y su abogada.

 

Milagros Socorro

 

Impugnado, recusado, caceroleado

Posted on: mayo 5th, 2013 by lina 1 Comment

El video muestra un mastodonte aplicado a dar puñetazos con arrebato que se diría erótico. Lo habían llevado para eso.

 

Es un hecho que quedó demostrado al saberse que Michael Leeroy Reyes Argote es diputado suplente de Elvis Amoroso, quien se encontraba en el hemiciclo.

 

Lo más triste es que todo indica que Reyes Argote fue incluido en la lista de parlamentarios del PSUV por su fuerza bruta; y no porque tuviera una trayectoria política de consideración o hubiera dado trazas de alguna capacidad de discernimiento.

 

Una investigación en Google confirma la levedad de su carrera: una reseña de Sociales, de El Periodiquito, lo muestra, anchísimo y con sonrisa bovina, en un “magnífico agasajo” ofrecido por la directiva del Sindicato Nacional de la Fuerza Unitaria Magisterial (Sinafum), a la que Michael Leeroy pertenecía, para celebrar el Día del Educador; una discusión en Aporrea revela su escasa credibilidad como sindicalista; y en una noticia del 2 de mayo de 2012, Cilia Flores anunciaba los ganadores de las primarias del PSUV, entre los cuales se encontraba el nombre Michael Leeroy, por Aragua.

 

La nota destacaba la declaración de Cilia Flores, en reacción a la iniciativa de la oposición democrática de desaparecer los cuadernos de votación de sus primarias para evitar que el régimen persiguiera a quienes participaron en ese evento que concernía estrictamente a las fuerzas coaligadas en la Mesa de la Unidad Democrática.

 

“Nosotros no vamos a destruir nuestras actas –estableció Flores– ni vamos a destruir nuestros libros, porque esa participación quedará para la historia como un testimonio para que recuerden lo que fue una democracia verdadera”. Asimismo, se citaba la felicitación de Chávez al elenco conformado con el voto de 38% de la militancia del PSUV. Y pare usted de contar. No hay en la red ninguna mención a alguna intervención suya en la Asamblea.

 

El hieratismo con que Diosdado Cabello contemplaba la agresión, la prudencia con que Pedro Carreño (siempre en la retaguardia, cuidándose de permanecer a salvo, mientras azuzaba a otros) observaba el desempeño parlamentario de Michael Leeroy, son muestra de que el ataque estaba preparado.

 

Y que Michael Leeroy y otras figuras de similar tonelaje oratorio habían sido llevadas a la Asamblea para cayapear a los diputados de oposición.

 

Si hubiera alguna duda, basten las declaraciones de la ministra Iris Varela, quien afirmó que los parlamentarios chavistas saben pelear “mejor” porque son “pueblo”. En sus palabras queda confirmada la subestimación del liderazgo oficialista al pueblo, al que equipara con estos matones.

 

Aun felicitado, como estará por quienes lo utilizan de fuerza de choque, algún malestar debe haber en el fondo del alma del gigante metido a diputado por quienes sólo ven en él un búfalo violento.

 

Esa desazón debe estarse extendiendo por todo el oficialismo, asomado a un país en honda crisis: la oposición ha impugnado las elecciones del 14 de abril, con base en una documentación de 180 páginas, un estoraque que constituye la tumba de la credibilidad del actual CNE.

 

Además, el recurso se hace ante un TSJ que se acusa de apéndice del Ejecutivo y que sólo se observa con el fin de agotar las instancias dentro del país, requisito para acudir a ámbitos internacionales; pero, además, se recusa a la presidenta y al vicepresidente de la Sala Electoral, ambos en reciente desempeño como militantes del PSUV.

 

En el curso de esta semana hemos tenido constatación de: acoso a trabajadores públicos por pesar sobre ellos “la sospecha” de no haber votado por Maduro; virtual anulación de la Asamblea Nacional, que bajo la presidencia del teniente Cabello ha perdido su razón de ser; y, si fuera poco, el Tribunal Supremo de Justicia ha sido tratado de mero trámite, debido a la pérdida de su solemnidad y señoría.

 

La guinda de este panorama la ha puesto la hija del fallecido Chávez, quien hizo pública la patética escena que protagonizó en un restaurante del este de Caracas, donde fue caceroleada.

 

Al conocerse en qué costosos locales pasa la muchacha sus holganzas, parte del país se ha preguntado: ¿cómo paga María Gabriela Chávez las cuentas de estos restaurantes? que, sin duda, están muy por encima de las posibilidades de la clase profesional venezolana. Como diría el tártaro de la salsa, ¿cómo lo hacen? ¿Cuál es el negocio?

 

Milagros Socorro

 

La Unidad y sus tiburones

Posted on: abril 28th, 2013 by Laura Espinoza No Comments

Los titulares resaltaban el hecho de que José Vicente Rangel, ex canciller, ex vicepresidente y consejero de Chávez, a mes y medio de la muerte del caudillo había “reconocido el liderazgo de Capriles” en su columna de Últimas Noticias. Extraño. Rangel no se caracteriza por recapacitar antes de que el poder cambie de manos. Unas líneas más y la intención queda clara: la supuesta admisión de Rangel es una argucia para presentar al abanderado de la Unidad Democrática como un insensato, promotor de la violencia y sujeto al margen de la ley.

 

Finge asombrarse el Fouché local de que Capriles haya reaccionado ante el estrecho margen de diferencia en el resultado de las elecciones “de la manera que lo ha hecho”. Y califica la exigencia de Capriles de una auditoría confiable como “actitud contraria a la ley”, acusándolo de buscar muertos con su insistencia en un conteo confiable. Omite, naturalmente, el montón de irregularidades registradas durante el proceso electoral, que van desde el voto asistido y las mesas con 100% de votos por Maduro, hasta la presencia de bandas de motorizados oficialistas coordinados para intimidar.

 

Esta aberrante práctica fue documentada por organizaciones de toda seriedad. Hay pruebas incontestables de su acción, frecuencia y peligrosidad. Así como hay constancia de los vicios del RE (siguen apareciendo muertos que votaron), del desalojo a punta de pistola de testigos de la oposición, de suplantación de identidad, así como persisten las sospechas por la extraña suspensión del servicio de Internet de Cantv (supuestamente porque la cuenta de Twitter de Maduro había recibido un ataque cibernético). Son demasiadas las intervenciones fraudulentas. Frente a esto, el candidato de la Unidad está obligado a plantar reclamo; precisamente porque ejerce el liderazgo sobre unas masas que lo eligieron para ello tras sucesivos conteos (las primarias, el principal) y como producto de un largo trayecto en el que las huestes democráticas venezolanas demostraron su espíritu crítico (no porque se le considere un mesías, ni porque haya recibido carta blanca para hacer lo que le dé la gana).

 

En fin, si Capriles es un líder, como ha quedado demostrado y como Rangel asoma como señuelo para sus fines, no tiene más alternativa que defender sus votos, denunciar los abusos y denunciar lo que considera una gigantesca impostura del CNE y de otras instituciones. Esto lo hace Capriles porque ha recibido un mandato de la Unidad Democrática, que es una coalición de organizaciones políticas, pero, sobre todo, es el profundo deseo de los demócratas venezolanos. La Unidad es el gran patrimonio de la oposición, el gran soporte de Capriles y el gran aval de la oposición ante el mundo. Contra la Unidad arremete Rangel.

 

Todos los recientes movimientos del oficialismo… quizás, debería decir, de la camarilla que ha secuestrado al régimen, imponiendo su estilo bandolero y degradando la Asamblea Nacional a timba canalla, así como el CNE, el TSJ y la Fiscalía a “colectivos”, tienen como finalidad quebrantar la Unidad Democrática y debilitarla. Porque saben que ella sustancia y potencia la creciente fuerza de Capriles y porque es evidente que ella es la plataforma del cambio y de la consiguiente reinstitucionalización de la república.

 

Para fracturar la Unidad, Diosdado Cabello ha llegado a los ilegales extremos de negar la palabra a los diputados de oposición y de retener sus salarios (una medida, por cierto, que lo retrata en la jerarquía que concede al dinero). El propósito es doblegar la voluntad de los parlamentarios de la Unidad, la mayoría de los cuales necesita ese dinero para su subsistencia, mediante el silenciamiento y la mengua, para propiciar los saltos de talanquera.

 

Lo mismo se aplica a la presión ejercida sobre Manuel Rosales, alicate que se afinca al ritmo de los partes médicos de Arias Cárdenas, para que traicione a Pablo Pérez y a Capriles, a cambio de permitirle el regreso a Venezuela. Esto se colige se los tweets del zuliano desmintiendo acusaciones en este sentido y asegurando que sus principios son “firmes y claros”.

 

En la delicada situación que vivimos,

 

la Unidad Democrática

 

es el espacio del compromiso con los objetivos superiores. Cualquier movimientoen su desmedro atentaría contra el designio de millones de venezolanos que exigierona su liderazgo una coincidencia a favor del elevado proyecto común.

 

La Unidad

 

es un sueñocolectivo. Como tal debe reverenciarse.

Milagros Socorro

Fuente: EN

Cuestión de formación

Posted on: abril 22nd, 2013 by Super Confirmado No Comments

El libro de memorias que prepara Héctor Rodríguez Bauza, ex militante del PCV y líder universitario al momento de la caída de Pérez Jiménez, en cuya resistencia tomó parte activa, incluye la siguiente anécdota.

 

Alrededor del año 68, César Segnini, Luis Loretto, Chucho Valedón y Alfredo Padilla, miembros de la dirección nacional de la Juventud Comunista de Venezuela, entonces comprometida con la insurrección armada contra el gobierno constitucional, son detenidos por la Digepol y llevados a la sede de ese organismo de inteligencia policial, en Los Chaguaramos. Al entrar al calabozo 2 de la Digepol, los aborda un tipo de malas pulgas, evidentemente el jefe del lugar, y les pregunta por qué han caído.

 

Somos presos políticos ­contesta uno de ellos con aires de superioridad y para establecer de entrada la diferencia con los presos comunes-. Somos comunistas.

 

¡Comunistas! ­replicó al punto el capo de la celda-. Yo me los calé a ustedes varios años en la Modelo. Qué va, los comunistas son una ladilla. Aquí no se permite cantadera, himnos, carteleras ni cursitos. Ah, y la gente se levanta a la hora que le da la gana, avisao. Aquí nadie viene a dar clases.

 

Aquí no, mano

El escarmentado presidiario se refería a la escuela de formación política que había fundado José Rafael Núñez Tenorio (19331998) en la cárcel modelo, donde estuvo preso por sus actividades como miembro del PCV, del que fue militante entre 1950 y 1969.

 

Núñez Tenorio fue un autor muy prolífico. Se había graduado de Filosofía en la UCV, donde ejerció la docencia, lo mismo que en el Pedagógico de Caracas.

 

Tal como relata Rodríguez Bauza, en el pabellón de los presos políticos de la cárcel modelo funcionaba una escuela donde se dictaban materias como Teoría Política, Estrategia y Táctica, Economía Política, Historia de Venezuela… Y el himno de mala recordación para el reincidente era el que se cantaba a coro rugiente cada vez que traían un nuevo camarada al calabozo: «Soy comunista / toda la vida / y comunista he de morir / O bella ciao, bella ciao, bella ciao, ciao, ciao…

 

Los presos de Pérez Jiménez, tanto comunistas como adecos, también tenían actividades de educación en las cárceles. Y, desde luego, fuera de ellas. La formación académica e ideológica era fundamental en las organizaciones políticas de Venezuela; y era de rigor que sus cuadros fueran buenos estudiantes, asiduos a las lecturas de diversas disciplinas, así como a las bellas artes, y conocedores del bagaje doctrinario tanto de sus partidos como de los adversarios. Pero llegó un día en que la paz democrática relajó estas exigencias. A ello contribuyó la debacle de las corrientes internacionales duras. La política dejó de ser para élites instruidas y duramente templadas en la lucha, el debate y la ética.

 

El resultado lo vemos en la actual dirigencia del chavismo; y, muy concretamente, en la camarilla que se ha hecho con el gobierno en Venezuela. Los disparates de Nicolás Maduro, a pocas horas de haber sido arrojado al ruedo de un empujón, darían para llenar un cuadernillo de dislates. Por estos días, las reuniones en Venezuela tienen pautada, como mínimo, una hora de comentarios acerca de la siempre renovada cosecha de burradas del heredero de Chávez. Es un hombre sin escolaridad, sin lecturas, sin curiosidad intelectual y sin cortapisas para hacer gala de su necedad.

 

No otra cosa puede decirse del segundo del régimen, Diosdado Cabello, a cuya rustiquez se añade el hecho, difundido por sus allegados, de que es un individuo lleno de temores y desconfianzas, cuya conducta está orientada por su paranoia. De manera que el país ha tenido que soportar, al frente de la Asamblea Nacional, un patán lleno de temores cuya forma de lidiar con los conflictos es el intento de crear miedo en los demás.

 

Carentes de argumentos para convencer, se han determinado a vencer a la fuerza. Con el agravante de que el poder ha caído en manos de la ultra, que siempre ha fracasado, que desprecia las leyes y percibe el diálogo como una claudicación.

 

Esta falta de formación, que va pareja con una total ausencia de valores, sustenta también el descarado saqueo al que el chavismo se ha entregado con una escala muy visible: los de arriba roban y los de abajo malandrean. De este desierto de virtudes no puede esperarse sino el espinoso cactus del desplome y la desbandada.

 

Fuente: EN

Por Milagros Socorro

Cuestión de formación

Posted on: abril 21st, 2013 by lina No Comments

El libro de memorias que prepara Héctor Rodríguez Bauza, ex militante del PCV y líder universitario al momento de la caída de Pérez Jiménez, en cuya resistencia tomó parte activa, incluye la siguiente anécdota.

 

Alrededor del año 68, César Segnini, Luis Loretto, Chucho Valedón y Alfredo Padilla, miembros de la dirección nacional de la Juventud Comunista de Venezuela, entonces comprometida con la insurrección armada contra el gobierno constitucional, son detenidos por la Digepol y llevados a la sede de ese organismo de inteligencia policial, en Los Chaguaramos. Al entrar al calabozo 2 de la Digepol, los aborda un tipo de malas pulgas, evidentemente el jefe del lugar, y les pregunta por qué han caído.

 

­Somos presos políticos ­contesta uno de ellos con aires de superioridad y para establecer de entrada la diferencia con los presos comunes-. Somos comunistas.

 

­¡Comunistas! ­replicó al punto el capo de la celda-. Yo me los calé a ustedes varios años en la Modelo. Qué va, los comunistas son una ladilla. Aquí no se permite cantadera, himnos, carteleras ni cursitos. Ah, y la gente se levanta a la hora que le da la gana, avisao. Aquí nadie viene a dar clases.

 

Aquí no, mano.

 

El escarmentado presidiario se refería a la escuela de formación política que había fundado José Rafael Núñez Tenorio (19331998) en la cárcel modelo, donde estuvo preso por sus actividades como miembro del PCV, del que fue militante entre 1950 y 1969.

 

Núñez Tenorio fue un autor muy prolífico. Se había graduado de Filosofía en la UCV, donde ejerció la docencia, lo mismo que en el Pedagógico de Caracas.

 

Tal como relata Rodríguez Bauza, en el pabellón de los presos políticos de la cárcel modelo funcionaba una escuela donde se dictaban materias como Teoría Política, Estrategia y Táctica, Economía Política, Historia de Venezuela… Y el himno de mala recordación para el reincidente era el que se cantaba a coro rugiente cada vez que traían un nuevo camarada al calabozo: «Soy comunista / toda la vida / y comunista he de morir / O bella ciao, bella ciao, bella ciao, ciao, ciao…

 

Los presos de Pérez Jiménez, tanto comunistas como adecos, también tenían actividades de educación en las cárceles. Y, desde luego, fuera de ellas. La formación académica e ideológica era fundamental en las organizaciones políticas de Venezuela; y era de rigor que sus cuadros fueran buenos estudiantes, asiduos a las lecturas de diversas disciplinas, así como a las bellas artes, y conocedores del bagaje doctrinario tanto de sus partidos como de los adversarios. Pero llegó un día en que la paz democrática relajó estas exigencias. A ello contribuyó la debacle de las corrientes internacionales duras. La política dejó de ser para élites instruidas y duramente templadas en la lucha, el debate y la ética.

 

El resultado lo vemos en la actual dirigencia del chavismo; y, muy concretamente, en la camarilla que se ha hecho con el gobierno en Venezuela. Los disparates de Nicolás Maduro, a pocas horas de haber sido arrojado al ruedo de un empujón, darían para llenar un cuadernillo de dislates. Por estos días, las reuniones en Venezuela tienen pautada, como mínimo, una hora de comentarios acerca de la siempre renovada cosecha de burradas del heredero de Chávez. Es un hombre sin escolaridad, sin lecturas, sin curiosidad intelectual y sin cortapisas para hacer gala de su necedad.

 

No otra cosa puede decirse del segundo del régimen, Diosdado Cabello, a cuya rustiquez se añade el hecho, difundido por sus allegados, de que es un individuo lleno de temores y desconfianzas, cuya conducta está orientada por su paranoia. De manera que el país ha tenido que soportar, al frente de la Asamblea Nacional, un patán lleno de temores cuya forma de lidiar con los conflictos es el intento de crear miedo en los demás.

 

Carentes de argumentos para convencer, se han determinado a vencer a la fuerza. Con el agravante de que el poder ha caído en manos de la ultra, que siempre ha fracasado, que desprecia las leyes y percibe el diálogo como una claudicación.

 

Esta falta de formación, que va pareja con una total ausencia de valores, sustenta también el descarado saqueo al que el chavismo se ha entregado con una escala muy visible: los de arriba roban y los de abajo malandrean. De este desierto de virtudes no puede esperarse sino el espinoso cactus del desplome y la desbandada

 

Milagros Socorro

 

La hora de la verdad

Posted on: abril 7th, 2013 by lina No Comments

 

“Siempre es preferible escuchar la verdad”, dijo Henrique Capriles Radonski en el acto de apoyo a su candidatura de los trabajadores de la cultura y el espectáculo. Se refería al hecho de que la inflación y el desabastecimiento son demasiado visibles para mentirle al electorado, que padece en toda su dureza las consecuencias de la devastación de la economía nacional obrada por Chávez y sus cómplices.

 

Es el momento de preguntarle al abanderado de la Unidad Democrática si también es preferible decir la verdad. Nicolás Maduro ha expresado ya en varias ocasiones que el 14 de abril el país escogerá entre dos modelos. Esta es, por cierto, una de las pocas verdades que el interlocutor de los pájaros se ha atrevido a postular. Y Capriles ha perdido la ocasión de plantarse y decir que, efectivamente, hay dos modelos.

 

Uno –el que está en marcha y que la continuidad del castro-chavismo amenaza con profundizar–, es el que nos ha arrastrado a confundir el resentimiento con la ideología, a ser uno de los países más violentos de la Tierra, a ver el bolívar devaluado, a la grave crisis de las instituciones (el legado más nefasto del fallecido autócrata) y al desmantelamiento moral de Venezuela, que será, sin duda, el aspecto de la debacle que exigirá mayor esfuerzo de reconstrucción.

 

Y otro, diametralmente opuesto, que se afinca en la fortaleza de las instituciones (y no en un iluminado); que apunta a fortalecer la producción nacional (y no el negoción que supone la economía de puerto, que ha enriquecido a tantos chavoburgueses civiles y militares); que no se basa en la lucha de clases sino en la igualdad de oportunidades, de manera que todo el mundo pueda desarrollarse en un marco de reglas claras y con un Estado serio y responsable, que haga cumplir las leyes y garantice el imperio de la Constitución.

 

En suma, un modelo alternativo que ve a Fidel Castro por el espejo retrovisor, como un carcamal ya más que superado, y que pone por delante paradigmas de modernidad, libertades civiles, separación de poderes, contraloría de los recursos públicos, cultura del trabajo, inversión extranjera y estímulo al éxito.

 

¿No cree el candidato de los sectores democráticos que la gente también quiere que le digan estas verdades?

Aún sin que le resultara halagüeña, el pueblo británico la escuchó hace unos días, cuando su Gobierno anunció medidas para reducir el déficit público y advirtió que era preciso evitar que «se penalice a los ciudadanos que trabajan duro» y se «premie» a quienes no lo hacen.

Por su parte, Raúl Castro anunció esta semana la determinación de su viejo gobierno de difuntos y flores de recompensar a los trabajadores productivos, mientras en Venezuela una reciente ley del trabajo protege a los manganzones.

 

Lo vemos en cualquier comercio: colas para ser atendido y para pagar, porque la mitad de los empleados no se ha presentado a su centro de trabajo, o lo hace tarde, o se ha ido antes, o salió a desayunar a las 10 de la mañana.

 

Ese trabajador venezolano que, ante los reclamos de los clientes y las llamadas de atención de su supervisor, responde: “Si quieres, me botas”, en la certeza de que sus faltas y sus irresponsabilidades no le acarrearán consecuencias negativas porque la inamovilidad laboral así se lo garantiza, ¿quiere oír verdades?

 

Esas masas que se han apuntado a la especie según la cual yo soy pobre porque alguien más se llevó lo que a mí me correspondía, ¿quieren oír la verdad?

 

Quienes le aceptaron a Chávez que arremetiera contra los productores venezolanos, que los expropiara, que los persiguiera porque, finalmente, el petróleo favorece la adquisición de bienes en el extranjero, ¿quieren oír la verdad? Quienes han celebrado los insultos de Chávez y su secuela, Nicolás Maduro, a venezolanos, quienes los han visto encanallar la institucionalidad, ¿quieren oír la verdad?

 

No digo que no. Puede ser. Quién quita que estemos empachados de tanta simulación y tanto fracaso.

El punto es que el liderazgo está obligado a decir la verdad, porque, como bien observó Capriles en su encuentro con los artistas, los hechos siempre terminan por imponerse.

 

El país sabe que después de abril vienen tiempo muy duros. Lo sabe porque no es tonto. Pero hasta ahora ningún líder ha comparecido a la presencia del pueblo para decirle la verdad, esa que nos costará sangre, sudor y lágrimas.

 

@Milagros Socorro

 

Instrumento ciego

Posted on: marzo 31st, 2013 by lina No Comments

Una venezolana recientemente emigrada a Madrid y determinada a cambiar su vida dejando atrás los malos recuerdos y las muchas inhibiciones, reunió una noche los bríos para aceptar la invitación formulada por un pretendiente a quien no conocía de mucho tiempo, pero cuya bonhomía y decencia daba por descontado. El convite no era usual.

El hombre quería llevarla a un sado-maso club, lugar con el que ella no tenía ninguna experiencia, pero donde no sería forzada a hacer nada que no quisiera, le aseguró el admirador.

Llena de curiosidad y cierto sustillo, la venezolana vio rápidamente desinfladas sus expectativas al encontrarse en un local decorado a medias entre restaurante chino y fiesta de fin de año en una escuela. Los habitués, lejos de ser marineros treintañeros y forzudos, que mostraran las guerras a ninfas salidas de revistas satinadas, eran mustios oficinistas al borde de la jubilación y la obesidad mórbida.

Pero lo más desolador eran los latiguitos que algunos blandían como la abuela del novio con el cotillón de la hora loca. Era evidente que aquellas fustas de pacotilla eran de fabricación china, baratas e inofensivas. En vez de resultar incitante o mínimamente seductora, aquella gente resultaba lastimosa. “Pobrecitos”, me cuenta mi amiga que se la pasó pensando mientras contemplaba el ir y venir de aquellas sencillas almas enfundadas en semicuero negro.

Esta inversión de los sentimientos, este fraude de los efectos, es el que producen los mensajes para insultar y hostigar, pergeñados por los esbirritos del Gobierno. Naturalmente, lo que hacen es ilegal. Más aún, delictivo. Una amenaza de muerte o de golpiza es un hecho criminal, pero el caso es que esta pobre gente incurre en tal cantidad de errores de ortografía, puntuación y sintaxis que los destinatarios de sus venablos

pasan de la indignación a la piedad en cuestión de media línea.

 

La lluvia de ataques verbales (por Twitter, mensajes de texto y llamadas telefónicas) no sólo evidencia la bajeza de los métodos “de intimidación” del régimen (lo que logran es encrespar más la determinación de liberar a Venezuela de su oprobiosa influencia), así como el dispendio de recursos, puesto que, ciertamente, esas campañas cuestan dinero, sino la catástrofe educativa en la que nos encontramos.

La debacle es de dos órdenes: de fondo y de forma. El contenido de las comunicaciones es básicamente genital, homofóbico, misógino y muy pueril. En absolutamente ninguna de las piezas se rebate la idea que supuestamente se aspira a combatir. El punto es que los periodistas, dibujantes, escritores y comentaristas de televisión son… bueno, ya se sabe cuál es el repertorio del primitivismo. No hay el más mínimo atisbo de un planteamiento, la más leve sombra de un debate. Todo se reduce a que ellos nos van a matar.

En mi caso, soy reo de pena capital por haber afirmado en televisión que Venezuela es un país modesto. Alguien me escribió para decirme que Venezuela estaba predestinado a salvar al mundo y que por afirmar lo contrario me echarían “plomo”. Esto, en los términos que habría usado un niño de 5 años, criado en la calle y arrullado por el albañal.

La forma, por consiguiente, es un horror. No hay otra manera de aludir a la terrible circunstancia que encadena a una persona a la incapacidad de poner por escrito sus percepciones e imaginaciones porque carecen de las herramientas para ello. “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”, dijo Wittgenstein. Y esta gente, reducida por el Gobierno a jauría, ha sido previamente castrada en sus capacidades cognitivas.

Ellos son las verdaderas víctimas. Condenados por unas autoridades cómplices de la suspensión de clases con frecuencia y prolongación tales que impiden el cumplimiento de un calendario escolar ya de por sí recortado. Esos patéticos muchachos que, al ser sorprendidos por alguien que los llama al teléfono del que acaban de hacer una llamada para ofrecer un martirio a tubazos, no logran articular palabra, no atinan a salir del caletre que les han dictado.

Ellos son los damnificados por la ministra de Educación, Maryann Hanson, quien, al ser interrogada acerca de la extensión de la suspensión

de clases por el alargamiento de la capilla ardiente de Chávez, mostró su disposición acrítica a semejante desatino diciendo que ella es “disciplinada” y que conduciría las políticas de su despacho según “las instrucciones del presidente encargado, Nicolás Maduro”.

 

Qué les quedará al final de la jornada, ¿la sensación de que son revolucionarios?

 

Milagros Socorro

 

La mentira de la modernidad

Posted on: marzo 29th, 2013 by Super Confirmado No Comments

Llegué a una peluquería de dos pisos en Las Mercedes y saqué una libreta. Para ese momento había decidido hacer mi indagación entre “la gente” (y no entre especialistas). La pregunta no era muy sencilla: ¿Qué le hizo pensar que vivía usted en la modernidad y cuál fue el hecho –o conjunto de hechos- que luego le convenció de que eso no era del todo cierto?

 

-Mi madre pensaba –dijo la odontóloga Magaly R- que la modernidad le había llegado con la harina precocida, la lavadora automática y mi ingreso a la universidad, que para ella era el equivalente a la liberación definitiva de todas las tareas domésticas, es decir, el colmo de lo moderno. Y yo crecí convencida de lo mismo. Pero la realidad me ha demostrado que no era tan fácil zafarme de las obligaciones de la casa y, encima, trabajo en la calle. Quiere decir que tengo el doble de los deberes de mi madre, con el añadido de que tengo que estar perfecta todo el tiempo. Y aquí me ves (esperando que haga efecto una crema para teñir el cabello). En realidad, soy lo más parecido a una esclava.

 

-Para mí, moderno era todo lo que se distinguía del pasado –afirma María Teresa E., profesora de inglés de secundaria-, los cajeros automáticos, el teléfono celular, internet y los viajes en avión. Ahora me parece que lo moderno es poder pagar todo eso con tu sueldo; y no es mi caso, porque si tengo dinero para una cosa no lo tengo para la otra. Será, entonces, que la modernidad es una ilusión que uno se crea leyendo revistas y viendo televisión por cable, que, por cierto, cada mes pienso que lo voy a tener que cancelar. No se puede ser moderno con tres lochas en la cartera.

 

-La modernidad es poder ser gay –dice Richard G., uno de los peluqueros-. Mi tío lo ha sido toda la vida, pero se tuvo que casar. Ahora yo puedo vestirme como quiera, ser gay y vivir como gay. Claro que no es lo mismo ser gay en el Teresa Carreño y en los bares del San Ignacio, que ser gay en mi barrio y subir las escaleras con este pelo (tres tonos perfectamente diferenciados) y esta camiseta (anaranjada y sin mangas). Ahí es donde pienso que sólo se puede ser moderno en el extranjero o en las urbanizaciones.

 

-La modernidad es lo contrario de la religión y las supersticiones –dice la psicóloga Ana Cecilia S., quien acaba de escuchar a Richard, consultado mientras le secaba el cabello a ella-. Muchos creímos que Venezuela había llegado a la modernidad al comprobar que la gente, hasta en los pueblos más remotos, llevaba a sus hijos al pediatra, en vez de limitarse a ponerle una pulsera contra el mal de ojo. Pero resulta que ahora vemos el país invadido por la religión bolivariana, a la que no se le pide hechos tangibles sino que se la ve con fanatismo a favor y en contra.

 

-Lo moderno es tener todos los novios que quiera –tercia Yoleida A., joven manicurista. Pero eso es lo que pienso yo y otra cosa es lo que piensan los hombres. En Venezuela las mujeres somos modernas pero los tipos no, porque muchos siguen creyendo que uno les va a lavar y a planchar, y también a pagar las cervezas.

 

El equipo de la Universidad Católica Andrés Bello, que realizó un estudio para comprender –y dar pautas para superar- nuestro principal problema social, que se conoce como el Proyecto Pobreza y es autor de un volumen ya convertido en best seller (Detrás de la pobreza, Caracas, 2004), utilizó la noción de modernidad, según su percepción individual, para elaborar una tipología cultural que permitiera medir las concepciones que acercan o alejan a los venezolanos de la posibilidad de salir de la pobreza o mantener la situación de prosperidad, para los no pobres.

 

Lo que el Proyecto Pobreza considera modernidad a escala individual es:

 

La convicción de poder intervenir sobre nuestro entorno;

La confianza en los otros y en las instituciones;

Un conjunto de valores que orientan las acciones hacia el universalismo, la neutralidad afectiva, la valoración del otro por el desempeño; la especificidad y la orientación hacia la colectividad.

“Cuando afirmamos que una sociedad que legitima el éxito material debe incorporar creencias que facilitan la consecución de ese objetivo, es porque son cierto tipo de creencias las que facilitan la satisfacción de las aspiraciones individuales y grupales. Esas creencias son las que normalmente calificamos como modernas”.

 

-Para nuestro estudio –prosiguen los miembros del Proyecto Pobreza- el control que tengan los individuos sobre su existencia y su propia realidad (locus de control); la propensión a actuar en los ámbitos públicos bajo la regulación de normas universalistas, roles específicos y orientados hacia la colectividad; así como la capacidad de posponer gratificaciones de corto plazo y de evaluar a sus semejantes en relación a lo que hacen y no a lo que son; la confianza en las personas y las instituciones sociales, forman parte de la material prima cultural que resulta en comportamientos productivos capaces de liberar a las comunidades de una vida material precaria y de subsistencia dentro de arreglos institucionales modernos.

 

Enla presentación de un libro, persisto en mi encuesta.

 

-En Venezuela creímos que habíamos llegado a la modernidad –me responde Enrique C., arquitecto- cuando le ofrecimos al mundo el arte cinético, que no tenía nada que ver con “lo antropológico”, ni estaba apegado a lo anecdótico ni a lo local. Era universal y pasaba por lo tecnológico. No transcurrirían muchas décadas para que viéramos destrozadas las obras de arte cinético que están en el espacio público y que viniera un gobernante a demoler a mandarriazos lo que jurábamos que era el colmo de lo moderno y que constituía una forma de dialogar con el mundo en condiciones de igualdad. En este momento, hay muchas ciudades y museos del extranjero que exhiben con orgullo las obras de Alejandro Otero, Cruz Diez y Jesús Soto, y nosotros vemos las nuestras convertidas en chatarra y desmanteladas por los indigentes.

 

-Lo moderno era que no hubiera pobres –completa la socióloga Alba R., que ha escuchado lo anterior- y que una inmensa clase media tuviera acceso a todas las formas estéticas, que las consumiera y las hiciera parte de su vida. Lo que pasó fue que la clase media se redujo a lo mínimo y aquellos pobres que quisimos ver desaparecidos se acercan al arte… para vender las obras por pedazos en el mercado negro.

 

-Modernidad es democracia, chica –remata Rosita M. ex agente inmobiliaria-. Cada vez que ocurre algo que nos hace sospechar que la democracia está en pico de zamuro, nos ponemos más lejos del sueño de ser modernos.

 

Ser modernos, es, según la perspectiva delproyecto pobreza, tener el control de la propia vida y conducta, con un rol activo y autónomo; participar en la vida pública a partir de normas que priven para todos mediante un pacto que no deje a nadie por fuera; evaluar a los demás por lo que hacen y no por la familia o clase social a la que permanecen; y la confianza que tengamos en los otros así como en las instituciones que nos regulan. Salta a la vista que en un contexto político de autoritarismo, paternalismo y Estado asistencial, la modernidad es una condición tan cuesta arriba como la misma democracia. Un país donde la ciudadanía se restringe al voto, que a su vez se convierte en instrumento para que alguien gobierne según su voluntad y sin cuestionamiento ni escrutinio alguno, no es, precisamente, un país que marche en la senda de la modernidad. Curiosamente, la operación simbólica que ha hecho el poder en Venezuela podría resumirse en estos términos: para llegar al siglo XXI tenemos que hundirnos en el XIX y pretender que el XX no existió; y para ello se exalta la guerra de Independencia en forma acrítica y mitológica, y se desacredita toda la producción intelectual del XX (que la política ya estaba suficientemente desacreditada). Y cuando la devaluación de ese siglo XX no es suficiente en lo discursivo, se procede a su demolición física, acto vandálico que es travestido en reivindicación de lo local y rechazo a lo “corporativo-capitalista-extranjero”, como dicen los voceros-empuñadores de la mandarria aludida por uno de los encuestados.

 

El Metro de Caracas se ha vuelto lento. Y, cuando al fin llega el vagón, algunos pasajeros optan por quedarse en el andén a la espera de uno que venga menos repleto. Me acerco a algunos, libreta en mano. La pregunta es la misma.

 

-Moderno es que las cosas cambien, a cada rato, y siempre para mejor, para hacer la vida menos dura y más agradable –dice Víctor R., mesonero en un restaurant de La Candelaria. En Caracas nos olvidamos de eso. Aquí todo el mundo piensa que mañana será más difícil que hoy.

 

-Yo antes creía que la modernidad era la tecnología, las máquinas que hacían lo que nadie quiere hacer y que todas las cosas de la vida implicaran el uso de un aparato chévere, con lucecitas, y cada vez más pequeño –es la visión de Edson Ch., graduado en una escuela técnica en busca de trabajo. Pero después he visto que la tecnología cuesta mucho y también se pone vieja, se echa a perder y se ensucia. Mire el Metro…

 

-Moderno es todo lo que uno no puede tener –chasquea una señora vestida de enfermera antes de dar la espalda.

 

Al intervenir en la discusión sobre modernización y modernidad, Massimo Desiato escribió en El Nacional, mayo de 2001, que: “un país es moderno cuando asume, por ejemplo, los valores propios de la producción: el orden, la disciplina, la iniciativa, la responsabilidad, la planificación, la eficiencia, la optimización de recursos y todo aquello que a muy grandes rasgos podríamos denominar ‘ética del trabajo’. Estos valores distan mucho de ser neutrales. Representan, de hecho, el modo de ser de culturas orientadas hacia la producción que pueden entrar en conflicto con identidades culturales cuyos valores se centran más en la convivencia y, más en general, en lo lúdico. Intuitivamente diré que los sectores populares y no tan populares del país se muestran muy receptivos a la lógica del consumo, pero reacios a asumir la lógica de la producción que corresponde a tal consumo. En otras palabras, desde el punto de vista del consumo, Venezuela es sin lugar a dudas un país moderno; aún no lo es desde el punto de vista de la producción”.

 

Esto, en lo que tiene que ver con lo económico, en lo político dejemos la palabra al Proyecto Pobreza: “La modernidad aspira a que esta vida en sociedad se traduzca en bienestar y libertad para las personas, razón por la cual es en la modernidad donde se busca conciliar la libertad de los proyectos individuales con la vida social. Las ideas que, tras un velo de crítica, le huyen a la modernidad y a la institucionalización de la vida social, finalizan por esconder también las pretensiones colectivistas y, en ocasiones, totalitarias de algunos proyectos”.

 

-Modernidad –dijo un hombre en la cola para entrar al cine- es no saber cómo se llaman los militares de un país.

 

 

 

Fuente: Milagros Socorro

Por Milagros Socorro

Los pobres en los obituarios

Posted on: marzo 17th, 2013 by lina No Comments

Tan recientes los hechos, tan incierto el devenir, una cosa podemos dar por segura: los obituarios de Chávez constituirán material para el estudio y no poco bochorno. Los analistas más metódicos toparán con el hecho de que uno de los tópicos más recurridos, después del cacareado carisma (que algunos jamás percibimos), es el aserto según el cual el fallecido autócrata encabezó un gobierno que favoreció a los pobres.

 

En muchas notas sorprendía el hecho de que, inmediatamente después de esa afirmación (una especie de santo y seña para ingresar en el asunto), se hacía el inventario de la destrucción que Chávez obró en la economía, la infraestructura, la seguridad ciudadana, la institucionalidad y la unidad nacional. ¿Cómo pueden dar por cierta una impronta positiva para los pobres, al tiempo que se hace un balance tan nefasto de las condiciones indispensables para superar esa condición?

 

Tengo para mí que esta paradoja es hija de la pereza: lo más fácil es concluir que Chávez era inepto, pero auténtico en su sensibilidad hacia los desposeídos; que la adquisición de una nevera gracias al candidato que la regala en faena proselitista es mucho «para quien no tiene nada»; y, finalmente, que Venezuela se merecía a Chávez.

 

La verdad es que lo contrario de la pobreza no es la tenencia de unas monedas en el bolsillo. Ni siquiera un aumento provisional del consumo. Lo opuesto a la pobreza es la mejoría estable de la capacidad adquisitiva; es el acceso a un empleo bien remunerado y garantía de permanente capacitación; es, en suma, el diseño y aplicación de políticas públicas capaces de generar las condiciones para que los ciudadanos puedan desarrollar sus capacidades productivas. Y esto último no puede garantizarlo un Estado en solitario y mucho menos en pugna permanente con el sector privado.

 

La verdad es que entre 2004 y 2008 se registró en Venezuela un notable aumento en el consumo, atribuible al alza espectacular de los precios del petróleo. El destino de ese ingreso extraordinario no fue la inversión ni una planificación de esas que dan frutos en el largo plazo, sino que se arrojó al torrente de la liquidez.

 

«Se tiró para la calle». Hubo, pues, una repartición de la renta, y la siembra del petróleo quedó una vez más pospuesta. Pero el régimen, en su voracidad propagandística, presentó el realero circulante como un logro de su «política social». Esto es, «del amor de Chávez por los pobres».

 

Ya en el primer semestre de 2001, el INE daba cuenta del frenazo de aquel supuesto desarrollo social.

 

Había menos plata. Y mucho más gente que mantener, puesto que cada año se abultaba la nómina de las ayudas en el extranjero, sin excluir a los Estados Unidos, la primera economía mundial.

 

La dolorosa verdad es que el régimen de Chávez podía poner pañitos calientes pero no sacar a nadie de la pobreza porque nunca se lo propuso. Porque para empujar gente de la clase baja a la media es preciso crear y multiplicar las oportunidades para que sus capacidades se traduzcan en mejor ingresos fijos, así como en un entorno que ofrezca seguridad jurídica y ciudadana, acceso igualitario a los servicios sociales y público, así como a los derechos civiles y políticos.

 

La terrible verdad es que tras los años de bonanza, solo explicables por el repunte de los precios de los hidrocarburos, hoy tenemos un país abrumado por el déficit fiscal, la inflación, el desabastecimiento, el centralismo, la corrupción administrativa, el militarismo y, más que nunca, la dependencia ilimitada del petróleo.

 

Lo peor de todo es que muchos de los beneficios que los pobres venezolanos recibieron, porque tenían todo el derecho a ello y porque, como acaba de establecer el Informe sobre Desarrollo Humano 2013, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) «en la última década todos los países aceleraron sus logros en las dimensiones de educación, salud e ingresos; en tanto que ningún país sobre el cual había datos disponibles tuvo un valor del IDH más bajo en 2012 que en 2000», fueron asignados por la vía de las listas o censos concebido para facilitar el chantaje político.

 

La verdad es que esos pobres fue mucho lo que tuvieron que acosar a Chávez y a su séquito para entregarles un papelito con sus planteamientos y súplicas. Cuántas veces el tal empoderamiento no ha sido más que un alivio pasajero… logrado con gesto mendicante que en mucho degrada al pobre individuo puesto en tan indigna situación.

 

 

Milagros Socorro