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Mensaje a García

Posted on: marzo 30th, 2021 by Laura Espinoza No Comments

 

 

El panorama político de Latinoamérica se está complicando. Volvamos atrás las páginas de la historia para entender lo que hoy ocurre.

 

 

El comunismo y el capitalismo se enfrentaron al terminar la II Guerra Mundial. En 1946 Winston Churchill anunciaba: “Desde Stettin en el Báltico, a Trieste en el Adriático, ha caído sobre el continente un telón de acero”.

 

 

Se desata entonces un conflicto de proporciones planetarias. Las dos superpotencias -EEUU y la URSS- trataban de imponer su sistema al mundo. Aquel drama se conoció como la “Guerra Fría”.

 

 

Uno de aquellos sistemas defendía las libertades y la supremacía del individuo y otro defendía la supremacía del Estado y la superioridad del colectivo.

 

 

El tiempo se encargaría de dar su veredicto. En los lugares donde se le permitió a los ciudadanos cultivar libremente sus iniciativas, el nivel de vida de la sociedad mejoró notablemente. En cambio, en los sitios donde el Estado coartó las libertades individuales para favorecer supuestamente al colectivo, el resultado fue la implantación de estados policiales y un atraso generalizado.

 

 

El 9 de noviembre de 1989 cayó el Muro de Berlín. El Muro había sido erigido por orden de Kruschev 28 años atrás para frenar la migración masiva de ciudadanos que huían del comunismo. Siempre ocurre lo mismo.

 

 

Aquel evento desató en los tres meses siguientes el llamado “Otoño de las Naciones” durante el cual se desmorona el Telón de Acero. Uno a uno los países de Europa Oriental y Central abandonaron al moribundo comunismo. Su “requiescat in pace” quedó sellado con la desaparición de la URSS en 1991 y su desmembramiento en 15 países diferentes.

 

 

“Es el fin de la historia” proclamó Fukuyama. El impacto de aquellos hechos fue determinante en la América Latina.

 

 

Como reacción aparece en 1990 el Foro de São Paulo integrado por un grupo de partidos comunistas y movimientos de la izquierda latinoamericana. El protagonismo lo asumen Fidel Castro y Lula, para entonces cabeza del Partido de los Trabajadores de Brasil. Imperaba en ellos una marcada frustración ante la caída del Muro de Berlín, el derrumbe de la Cortina de Hierro, el fin del comunismo y la desintegración de la URSS que privaba a Cuba de la ayuda soviética y la hundía en el llamado «período especial».

 

 

Comenzando el Siglo XXI, el Foro de São Paulo alcanza éxitos políticos resonantes. El primero de ellos fue el triunfo de Hugo Chávez en Venezuela, seguido por Lula en Brasil, Kirshner en Argentina, Tabaré Vázquez en Uruguay, Evo Morales en Bolivia, Michelle Bachelet en Chile, Rafael Correa en Ecuador, Daniel Ortega en Nicaragua, Zelaya en Honduras, Fernando Lugo en Paraguay y otros. La franquicia del Foro de São Paulo se extendió desde Centro América hasta la Patagonia.

 

 

Sin embargo, la corrupción, el populismo y la ineptitud dieron al traste con la magia de muchos de aquellos gobernantes que se creyeron semidioses. Casi todos, empobrecieron a sus frustrados pueblos a pesar de que el aumento en el precio de las materias primas estaba dotando a aquellos países de ingresos extraordinarios.

 

 

Uno a uno fueron desapareciendo. Quedaron sólo los gobiernos dictatoriales de Venezuela, Cuba y Nicaragua, con sus ciudadanos sumidos en la miseria y hundiéndose en las arenas movedizas de la corrupción y la violación de DDHH.

 

 

Sin embargo, pareciera que la marea trae de vuelta una nueva tanda de líderes de esa tendencia. En Argentina ganó un Alberto Fernández, versión suavizada de los Kirshner; en México un Manuel López Obrador hace resonar nuevamente la alarma del populismo; en Bolivia Luis Arce que resurge de las filas de Evo Morales; en Ecuador Andrés Arauz, candidato correísta quien lideriza la primera vuelta y tendrá que enfrentar a Guillermo Lasso en la segunda ronda electoral y, en Colombia, un Gustavo Petro pareciera encabezar las preferencias electorales según las encuestas.

 

 

Los venezolanos tenemos que sacar conclusiones de este drama. No podemos seguir simplemente dándole largas a nuestra tragedia. Corremos el riesgo de vernos nuevamente rodeados de gobiernos simpatizantes de aquel retroceso histórico que fue el Foro de São Paulo. Este es un mensaje a García.

 

 

José Toro Hardy, editor adjunto de Analítica

 

 

Este artículo se publicó originalmente en Analítica el 30 de marzo de 2021

Votar o no votar, he ahí el dilema

Posted on: marzo 24th, 2021 by Laura Espinoza No Comments

En un excelente artículo mi amigo José Antonio Gil Yepes -quien me inspira la más alta confianza por su profesionalismo y responsabilidad- señala que, de acuerdo con la encuesta Ómnibus, “el 95% evalúa negativamente la situación del país, el 56% estima que su situación personal es mala y el 83% rechaza la gestión del presidente NM… Estas percepciones coinciden con el fracaso de las políticas estatistas, populistas y engañosas que han destruido cerca del 80% del PIB; gestado la única hiperinflación del mundo, quebrado a todas las 802 empresas del Estado y obligado a migrar a casi seis millones de venezolanos”.

 

 

Después de analizar el deplorable estado en que también se encuentra la oposición, concluye el Dr Gil Yepes: “¿por qué empeñarse en darle jaque mate al Rey, como jugando ajedrez? … Así es muy difícil triunfar y, más aún, sostenerse. Sería pues preferible que consideremos jugar Wei Qi, ocupar espacios vacíos y, al final de un largo juego, el que ocupa más espacios gana”

 

Con el mayor respeto, discrepo de mi amigo. Propone que debemos participar en las elecciones y concentrarnos en “ocupar gobernaciones; en bloquear el avance de las Leyes inconstitucionales del Poder Popular que apuntan a la creación de una república parlamentaria comunal; en evitar la inconstitucionalidad de adelantar las elecciones de alcaldes; y en que el gobierno le ceda espacios en la economía al empresariado vendiendo parte o todas las acciones de las empresas del Estado que no producen sino pérdidas económicas y morales”.

 

La experiencia nos indica que nos enfrentamos a un adversario que no acepta el “fair play” ni respeta la Constitución. Cada vez que la oposición ha ganado unas elecciones, el régimen se las arregla para desconocer o alterar los resultados.

 

 

Ya en el 2007, la oposición había ganado el referendo a través del cual Chávez proponía una Constitución socialista. Obligado por los militares a reconocer la derrota, Chávez concluyó: “No retiro ni una sola coma de esta propuesta, esta propuesta sigue viva”. Y siguió adelante con su proyecto socialista como si nada hubiese ocurrido.

 

 

Muchos sostienen que el régimen abortó el triunfo de Henrique Capriles en el 2013. Lo más seguro es que quién sabe.

 

 

En las elecciones del 6 de diciembre del 2015 para la Asamblea Nacional, la oposición ganó limpia y abrumadoramente aquellas contienda. De inmediato, valiéndose del TSJ, el régimen desconoció el triunfo de 3 diputados del Estado Amazonas, para así robarles el control de las 2/3 partes de los escaños y por tanto la mayoría calificada. Después, el mismo TSJ declaró a la Asamblea en “desacato”, figura no aplicable conforme la Constitución.

 

 

Más aún, cuando la oposición cumplió a cabalidad con todos los requisitos legales para solicitar un referendo revocatorio contra Maduro en el 2016, el régimen primero alegó “firmas planas” para demorar el proceso y luego, en una impúdica decisión, Tibisay Lucena presidenta del CNE anunció la paralización del proceso, pese a que se habían recolectado más de 1,8 millones de firmas para solicitar el revocatorio (cínicamente alegando fraude), cuando la exigencia legal era de apenas 200.000 firmas.

 

 

Incluso en las elecciones para la Asamblea Constituyente celebradas en el 2017, la propia empresa Smarmatic, favorita del régimen a cargo del sistema de votación en Venezuela, denunció que hubo “manipulación del dato de participación” señalando una diferencia entre la cantidad anunciada y la que arroja el sistema de al menos un millón de electores. En adelante el CNE renegó de esa empresa recurriendo a otra más “amigable” y a equipos diseñados como “un traje a su medida”.

 

 

Los líderes opositores, como en el caso de Leopoldo López, Antonio Ledezma, Julio Borges y tantos más, son acusados de cualquier cosa, los meten preso, los inhabilitan o los obligan a exiliarse. Cuando pierden una gobernación, nombran un “protector”. Por ejemplo, en las regionales del 15 de octubre de 2017, Nicolás Maduro, nombró a cuatro ex candidatos oficialistas a gobernadores que perdieron en las elecciones regionales como nuevos «protectores» de las entidades ganadas por la oposición, asignándoles el poder real.

 

 

El oficialismo no es democrático. Siempre avanza en sus objetivos de perpetuarse y adueñarse exhaustivamente el poder.

 

 

Como decía Churchill, “si olvidas el pasado, no tienes futuro”. El régimen no respeta resultados. Conscientes de ello y parafraseando a Shakespeare, muchos en el país se debaten entre votar o no votar, he ahí el dilema.

 

 

Editorial Analítica:

José Toro Hardy, editor adjunto de Analítica

José Toro Hardy: “El fraude y sus consecuencias”

Posted on: diciembre 11th, 2020 by Laura Espinoza No Comments

 

 

 

Diciembre es mes de elecciones, así lo establece la Constitución. Dictaduras y democracias recurren por igual a ellas. Las democracias lo hacen para que sea el soberano, mediante el voto universal, directo y secreto el que elija las autoridades que habrán de representarlo.

 

 

Pero sin tapujos podemos decir que nos estamos refiriendo a una feroz dictadura. Ellas también necesitan elecciones, aunque sean amañadas, porque desesperadamente buscan de una apariencia de legitimidad.

 

 

Se trata de una dictadura que tiene las cárceles llenas de presos políticos, donde la tortura, la violación a los DDHH y otros métodos crueles están a la orden del día y en la cual los adversarios políticos más destacados están presos o en el exilio, y que cuenta con una brutal policía política que no duda en matar.

 

 

La censura es feroz. Los medios de comunicación saben que la más mínima transgresión es severamente sancionada. La oposición no tienen por tanto acceso a esos medios para difundir sus ideas. La intranquilidad social es evidente y ferozmente reprimidas.

 

 

La Iglesia ha denunciado lo que ocurre y en sus comunicados denuncia las injusticias del régimen. Algunos de sus hombres no dudan en describir la cruda realidad.

 

 

Al acercarse las elecciones, el dictador no quería dejar nada al azar. Hizo designar un árbitro electoral sumiso, que no importa cuales fuesen los resultados, anunciaría los que el régimen necesitaba. Además inundó los medios de comunicación de propaganda electoral a su favor, sin dejar el más mínimo resquicio para la expresión de ideas adversas, excepto las que por diseño la propia dictadura aceptaba.

 

 

Llegó finalmente el día. Como era de esperar, los resultados no fueron los que el régimen deseaba. Pero no importa, los anunciados por el organismo electoral estaban cuidadosamente prefabricados y aunque cualquier parecido con la realidad no fuese más que mera coincidencia, el objetivo estaba cumplido.

 

 

Hablamos del 15 de diciembre de 1957 y el dictador era Marcos Pérez Jiménez. Desesperado por arroparse de cierta legitimidad que le permitiese aferrarse al poder, había convocado un plebiscito. Los principales líderes de la oposición, Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba y Rafael Caldera estaban en el exilio e infinidad de otros estaban en las cárceles de la Seguridad Nacional, en la clandestinidad o en el exilio.

 

 

Pérez Jiménez no quería correr riesgos. Había designado un Consejo Supremo Electoral totalmente sumiso. No quería sorpresas.

 

 

Sabía que tenía a la Iglesia en contra. Monseñor Arias Blanco, Arzobispo de Caracas había escrito una Carta Pastoral donde denunciaba vívidamente las injusticias de su gobierno. Sin embargo, aquel dictador tenía a su favor una sólida obra material.

 

 

Llegó por fin el día del Plebiscito y muy pronto se hizo evidente que perdería. Como estaba previsto el Consejo Supremo Electoral anunció un triunfo deslumbrante a favor del dictador, que garantizaba su continuidad.

 

 

Vano intento. Las Fuerzas Armadas conocían los verdaderos resultados y, 15 días después, el 31 de diciembre en la noche se alzó la aviación. Aunque aquella intentona fue controlada, el 23 de enero de 1958 Pérez Jiménez se vió obligado a huir en la madrugada en su avión conocido como la vaca sagrada.

 

 

El fraude electoral sirvió para desenmascarar al dictador. Los hombres de armas, que hasta ese momento lucían totalmente plegados al régimen, le dieron la espalda y de allí en adelante sólo era cuestión de tiempo antes de que cayese el régimen.

 

 

Hoy en día los venezolanos tenemos un poderoso instrumento a nuestra disposición para que se conozca la verdadera voluntad del pueblo. Nada ayudará más a desenmascarar el fraude del 6D que la Consulta Popular que se está adelantando. A no dudarlo la comunidad internacional está siguiendo cuidadosamente sus resultados. También los hombres de verde lo saben. El Plan República estuvo presente en las Parlamentarias y están conscientes de la abrumadora soledad que caracterizó a los centros electorales. También están siguiendo los resultados de la Consulta y sin duda contrastarán los resultados.

 

 

Se trata de una consulta absolutamente confidencial, constitucional y vinculante. El voto es secreto. Es tu oportunidad. ALZA LA VOZ.

 

 

José Toro Hardy, director adjunto de Analítica

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