Ojos que no ven

Posted on: diciembre 19th, 2022 by Super Confirmado No Comments

 

“Los criminales ganan más que los políticos por eso unirse a los primeros es una gran tentación para los segundos.”

Joe Barcala.

 

Cuando me decidí a escribir esta nota, tenía otro título en mente: La vista gorda, pero éste que utilizo me pareció algo más elegante, aunque el tema a tratar no lo sea en absoluto. En pocos días, entre las emociones desbocadas que despierta el Mundial de Qatar, hemos visto dos casos en nuestro subcontinente en los que a pesar de que los gobiernos son populistas y con rasgos autoritarios, una institución indispensable de toda democracia, como es la justicia, funciona.

 

 

La vicepresidente argentina Cristina Kirchner ha sido condenada a seis años de cárcel e inhabilitada para ejercer cualquier cargo público. Lo más probable es que la susodicha no pase un solo día entre rejas, pero la sola sentencia por sí misma es un triunfo de la lucha contra la corrupción. Los jueces encontraron a Kirchner responsable de defraudar al Estado por unos 500 millones de dólares mediante el desvío de contratos de obras públicas a empresarios amigos.

 

 

El otro caso que se veía venir porque en Perú las destituciones de presidentes siempre se ven venir (cinco presidentes en cinco años) es el de Pedro Castillo quien pasó de presidente a preso en cuestión de dos horas. Las denuncias de corrupción y de otros delitos, condujeron a la crisis que hoy vive ese país. Muertos, heridos y destrucción por manifestaciones populares en un país cansado de una inestabilidad continua y de la convicción general de que los congresistas que destituyen presidentes no son muy distintos de ellos. Aún no sabemos cuánto se robó el «cara de yo no fui» de Pedro Castillo, esperamos noticias.

 

 

Si volvemos a Cristina Kirchner y a la cantidad por ella defraudada (suponiendo que sea lo único de lo que C.K se apropió o defraudó) tengo que reconocer –muy a mi pesar– que la vicepresidenta ha sido hasta cierto punto recatada en echar mano a la cosa pública.

 

 

Ubiquémonos en Venezuela y sumemos solo cuatro de los más protuberantes casos de asalto al erario público: Rafael Ramírez ex ministro de Petróleo, 4.850 millones de dólares. El apodado «Tuerto» Andrade (Alejandro), ex escolta de Hugo Chávez y ex tesorero de la Nación, sentenciado en los EEUU a 10 años de cárcel por fraude contra el patrimonio venezolano estimado por la OFAC (Oficina de Control de Activos Extranjeros) en 2.400.000.000 de billetes verdes, Su colaboración como confidente (vulgo «sapo») con la Justicia de ese país rebajó su condena a 3 años y 6 meses más 1 año de libertad supervisada.

 

 

Los bolichicos de Derwick, empresa contratada para la instalación y ensamblaje de plantas de generación de electricidad, cobraron sobreprecios de 2.900 millones de dólares para construir centrales eléctricas que nunca ejecutaron. Cada vez que hay un apagón o un bajón en el suministro de electricidad, recuerdo a sus progenitoras.

 

Haiman El Troudi, ex presidente de la C.A. Metro de Caracas, recibió 145 millones de dólares de Alfa, empresa fachada de Odebrech. Es dueño de tres inmuebles en Francia y un edificio en París, por un valor de 16 millones de euros, más una cuenta congelada en Suiza a su esposa y a la suegra por 45 millones de dólares.

 

 

El saqueo a Venezuela, la perversa trama de corrupción alcanza los 400.000 mil millones de dólares. No hay cifras exactas de cuánto han robado el Gobierno y sus enchufados porque la Contraloría General de la República –en más de 20 años– ha investigado solo un caso importante de corrupción conocido como Pudreval (miles de toneladas de alimentos ya caducos importados por el Gobierno de Chávez). Más recientemente y como retaliación política, el ministro de Petróleo Tareck El Aissami, denunció por corrupción a su antecesor Rafael Ramírez y a su entorno.

 

 

La vista gorda ante estos robos sin antecedentes en Venezuela y quizá en el mundo, es propia de un país en el que no existen instituciones independientes. La justicia, por llamarla de alguna manera, se urde en Miraflores.

 

Otra evidencia pública (y además internacional) de ojos que no ven o de vista gorda, es la locura colectiva que provoca el Mundial de Qatar. A nadie o quizá a unos pocos para no generalizar, les importa todo el entretejido de corrupción que está detrás de la elección de ese país extremista islámico y cómplice con el terrorismo internacional, como sede de este mundial 2022. Si omitimos lo más cruel e inhumano que sustenta esta contienda futbolística –la muerte de unos 7.000 obreros en la construcción de la infraestructura– podemos ver en Netflix el documental “Los entresijos de la FIFA” que no deja hueso sano al implicar a los entonces presidentes en ejercicio Nicolás Sarkozy, de Francia y Lula Da Silva, de Brasil y a un montón de dirigentes políticos y deportivos, en la tramoya de sobornos que armó el gobierno de Qatar para obtener la sede.

 

Como guinda del pastel, acaba de estallar en el parlamento europeo el llamado Qatergate que ha llevado a la destitución de la vicepresidenta del organismo y diputada griega Eva Kaili, por haber recibido dinero de Qatar para influir en las decisiones de la institución. Es un terremoto que la hace tambalear.

 

 

La vista gorda con la corrupción que desde hace años rodea a la FIFA se parece mucho a los ojos que no ven con la corrupción que en los últimos 23 años ha transformado a Venezuela en un país paria entre las naciones. En ambos casos la vida sigue y aquí no ha pasado nada.

 

 

Paulina Gamus 
@Paugamus

No es país para viejos

Posted on: octubre 28th, 2022 by Maria Andrea No Comments

 

 

Tomo prestado el título de la muy laureada película (cuatro Oscar, dos Globos de Oro y tres Bafta) de los hermanos Joel y Ethan Coen, cuyo argumento nada tiene que ver con lo que escribiré a continuación.  La única relación —además del título— es que se trata de un western y es esa,  en cierto modo,  la vida que hemos tenido los venezolanos en los últimos 23 años con la particularidad de que en los western clásicos siempre ganan los «muchachos» y en el venezolano ganaron los bandidos.

 

 

Comenzaré con una pregunta a la que trataré de encontrar respuestas: ¿quién es viejo? Depende del país y del sexo. La primera vez que un conductor, molesto por alguna maniobra que hice  con mi vehículo, me gritó ¡Vieja! yo tendría unos 35 años de edad. Luego, en la actividad política, aspiré a la dirección nacional de mi partido Acción Democrática cuando tenía 45 años. Humberto Celli, de AD y Eduardo Fernández, de Copei eran dos años más jóvenes que yo. Para el común, ellos eran la generación de relevo, yo era «la vieja Gamus».  Pero mi pregunta aún no tiene respuesta. ¿Quién es viejo?

 

 

El expresidente uruguayo José Mujica, por ejemplo, se acaba de declarar no solo anciano sino casi terminal. En el reciente foro «El reto social de América latina», declaró: «No soy otra cosa que un anciano con consciencia de que se va, pertenezco a un tiempo que se va». Mujica tiene 87 año, pero tenía 80 cuando terminó su mandato en 2015.

 

Rafael Caldera tenía 78 cuando comenzó su segunda presidencia en 1994 y estoy segura de que en ningún momento sintió que su edad era un impedimento para ejercerla. Otra cosa es lo que pensaran los demás y esa es quizá la respuesta a mi pregunta: viejo es aquel que se siente viejo y no aquel a quien los demás ven como tal. Por ejemplo, Joaquín Sabina, el extraordinario cantautor español al cumplir 70 años ha dicho:  «Yo no me veo con un corazón ni un cerebro de 70 años». En cambio, Charles de Gaulle debe haberse sentido muy aporreado por el paso del tiempo cuando pronunció la frase que se le atribuye: «La vejez es un naufragio».

 

Hay países cuya población se va llenando de personas de la tercera y cuarta edad, algunos gobernantes  al manifestar lo que eso significa en los presupuestos de sus naciones han sido duramente criticados por insinuar la necesidad de practicar la eutanasia de esos ancianos que son una carga financiera.  También lo son en numerosos casos,  para sus familias, cuando padecen enfermedades irreversibles.

 

 

Pero carga o no, en los países de Europa donde es mayor el envejecimiento de la población, hay  respeto por  los  ancianos y por hacerles la vida más fácil y llevadera. Los autobuses tienen plataformas para que suban las sillas de ruedas, en las calles y edificios  hay rampas con el mismo objeto.  En los cines, museos y teatros hay descuentos especiales para personas de edad avanzada.

 

 

En Venezuela, país gobernado con  ficciones,  simulación y palabras huecas, existe desde hace 11 años la Gran Misión en Amor Mayor (obsérvese que no es una misión cualquiera sino una muy, pero muy grande). En el décimo aniversario de la misma, Nicolás Maduro declaró: «La Gran Mision en Amor Mayor  cumple 10 años protegiendo y reivindicando la lucha de nuestros adultos mayores. Como fiel defensor del legado del comandante Chávez, no descansaré hasta recuperar el estado de bienestar de los abuelos y abuelas, vulnerado por el bloqueo criminal».  No podía faltar la culpa «del bloqueo criminal» para  justificar que los ancianos deban hacer colas interminables para obtener una pensión miserable que apenas les alcanza para comprar un pollo  o un cartón de huevos. Pero  allí no queda el desprecio y humillación a los simplemente ancianos y nada de esa hipocresía de «adultos mayores». Muchas de las oficinas públicas, por ejemplo las del Saime, están ubicadas en locales a los que se solo se puede acceder por decenas de escalones que los ancianos no soportan.

 

 

Como desde los gobiernos municipales no se da el ejemplo de cumplir con las normas urbanísticas, los más modernos y lujosos edificios carecen de rampas para el acceso no solo de sillas de ruedas sino también de coches de bebés. Muchos arquitectos consideran que colocar pasamanos en las escaleras de acceso a esos edificios, afean el conjunto. Es decir que privilegian la estética frente a la seguridad de las personas. No sé cuántos viejos gozan de la suerte de no tener dolor de rodillas o de espalda y de esa manera no sufrir porque en las mejores clínicas del país y en los más pomposos restaurantes, las  pocetas o inodoros sean tan bajitos y de tan molesto uso que parecieran diseñados para jardines de infancia,  y que no tengan barandas.

 

 

Uno, una o unes (para hacerle una carantoña a la necedad del lenguaje inclusivo) puede ser viejo por partes. Por ejemplo, en mi caso, de la cintura hacia arriba (corazón y cerebro, como Joaquín Sabina) me siento de 40. De lo demás mejor no entrar en detalles. Pero he leído algo que me ha provocado un fresquito: los viejos de siempre lo seguimos siendo y cada año un poco más hasta que llega el final. Pero hay nuevos viejos y son nada menos que los millenialls. Según un artículo de Karelia Vásquez, en El País, los nacidos entre 1980 y 1996 son los nuevos ancianos en las redes, ahora manda la generación Z que será arrasada en unos años por la generación Alfa. Todos somos viejos o lo seremos en el próximo minuto». ¡Que alivio!

 

Paulina GamusPaulina Gamus|@Paulinagamus
Twitter: @Paugamus

 

Indignados

Posted on: octubre 12th, 2022 by Maria Andrea No Comments

 

 

 

Aferrarse a la rabia es como agarrar un carbón ardiendo

con la intención de tirarlo a alguien; eres tú quien te quemas.

Buda.

 

 

He sentido la necesidad, en estos extraños días de extrañas elecciones, de ver nuevamente la película Las horas más oscuras, genialmente actuada por Gary Oldman. La misma se centra en el ambiente que vivía Inglaterra cuando —en 1939— un Hitler empoderado se preparaba para invadir Polonia y de allí en adelante avanzar y ocupar todo el continente europeo. Aquella Europa vivía realmente sus horas más oscuras. Tres dictadores sin límites para las crueldades más extremas y el genocidio impune, decidían las vidas y destinos de millones de seres humanos: Adolf Hitler, Benito Mussolini y Iósif Stalin. Y un solo hombre, Winston Churchill, logró con su sentido de la responsabilidad, con su visión política, patriotismo genuino y valentía moral, cambiar el curso de la historia.

 

Una vez derrotado el nazifascismo y creada la Organización de Naciones Unidas, en su Asamblea general celebrada en París en diciembre de 1948, se aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de la cual transcribiré solo sus tres primeros artículos:

 

 

Artículo 1. Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

 

Artículo 2 .Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía.

 

 

Artículo 3. Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.

 

 

Surgió entonces un nuevo mundo con esperanzas y optimismo, Europa se fue recuperando de la devastación de la guerra con la ayuda de los Estados Unidos de América. Ese mundo comenzó  a enterarse lentamente de la catástrofe humana que significó la muerte de más de 50 millones de personas entre ellas el asesinato programado de 6 millones de judíos, además de un número no cuantificado de gitanos, eslavos, enfermos mentales y homosexuales. Todos aquellos que las leyes raciales de la Alemania nazi y de la Italia fascista consideraban razas y seres inferiores sin derecho a la vida.

 

 

Mucho ha llovido y se ha movido desde aquellos años de esperanzas por un mundo mejor. Nadie podía vaticinar los cambios que se producirían en las relaciones humanas  y entre países por los avances tecnológicos. Nadie imaginó que millones de seres humanos sumidos en la miseria, acosados por el hambre o perseguidos por la violencia tendrían que abandonar sus países de origen en pateras (los africanos), en balsas (los cubanos) o acudir al cuasi suicidio de cruzar la selva de Darién para llegar a los Estados Unidos (venezolanos, la mayoría). Nadie fue capaz de suponer que un mundo que había acogido la democracia como su forma inalterable de vida, llegaría a despreciarla y arrojarla al basurero para entregarse en brazos del populismo autoritario o del neofascismo. Este es el mundo que vivimos, el de los indignados  cuyo voto está movido por la rabia y el resentimiento.

 

 

El diccionario de la RAE define la indignación como «enojo, ira o enfado vehemente contra una persona o contra sus actos».  No se agrega algo que es inseparable de la indignación: la incapacidad de razonar. El iracundo quiere vengarse y no razona sobre las consecuencias de sus actos.  Con incitación y engaño a los indignados de Venezuela, llegó Hugo Chávez a la presidencia en diciembre de 1998. Fue un caso clásico de populismo militarista que conduciría al país democrático, relativamente próspero y asomado al desarrollo que era Venezuela a ser una autocracia destructiva de sus instituciones, de su infraestructura y de su tejido económico y  social.

 

 

Indignados por la corrupcion de los gobiernos de Lula Da Silva  y Dilma Rousseff,  los brasileros eligieron en 2018 a Jair Messias Bolsonaro. Nunca un segundo nombre fue más adecuado para la personalidad de su portador: militarista, fanático religioso, homófobo, machista y absolutamente despectivo con la conservación de la Amazonia y del medioambiente en general. Y esos indignados, ya transformados en rabiosos crónicos, fueron la casi mitad de los electores que de nuevo confiaron en Jair Messias. Un dilema electoral terrible el de Brasil: elegir entre el malo y el peor.

 

 

Indignado el pueblo salvadoreño que apoya las tropelías de su presidente Nayib Bukele porque ha hecho de la lucha contra la delincuencia su bandera. Lucha que como todas las promesas estrafalarias, se centra en violación de los derechos humanos y de la Constitución de su país que prohíbe la reelección indefinida. Indignados los italianos que eligieron a Giorgia Meloni, reencarnación femenina de Mussolini: homófoba y  racista además de xenófoba. Su éxito se ha basado en una campaña de odio a los inmigrantes. Indignados quienes eligieron a Gabriel Boric en Chile y a Gustavo Petro en Colombia, aunque hasta ahora ninguno de los dos ha dado muestras de apartarse de la Constitución de sus países. Pero tampoco de poder resolver los problemas que les dieron el triunfo.

 

Indignarse no siempre es negativo, hay indignaciones no solo justas sino también necesarias y urgentes. Las de las mujeres y hombres de Irán que se han levantado contra la tiranía islamista de los Ayatolas, esa que hace de las mujeres simples cosas que pueden ser asesinadas por  llevar el velo torcido. Y la tardía pero imperativa de los cubanos que hoy salen a protestar por la oscuridad no solo eléctrica sino total en que ha estado sumida su patria desde hace 63 años.

 

 

 

Paulina Gamus

@Paulinagamus
Twitter: @Paugamus

Cargos sin majestad

Posted on: septiembre 13th, 2022 by Maria Andrea No Comments

 

 

No puedo recordar la primera vez que oí mencionar como algo imprescindible, más aún, obligatorio, «la majestad del cargo». Significaba que quien estuviera expuesto al escrutinio público por ocupar una destacada función de gobierno o en la actividad privada, debía comportarse con sobriedad y cuidando las apariencias. En otras palabras, no podía hacer muchas de las cosas que hacían las personas comunes y corrientes porque su posición lo hacía diferente.

 

 

Fue así como tuve que renunciar, solo por ocupar un cargo de elección popular, a uno de mis mayores placeres cuando viajaba –de cuando en vez– a la isla de Aruba: sentarme largo rato frente a una máquina tragamonedas introduciendo las de 25 centavos de dólar. Todo terminó el día que el periodista Kiko Bautista, en su columna de chismes cargados de inocultable mala intención, publicó: «la diputada Paulina Gamus fue vista en el casino del hotel Marriot en Aruba». Detrás de esas pocas palabras estaba encerrado un mensaje subliminal: la diputada Paulina Gamus es una corrupta. Nunca más volví a Aruba hasta después de 1999 cuando renuncié a mi cargo de parlamentaria y regresé a mi condición de ciudadana rasa.

 

 

El ejemplo quizá más resaltante de la majestad del cargo es la reina Isabel II de Inglaterra, hasta su sonrisa o el movimiento de sus manos son los que indica el protocolo real. Sus hijos, nietos y mucho antes su difunta hermana Margarita, le han causado muchos dolores de cabeza porque han violado una y otra vez esa obligatoria majestad del cargo.

 

Pero ningún monarca europeo fue tan lejos como el Rey Juan Carlos, de España. Los mentideros de su país y el cotilleo a que son tan aficionados sus nacionales, daban cuenta de sus infidelidades que la reina Sofía toleraba con la dignidad que aconseja la majestad de su cargo de consorte. Pero la tapa del frasco, el derrumbe apoteósico de toda majestad, ocurrió el 14 de abril de 2012 cuando la prensa española difundió que el Rey había sido operado de urgencia por una fractura de cadera, en Botsuana, donde participaba en un safari para cazar elefantes.

 

 

Las críticas de las organizaciones ecologistas y la indignación de muchos de sus socios no tardaron en llegar. Matar ejemplares de una especie que se encuentra amenazada parecía difícilmente compatible con el respeto a la naturaleza que Don Juan Carlos había manifestado durante su reinado. Ese desliz fue el principio del fin del reinado de Juan Carlos acosado luego por múltiples denuncias de corrupción asociadas seguramente a la andropausia. El ya fallecido rey de Arabia Saudita, le había regalado 65 millones de euros el 8 de agosto de 2008 y el Rey no encontró nada mejor que transferirlos a su amante Corinna Larsen, quien sin majestad alguna pero con mucha viveza, se quedó con la fortuna. Total que Su Majestad Juan Carlos I pasó a ser Rey emérito y a seguir metiendo la pata para vergüenza y desdicha de su hijo Felipe V, prisionero de los paparazis

 

 

Una digna cumplidora de la majestad del cargo fue la ex canciller alemana Angela Merkel, quien jamás cedió a la coquetería femenina a la que sin embargo tenía derecho. Su peinado y sus ropas que parecían un uniforme no cambiaron en sus 16 años de ejercicio. Siempre se mantuvo a la altura de las exigencias de su posición.

 

En cambio mucho hay que decir del ex primer ministro británico Boris Johnson. Sus alocadas fiestas en pleno confinamiento por la pandemia del covid 19, fueron una continuación de sus tiempos de estudiante en Oxford donde presidió el club de los Caballeros (libertinos) célebre por sus fiestas orgiásticas. Eso y sus errores en la conducción del gobierno, Brexit incluido, lo defenestraron. Johnson nunca respetó la majestad del cargo. Donald Trump en los E.E.U.U. fue epítome del cargo sin majestad: gritón, grosero, irrespetuoso, tramposo y violador compulsivo de la ética política y de las leyes de su país.

 

 

La primera ministra de Finlandia, Sanna Marín, líder muy popular por su manejo de la pandemia y porque desafió a Putin con la petición de entrar a la OTAN, ahora debe dar explicaciones por sus fiestas. La joven de 36 años no prescinde de festivales de rock y otra clase de diversiones que la han obligado a someterse a una prueba de detección de drogas y a pedir disculpas públicas por fotos subidas de tono tomadas en una fiesta en la residencia oficial.

 

 

Venimos a nuestra América latina. Si recordamos a Rómulo Betancourt, Raúl Leoni y Rafael Caldera en el ejercicio de sus presidencias, entenderemos perfectamente lo que es la majestad del cargo. Jamás se prestaron a hacer el ridículo con disfraces de aborígenes o de sultanes turcos, recibir credenciales de embajadores de otros países con un sombrero típico de aquel país. Sus discursos, aún los más polémicos, siempre cuidaron las formas.Las vulgaridades, las palabras obscenas, la homofobia, la ofensa degradante al adversario jamás contaminaron su oratoria ni sus mensajes. Podría decir lo mismo de Carlos Andrés Pérez y de Jaime Lusinchi si ambos hubiesen podido separar sus vidas públicas de sus vidas privadas.

 

 

En Perú el presidente Pedro Castillo tiene como parte inseparable de su anatomía, unos sombreros más grandes que él. En Brasil el presidente y aspirante a repetir, Jair Bolsonaro, que ha hecho gala permanente de un machismo deplorable, ha sacado a su casi anónima esposa del armario donde la tenía enclaustrada para convertirla en predicadora religiosa. La señora Michelle Bolsonaro es una fervorosa evangélica que ha hecho de su discurso político una confrontación entre Dios (Bolsonaro) y el Demonio (Lula Da Silva) y ha logrado mayor audiencia que su marido. En México AMLO, además de sus discursos diarios y muchas veces incoherentes, usa unas coronas de flores que serían la envidia de Frida Kahlo.

 

Definitivamente el mundo actual, plagado de políticos populistas convencidos de que solo la extravagancia da votos, es de difícil comprensión para quienes crecimos y envejecimos conociendo la majestad del cargo.

 

 

Hay un joven presidente Gabriel Boric, de Chile, quien ante su derrota personal con el aplastante rechazo al referéndum constitucional, ha reconocido que Chile es una democracia y que serán democráticos los mecanismos para enmendar los errores. A pesar de su juventud y de su ideología de Izquierda, Boric respeta la majestad del cargo.

 

En cambio al presidente colombiano, Gustavo Petro, se le salió la clase de intransigente al insultar a más de la mitad de los electores chilenos con la desdichada frase “Revivió Pinochet”. Otro con cargo sin majestad.

 

 

Paulina Gamus

@Paugamus

Turcomanía

Posted on: junio 21st, 2022 by Laura Espinoza No Comments

Creo que todas las púberes y adolescentes que hace alrededor de 70 años devorábamos las novelas de Corín Tellado, lo ocultábamos con cierta vergüenza: era literatura menor o quizá más adecuado, no era literatura. Sin embargo, la escritora española a quien su editorial la obligaba a entregar cuatro novelas mensuales, es (o fue) la autora más leída en castellano después de Miguel de Cervantes. Vendió nada menos que 400 millones de libros.

 

 

Tellado guardaba en su casa una fotografía del encuentro que mantuvo con Mario Vargas Llosa, cuando el premio nobel peruano la entrevistó en 1981 para la televisión. La manifestación del cariño que allí surgió puede comprobarse en el texto que Vargas Llosa le dedicó en El País tras su muerte y que finaliza con estas palabras: “Aunque nunca la leí, siempre la respeté y la traté con cariño y gratitud. Porque gracias a ella, cientos de miles, acaso millones de personas que jamás hubieran abierto un libro de otra manera, leyeron, fantasearon, se emocionaron y lloraron y por un rato o unas horas vivieron la experiencia maravillosa de la ficción. Ella no podía sospecharlo, pero fue probablemente la última escribidora popular, en el sentido más cabal de la palabra, la que llevó una variante (fácil, elemental, sensiblera y truculenta, ya lo sé) de la literatura al vasto pueblo, ese que no entra jamás a las librerías y pasa como sobre ascuas por las secciones culturales de las revistas, y piensa que la literatura seria es larga y soporífera”. Tellado no recibió nunca un premio literario más allá de los que reconocían su hiperproducción. En 1994 entró en el Libro Guinness de los récords y en 1998 le concedieron la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo .

 

 

Los lectores se preguntarán a qué viene la exhumación que hace mi memoria de la trayectoria de Corín Tellado. Debo confesar que se debe a una suerte de regresión o involución. Por supuesto que ya no leo a la prolífica y fenecida escritora asturiana, pero la veo. ¿Cómo? gracias a las series turcas a las que soy adicta desde hace algunos años. No fingiré con ínfulas intelectuales que nunca vi telenovelas. Claro que sí: las clásicas brasileras que hicieron furor en los 70 y parte de los 80 y las venezolanas que salieron del patrón clásico de la «cenicienta», como «Estefanía», «La señora de Cárdenas»” y «La Dueña».

 

 

La mejor de todas en todos los tiempos, que puedo verla una y otra vez: «Yo soy Betty la fea», del colombiano Fernando Gaitán. Me produce una nostalgia enorme porque se desarrolla entre 1999 y 2000, cuando Venezuela era un referente importante para Colombia, no solo económico, sino también artístico. Otra de Gaitán, «Café con aroma de mujer» en su primera versión, porque es un trabajo magnífico de amor y de orgullo de un dramaturgo por su país y de promoción del más universal de sus productos de exportación, el café.

 

 

Pero regreso a las turcas. La primera que vi fue «El Sultán», la historia novelada de Solimán el Magnífico, una superproducción digna del mejor cine de Hollywood en sus tiempos de gloria. Después empecé –y sigo hasta hoy– con las románticas (involución corinesca). Hago lo siguiente, veo el último capítulo después del primero para cerciorarme de que el final es feliz. Y así paso buena parte de mis noches con esa higiene mental que descubrí para evadirme de la realidad espantosa que nos rodea. Es un derecho adquirido por mis años y por mi voluntad de no ser una vieja amargada ni deprimida. Las prefiero en turco con subtítulos porque así voy descubriendo palabras turcas incorporadas al judeo español de mis abuelos maternos, nacidos en Grecia que fue por siglos parte del Imperio otomano. Y también porque se recrean las comidas del menú tradicional de mi familia.

 

 

Como estoy de confesiones debo admitir que al principio me sentía avergonzada por esa adicción que además provocaba insinuaciones y hasta comentarios burlones de mi propia familia. Pero poco a poco fui descubriendo que los adictos somos muchos y multidisciplinarios, hay abogados, sociólogos, psicólogos, economistas, ingenieros y hasta médicos, en su mayoría féminas y casi todos de la tercera edad. Somos tantos que podemos jactarnos de tener más servidores que muchos de los aspirantes inscritos en las Primarias.

 

 

Resulta que Nicolás Maduro y la primera combatiente Cilia Flores también son fans de las series turcas. No me parece una raya ya que seguramente son fans de las arepas como lo somos casi todos los 30 o más millones de venezolanos. Ya en un viaje anterior a Turquía se disfrazaron en el set de una de esas series de época de sultanes y sultanas. Y ahora, junio de 2022, acaban de repetir la visita y una parte del disfraz, con la serie «Kurul Osman», de la misma temática.

 

 

Esas historias de gobernantes autoritarios e inamovibles, son aparentemente sus predilectas. Maduro llegó incluso a asomar la posibilidad de una coproducción cinematográfica con Turquía, pero aquí hay que entrar en la fase de advertencias.

 

Recep Tayyip Erdoğan, presidente de Turquía es un dictador, lo cual le viene de perlas a Nicolás Maduro. Pero además es islamista o islámico, es decir, un ortodoxo del Islam. Las series turcas pueden clasificarse en pre Erdogan y pos Erdogan. En las primeras había besos más o menos apasionados y se insinuaban o sugerían las relaciones sexuales, por supuesto siempre que hubiese un vínculo matrimonial.

 

 

En las pos Erdogan sucede que hay que esperar 30 capítulos para que los enamorados se abracen, otros 20 para que se besen en la mejilla. Después de 60˜ es posible que haya un tímido y fugaz beso en la boca. En el episodio 75˜ se acuestan pero con pijamas cuello tortuga. Y más o menos en el 80˜ tienen un bebé que uno debe suponer como fue concebido. Esta es la moral de Erdogan que no impide que en esas mismas telenovelas en las que el acercamiento físico de las parejas es casi un crimen, haya secuestros, narcotráfico y violaciones (sugeridas). De verdad espero con ansias la coproducción cinematográfica Maduro-Erdogan. Sin duda para el Oscar.-

 

 

 

Paulia Gamus

Twitter: @Paugamus

Posted on: junio 6th, 2022 by Laura Espinoza No Comments

 

«La vida te enseña que a la pareja se la conoce en el divorcio, a los hermanos en la herencia, a los hijos en la vejez, a los amigos en las dificultades y a los imbéciles en las elecciones».

 

Autor Anónimo.

 

Ahora, cuando los venezolanos nos hemos transformado en un país de emigración y cuando la mayoría de quienes han abandonado el país se encuentra en Colombia, se difunde una leyenda dorada según la cual los venezolanos tratamos al millón y medio o dos millones de colombianos que vinieron a ganarse la vida en nuestro país, con afecto casi fraternal. Algunos lo hicimos gracias a los empleados colombianos que se ganaron nuestra confianza, gratitud y cariño indelebles. Pero sin llegar a extremos de xenofobia con violencia –como ha ocurrido en distintos países dizque hermanos– aquí la policía acosaba y extorsionaba a los colombianos, el auge criminal se les atribuía siempre y muchos vivían con miedo a la deportación.

 

 

En aquellos días en que Venezuela era el país a donde venían los pobres y perseguidos de distintos países, nunca me interesé por saber de la política colombiana más allá de lo elemental. Nunca imaginé que la tortilla se voltearía y que Colombia estaría en mi mente y en mi corazón porque tengo dos nietos que fueron a buscar mejores caminos y encontraron magníficas parejas en Bogotá y ahora tengo cinco bisnietos colombianos. Por eso me han sido tan importantes las recientes elecciones presidenciales cuyos resultados son tan difíciles de digerir.

 

 

Mientras los venezolanos que añoramos la democracia mirábamos con terror las encuestas que daban como imbatible al ex guerrillero Gustavo Petro, no veíamos, como quizá le sucedió a una buena parte de los ciudadanos colombianos, como se iba colando un candidato sin partido, sin estructura política, sin renombre pero con mucho dinero y sobredosis de populismo, llamado Rodolfo Hernández alias “El Viejo”, ex alcalde de Bucaramanga. En una elecciones en las que hubo un 43% de abstención, Gustavo Petro obtuvo el 40.3% del 47% que votó y “El Viejo” Rodolfo, el 28.2%. Los demás candidatos, que de una u otra forma representaban el statu quo, quedaron muy atrás.

 

 

¿Qué movilizó a los votantes tanto de Petro como de Hernández? ¡El cambio! Esa promesa que suele tener poderes mágicos para captar voluntades y que generalmente termina siendo profunda frustración. Muy pocos se preguntan, al votar, cómo será ese cambio, para qué y hacia dónde.

 

 

Con la promesa del cambio llegó Hugo Chávez al poder en Venezuela y cada día durante los últimos veintidós años, hemos padecido el derrumbe general y la tragedia que han significado ese cambio.

 

Copio de un análisis en El País, de Madrid: “…..El próximo presidente de Colombia podría ser el ingeniero Rodolfo Hernández, un ricachón de 77 años que parece sacado de una tira cómica. Su fortuna la hizo vendiendo y comprando tierras en un país donde el acceso a la propiedad ha sido la fuente de las mayores disputas y desigualdades. Es admirador de Hitler y cree que las mujeres no se deben meter en política porque su sitio es la casa. No se sabe los nombres de los departamentos del país que espera gobernar, y dice sin sonrojarse que si llega al poder lo primero que va a hacer es declarar la conmoción interior y a gobernar por decreto. Se parece a Bucaram, a Bukele, a Trump y a Bolsonaro y, aunque parece una caricatura, es real. Tiene todo para ganar porque está amparado por la petrofobia, ese miedo irracional que muchos colombianos tienen por todo lo que huela a izquierda.

 

 

Poco importa que no tenga un programa de gobierno ni una hoja de ruta ni que sea un demagogo que puede llevar al país a un salto al vacío. Tampoco incide que sea un populista que desprecia las instituciones, que se dé el lujo de desacatar los fallos de la justicia y que crea que el país se puede manejar como si fuera su empresa. Con tal de que pueda frenar a Gustavo Petro. Rodolfo Hernández puede patear la democracia.

 

La petrofobia le ha dado a Rodolfo Hernández unas alas que no tenía. Antes del domingo era un candidato que pocos tomaban en serio, con licencia para decir barbaridades. Uno le preguntaba por el medio ambiente o por la crisis fiscal, pero él siempre respondía con la misma frase: “Lo que prometo es parar la robadera”. Era un populista de derechas, tiktokero y anti reformista que, sin embargo, no suscitaba mayores temores porque no era un candidato viable.

 

 

Todo esto cambió desde el domingo pasado, cuando el ingeniero Hernández sacó casi seis millones de votos y hundió al candidato de la derecha, que era Federico Gutiérrez. De ser un chiste pasó a ser presidenciable y se convirtió de repente en el candidato admirado por los petrofóbicos.

 

 

La trayectoria del ex alcalde de Bucaramanga ha estado cargada de dichos y hechos polémicos:

 

 

“Necesitamos que los empresarios entiendan que el mejor negocio del mundo es tener gente pobre con capacidad de consumo, porque los pobres consumen toda la plata en enero».

 

“Yo me defino como Rodolfo Hernández, un ingeniero que quiere sacar los ladrones del gobierno. Eso es todo». «La corrupción es el mayor impuesto que nos toca pagar a todos los colombianos». «La corrupción es una enfermedad que solo puede curarse con cirugía y sin anestesia». Pero este candidato está acusado judicialmente por corrupción.

 

En noviembre de 2018, el entonces alcalde de Bucaramanga acusó a un concejal opositor, Jhon Claro, de no dejarlo hablar. Le dijo «sinvergüenza». En ese intercambio de palabras, Hernández se levantó de la silla y le dio un golpe en la cabeza y además descargó una andanada de improperios que iban desde calificativos hasta vulgaridades.

 

«Yo soy seguidor de un gran pensador alemán. Se llama Adolf Hitler», dijo en una entrevista con la cadena radial RCN en el año 2016, cuando era alcalde de Bucaramanga. Y citó lo que afirmó que era una recomendación de tal pensador: «No pretenda que las cosas cambien si hacemos siempre lo mismo». Luego se disculpó diciendo que había confundido a Hitler con Einstein.
 

Así termina el análisis de El País que he citado: …»Este domingo ganaron (en Colombia) el malestar y el deseo de un cambio real. Los dos son factores legítimos que alimentan a menudo el populismo y la radicalización: ninguna de las dos condiciones favorece la prosperidad de un país con heridas profundas».

 

 

Si TalCual no fuese un medio de altura y si yo no conservara algo del pudor que se fue desvaneciendo a lo largo de mi bastante larga vida, diría que Colombia está como en el chiste cruel de «Chacachaca o Muerte» y hasta lo contaría. Estoy segura de que muchos lectores lo conocen. Pero en honor a la decencia y con real preocupación y tristeza solo digo que a la querida Colombia si no la agarra el chingo la agarra el sin nariz.

 

 

Nota Final: Espero que chingo en Colombia no signifique lo mismo que en México.

 

Paulina Gamus

@Paugamus

 

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El voto ¿castigo o esperanza?

Posted on: noviembre 14th, 2021 by Laura Espinoza No Comments

 

 

 

Esta vez ni lo uno ni lo otro. Pero, por favor, apreciados lectores, no vayan a responder «sino todo lo contrario», porque la cosa es seria. En un principio, cuando comenzamos a votar, al retornar la democracia en 1958, el voto era no solo esperanza, era alegría, era orgullo al poder decidir —después de diez oscuros años— a quién queríamos como presidente de la república y a quiénes como parlamentarios. Con ese sentimiento votamos por Rómulo Betancourt en diciembre de ese año y luego por Raúl Leoni en diciembre de 1963.

 

 

El voto entonces era obligatorio y se corría la especie de que quien no demostrara que había votado no podría solicitar distintos servicios públicos ni viajar al exterior.

 

 

El domingo 1º de diciembre de 1963, los cuatro hermanos Gamus en edad de votar fuimos a cumplir con ese deber a pesar de que nuestro padre había muerto tres días antes y debíamos guardar los ocho días de duelo obligantes para los judíos.

 

 

La elección de Rafael Caldera en diciembre de 1968 no fue esperanza ni castigo. Fue apenas dudosa por un virtual empate que se resolvió por la madurez política del candidato adeco Gonzalo Barrios y del presidente Raúl Leoni: preferible perder las elecciones que tener un presidente cuestionado. Esa decisión salvó la democracia y le permitió continuar por otros 30 años.

 

 

La elección de Carlos Andrés Pérez, en diciembre de1973, fue la apoteosis de una fiesta electoral como no se había visto antes. No solo por la ingeniosa publicidad que transformó a un personaje con cara y fama de policía —asociado con la represión policial contra la extrema izquierda alzada en armas y terrorista— en un cuasi deportista que saltaba charcos como un antecesor de Yulimar Rojas. Pero, además, con la promesa de gobernar con energía y mano dura contra delincuentes y afines.

 

 

La caminata de cierre de campaña, que comenzó en Catia y culminó en Petare (los dos extremos de la capital por si alguien no familiarizado con Caracas lee esta nota), fue algo nunca visto: una marea de cascos y banderas blancas con el logotipo AD.

 

 

La elección de Luis Herrera Campíns, en diciembre de 1978, tuvo más de castigo al gobierno dispendioso de CAP que de esperanza.

 

 

La presidencia se decidió por un margen relativamente pequeño de votos contra el candidato de Acción Democrática Luis Piñerúa Ordaz, quien debió soportar toda clase de burlas por no tener título universitario; pero, además, por haberle endosado especialmente el humor ácido de Luis Beltrán Prieto Figueroa la especie de que su libro de cabecera (de Piñerúa) era el Libro gordo de Petete de los programas infantiles. A los jóvenes que no vivieron esos tiempos les sugiero acudir a Google. En contraste, a Luis Herrera —quien además de abogado era un intelectual amante del arte y de la cultura en general— le favoreció vestirse como un campesino y hablar con refranes y modismos del pueblo llano.

 

 

Fue tan, pero tan malo ese gobierno —el que acabó con el bolívar fuerte y el dólar barato que hacía de la clase media y profesional venezolana la de mayor poder adquisitivo quizá en el mundo— que la esperanza renació, pero unida a sed de venganza con la elección de Jaime Lusinchi en diciembre de 1983. Para ese entonces quien esto escribe vivía en un edificio muy cercano al barrio Santa Cruz del Este. Alrededor de las 11 de la noche se produjo un estruendo y era el barrio entero con pailas, ollas, maracas y todo lo que hiciera ruido, que recorría las calles como una escuela de samba, celebrando el triunfo de Lusinchi y de AD.

 

 

A pesar de esa circunstancia, de la escasez de productos básicos en los últimos meses de su gobierno y del tópico Blanca Ibáñez, concluyó su mandato con una alta popularidad, pero, al mismo tiempo, con el inicio de la antipolítica que haría erupción en el segundo gobierno de CAP. Y con la declaración de guerra interna en AD entre lusinchistas y perecistas que se tradujo en el envío desde Miraflores a la Comisión de Contraloría de la Cámara de Diputados, presidida por la oposición copeyana, de documentos que probaban hechos de corrupción del gobierno de Lusinchi. El caso más curioso fue el de los Jeep comprados para la campaña de AD, es decir la que le dio la presidencia a Carlos Andrés Pérez y que luego sirvió para inculpar al gobierno del «compañero» Lusinchi.

 

 

La elección de CAP, en diciembre de 1988, fue de esperanza ciega. Podríamos decir que fantasiosa. Fue creer en el retorno de la Venezuela saudita que tantos criticaron pero muchos disfrutaron. La trágica revuelta de febrero de 1989 conocida como el Caracazo fue el punto final de la ilusión democrática. Fue el pistoletazo para dar la voz de partida a los «Notables» y a la antipolítica en general. Fue lo que permitió la llegada de Caldera II con su chiripero y la asombrosa votación que obtuvo La Causa Radical. Y fue la que, cinco años después, daría el triunfo a un teniente coronel, fracasado golpista. 23 años después de esa elección, los venezolanos hemos sido convocados a votar para elegir gobernadores, alcaldes y concejales, el 21 de este mes de noviembre de 2021.

 

 

Ni voto castigo —aunque debería serlo como nunca antes— ni voto esperanza, porque es difícil tenerla cuando votas en un país aplastado por una dictadura no solo tramposa, voraz y depredadora, sino además cruel y sanguinaria.

 

 

Pero con todos los factores en contra, al menos yo voy a votar e invito a mis lectores a hacerlo.

 

Votar es la única forma de protesta que nos queda, la única para mostrar que los opositores al régimen existimos, que no nos resignamos ni doblegamos. Que sabemos que no habrá nunca otra forma de cambio que no sea el voto. Que ese cambio no será fácil ni será esta vez cuando sucederá, pero sucederá.

 

 

Paulina Gamus
gamus.paulina@gmail.com
@paugamus
Venezuela 

La bola mecánica

Posted on: enero 22nd, 2020 by Laura Espinoza No Comments

 

 

Llegar a la vejez con buena memoria es el mejor regalo para agradecer a Dios -los creyentes-  a los genes o simplemente a la buena suerte. Resulta que al comenzar este nuevo año en que se sumó uno más a los muchos míos, no sé por cuál extraña razón me vino a la mente la demolición del Hotel Majestic, ubicado frente al teatro Municipal de Caracas. El hecho ocurrió en 1949 cuando quien escribe apenas contaba doce años de edad.  Nunca estuve en ese lujoso hotel, estoy segura de que tampoco mis padres ya que no estaban a la altura de sus tarifas. Fue el hotel al que llegaron Carlos Gardel y otros grandes artistas. El ministro Alberto Adriani, creador de la frase “sembrar el petróleo”, lo tenía como residencia. Allí muy joven comenzó como pianista Aldemaro Romero y trabajó como mesonero Aquiles Nazoa. Todo esto lo obtengo gracias a Google porque creo no haber siquiera pasado por el frente de ese legendario edificio coronado por un fabuloso ángel dorado. En una entrevista concedida a PRODAVINCI, nuestro querido y admirado Rodolfo Izaguirre dijo: “Para los caraqueños de mi generación, el ángel del Majestic era el final de la infancia. Ahí termina mi infancia, así como la infancia de una ciudad, la inocencia de una ciudad.

 

 

Esa joya arquitectónica vivió apenas diecinueve años: 1930-1949. Toda Caracas acudió llena de curiosidad, quizá algo masoquista, para ver cómo una inmensa bola de concreto golpeaba sin misericordia el estupendo edificio hasta convertirlo en escombros, y ver rodar destrozado aquel ángel.

 

 

Ahora que lo medito mejor creo que la imagen recurrente del Majestic demolido por la bola gigante se debe a que solo fueron diecinueve años los que vivió ese edificio. Diecinueve años después era escombros. Diecinueve años es el tiempo que le ha tomado al chavismo-madurismo demoler a Venezuela con la misma saña y precisión de la bola de concreto que acabó con el emblemático hotel capitalino. En realidad son veinte pero para 2019  era muy poco lo que quedaba en pie.

 

 

El recuento de lo destruido llevaría varios tomos porque no hay ciudad, pueblo, autopista, carretera o avenida que no muestre el paso implacable de dos décadas de corrupción, ineptitud y desidia. ¿Podría alguien haber imaginado hace veinte años que solo Caracas, y eso con suerte según la zona, tendría energía eléctrica? ¿Qué el Zulia, primer productor de petróleo, estaría sin servicio eléctrico hasta doce  horas de cada día y sin gasolina?  Pero ahora que decimos petróleo ¿quién habría supuesto siquiera en sus pesadillas nocturnas que Petróleos de Venezuela, nuestra brillante PDVSA, sería una empresita marginal después de ser saqueada por los corruptos más voraces y despiadados que haya conocido nuestra historia.  ¿Y el agua? Ayyyy, el agua.  El país entero sufre de sed, Caracas es una ciudad privilegiada en la que se hacen excavaciones en casas y edificios, buscando pozos que permitan paliar la carencia de ese líquido que dicen es vida y que en realidad lo es.

 

 

¿La industria nacional? Sobreviven quienes han tenido el valor para desafiar atropellos y abusos e toda índole. Mientras las empresas nacionales han ido a la ruina, han cerrado por imposibilidad de subsistir o se han mudado de país, consumimos productos importados de Brasil y otros países de América Latina, pero más extravagantes aún, de Turquía y similares por remotos.

 

 

¿Puede haber algo tan doloroso como la destrucción del bolívar, nuestra moneda?  Ese bolívar que llegó a cotizarse en las casas de cambio de todo el mundo, es poco menos que inservible. El gobierno seudo  comunista y anti imperialista de Nicolás Maduro ha hecho del dólar norteamericano la moneda nacional.

 

 

¿Y la destrucción social? Más de cinco millones de venezolanos en el exilio forzados por el hambre y otros millones obligados a la mendicidad cuando esperan ansiosos que les llegue la cada vez más escuálida bolsa CLAP o alguno de los bonos inventados para el engaño y la sumisión.

 

 

Pasó 2019, año de esperanzas y expectativas que se esfumaron. Llegó 2020 y está en acción otra bola de concreto como la que destruyó al Majestic y como la virtual pero muy efectiva del chavomadurismo. Es la  de la oposición que critica a la Asamblea Nacional en conjunto sin ver que frente a 17 diputados vendidos y traidores, hay otros 100 que han resistido el billetazo del millón de dólares y han soportado golpizas y persecuciones para cumplir con su deber. Es la oposición que se queja de que Maduro aun esté en el poder pero olvida a los dirigentes políticos y militares presos. A los diputados obligados a huir del país y  a los partidos y dirigentes inhabilitados.

 

 

Es la Oposición que con su bola de concreto virtual se ensaña contra Juan Guaidó porque no ha cumplido con su objetivo de sacar a los usurpadores.  Esa bola que ya ha destruido otros liderazgos opositores, desconoce el valor de ese joven legitimado por casi toda la comunidad internacional, el líder que ha logrado mayor apoyo interno y externo. Inteligente, valiente e íntegro.  Nada ni nadie le ha hecho mayor favor a la dictadura de Maduro y su Cosa Nostra, que ese afán destructivo de cierta Oposición. 2020 es año de acontecimientos que pueden decidir si la dictadura continúa o recuperamos la libertad. Divididos, enfrentados, mirando más a la ambición personal que al interés colectivo, destruyendo liderazgos con acusaciones falsas ya sabemos lo que ocurrirá. Escombros como el Majestic y su ángel dorado en 1949.

 

 

Paulina Gamus

Prodavinci

Negociar con mafiosos

Posted on: diciembre 4th, 2017 by Laura Espinoza No Comments

Quienes hayan pasado por la dolorosa experiencia de ver como se va encaminando hacia la muerte un ser querido víctima de cáncer, saben perfectamente que después de agotados todos los recursos científicos, se acude a cualquier ensalme, brujería, brebaje, ejercicios corporales y de meditación, lo que sea y donde sea para aferrarse a una esperanza.

 

 

Venezuela es en estos momentos un enfermo terminal. No voy a detenerme en el inventario de tragedias que nos acosan y que pueden resumirse en hambre generalizada que va in crescendo y muertes, también en aumento diario por falta de medicamentos y de recursos hospitalarios.  Sumemos la violencia y la delincuencia irrefrenables que han convertido al país en un conjunto  de ciudades y pueblos fantasmas apenas oscurece.

 

 

Para salvar a ese enfermo cuyo mal se inició hace 19 años, se ha hecho todo lo que el librito de la política aconseja: manifestaciones multitudinarias, paro indefinido, referéndum revocatorio en 2004, elecciones presidenciales y parlamentarias, lucha frustrada por otro referéndum revocatorio en 2016, un plebiscito  simbólico en 2017 y varios meses de este año con las calles tomadas por la oposición y con el trágico saldo de asesinatos cometidos por los cuerpos armados del régimen,  y de prisioneros políticos sometidos a torturas y vejámenes de toda índole.
El mal, el cáncer está representado por un gobierno cuyo carácter no solo dictatorial sino delictivo, es de conocimiento universal. Los intentos ortodoxos, es decir democráticos, por combatirlo han fracasado uno tras otro. El fracaso no se puede atribuir solo a los abusos y atropellos del gobierno sino también a errores de la  dirigencia política  opositora. Pero al hablar de oposición con sus errores, no podemos referirnos solo a los que en su momento cometió la Coordinadora Democrática y luego la Mesa de la Unidad Democrática MUD. Ha existido desde hace esos mismos diecinueve años, una especie de quinta columna instalada dentro de la oposición, es como una extensión de la metástasis. Es esa oposición de la oposición que destruye con sus críticas malsanas y con su lluvia incesante de sospechas y anatemas lanzados contra la dirigencia opositora, la confianza que debería respaldarla.

 

 

La quinta columna opositora no está asociada con el régimen, no llegaré a esos extremos de acusación, pero le ha brindado un servicio inestimable que es  ir colocando piedras en el camino de cualquier intento de salir de la dictadura. Son columnistas de prensa que llevan el mismo tiempo de la llegada de Hugo Chávez a la presidencia, repitiendo idénticas acusaciones contra  la dirigencia  política opositora porque no ha sido capaz de hacerles el trabajo que ellos pretenden -desde su cómodo escritorio- que hagan otros. A estos vertedores de veneno impreso se han sumado los managers de tribuna y héroes del teclado, que han hecho de Twitter y Facebook sus armas mortíferas contra esa dirigencia.

 

 

 

Después de un diálogo que el mismo gobierno dinamitó, al enfermo terminal que es Venezuela se le abre una rendija de esperanza y es un proceso de negociación avalado por varios países amigos y con participación -no solo de dirigentes políticos- sino además de representantes de distintos sectores del país.  No han sido solamente  los vertedores de odio en letras quienes atacan ese proceso y llaman traidores y otras lindezas a quienes participan. Los abanderados han sido dirigentes opositores que se desmarcaron de la Unidad con propuestas vacías como “la salida ya”, “calle y más calle”,  “Maduro vete ya”, “busquen la partida de nacimiento de Maduro”, “saquen a ese CNE”, etcétera.  El argumento que utilizan con más énfasis es que con delincuentes no se negocia y que el gobierno se burlará nuevamente de los negociadores de oposición.

 

 

 

¿Puede alguien a estas alturas garantizar que el proceso de negociación que se iniciará el 1º y 2 de diciembre próximos en República Dominicana será exitoso? Pero ¿puede alguien asegurar desde ya que será otro fracaso? No olvidemos que estamos ante un enfermo terminal, que ese enfermo es nuestro país y que nada de lo que se haga para salvarlo es banal y prescindible.

 

 

Paulina Gamus

La antipolítica nos condujo a esta debacle

Posted on: noviembre 11th, 2017 by Laura Espinoza No Comments

Entrevista a Paulina Gamus

 

 

Esto una dictadura en todos los aspectos”. Paulina Gamus echa mano de su estilo frontal para catalogar al régimen liderado por Nicolás Maduro y con la misma franqueza dispara dardos hacia Henry Ramos Allup, secretario general de Acción Democrática, partido en el que Gamus ha ocupado cargos directivos. “Él dijo que no reconocía a ese poder fraudulento y después mandó a los gobernadores a juramentarse”.

 

 

 

La juramentación de los gobernadores de Acción Democrática ha suscitado mucha controversia. ¿Cuál es su parecer a este respecto?

 

 

 

—Para ese momento yo me encontraba fuera del país, pero apenas lo supe reaccioné con un tweet por el chat familiar, que es la manera que tengo de comunicarme últimamente. Decía que me producía asco y vergüenza, por no decir náuseas, ese acto de juramentación y que yo no pertenecía a la banda chavista de Henry Ramos Allup.

 

 

Recordé, además, que desde el año 2000 tengo esa carta pública en Internet, por medio de la cual renuncié al CEN de  Acción Democrática, siendo segunda vicepresidente del partido, no solamente por la manera en que Henry Ramos expulsó del partido a William Dávila, que era gobernador electo del estado Mérida y además lo insultó y lo vejó, haciendo elogios al gobernador del MVR.

 

 

En aquel momento, dentro de la Asamblea Nacional, Acción Democrática se prestó al nombramiento de las autoridades de los poderes públicos, del fiscal general, del TSJ, de la Contraloría, AD tuvo sus votos allí.

 

 

 

Voy a hablar de esa Acción Democrática, porque yo creo que hay dos AD. Hace muchísimos años, cuando Prieto dividió al partido, había en ese momento la Acción Democrática-Gobierno que era la de Raúl Leoni, Gonzalo Barrios, la institucionalidad. En esos términos, y en situaciones distintas a las actuales, yo creo que podemos hablar de una Acción Democrática-Gobierno, que es la de Henry Ramos, y Acción Democrática-Oposición, que es la de todas las personas que estamos absolutamente avergonzadas por todo esto que ha ocurrido.

 

 

El CEN de AD, que es la dirección máxima del partido, hace tres o cuatro meses que no es convocado para nada, de manera que esas decisiones no son decisiones colectivas, son decisiones unipersonales, de una persona que maneja el partido de una forma autoritaria al viejo estilo estalinista.

 

 

Entonces, culpar a toda una organización por el manejo autoritario, el manejo indebido que está haciendo una sola persona, creo que no es justo. Yo creo que un poco lo que hemos hecho los firmantes de la carta que suscribimos varios miembros del CEN, Carlos Canache Mata, Humberto Celli, Marco Tulio Brunicelli, Lilia Arvelo, Claritza Sanoja y yo, es una carta que trata de lavarle la cara a ese partido que es corresponsable de estos hechos.

 

 

“Me producía asco y vergüenza, por no decir náuseas, ese acto de juramentación y que yo no pertenecía a la banda chavista de Henry Ramos Allup”

 

 

 

Tengo entendido que desde un primer momento Ramos Allup se mostró contrario a la juramentación ante la ANC de los gobernadores electos de su partido. ¿Es esto así?

 

 

—Bueno, es que para empezar quien inventó el calificativo de “prostituyente” fue Henry Ramos. La gente tiene que tener al menos un poco de coherencia y de vergüenza. Él dijo que no reconocía a ese poder fraudulento y después mandó a los gobernadores a juramentarse, porque es mentira que ellos fueron por su cuenta, todo eso es un teatro en el que ya nadie cree. Yo nunca creí que esa elección de gobernadores, así se hubieran ganado las 23 gobernaciones, iba a servir para nada. Aquí quien tiene todos los recursos y quien tiene todo el poder en sus manos es el Gobierno. Los iban a desconocer a todos, les iban a hacer lo mismo, pero era un paso más para demostrarle al mundo que esto era una absoluta dictadura, y ha servido para demostrarle al mundo el fraude que cometieron, pero este acto de juramentación, sin duda, lesiona la unidad, troncha las vías del sendero democrático que se ha recorrido hasta ahora, lo que obliga a una reorganización de las fuerzas.

 

 

 

 

 

Muchos dicen que Henry Ramos juega para él, al perfilarse como único candidato de la oposición, puesto que algunos dirigentes están presos y otros están inhabilitados

 

 

 

—De que quiera ser candidato presidencial no me cabe la menor duda. El año pasado, cuando estaba todavía reciente su presidencia de la AN, las encuestas decían que tenía mucho chance y su nombre sonaba mucho, pero que haga una encuesta ahorita a ver cuanto saca. Personalmente sería la primera vez en mi vida que voto nulo o me abstengo, pero yo jamás en mi vida votaría por él.

 

 

¿Será esa la promesa que él renueva con tanta fe cada año al Nazareno?

 

 

—La verdad es que no sé. Yo como no soy católica no sé si el Nazareno le hace caso o no le hace caso a los traidores y a los hipócritas. Por lo demás, yo lo lamento de verdad, porque es una tristeza que la gente crea que es el partido Acción Democrática, como organización, el que ha cometido este desafuero. Se trata de un individuo que maneja eso a su antojo, y siempre lo dije, el Chávez dentro de la oposición es Henry Ramos.

 

 

 

“Era un paso más para demostrarle al mundo que esto era una absoluta dictadura, y ha servido para demostrarle al mundo el fraude que cometieron”

 

 

 

¿Cuál es la imagen que la oposición está dando ante la comunidad internacional?

 

 

 

—Bueno, la imagen es de división, sin embargo hoy hay una noticia en verdad muy halagüeña y es que la oposición venezolana recibió el premio Sájarov de derechos humanos, y como lo dijo el presidente del Parlamento Europeo, es un premio al pueblo venezolano, no a la oposición. Es un premio y un reconocimiento además a la lucha de los caídos en las protestas públicas y a los presos políticos, a los que realmente han padecido más en carne propia, aunque todo el pueblo venezolano lo padece, con la carne a ochenta mil bolívares el kilo, con la manera casi imposible de comer que tiene la gente, pero sin duda alguna que quienes más sufrieron y más se lo merecen son quienes cayeron asesinados por la Fuerza Armada y la policía de la dictadura y además las personas que están padeciendo una prisión infamante que son los presos políticos.

 

 

 

¿Qué debe hacer la Asamblea Nacional, en el caso de los rectores del CNE, por ejemplo?

 

 

—Yo sinceramente creo que no puede hacerse nada. La gente dice por qué no hicieron esto u esto otro, por qué no los sacaron, pero yo creo que en este sentido no puede hacerse nada. ¿Cómo los sacas si  la Asamblea nombró un poco tarde, lo que sea, al nuevo TSJ? ¿Dónde están esos magistrados? Los que pudieron se juramentaron en la OEA, otros están asilados en unas embajadas, a otros los pusieron presos… realmente eso es un acto simbólico, me parece muy bien que lo hayan hecho pero se trata de un acto simbólico que no tiene absolutamente ningún resultado práctico. Es muy interesante la gente que dice que hay que sacar al Gobierno, sí, pero que digan cómo. Los que dicen que los votos no van a sacar nunca al Gobierno, sí, pero que digan cómo. El que está en desacuerdo con el voto que diga cuál es su opinión. La Asamblea Nacional destituye a las cuatro rectoras del CNE, está bien, pero, ¿y eso qué efecto práctico tiene?
Esos mismos que sospechan que la MUD estaría, sino legitimando su existencia, jugando a favor del sostenimiento del Gobierno…

 

 

 

¿Qué es la Mesa de la Unidad? Es una asociación, por llamarla de alguna manera, una conjunción de pequeños partidos, unos más pequeños que otros, de distintas organizaciones que se sentaban ahí a dialogar No creo que todos sean unos santos, pero tampoco creo todos sean unos mercaderes. Mira, en la política hay de todo, yo no pondría mis manos en el fuego por todos los que están allí, pero poner a todos en el mismo saco es lo mismo que nos llevó a la desgracia de Chávez, lo que se llamó la anti política: todos los políticos son ladrones, todos los políticos son corruptos, todos los políticos son falsos. Metimos a todo el mundo en el mismo saco, lo que nos condujo a la antipolítica que nos condujo después a la debacle.

 

 

 

“No se va a sacar a ningún magistrado de estos corruptos del Tribunal Supremo, esos van a seguir haciendo sus desmanes”

 

 

¿Estaría orquestando Maduro una “oposición oficial”?

 

 

 

—Puede ser. En los viejos tiempos el PRI, que fue durante más de 70 años el partido único en México, pagaba, es decir, mantenía al PAN, que era el único partido de oposición, para que el PAN le hiciera oposición. Para justificarlo, para que no se dijera que eso era una dictadura, por eso la llamaban “la dictadura perfecta”, hasta que por fin el PAN llegó a ganar unas elecciones, y ahora está otra vez, pero incluso había un chiste allá a propósito de esto, decían: “el PAN engorda”. “Sí, pero más engorda el PRI”, respondían los otros. El PAN era la oposición ficticia, además pagada por el mismo PRI. De manera que es muy posible.

 

 

¿Cómo le parece la primera sentencia del TSJ en el exilio?

 

 

 

—Excelente la primera sentencia, pero también es un acto simbólico, muy respetable, yo lo apoyo, pero eso para los efectos prácticos no sirve para nada, no va a sacar a ningún magistrado de estos corruptos del Tribunal Supremo, esos van a seguir haciendo sus desmanes. Es lo mismo que si la Asamblea decide destituir a estos magistrados del Tribunal Supremo, que ya lo decidió, al nombrar unos nuevos los destituyó. Igualito va a pasar con los rectores del CNE, cómo los va a destituir si para empezar ellos le han cortado las alas a la AN, han cercenado sus atribuciones constitucionales y no le permiten hacer absolutamente nada.

 

 

¿Cómo analiza la actuación de la fiscal Luisa Ortega Díaz?

 

 

Yo creo que, sin pretender olvidar, ni justificar, ni perdonar todas sus actuaciones anteriores —que fueron un desastre y eso todo el mundo lo sabe—llegó un momento en que ella decidió tomar un camino de dignidad. No sé por qué lo hizo, desconozco las razones, así como no conozco los problemas internos del Psuv, pero lo cierto es que ella actuó con mucha valentía en esos últimos momentos y las consecuencias están a la vista. Tuvo que escaparse del país. Espero que todos los aportes que ha hecho para demostrar la corrupción, las violaciones cometidas por los gobernantes, sirvan en el  futuro muy cercano para algo.

 

 

¿En qué dirección puede avanzar un país con dos asambleas, dos fiscales, dos tribunales?

 

 

 

—Dos tribunales no existen, hay un tribunal teórico y un tribunal práctico; el tribunal práctico, el que toma decisiones, el que hace lo que le da la gana, es el que está aquí en Venezuela avalado por el Gobierno, el otro es un tribunal de fantasía. Maravilloso que exista, estupendo desde el punto de vista de la imagen del país que se quiere dar, pero eso no tiene ningún peso sobre los cambios en el país, eso no cambia nada en el país. Como dije, mañana puede la AN nombrar un CNE en el exilio, pero eso no va a lograr ningún cambio en el país.

 

 

¿Cuál es su concepto sobre la Asamblea Nacional Constituyente?

 

 

—No puedo tener otro concepto que el de algo absolutamente espurio, inconstitucional, vergonzoso, lamentable. Ese es un ente que no tiene ningún basamento jurídico, ni legal, ni constitucional. Es un invento de la dictadura de Maduro para afianzarse en el poder y además desconocer la voluntad popular. Ahora han dicho que van a montar unas elecciones de alcaldes en diciembre… por supuesto que los alcaldes tienen que juramentarse ante la ANC, porque sino van a ser destituidos, lo mismo que van a hacer con el gobernador Guanipa del Zulia. Esa ANC se ha convertido más o menos en el tribunal de la Inquisición.

 

 

 

“Para donde uno voltee a ver, y por donde se le mire, esto una dictadura en todos los aspectos”

 

 

 

En su más reciente intervención en la ANC, Herman Escarrá se explayó haciendo un recuento histórico muy adornado con latinazos sobre los basamentos jurídicos de la ANC de inspiración francesa y de sus fundamentos legales incontestables. ¿Lo vio?

 

 

—La verdad que todo lo que diga el señor Escarrá, que es muy culto y que sabe mucho de derecho, a mí realmente no me interesa porque se trata de una persona sin ningún tipo de ética, de moral y de principios. Todo lo que pueda decir, puede citar todos los códigos de memoria, desde los diez mandamientos en adelante, pero eso me tiene absolutamente sin cuidado.

 

 

 

Algo que no podemos obviar es que dentro de esa tendencia marcadamente militarista se percibe como cierta orientación policial, ¿no le parece?

 

 

—Esto es una dictadura absolutamente, como dijo alguien en estos días, y eso no lo inventé yo: no es que Maduro era un prisionero de los militares, sino que esto es una dictadura militar. Para donde uno voltee a ver, y por donde se le mire, esto una dictadura en todos los aspectos.

 

 

¿Debe la oposición ir a las elecciones de alcaldes convocadas para diciembre por la ANC?

 

 

 

—Yo no soy miembro de la MUD, no dirijo nada, no participo activamente en la política y no me atrevo a dar ninguna opinión en ese sentido. Creo que yo no iría a votar, no sé que van a hacer los demás. Soy muy respetuosa de la decisión de los demás. Si se forma una alianza en la que yo confíe, dónde no esté Henry Ramos Allup, y estoy de acuerdo con su criterio, yo seguiría sus pasos, porque pienso que lo peor que puede hacer uno en este país es andar cada quien por su lado. Sin tener un mínimo de unidad de criterio unánime, valga la redundancia, nunca vamos a salir de esto.

 

 

¿Con toda esa diversidad de criterios, cuál cree usted que pueda ser el futuro de la MUD?
—Es natural que donde hay 10, 15, 20 personas, haya diversidad de criterios, incluso dentro de un mismo partido. Por ejemplo, si el CEN de AD se reuniera y fuera democrático, habría opiniones diversas, pero se impondría la decisión de la mayoría. Yo fui miembro del CEN de AD durante más de 15 años, allí se discutía, nadie imponía su criterio por encima del de los demás, uno respetaba mucho la opinión de Gonzalo Barrios, la opinión de Alfaro, pero eso de que ellos imponían su criterio a rajatabla, no. Allí se discutía. Ahora no se discute nada. Me imagino que si en el seno de la MUD se discute y se llega a una decisión unánime, por lo menos que sea apoyada por la mayoría, sería un signo positivo.

 

 

¿A qué se debe que la dirigencia opositora no haya sabido conquistar el ánimo y la voluntad de los sectores populares?

 

 

—Claro que ha sabido, porque te olvidas que en las elecciones parlamentaria de 2015 se sacó una votación importantísima, más de siete millones. Entonces te das cuenta de que sí ha logrado conquistar la voluntad entre los sectores populares de mucha gente. Ahora, claro, se cometen errores. Como dice el refrán: la victoria tiene muchos padres y la derrota es huérfana. Esto que acaba de ocurrir, el fraude horrible que se hizo con estas elecciones, no es culpa de la MUD, la MUD no fue la que cometió el fraude, la MUD llamó a unas elecciones, convocó a los testigos, la MUD hizo el esfuerzo inmenso del plebiscito del 16 de julio, porque hay que ver el esfuerzo que significó sin recursos, contra el tiempo, sin apoyo de nada, además con una organización perfecta, a todo el mundo se le olvida eso, a los tres días ya la gente estaba hablando mal de la MUD, ellos creían que con eso se iba a sacar al Gobierno.

 

 

“El fraude horrible que se hizo con estas elecciones, no es culpa de la MUD, la MUD no fue la que cometió el fraude”

 

 

 

¿Cómo es posible que un Gobierno con tanto rechazo se mantenga en el poder? ¿De quién es la responsabilidad?

 

 

—Se mantiene en el poder porque está sustentado en los militares, sustentado en que tienen en sus manos todo el poder. La mayoría puede estar en contra, pero quién se va a enfrentar a fusiles, cañones, bombas, aviones, no todo el mundo está dispuesto a dejarse matar. Eso tiene una explicación muy simple: controla todo el poder absolutamente. No sólo el de las armas, también el poder de las leyes, de los tribunales, los cuerpos de represión en contra de una mayoría desarmada.

 

 

¿Habrá, como se especula, ingeniería social? ¿El manejo del hambre como un instrumento de manipulación de las masas?

 

 

—La verdad es que yo no creo que ellos sean tan inteligentes como para manipular a la gente por el hambre. Llegará el momento en que los hambrientos los van a devorar a ellos. Lo que sí puede ser es por negligencia, por su incapacidad demostrada para gobernar. Con un dólar a no se cuánto, eso es incapacidad total para gobernar.

 

 

¿Es la de Maduro una “dictadura perfecta”? ¿Cómo se puede enfrentar a este tipo de régimen es un planteamiento que se escucha desde las filas del bando opositor?

 

 

—Mira, si yo lo supiera, te lo juro que creo que me darían el premio Nobel de la inteligencia o no sé de qué. Yo soy demócrata a carta cabal, no creo en golpes militares, así como tampoco creo que van a venir a salvarnos los marines, ni que va a venir la Unión Europea con sus flotas. Siempre he creído que la única manera de salir de esto, aunque parezca una ironía, una ingenuidad o una estupidez, es la vía electoral. Yo creo en las vías democráticas, no creo en las vías violentas.

 

 

¿Desea manifestar alguna inquietud que se nos haya quedado en el tintero?

 

 

—No. La única inquietud en lo personal es que no quisiera morirme dentro de este régimen. Quisiera morir viendo a mi país libre y en democracia, habiendo rescatado sus instituciones y sus valores democráticos.

 

 

“La única manera de salir de esto, aunque parezca una ironía, una ingenuidad o una estupidez, es la vía electoral
Maduro profundizó los errores de Chávez

 

 

¿Se ha subestimado a Maduro? No sé, pero se me antoja como un hombre sagaz…

 

 

—No, ningún sagaz. Si ese señor fuese un mínimo de inteligente, no mantendría al país en la situación en la que se encuentra. Él ha podido hacer mucho por corregir los entuertos de Chávez, porque todo lo que estamos viviendo ahorita es culpa de Chávez. Chávez fue el que destruyó este país, pero Maduro lo enterró, y si el tuviera un mínimo de inteligencia hubiera podido corregir los entuertos de Chávez y lo que hizo fue profundizar los errores. Vamos a ver cómo va a hacer con una hiperinflación que se nos acerca. No hay sueldo ni salario que pueda soportar el alto costo de la vida, la cantidad de gente que está huyendo en estampida. En esta semana tres personas que trabajaban con mi familia se fueron del país. La gente se está muriendo de hambre, se está muriendo de enfermedades, de mengua, los niños se están muriendo por desnutrición. ¿Eso significa ser sagaz? Eso lo que es de una crueldad y de una canallada indescriptible. Ellos lo que están es ocupados en mantenerse en el poder a como dé lugar, esa es la única agenda que ellos tienen, por eso se inventan una Constituyente espuria.

 

 

Edgardo Agüero S.