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¿Habrá elecciones?

Posted on: junio 19th, 2015 by Laura Espinoza No Comments

Por donde quiera que uno pase, incluso fuera del país, la pregunta recurrente es si habrá elecciones parlamentarias en Venezuela.

 

La respuesta no es fácil, si bien es cierto que el mandato constitucional sanciona que la nueva Asamblea Nacional debe instalarse en los primeros días de enero de 2016. La interrogante, la duda, es válida frente a la incertidumbre creada por el Consejo Nacional Electoral al negarse a convocar las elecciones para una nueva legislatura de acuerdo con la Constitución y la ley electoral. Venezuela vive una delicada crisis política que urge de los espacios institucionales, de la consulta en las urnas para confrontar las diferencias, evaluar los acuerdos posibles que eviten a los venezolanos mayores padecimientos.

 

La rectora Lucena, máxima autoridad del organismo electoral, se había comprometido a que en los días siguientes al fin de la Semana Santa anunciaría la fecha de las elecciones parlamentarias. Casi finaliza junio y la rectora presidenta no ha honrado su palabra ¿Por qué entonces tanto alboroto en la Asamblea Nacional con las críticas a Lucena que ha hecho, entre muchos otros, el excandidato de la plataforma unitaria de la oposición Henrique Capriles, cuando es pública y notoria una tardanza inaceptable, inconveniente para la tranquilidad del país ?

 
La Constitución obliga al Poder Electoral a garantizar procesos electorales equilibrados, imparciales, con transparencia y eficiencia. La no convocatoria oportuna de unos comicios previstos en la Constitución coloca al CNE al margen de la carta magna. Es sabido que a la rectora Lucena le fueron presentadas las tres posibles fechas que, atendiendo a criterios técnicos, los organismos regionales consideran viables: el  8 de noviembre, el 29 de noviembre y el 6 de diciembre. ¿Por qué las rectoras no toman la decisión? ¿El asunto está en manos de Maduro? ¿Quién, en fin de cuentas, toma tan importante decisión?

 

Cumplir con el mandato constitucional de elecciones limpias, imparciales y transparentes va mucho más allá de la fijación de una fecha. En consecuencia, este retraso da motivos para pensar que los venezolanos acudiremos a unos comicios sin las mínimas garantías que establece la ley y que son normas inequívocas en los estándares internacionales. Cuando Lucena, finalmente, anuncie la fecha de las elecciones parlamentarias será muy difícil contar con una observación internacional calificada, pues el margen temporal es muy estrecho. Afortunadamente tanto la OEA como la Unión Europea, con experiencia en Venezuela, han mostrado su interés de participar ante el silencio estruendoso de las rectoras del CNE.

 

Observación calificada es algo más completo y más complejo que el «acompañamiento» impuesto por el organismo electoral en los últimos procesos, suerte de turismo electoral el día de las elecciones. Sin la fecha de las elecciones, la propia institución no activa los procedimientos y campañas adecuadas para el estímulo y la capacitación de los miembros de mesa, no se activan las campañas de promoción del voto y de la participación electoral. Sin la existencia de la fecha concreta de los comicios se favorece el obsceno ventajismo del gobierno en la utilización de medios públicos, de la misma manera que se consiente la irregular participación de funcionarios en una campaña electoral que si bien no ha sido convocada oficialmente existe de facto. El CNE, cómplice, se escuda en la inexistencia de normas de «precampaña» que el propio organismo está obligado a dictar.

 

Finalmente, lo esencial, no se crea el clima propicio para el debate y la confrontación política para que el elector bien informado ejerza plenamente su derecho de elegir.

 

¿Habrá elecciones?

 

Oscar Lucien

Soy Ama su casa

Posted on: octubre 24th, 2014 by Laura Espinoza No Comments

Para entender claramente la propuesta fotográfica de Isabel Arteaga valdría la pena tener presente la obra Semiotics of the kitchen de Martha Rosler. No sugiero esta referencia con exclusivos fines retóricos como podría entenderse seguramente si hiciera mención de las perfomances de una Cindy Shermann o las más heterodoxas y radicales propuestas de una Francesca Woodman.

 

Tampoco pretendo una lectura de la muestra fotográfica de Isabel Arteaga desde un aparente distanciamiento con la vigorosa presencia de mujeres que en los años sesenta toman la escena fotográfica marcando una firme posición con los modelos canónicos de sumisión en la representación de lo femenino, de su condición de objeto sexual de altísimo valor de cambio en el marketing de consumo masivo, o, en el mejor de los casos, de musa inspiradora, y a contracorriente del rol que la condena y observa siempre en el ámbito íntimo del hogar, como esposa fiel y responsable “por naturaleza” de las tareas domésticas, de ama de casa.

 

La referencia a Martha Rosler se me impone pertinente porque aborda precisamente el “espacio escenográfico” desde donde se coloca la artista venezolana. Pero mientras Rosler opera una mordaz deconstrucción de los utensilios de cocina y las tareas domésticas asociadas, marcando el aspecto rutinario y esclavizante, Isabel Arteaga se coloca, paradójicamente, desde ese mismo espacio doméstico para asumirlo a plenitud. ¿Punto de inflexión entre modernidad y posmodernidad? Recientemente entrenada en estos complejos ámbitos de la creación fotográfica no estoy seguro de que la fotógrafa caraqueña conozca el trabajo de la neoyorquina Rosler, pero igual apreciaría como un guiño involuntario el delantal que instaura la condición esclavizante que ella crítica y el delantal, que imagino de igual color (el film de Rosler es en blanco y negro) y el que porta Arteaga en la puesta en escena de sus autorretratos.

 

Pero Arteaga no se “disfraza”, su punto de partida es la asunción plena de su condición de ama de casa desde el afecto y entrega a su familia. El delantal que porta en cada uno de sus autorretratos opera como una suerte de estandarte: aquí estoy, asumo estas tareas con devoción y es mi manera de ofrendar a mi familia.

 

Sus fotografías son series que nos muestran bloques temáticos de sus labores cotidianas. A manera de capítulos, la ordenación de los dormitorios, la limpieza de los espacios compartidos, en la cocina, en el lavandero, en el baño, nos conduce a un nivel de detalle y prolijidad que al verlas, sobre todo desde una mirada masculina, nos deja exhausto.

 

Pero no estamos ante un reportaje. Sus fotografías expresan una fina elaboración de la composición y calidad en la ejecución técnica. Quizá podríamos calificar su trabajo como una crónica o autobiografía visual.Arteaga “reconstruye” sus actividades diarias, sus series, como elaboradas puesta en escena de una propuesta autorreferencial donde el punto de cierre de cada secuencia de trabajo es la interpelación directa de la cámara por la fotógrafa.

 

Estamos frente a un autorretrato en su concepción originaria, en su dimensión esencial de relato de una vida y en el marco canónico de la tradición de reproducción fiel de la persona, pero en este caso no concentrado en el rostro sino en la presencia de la artista de cuerpo entero, sin metamorfosis aparente. Sus series fotográficas se componen de un conjunto de fotografías que “documentan” los quehaceres de la casa que siempre cierran con el literal autorretrato de la artista frente a la cámara. Como dije antes, la interpela directamente, bajo el control de su mando a distancia como diciendo, afirmando, sí soy yo, este es mi trabajo diario, es parte de mi vida, y lo asumo.

 

Cuando Isabel Arteaga declara orgullosa, al igual que su muestra homónima “soy ama de casa”, siempre insiste en su libérrima decisión de asumir un oficio que, intuimos, sin mayores desequilibrios económicos podría ser delegado en una empleada. Sin embargo, me atrevo a pensar que quizá la contundencia de su propia propuesta pueda contradecirla.

 

En todo caso, me planteo la interrogante: ¿a quién interpela la artista? Como varón expulsado de estos territorios recibimos como un mazazo el tremendo trabajo que significa tener una casa limpia, bonita, no para cuando viene la visita sino para nuestra vida diaria. Y esta percepción se fortalece con la anécdota que Arteaga narra a partir de la poca consideración que en trámites públicos apreciaba cuando en la categoría oficio o, profesión, candorosamente colocaba “ama de casa”. Todo cambió cuando decidió rellenar el espacio definiendo sus tareas domésticas como “Administradora de Recursos del Hogar e Investigadora Asociada al campo del desarrollo infantil y las relaciones humanas”.

 

Bajo la curaduría de Ricardo Jiménez, la muestra Ama de casa, definida por la artista como “work in progress”, además de sumar diversos y casi interminables ámbitos de acción doméstica, comienza a decantarse a partir de autorretratos individualizados a gran escala, de pequeñas instalaciones con fotografías en Polaroid y la presencia del video, en una propuesta en la cual lo propiamente “fotográfico” pareciera tomar más peso en relación con lo temático. Enhorabuena.

 

Oscar Lucien

Manguareo con el nuevo CNE

Posted on: septiembre 26th, 2014 by Super Confirmado No Comments

1. Como consecuencia de la grave crisis política de los primeros meses de 2014, agravada por la brutal represión del gobierno, el dúo Maduro/Diosdado decidió, por la presión de la calle y, en particular por la intermediación del nuncio apostólico y de los cancilleres de Unasur, activar el proceso de renovación de las autoridades en los poderes públicos y, concretamente, del Consejo Nacional Electoral. La orden del capitán Cabello en abril, de nombrar en la Asamblea Nacional a los seis parlamentarios del partido de gobierno, que junto a los cinco de la bancada democrática integrarían el comité preliminar de postulaciones electorales marcaba el primer paso de un proceso constitucional que ya tenía más de un año de mora. Establece la Constitución que con anterioridad al vencimiento del periodo de los rectores debe iniciarse el proceso para su renovación. Sin embargo, Tibisay Lucena, Sandra Oblitas y Vicente Díaz tienen sus periodos vencidos desde el 28 de abril de 2013 y nada había ocurrido para activar el proceso de su sustitución hasta la intervención de los actores internacionales en el contexto del llamado al diálogo que buscaba una “salida” a la crisis de comienzos de año.

 

2. Establece la Constitución, en el artículo 295, y lo norma la Ley Orgánica de Procesos Electorales (LOPE), que la Asamblea Nacional debe constituir un Comité de Postulaciones Electorales que deberá evaluar las credenciales de los candidatos para sustituir a Lucena, Oblitas y Díaz. El Comité de Postulaciones Electorales está integrado por veintiún miembros, once parlamentarios y diez representantes de la sociedad civil. Luego de la designación por el capitán Cabello de los diputados del gobierno se produjo posteriormente la selección de los cinco parlamentarios demócratas y empezó un innecesariamente complicado proceso de selección de los diez miembros de la sociedad civil que una vez designados en la plenaria de la Asamblea Nacional debería iniciar de manera rigurosa y sin delaciones el proceso de selección de los nuevos rectores.

 

3. La selección de los representantes de la sociedad civil ha sido sistemáticamente obstaculizada por la bancada del gobierno: violación de la obligación de publicar la convocatoria en dos diarios de circulación nacional (originalmente la hicieron en los diarios Vea y Correo del Orinoco), suspensión inconsulta de las reuniones del Comité Preliminar (los once diputados) y, finalmente, lo más grave, el intento de colonizar la representación de la sociedad civil infiltrando compañeritos del partido PSUV como supuestos integrantes de asociaciones civiles.

 

4. La Asamblea Nacional, que ya estaba en significativa mora con el cumplimiento de su mandato constitucional, regresa de vacaciones y hasta la fecha no ha incorporado en la agenda la designación de los diez representantes de la sociedad civil, aunque luego de un complejo y retrasado proceso de selección ya se han decantado por veinte candidatos para que la plenaria, con las dos terceras partes de los presentes, haga la selección definitiva. ¿Por qué tanto mangüareo para elegir un nuevo CNE como manda la Constitución?

 

5. Con una elección parlamentaria en ciernes y, sobre todo, luego de la sentencia del TSJ que llueve sobre mojado al fallar que mientras los rectores no sean sustituidos deben permanecer en sus cargos, muchos sospechan que el gobierno podría tener interés en mantener a los actuales rectores quienes, habiendo aparecido en varias oportunidades luciendo el brazalete del 4-F y habiendo permitido todo tipo de ventajismo, generan confianza al oficialismo. Pero al mismo tiempo, las peleas internas por la falta de liderazgo de Maduro y los reacomodos de los grupos que se reparten el botín, quiero decir, el legado del comandante fallecido, podrían tener interés en proceder a los cambios. De hecho, ya han empezado a sonar varios nombres y, en particular, el del periodista Vladimir Villegas que, según se ha filtrado, sería el candidato de Elías Jaua avalado por Maduro.

 

6. Pienso, finalmente, que en cualquier circunstancia todo este mangüareo con el nombramiento del nuevo CNE es favorable a los intereses del gobierno. Si dejan a los actuales rectores, el gobierno sabe que eso oxigena la abstención en un vasto sector opositor. De igual manera, favorece la abstención si el gobierno se empeña en violar la Constitución y trata de imponer a nuevos rectores rojos rojitos.

 

La estrategia del oficialismo me parece transparente y pertinente con su pretensión de mantenerse de todas, todas en el poder. Lo que no veo transparente es la posición y estrategia de la alternativa democrática: demasiado silencio ante las dilaciones, atropellos e imposiciones de los rojos y poca beligerancia y firmeza ante la urgencia de un nuevo CNE apegado a la Constitución que abra un camino de esperanza ante el gran anhelo de recuperar la democracia en nuestro país.

 

 

 

Óscar Lucien

Perpetuidad perversa

Posted on: agosto 15th, 2014 by Super Confirmado No Comments

La contundente derrota al teniente coronel Chávez en diciembre de 2007, cuando soberanamente fue rechazado su inconstitucional proyecto de reforma de la Constitución para mantenerse en el poder a perpetuidad, no fue ningún obstáculo para que meses después sacara de debajo la manga una “sobrevenida” enmienda que le permitió, finalmente, imponer la perversa reelección.

 

La calificación de Chávez de victoria de mierda (sic) a la manifestación de la voluntad popular expresada en las urnas, más allá de la escatología y la procacidad, ponía en evidencia su talante autocrático y explica, visto en perspectiva, el desacato a esa decisión popular.

 

2007 marca un notorio punto de inflexión porque a partir de entonces el gobierno, por la vía de leyes habilitantes y otros actos administrativos, crea una nueva institucionalidad de espaldas a la Constitución. Podría decirse que el cáncer de la reelección es marca de fábrica del régimen naciente. Con pasmosa pasividad la sociedad democrática aceptó que un moroso Consejo Nacional Electoral regalara un período adicional a los concejales de las asambleas legislativas regionales y que los alcaldes permanecieran casi dos años en sus cargos sin la obligatoria convocatoria a la renovación de sus mandatos.

 

Asimismo, aunque aquí sí hubo un poco más de escándalo, pero ninguna contundencia para hacer valer la carta magna, el régimen logró la continuidad de Maduro y su postulación como candidato a la Presidencia.

 

Más recientemente, tema del que se quiere ocupar estas líneas, una sentencia del Tribunal Supremo de Justicia gubernamental ha decretado la continuidad en sus cargos a los rectores del Consejo Nacional Electoral cuyo lapso se encuentra vencido desde abril de 2013.

 

Sí, desde hace más de un año y cuatro meses Tibisay Lucena, Sandra Oblitas y Vicente Díaz, postulados por la sociedad civil, tienen vencido el período y, sin embargo, siguen campantes en sus cargos avalados, además, por la curiosa sentencia que llueve sobre mojado: un titular se mantiene en ejercicio hasta que ocurra su reemplazo. El problema de fondo es que la Constitución obliga a su renovación y la morosa Asamblea no cumple.

 

La Constitución venezolana, en su artículo 296 establece que los integrantes del Consejo Nacional Electoral durarán siete años en sus funciones y serán elegidos o elegidas por separado, tres de ellos postulados por la sociedad civil al inicio de cada período. Lucena, Oblitas y Díaz debieron ser reemplazados en abril del año pasado y, a pesar de que los acontecimientos políticos del primer trimestre de 2014 pusieron otra vez el tema de la renovación de los poderes públicos en la palestra, la morosa Asamblea Nacional todavía no completa las diligencias necesaria para la renovación del ente electoral.

 

Durante los candentes días de marzo, un Maduro con el agua al cuello se comprometió a la renovación de los poderes públicos “en el menor tiempo posible”. A los pocos días, en ese curioso ping pong que juega con el capitán Cabello este, en su rol de presidente de la Asamblea Nacional, anunció la designación del Comité Preliminar de Postulaciones Electorales con lo cual se daba formalmente inicio al proceso de renovación de autoridades electorales.

 

Sin embargo, a pesar de esos públicos compromisos de la dupla gobernante, poco expedito ha sido el proceso. Sin ninguna explicación razonable los diputados oficialistas suspenden las reuniones para atender actos proselitistas, congresos internos, viajes internacionales y todo indica que se irán de vacaciones sin culminar la etapa de seleccionar a los 10 representantes postulados por la sociedad civil. Desde el 27 de marzo, cuando Maduro en una de sus abusivas cadenas se comprometió, incluso con los cancilleres de Unasur y el representante del Vaticano a promover la renovación de los poderes públicos hasta el regreso de los diputados de sus vacaciones en septiembre, habrá transcurrido medio año adicional en abierta burla a la Constitución.

 

Aunque es público y notorio la poca productividad de esta Asamblea Nacional (apenas cuatro leyes aprobadas de quince programadas) es fundamental una mayor presencia y beligerancia de los actores político democráticos para facilitar una vía institucional a la grave crisis que vive el país.

 

El CNE actual no goza de la confianza mayoritaria de los venezolanos. Es esencial elegir un nuevo CNE que permita a todos, independiente del color político, confiar en la solución de la crisis política en estricto apego a la voluntad popular que se exprese en las urnas.

 

Óscar Lucien

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