Nelson Chitty La Roche | Del Estado chavomadurista, inmoral y fallido (1)

Posted on: enero 27th, 2023 by Super Confirmado No Comments

 

Honeste vivere, alterum non laedere, suum cuique tribuere” (Cuerpo del Derecho Civil Romano, 1889) que traduce, i) no causar daños a los demás, ii) vivir honestamente y, iii) dar a cada uno lo suyo.”  

 

 

El Estado es derecho; esencia normativa como bien nos recuerda Kelsen. Es paralelamente un organismo; un ser activo, una existencia como reza la doctrina, “Siguiendo a Hegel, el Estado es revelado como un proceso de relaciones intersubjetivas formado por momentos o estaciones que lo constituyen como una comunidad de vida racionalmente fundada, Gerardo Ávalos Tenorio, ((2010). Actualidad del concepto de Estado de Hegel. Argumentos (México, D.F.)23(64), 9-33.)

 

 

La praxis pone hoy sin embargo la teoría a la defensiva y el Estado, frecuentemente obra en el banquillo, del cuestionamiento y la crítica. Se ha depreciado, deslegitimado y acaso, conserva su legalidad; pero, allí también hay que reconocer el diagnóstico que muestra certeramente, toda una serie de morbilidades que acusa su anómala condición.

 

 

El Estado está en vilo por doquier. Desafiado por la circunstancialidad de una demanda insatisfecha desde el punto de vista económico de sus destinatarios; pero, no solamente; el ilícito lo reta a diario y aún hay plaza para una cita cotidiana con los sistemas políticos y sus ciclos trascendentes que lo ponen en ascuas, de vez en cuando.

 

 

En efecto; el elemento humano que le da cuerpo al Estado, palabra, espíritu, pareciera universalmente fallarle al objetivo primordial de esa ficción que el zoo politikon creó, para actuar en comunidad y ofrecer certeza, seguridad y libertad. Es un momento de desencuentro tangible. Ni el Estado sincroniza al hombre ni el hombre sintoniza al Estado.

 

 

Es un matrimonio sin amor; lo auspicia todavía la costumbre, la lentitud para digerir y atender eficazmente el dictado que obliga a revisarse y si tuviera razón Hegel, a corregirse para seguir juntos porque, eso es menester.

 

 

El Estado de hoy, conoce y ha sido puesto a prueba por el “homo políticus actualis” que, a su vez, está igualmente en trance y vacila entre sus apetitos individuales y su compromiso ontológico como miembro de la humanidad; pero, comentar eso, supondría otra ventana de reflexión. Sigamos haciendo de testigos de ese organismo vivaz que es el Estado.

 

 

Alberga el Estado, unas formas de gobierno que se constituyen en los gestores del susodicho. Esa dinámica se sistematiza para hacer sus propósitos posibles; se organiza, se normatiza, se institucionaliza y se asume como una experiencia perfectible del quehacer social llamado a gerenciar los intereses del todo y a ofrecerle, un desarrollo ínsito a su condición de persona humana dotada de dignidad que, cada una de esas partes de sus integrantes registra.

 

 

Empero; otro perfil a ponderar del Estado es su dimensión moral. Un sujeto que apunta o debería más bien al bien común y, que se sostiene en sus valores y principios que se postulan como parámetros existenciales. Acatar a la ciudadanía como su mandante y su receptor, es otra categoría del fenomenológico y siempre complejo espectro del Estado.

 

 

Es persona jurídica, política y social que se dota de toda una serie de subsistemas que coadyuvarían a servir a sus destinatarios, en un difícil equilibrio que ha de mantener para a su vez permanecer.

 

 

El panorama del orbe nos muestra experiencias exitosas y realizaciones que normalizan al Estado; pero, por otro lado, desnuda las situaciones en que acontece lo contrario. Se trata pues de distinguir dónde estamos y hacia dónde vamos, en cada escenario específico; esa sería la interrogante por responder.

 

 

El poder, por cierto, es actor en ese devenir. Es energía, es instrumento, es representación y con ello, delibera y decide por la sociedad, de la cual, debería siempre ser, mandatario. Allí radica su telos y su peligrosidad y en ocasiones; frecuentemente acotaré, se extravía; arrastrando en su dislate y cual tsunami, las estructuras societarias que comparte y a las que encarna.

 

 

La soberanía y sus vehículos de expresión y sustentabilidad, determinaría el modelo en el que coexiste, la potencia pública y, los que, como cuerpo político, conviven con ella. El drama, cual atavismo o tara hereditaria insurge, al diluirse, licuarse diría Bauman, la soberanía entre la mala hierba del populismo, la demagogia y el discurso de la mentira. El espejismo es el comienzo de la desertificación de la virtud.

 

 

Es pues el Estado, conducido por el poder que lo hace posible, quién ha de servir al presupuesto que le dio origen; coto del más difícil de los ejercicios y malabarismos, el de un justo que intenta ser interpretado y obedecido para, de esa manera, asegurar la vida y la libertad. Aporético el lance pareciera.

 

 

En Venezuela y aterricemos de una vez, un accidente histórico que pasa por ser una apuesta de la mayoría resentida y con vocación hedónica, echó a andar un proceso pernicioso caracterizado por el envilecimiento público y la frivolidad social. La democracia, como en otras latitudes, fue el cómplice necesario. Buscando servir concluyó permitiendo que se sirvieron de ella sus enemigos.

 

 

En una próxima entrega, remataremos, Dios mediante, la tarea.

 

 

 

Nelson Chitty La Roche

Breves notas sobre la indignación y el odio en la Venezuela agónica

Posted on: enero 20th, 2023 by Super Confirmado No Comments

 

 

“Siempre vieron al pueblo como un montón de espaldas que corrían hacia allá”.

Roque Dalton

 

 

El año, y no debe sorprendernos, comenzó caliente en la calle. Maestros, obreros, profesores, pensionados, jubilados y deberían sumarse, entre otros, el sector salud y cual paradoja, el de los trabajadores al servicio del Estado, han salido y hecho saber al mundo que ya no soportan el desastre que los aniquila.

 

 

Los agentes del denominado orden público y los rangos bajos de la FANB, por cierto, también adolecen de la misma precariedad existencial. El empobrecimiento y la crisis que nos hace frágiles y vulnerables no parece economizar sino a los enchufados y al especulativo sector comercial, dicho sea de paso.

 

 

Hasta ahora la sociedad se ha mostrado resignada o inerme, por así reseñar la conducta de un sector que no hace más que luchar a diario por la subsistencia; entiéndase, los que con no obstante más pena que gloria apenas pueden encarar el drama de las morbilidades del cuerpo y del espíritu que, se diría, se dieron cita a la misma hora para afligir en comparsa a la familia venezolana. Una ingente Venezuela vegeta y languidece, en lugar de vivir.

 

 

Las razones de ese patológico cuadro que apenas describo son diversas y van desde el efecto despersonalizante que nos ha venido socavando antropológicamente, desciudadanizándonos, deshumanizándonos, cosificándonos, hasta llegar al límite mismo en que la gravedad del reto vivencial y su insultante permanencia origina una paroxística indignación.

 

 

En cualquier democracia en que el consecuente y gravoso contencioso social, político, institucional que nos asfixia termine por promover protestas, no solo las comprenderían sino que las saludarían; pero la pervertida clase político y militar que gobierna, esa misma que ostenta el poder y lo usurpa todo, además de exhibir sus cúpulas un rostro impertérrito del que brota un impávido discurso que entremezcla la mentira, la posverdad y la amenaza cínica del ogro ahíto de irresponsable impunidad, recurre al expediente fascista de descalificar al ciudadano, criminalizarlo, judicializarlo, con el argumento de que la queja, el reclamo, la crítica no son sino odio.

 

 

¿Es que no hemos soportado bastante una revolución a la que solo se le pueden acreditar todos los fracasos posibles? De ser un país rico, admirado, reconocido, valorado y envidiado, en apenas 23 años, el difunto y sus epígonos nos han arruinado, lastrado, vaciado, material y espiritualmente. Nos han desarraigado y empujado a la peligrosa aventura de la migración. Contaminaron la institucionalidad, pudrieron la justicia y secuestraron la soberanía, la democracia, la constitucionalidad, la universidad, la fábrica, la escuela y la mismísima fuerza armada, antes nacional y ahora del PSUV, e incluso, obscurecieron el crisol histórico del legado de Bolívar, arrogándoselo al tiempo que irrogaban la patria de todo género de estulticias, estolideces, torpezas y pegajosa, empalagosa, mediocridad.

 

 

Pusieron un cepo a la verdad, al periódico, a la radio para acallarnos y, peor aún, nos llenaron de presos políticos civiles y militares porque en su intolerancia bruta no aceptan ningún ejercicio de expresión crítica. No soportan ni una sátira, ni una diatriba en un sindicato de Guayana o en un cónclave de maestros.

 

 

La reacción inocentona de unos servidores públicos, sin armas, pacíficos, sobrios, manifestantes hartos de la incapacidad, cansados de las falacias de los dignatarios públicos, los ha asustado. ¿Por qué? El que la debe, la teme; y ellos saben que este pueblo tiene razones para arrostrarles que son artífices de una catástrofe, de una tragedia, de un atentado contra la nacionalidad.

 

 

La otra interrogante es ¿cuánto está ese ingenuo contingente del cuerpo político decidido a exponer, a comprometer? Y de esa respuesta dependerá todo.

 

 

La Iglesia se la ha jugado también. Llamó a ciudadanizarse, a salir del gueto de los indiferentes que gimen, pero no hacen más que eso. Valiente gesto de los de sotana que puede soliviantar favorablemente a los que hacen de auto marginados, irresolutos, bucólicos y enajenados.

 

 

El odio no es del que demanda, exige, censura, sino de los que sabiendo legítimo el cuestionamiento, no lo asumen como parte de la normalidad sociopolítica, sino de osados y temerarios paisanos que se atreven a pedirle cuenta a los detentadores de poder, de un Estado que, no por fallido, les priva de los gozos concupiscentes.

 

 

Hay que poner en práctica los derechos de la sociedad democrática, pero persistiendo, insistiendo, repitiendo el largo memorial de los agravios y denuestos de los que hemos sido y somos víctimas. ¡Es hora de hacer y no dejar para después lo que debemos hacer!

 

 

 Nelson Chitty La Roche

nchittylaroche@hotmail.com

@nchittylaroche

Hoy como ayer, Copei en la encrucijada

Posted on: enero 13th, 2023 by Super Confirmado No Comments

 

“El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad.” Víctor Hugo

 

 

Se cumplen hoy, setenta y siete años, de la fundación del Comité de Organización Política Electoral Independiente, en sus siglas abreviadas, Copei; partido político cuyo pensamiento se inspira en la doctrina social de la iglesia e insurge en un momento crucial de la historia patria, otro mas dirían algunos, en medio del parto tal vez mas importante desde los comienzos del siglo fundacional, el decimonónico, aquel que alumbró a la única e irrepetible generación constituyente y libertadora de Gual y España, Bolívar, Miranda, Roscio, Andrés Bello y paro de mencionar.

 

 

En efecto; nace Copei, en un trance histórico, en medio de sangre, sudor y lágrimas que revela para los venezolanos, el más feliz hallazgo de su contemporaneidad, la ciudadanía. Debutan los analfabetos, las mujeres y los jóvenes en el cuerpo político y en el genuino ejercicio, de un lado de la soberanía y, del otro, de la democracia. No era y, no es tampoco hoy en día, poca cosa.

 

 

Un país pasaba y otro pugnaba por surgir y, lo intenta con una revolución verdadera; cae de nuevo por acción del siempre pernicioso gendarme detentador de las armas y, recupera su libertad y su respeto, a partir de 1958. Empero el ciclo nos despoja y nos propone otro tour de forcé como diría Toynbee y de nuevo estamos en la encrucijada.

 

 

Apareció el jedí ciudadano en el trienio, precisó hacerlo, con una pléyade de actores distintos en algunos aspectos, con criterios diferentes en otros, pero, profundamente patriotas y demócratas. Esa generación nos trajo la república; misma que disfrutamos y con su brillo sorprendimos al mundo, esa que nos desarrollo y elevo en todas las artes y oficios, en la educación, la economía, la ciencia y nos catapultó al liderazgo continental, con notables y paradigmáticas ejecutorias que envidiaron nuestros vecinos a los que recibimos sin chistar, hospitalarios y sonrientes, generosos y dispuestos a colaborar, cuando les tocó a ellos el infortunio.

 

 

Bajo su bandera verde esperanza, Copei aportó al proceso, no solo su sede de puntofijo donde se pactó la decisión ciudadana, sino la transparencia, idoneidad y lealtad de Rafael Antonio Caldera Rodríguez cuya sola mención en este tiempo infausto, debería tocarnos el espíritu; Pedro Del Corral, José Antonio Pérez Díaz, Hilarión Cardozo, Arístides Beaujon, Lorenzo Fernández, Pedro Pablo Aguilar, Rodolfo José Cárdenas, Luis Antonio Herrera Campins, Nectario Andrade Labarca, Edecio La Riva Araujo y varios de muchos que por espacio reducido no nombro como una primera oleada y luego, la generación del relevo de Eduardo Fernández, Oswaldo Álvarez Paz, José Rodríguez Iturbe, José Curiel Rodríguez, Dagoberto González Haideé Castillo de López Acosta, Guillermo Yépez Boscán, Enrique Pérez Olivares, Felipe Montilla, , Leonardo Ferrer, Félix Luces, María de Guzmán, Orlando Contreras Pulido, Céfora Contreras  y ese ser humano genial y de mejor corazón, Abdón Vivas Terán y, en la brisa siguiente evoco a  Gustavo Tarre, Ramon Guillermo Aveledo, Julio Cesar Moreno, Elías López La Torre, Paciano Padrón, Enrique Mendoza, Donald Ramírez, Carlos Navarro y agrego un gocho para continuar con la lista que, sin embargo sigue y es muy larga larga, Cesar Pérez Vivas.

 

 

Señalé al comienzo que estábamos hoy como otrora, en medio de un terrible dilema existencial; el facissocialismo chavomadurista y perdónenme si deliberadamente redundo, de una parte, que te arrasa o te compra y, de otra; el árido, movedizo, penoso y a ratos traicionero camino de resistir y luchar, como hicieron los fundadores, exponiendo bastante, con otros compatriotas excepcionales que bajo otras banderolas incluso, dieron sus vidas y si mas hubieran tenido, más hubieran dado en las refriegas de la libertad, y entonces los adecos y comunistas, los urredistas y por cierto, siento que no puedo omitirlos, a todo evento.

 

 

Que lujo el nuestro de haber llevado a la presidencia a Rafael Caldera y a Luis Herrera Campins, a los que nadie pudo ni podrá acusar de corruptos, aunque se hayan tratado de adversarios. Y lo digo ahora; cuando es difícil mencionar, quienes no lo son o de quienes no se sospeche de serlo. Copei llevo ética y moral a la mesa ciudadana y sus gobiernos si bien no fueron perfectos, mantuvieron en su jefatura acrisolados conciudadanos. Cruda verdad y evidente realidad que contrasta con la experiencia de estas dos últimas décadas

 

 

El tsunami que convocó el fin del milenio y lo que va del XXI, hizo añicos muchas cosas. Con razones quizás comprensibles a veces, pero, no siempre, se barrió a los partidos, a la política y a la consciencia histórica. La democracia, cuidando las libertades, dejó hacer tal vez demasiado y además, debemos admitirlo, fallamos estrepitosamente como pueblo, al preferir al militar que al civil; al golpista que al demócrata; al demagogo populista y embaucador que al militante partidista. La frivolidad popular delegó en el carismático pero irresponsable liderazgo emergente su fe, su confianza, su ilusión y este le conculcó su soberanía.

 

 

Cumpleañero anda Copei y lo transversaliza, no obstante, su peor crisis. Se ha visto el partido envuelto en la perniciosa centrifuga que se ensaño con la única auténtica república que en nuestra historia hemos vivido porque hablar de republica civil, en opinión del Doctor Fernando Falcón Veloz, es un exceso siendo que, sino es civil, si la conducen como la acarrearon los hombres de armas, en nuestros repetidos ciclos históricos y, no fueron o son los ciudadanos, no fue nunca ni sería una genuina república.

 

 

La institucionalidad republicana yace hoy desmembrada, desconocida, desfigurada, vaciada de su entidad, victimada ella y el bolivarianismo, de manos del difunto y sus acólitos.

 

 

Somos más bien una satrapía que indolente, inepta, cínica, controla con las armas usurpadas a la nación, a una población inerme, vulnerable, dañada antropológicamente que aún no huye del desastre y de la pobreza que desarraiga y se diluye en ese fenómeno que llamamos diáspora.

 

 

Ciertamente Copei y Venezuela, lucen viejos, exhaustos o aun mas que eso, desconectados del ideal democrático y republicano, en cuyo altar se sacrificaron vidas y sueños. Sin embargo, hay un balance y una responsabilidad histórica que todavía late en el compromiso de los que asumen la resistencia como una razón justa para la vida, para la muerte.

 

 

Copei se mira hecho jirones; judicializado por la mafia que gobierna, alienados sus dirigentes formales que, ya no son dirigentes ni formales sino agentes encubiertos, zombis alienados, enajenados, despersonalizados, productos del intento de asesinato a diario de su alma, y  para que vean, no lo logran; vive en cada compañero socialcristiano que hallamos en todos los municipios, parroquias, aldeas, cuando de gira vamos y me refiero a los más recónditos lugares de nuestra depredada geografía.

 

 

Hemos sido antes pequeños, pero luego fuimos grandes, un puñado inclusive como aquel que en la tintorería Ugarte, allá en la Candelaria de Caracas, cobró vida y salió al ruedo a enfrentar la contingencia, la amenaza, el odio, el absolutismo corporativo de uniforme, para llegar a coadyuvar en la fragua de nuestra única república, la puntofijista.

 

 

No ha muerto Copei, menos aún nuestra menguada Venezuela; aunque sienta que se muere en cada coterráneo que se marcha o, en cada uno que tiene hambre, miedo, sed, en cada niño desnutrido, en cada uno de esos migrantes que sucumbe en su aventura y piense que hemos perdido el orgullo de ser venezolano.

 

 

Este Copei crecerá nuevamente, se vivificará, será útil, fiel, apasionado y consecuente con su amor mas profundo, la patria porque, como una vez escuche al intelectual y estudioso Naudy Suarez Figueroa decir, Copei nació para cambiar al mundo y repitamos con Caldera, ¡vamos a echarle pichón!

 

 

Nelson Chitty La Roche

nchittylaroche@hotmail.com

@nchittylaroche

Golpe urgente al timón de la mediocridad

Posted on: enero 6th, 2023 by Super Confirmado No Comments

 

«Es de pocos esa inquietud de perseguir ávidamente alguna quimera, venerando a filósofos, artistas y pensadores que fundieron en síntesis supremas sus visiones del ser y de la eternidad, volando más allá de lo real. Los seres de tu estirpe, cuya imaginación se puebla de ideales y cuyo sentimiento polariza hacia ellos la personalidad entera, forman raza aparte en la humanidad: son idealistas». José Ingenieros, El hombre mediocre.

 

 

Cuando era muchacho, por allá en los sesenta del siglo pasado, recuerdo que, en el liceo, pero también con los vecinos de la calle de mi vivienda, los chicos tenían muy a menudo interés en las lecturas clásicas y conversar sobre ellas era un hábito frecuentísimo.

 

 

Recuerdo especialmente, entre muchos, ese debate que se abrió a propósito de la leída de la obra de José Ingenieros y lo apasionante que resultaron las pláticas que generó.

 

 

Éramos una promoción preocupada por estar al corriente y sentir nuestro tiempo; por destacarnos, por conocer y saber con alguna prisa y desesperanza, incluso, con una perspectiva participante, sobre lo que éramos y queríamos ser. Incluso resaltaré un hecho con emoción: todos queríamos reformar aquel mundo nuestro en que apreciábamos grandes desajustes, injusticias y desequilibrios. La revolución nos seducía y atraía y con ella, la polémica y la lucha.

 

 

Debo acotar que aquel entorno ofrecía oportunidades para progresar y la universidad era un auténtico trampolín a la movilidad social; el país distribuía la riqueza petrolera privilegiando la educación y la construcción de obras de infraestructura de primer orden. La esperanza obraba aun en aquellos que militaban en un proyecto radical de transformación de la patria. Todos en el fondo apostaban por esa patria que, más que una palabra hueca como parece hoy en día, vehiculaba un contenido edificante, leal, hermosamente comunitario.

 

 

Me angustia la apatía de los jóvenes de hoy, hipnotizados con la tecnología y el celular. Claro que no es un asunto típico venezolano sino universal, pero nos hace acá un perjuicio terrible, gravoso, peligroso. Entre la fuga de los chamos nuestros a la diáspora, buscando en su mayoría salir de la pobreza, del marasmo y de la revolución de todos los fracasos de un lado y la bucólica presencia de los que se quedan, nos vaciamos de los bríos que tanto requerimos.

 

 

Empero, la razón de esta remembranza apunta a hacer constataciones que me permitan una reflexión que considero, humildemente y no exagero, capital para atender el gran escollo que tenemos enfrente y que nos diezma, aflige, empobrece y nos mediocriza a diario.

 

 

En efecto, hemos sido irradiados, en un aciago momento, por un ejercicio de poder pernicioso, demagógico, populista, pretoriano y por la incapacidad de dar respuestas efectivas a las perturbaciones derivadas, de la consecuente desrepublicanización, desinstitucionalización y banalización, a un punto que ha comprometido nuestro impulso antropológico.

 

 

Un pernicioso bloque histórico opera para ello. De una parte, una coyuntura mundial de individualización paroxística, el desarme social y humanístico, se suma a una consciencia histórica resentida, porque la secuencia que vivimos nos priva de pensar y desde luego, nos hace acríticos. Devenimos intrascendentes, por inconscientes.

 

 

Sobreviviendo, es así como explicamos a los otros lo que hacemos o, mejor, lo que dejamos de hacer o permitimos impávidos que nos hagan y por lo que dejamos la existencia ciudadana en el hombrillo.

 

 

Nos desarticulamos como sociedad política y nos ausentamos de lo nuestro, de lo público, por vegetar como respuesta. Esa es la estación en que nos quiere y ya nos tiene este autoritarismo kakistocrático.

 

 

No tenemos como otrora y me refiero a la nación venezolana, la que queda acá digo, porque se separó una cuarta parte materialmente y muchos más lo están pensando -2022 fue una contundente evidencia de lo que afirmo, con el apoyo de los informes de la ONU- carecemos, reitero, de arraigo espiritual y disposición para la contienda histórica que es connatural a cada generación.

 

 

Todo ha sido, sin embargo, el producto de circunstancias de diverso género que engendraron el monstruo cuya paternidad es compartida por los que hicieron el papel de intelectuales orgánicos, como diría Gramsci. Aquí señalo a los medios de comunicación que se desviaron de su tarea para ambicionar, más que el control, el poder mismo; y decisiones erráticas que tomamos o dejamos de tomar aquellos que creíamos dirigir a la sociedad. Todos hemos sido castigados y todos nos debemos una reivindicación.

 

 

No obstante, lo asentado acá, es un imperativo reaccionar o intentarlo, con todo lo que nos resta en el alma ciudadana, optar para no diluir la fortaleza que nos queda y es la convicción de que estamos en el lado correcto de la historia y que una vez más, siempre ha pasado, hay que batirse con el mal y derrotarlo, aunque en ello nos vaya la respiración.

 

Cada uno de los miembros de esta patria debe asumir su responsabilidad, que consiste en retomar el camino que conduce a la liberación. Mirar lejos para no desviarnos más. Enderezar el volante que nos ha extraviado. Que los que se autodefinen como opositores no se dejen tentar por ellos mismos y sus ansias y bajezas. Basta de asumirnos unos a otros como sórdidos enemigos de una misma familia.

 

 

Asumir el reto es la consigna. Rescatar a los nuestros encadenados a sus necesidades que no han entendido que su gran penuria son esas cadenas que los hacen manipulables y prescindibles. El principal desafío, ratifico, es volvernos a aceptar y a respetar.

 

 

El adversario está delante y reúne tres características que lo definen: es inescrupuloso, es cínico y es apátrida. Hay que apartarlos para que fluyan las aguas nuevamente del progreso y la redención nacional.

 

 

Después de lo acontecido en la Asamblea Nacional quedó claro que, haciendo lo mismo, no obtendremos sino el mismo resultado y de Perogrullo pareciera, pero, fijémonos bien. La gente pierde apego por los partidos y por la sociedad civil que no se le advierte ni figura ni ascendiente. Si seguimos desconectados del pueblo, no lo esclarecemos y seguiremos alejados de él.

 

 

¡No a la mimetización de la mediocridad que nos ha tocado en suerte! Podemos ser otra cosa y expliquémosles por qué, a unos y a otros, salgamos del coto de caza de las ambiciones fútiles para reencontrarnos y hagamos lo que hay que hacer. El que quiere dirigir que lidere.

 

 

¡Viva la utopía, la ilusión, la fantasía; viva la libertad, viva la patria!

 

 

 Nelson Chitty La Roche 

@nchittylaroche

nchittylaroche@hotmail.com

Del desatino y otros costos de oportunidad

Posted on: diciembre 30th, 2022 by Super Confirmado No Comments

«Lo que hay que ser es mejor

y no decir que se es bueno

ni que se es malo.

Lo que hay que hacer es amar

lo libre en el ser humano.

Lo que hay que hacer es saber,

alumbrarse ojos y manos

y corazón y cabeza

y después, ir alumbrando.

 

Lo que hay que hacer es dar más

sin decir lo que se ha dado.

Lo que hay que dar es un modo

de no tener demasiado

y un modo que otros tengan

su modo de tener algo».

 

Andrés Eloy Blanco, «Coloquio bajo el laurel», tomado del Reporte Católico Laico del 27 de diciembre de 2022

 

 

En la percepción de los conciudadanos que además se reclaman críticos, y otros, opositores simplemente; los acontecimientos que atañen a la Asamblea Nacional electa en 2015 que se autodenomina legítima, por cierto, y la extinción del gobierno interino de Juan Guaidó, que sería la consecuencia, se visualiza decepción, desazón, disgusto y algo de vergüenza. En una clara mayoría al menos así me ha parecido.

 

 

Sin entrar en profundidades jurídicas y constitucionales, advierto sin embargo que el escenario institucional que provocó aquella interpretación del artículo 233 y la asunción del presidente de la AN en enero de 2019 como presidente de un gobierno interino, para suplir la ausencia producida por la inconstitucionalidad y la ilegalidad de los comicios de mayo de 2018 y la llegada de un usurpador a ocupar la silla de Miraflores, en términos sencillos, puede decirse que no ha cambiado para nada y, si alguna lógica congruente guiara a los diputados miembros entonces de la representación nacional, debería ser mantener ese ente creado desde las circunstancias y, que es reconocido, dentro y fuera del país y recibe desde luego, un trato cónsono con su ontología.

 

 

Aunque algunos muy respetables académicos se sumen a la argumentación según la cual, esa jugada, es posible y aceptable porque, las perspectivas cambian y aducen que este asunto es político y acaso luego jurídico, conviene recordar que se construyó un piso constitucional invocando el artículo 333 de la Constitución y se sancionó un Estatuto que Rige la Transición a la Democracia para Restablecer la Vigencia de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, que me luce ahora desconocido y objeto de lecturas anómalas.

 

 

Empero, insisten en que se pueden permitir cualquier cosa, a nombre de una relativa ventaja numérica, sumados los votos de las curules de AD, PJ, UNT y algunos más, para imponerse y guillotinar a Juan Guaidó, al declarar extinto ese gobierno interino que él presidía e inventar otra transición, dentro de la transición y así, ocuparse ellos, desde una comisión surgida de la comisión delegada. Precariedad por doquier, pues.

 

 

El cálculo pudiera salirles muy mal, si bien no peor que aquella ocasión desestimada de ponerle coto a la maniobra que en diciembre de 2015 echó a andar el oficialismo con la escogencia de los “magistrados exprés” inconstitucionalmente, que luego menoscabaron a placer y anularon a la postre, casi completamente, a esa asamblea nacional electa por un pueblo esperanzado y que una vez más resultó vejado, ultrajado y violado por el facissocialismo chavomadurista, militarista, castrista y corrupto.

 

 

Otra sería la historia del país si instalándose en enero de 2016, exultantemente legítima la AN 2015, hubieran oído a quienes les advertimos de los peligros en ciernes, predecibles sin embargo, con un TSJ usurpado y mediatizado que debieron encarar dado su alcance radiactivo como poder administrador de justicia; pero, entre la fascinación de la llegada al poder y la aviesa idea de poder competir de populismo a populismo con aquella idea de ofrecer títulos de propiedad a los ocupantes de los inmuebles de la Misión Vivienda, se les pasó el tiempo del estado de gracia y se mimetizaron para su desgracia y la de los venezolanos, hasta ser malogrados como lo fueron concluyentemente. Para decirlo coloquialmente, no fue que erraron el boche, sino que no lo tiraron y así perdieron esa y las demás partidas.

 

 

Tampoco acudieron al llamado los supuestos opositores del G-4, e incluyo a Voluntad Popular en esa oportunidad, para sumar esfuerzos y convocar un referéndum revocatorio porque su interés no era tampoco en ese momento la unidad por el bien del país. Con sus maniobras y cómputos politiqueros acabaron abortando una buena iniciativa porque como no era de ellos la promoción del ejercicio de un derecho político y constitucional como ese, no se plantearon su defensa y su colaboración. Esa dirigencia careció de claridad estratégica y sigue errática y díscola, además hoy en día.

 

 

No suelo criticar a los otros opositores, ni siquiera a los que a veces dudamos que lo sean porque en Maduro y su combo de pésimos entre los malísimos hay bastante para reclamarles y demandarles, pero siento que es grave la equivocación en curso y me permito, además, un par de consideraciones que me convencen de ello.

 

 

La primera es afectar el discurso de la unidad que debe ser coherente y consistente para persuadir a un electorado que antes llevaron por el camino de la huelga electoral y ciudadana y con esa conducta de los partidos involucrados, me temo, arriesgan su credibilidad y con razones y evidencias para dudar de su sinceridad.

 

 

Por otra parte, hay que recoger el espejo hecho añicos de la política exterior de la oposición. Fuera de Venezuela no pueden ni siquiera comprender este movimiento del emplazado G-3 y será difícil reconstruir y edificar apoyos y obtener la ayuda indispensable de esos aliados que tanto nos han asistido y sostenido antes y de los que necesitamos desesperadamente también ahora.

 

 

Hemos fallado todos en mayor o menor medida y es menester oírnos y restañar heridas. Es momento de corregir y enmendar. La patria clama por su redención.

 

 

Veremos entonces qué hacen en enero los que compartieron todo con Guaidó, menos la ocurrencia de la defenestración, y sigamos adelante para recuperar el aliento y seguir la cruzada de la liberación que hoy más que nunca se justifica.

 

 

Hay unas primarias que atender en el horizonte ya cercano.

 

 

Nelson Chitty La Roche

@nchittylaroche

Brevísimas notas sobre la dignidad en la libertad

Posted on: diciembre 23rd, 2022 by Super Confirmado No Comments

“La libertad y la dignidad humana deben ser efectivas; de qué sirve decir que se es libre o que debe vivirse en libertad, si no se aseguran los medios para vivir realmente en libertad”. Henri Leclerc

 

 

El mundo por construir es el de la dignidad de la persona humana. Cualquier otro ejercicio vendría después, pero definámosla para mejor entendimiento.

 

 

Es digno el ser humano cuanto es persona y libre para actuar con discernimiento y responsabilidad, de acuerdo con su voluntad. Es una condición, una calidad, una cualidad que se tiene por ser humano, hecho a imagen y semejanza de Dios y, además, designado como creatura que prevalece en la naturaleza.

 

 

Persona humana es una suerte de locución tautológica que precisa la pertenencia del ser biológico intrínseco al género humano y de allí, a disponer de una conciencia y una significación moral, política y jurídica. Como enseñó Kant, un fin en sí mismo.

 

Se trata entonces la dignidad de la persona humana del goce y el respeto integral al que tiene derecho; vale decir, en todos los órdenes que su ontología postula.

 

 

Ensayo de simplificar una temática de suyo compleja para hacerla manejable a los propósitos de esta reflexión y que atrae, por cierto, concomitantemente, otros elementos de variada índole, pero especialmente de esencia ética y moral.

 

 

No obstante, es menester insistir y puntualizar el rol esencial que juega la libertad en esa dinámica que es a menudo puesta a prueba, siendo que la dignidad se merece y se ha de recibir como tratamiento legítimo y racional, pero que, frecuentemente, la vemos amenazada de diferentes maneras.

 

 

Quizá la libertad sea el componente substancial de la dignidad humana, en correspondencia con la exaltación de esta como valor universal; empero, es un ejercicio, una práctica existencial, una conducta y no una visión parcial o una declaración contenida en algún texto interesado. Ser libre y ser digno es una experiencia vital.

 

 

No obstante, decía Burdeau, “la libertad solo es posible en el orden” y ese orden demanda de un gobierno normativo, al menos, que nos iguale y proteja a todos por igual; un modelo económico que nos permita transitar decorosamente y con base en nuestros talentos y esfuerzos el camino de la procura existencial, además de una seguridad social que alcance hasta para ofrecer un básico de justicia equitativa.

 

 

Un Estado Constitucional democrático, de derecho y de justicia puede y debe proporcionar las prestaciones a las que hago mención y de no hacerlo se expondrá al cuestionamiento ciudadano que, por cierto, comprometerá su estabilidad.

 

 

Debo, no obstante, destacar que la libertad de expresión es, mutatis mutandis, como el derecho a la vida y no exagero. Un ser humano que no puede o peligra al hablar, al escribir, al comunicarse, que es sin duda uno de sus más distintivos y característicos atributos, es una nulidad, un ser despojado de su esencia política y comunitaria, un vegetal lo describe mejor comparativamente.

 

 

En resumen, estimo congruente referirnos a la libertad como valor fundamental de la dignidad de la persona humana en el sentido republicano del vocablo; libertad como no dominación ni tampoco sujeción ni dependencia de nada ni de nadie. Libertad para ser supone ejercer su condición racional y su privilegio en la naturaleza.

 

 

Sin embargo, la libertad que se demanda, como el trato dignificante que se exige, parte de un supuesto capital, ofrecerla y solicitarla para todos como parte de la nuestra. La alteridad comienza desde allí.

 

 

La responsabilidad es la bisagra que nos une y nos permite asumirnos todos en cada uno. Vivir con el compromiso ético que en cada acción nuestra nos sorprenderíamos como se evidencia.

 

 

Nuestros valores solo serán fortalezas y serán adquiridos reales si los garantizamos desde el nosotros a que nos conduce un ideal de alteridad.

 

 

El mundo no va en esa dirección sino todo lo contrario y si bien oponerse a las tendencias actuales que nos desfiguran es difícil y peligroso, es menester hacerlo con la confianza de saber que tenemos la razón y la convicción para lograrlo.

 

 

La política entonces que hay que adelantar es esa y ninguna otra y a eso nos correspondemos, si nos reclamamos como ciudadanos. Es un prisma, una fuente de energía espiritual y moral, indispensable además para sentir, saber, mostrar que somos dignos también de tener patria.

 

 

@nchittylaroche

nchittylaroche@hotmail.com

 

 

 

Notas semiológicas de la revolución de todos los fracasos

Posted on: diciembre 16th, 2022 by Super Confirmado No Comments

 

 

“Yo ji… era una persona sospechosa, un “enemigo del régimen” que había de encontrar todas las puertas cerradas”. Julián Marías

 

 

¿Quién podría negar que el Estado que nos ha legado la experiencia chavo madurista, inspirada en aquella fascistoide teoría de Norberto Ceresole de “caudillo, ejército y pueblo”, constituye un paradigma del desastre?

 

 

 

Que se trate de los indicadores económicos o de aquellos sociales, políticos, institucionales, educativos, sanitarios o de seguridad, que tienen que ver con el bienestar de la población, nos ubican entre los países de peor calificación de todo el orbe. No se exagera si se insiste en que en estos 23 años se ha lisiado a la nación venezolana.

 

 

Lo que queda es un enfermo con metástasis que demanda un milagro para mantenerse con vida. Una terapia tan profunda para sanarlo requiere ir hasta el tuétano de las estructuras de la familia coterránea y la potencia pública que hoy, seria y objetivamente, están febriles, desvencijadas, delirantes y precarias.

 

 

 

Una suerte de acracia opera en cada segmento de la articulación funcional societaria, de suyo anómica y contaminada; además, inoculada medularmente, celularmente, por la corrupción y la impunidad.

 

 

Una centrífuga de valores, principios, creencias, bate insolente a la otrora entidad formal, legal, constitucional y la expone al extravío y a la degeneración. El Estado está hoy aquejado de todas las patologías.

 

 

Y enfatizo, a partir de una constatación irrefragable, no serán quienes nos hundieron en este pernicioso remolino los que puedan, sepan, quieran sacarnos del hedor y de tantas excrecencias.

 

 

Afligido el homo actualis criollo, deambula por la corriente caudalosa de la intrascendencia, como si hubiera perdido en el camino su personalidad ciudadana. Igualmente, flota, en la fatiga de su espíritu y se advierte, la vulnerabilidad que resulta de las inconsecuencias en que incurre, en el ejercicio de su supervivencia. Se autobanaliza en su inconsciencia.

 

 

Vamos dejando la vida perdida solo por vivir. Permitimos y aceptamos todo; nos ofenden, humillan, arrasan, timan y lo soportamos exhibiendo simplemente, la resignación o la abulia. Devenimos en pusilánimes.

 

 

Hace días compartí con un profesional que presta sus servicios para una empresa petrolera extranjera que se ha afirmado que puede trabajar en los campos de Monagas y su relato me aturdió.

 

 

En efecto, me cuenta que no es lo más difícil lograr la autorización sino poderla instrumentar. Me refiere que hay que lidiar, como en el lejano oeste norteamericano de las películas de Clint Eastwood.

 

 

Bandas, sindicatos, pranes, como el de La Pica; policías y los de verde uniformados, presentan sus exigencias, muy armados, impúdicos y agresivos, dispuestos a paralizar o enervar cualquier programa o actividad laboral. Por allí “se nos va la costura” en ocasiones, remató el ejecutivo.

 

 

 

Por otra parte, las vías de tránsito están plenas de huecos, los puentes en la zona están rotos y en todo caso, disfuncionales. Mismo tañido de campana, en cuanto a las necesidades de agua, servicio eléctrico y combustible, en particular diesel.

 

 

Por donde se le mire, la sintomatología es concluyente; no hay gobierno, no hay servicios, no hay insumos, no hay seguridad, no hay a quién acudir para resolver.

 

 

La revolución nació esquizoide, obsesiva, compulsiva, oligofrénica, cínica y siguió, como era natural su desarrollo, entre sus preexistencias tales como torpezas, vilezas, resentimientos e irresponsabilidad.

 

 

Caben las ironías y sarcasmos cada vez que el señor Maduro hace un anuncio de mejoría o superación de cualquiera de las crisis en que estamos incursos, porque no es posible con discursos y versiones que trastocan o tergiversan los hechos, pretender y menos obtener la verdad y mucho menos algún éxito.

 

 

“Árbol que crece torcido, nunca su rama endereza,” del dicharachero popular.

 

 

 

Nelson Chitty La Roche

@nchittylaroche

nchittylaroche@hotmail.com

Venezuela es un rompecabezas para armar

Posted on: diciembre 2nd, 2022 by Super Confirmado No Comments

 

 

“Solo se destruye lo que se sustituye.” Saint Simon

 

 

Si de semiótica se tratara y se me pidiera resumir qué advierto en los signos, en las palabras, en el discurso, en la percepción, en las letras, en el rostro de la Venezuela de hoy, me temo que, además de advertir la disfuncionalidad de sus órganos de todo tipo y un estado consecuencialmente patológico, la conclusión a la que llega mi intelecto es cónsona con un simpático juego de mesa que igualmente es un método de estudio y de enseñanza:  un rompecabezas o puzzle, como se denomina en el idioma inglés.

 

 

Creo llegar a una estación en mi tránsito cognitivo al establecer que ese todo o esa unidad conceptual que fue Venezuela no es ya un sujeto colectivo indiviso, siendo que me encuentro ante sus distintas partes y no están alineadas, ubicadas, conciliadas, ordenadas o, mutaron de tal forma que tampoco son lo que eran y así infiero que se rompió, se partió en mil pedazos.

 

 

No solo el fenómeno mencionado se visibiliza en sus formas sino que se evidencia, es cierto, en la precariedad de sus prestaciones sistémicas, en sus íconos de representación, su marco jurídico constitucional, su sociedad, sus cuerpos intermedios, en la nación que se alojó en ella desde el comienzo pero que se fue haciendo más madura, definiendo, perfilando hasta darse una identidad propia; empero, sobrevino un sismo, una revolución o más bien un pernicioso desorden, carente de racionalidad y responsabilidad que la desfiguró y comprometió ontológicamente. Ya Venezuela no es Venezuela.

 

 

No sabemos ya qué somos o en cuántas entidades devenimos y deambulamos erráticos por el mundo y, más difícil aún, si es susceptible ese otrora mosaico maravilloso de poder armarse, constituírsele de nuevo, como un cuerpo vivo entero o se malogró y está lisiado para siempre.

 

 

Hay un análisis en curso, inevitable e inexorable que advierte el desmembramiento de Venezuela, desde distintas áreas y aspectos de su composición y de su existencia. Sus fortalezas, sus pivotes, sus pilotes y fundaciones han sido arrasadas y de la república, para describir desde allí, no queda sino un recuerdo perdido en la bruma del miedo y del daño antropológico que se hace ya una protuberancia en la faz, un hórrido lunar rojo que nos afea y avergüenza ante el mundo y una pobreza apestosa que como la basura de pestilente hedor, dispara los conocidos desprecios que hoy padecemos, en el primer mundo y resumen con un neologismo: la aporofobia.

 

 

La tarea entre la utopía y la fantasía, dirá alguien, es rehacer a ese país que fue paradigma y hoy es un ente fallido y disfuncional. Reunir las porciones ya es un reto casi imposible. La centrífuga pulverizó a muchas, pero aún hay bastante para reunir. De eso dependerá un porvenir que se otea solo en el horizonte de la imaginación y el deseo que, no obstante, se convierte en una hermosa razón para vivir.

 

 

Esa fragmentación aludida comienza con la familia, desperdigada y nómada frecuentemente. Se nos apartó, por la fuerza de los hechos y por la pobreza y la desesperanza de nuestros hijos y en general de parientes y amigos. Se van y parece difícil que vuelvan la mayoría y, si lo hacen, después de mucho tiempo, ya no serán los mismos.

 

 

Debe hacerse cualquier sacrificio futuro para compactar a la nación que se redujo y se desvió de su natural propósito de asumir un destino común. Cualquier cambio político que logremos llevar a cabo le debe eso a la historia y a la generación que serían sus hijos y nietos, por elemental patriotismo.

 

 

Entretanto, hay que acometer una empresa, por llamarla así, que mantenga como ciudadanos y alícuota soberana a los que tuvieron y tienen que buscar allende las fronteras, un nuevo asiento de aspiraciones e intereses. Avergüenza que el régimen de Maduro y sus acólitos, promotores del desastre que ha provocado la estampida nacional, sean quienes, a toda costa, impidan, obstaculicen, enerven el registro y la participación en el cuerpo político de la diáspora, pero debemos entender que el miedo al pueblo y a su expresión libre está siempre presente en el cálculo de la dictadura.

 

 

El país en toda su organización está desarticulado. La educación y la universidad, disminuidas y precarias, encajando una fuga de docentes y una deserción masiva, aunada como fenómeno a una caída de la calidad, reclaman un ciclópeo envión para levantarlas y políticas precisas para rearmarlas. Parecen a ratos una colcha de retazos y valga el coloquio. Poniendo gente a actuar como suplentes sin tener ni la preparación ni el oficio. La Universidad Bolivariana y aquella, la Unefa, son en todos los órdenes deficientes y manipulada la instrucción que allí se imparte.

 

 

Hace poco conversé con responsables del Hospital Clínico Universitario, cada día menos universitario y precario prestador del servicio que de él se espera. Se encuentra sin equipamiento y con un problema de disputa por el control de colectivos y gremios laborales y, lo peor, con una dirección que ha prescindido de todo criterio hospitalario. Volver a hacer funcional sus potencialidades y desarrollar una atención cónsona con los requerimientos es otro rompecabezas. Mismo tañido de campana en todo el universo nacional del área salud. Se habla de la huida de 30.000 médicos en el lote de 7 millones y más de venezolanos en migración. La producción de galenos competentes es inferior a las necesidades actuales y lo que sale de la Rómulo Gallegos como médicos no está para asegurar la función sino para aprender hasta lo elemental. Igual ocurre con otros servicios como enfermería e imagenología.

 

 

La seguridad es otro crucigrama más. Los cuerpos policiales han sido penetrados y satanizados por tres demonios. El más grotesco es la corrupción, hoy generalizada y cuasi tolerada. El segundo es la politización que impregna a toda la organización pública, inficionada de ideologismo y servilismo. La tercera es la impunidad que resulta de las anteriores, pero que recorre la columna vertebral desde arriba y hasta más abajo, como lo resalta el tercer informe de la comisión de la ONU.

 

 

De la justicia habría que hacer un borrón y cuenta nueva. Es impresionante y disuasivo el ejercicio de la abogacía sin entrar en una red de inevitables complicidades y sobornos. La mediocridad se ha hecho y se muestra con total dominio. Recordemos parafraseando al Libertador Simón Bolívar y la justicia por ella misma es capaz de sostener a la república.

 

 

La fuerza armada es, quizá, el más complejo acertijo a resolver. Dejó de ser de la nación y la república y se reduce a ser un apéndice de la satrapía que mediatiza a sus integrantes con el miedo, recordemos que hay más presos políticos militares que civiles y además los asocia al festín baltasariano de la corrupción.

 

 

La FANB ya no se preocupa por la soberanía y su defensa, todo el país y sus integrantes lo saben bien, aunque se hacen los locos. Medrosos dejan hacer y pasar lo que todas las formas del ilícito realizan. La somalización del territorio nacional no les preocupa y la concupiscencia es la normalidad.

 

 

Enorme y costoso elefante blanco y valga el lugar común, debe ser atendida con ayuda especialmente de ellos mismos, para devolverlos a sus roles constitucionales y legales y a sus capacidades operativas que brillan por su ausencia y basta recordar los incidentes en la victoria en Apure y la pela que les dio la insurgencia.

 

 

Podría seguir enumerando y comentando otros jeroglíficos que tenemos enfrente, pero basta en resumen advertir que el peor mal del chavomadurismo no es la ruindad, la corrupción que alcanza a tantos de los nuestros, el atraso en cualquier aspecto de la vida institucional, sino la destrucción de la institucionalidad que, a nombre de una revolución de todos los fracasos, adelantó y continúa “a paso de vencedores”.

 

 

Vuelvo al símil y a la metáfora que nos ha acompañado en esta dolorosa reflexión y surge, salta, una moraleja que delineamos con un diagnóstico forense del país. El populismo es perverso y a la postre más ineficiente que la gobernanza articulada al Estado de Derecho y a la genuina democracia, aunque esta no satisfaga la insaciable demanda que, como una anomalía del sistema, simula justificarlo todo.

 

 

En paralelo, fuerza es admitir que es menester iniciar con sintaxis un verdadero discurso ciudadano que, si bien reitere y no abjure de los derechos del ciudadano, también le exija su concurso y su disciplina de un lado; y del otro, tener claro que el poder es en manos de cualquiera peligroso y tentador de todos los excesos, pero que si bien hay pocos genuinos estadistas, muchos ni se asemejan y luego hacen de aprendices de brujo, trayendo en consecuencia el naufragio en sus alforjas, es indispensable regresar al espacio del poder, el saber y la honestidad.

 

 

Regreso a mi rompecabezas y concluyo que el primer movimiento consiste en superar el accidente patético que originó esta kakistocracia purulenta. El regreso del hoy alejado Jedí ciudadano y la reformulación de una política que, haciéndolo como hasta ahora, dejó incólume los conflictos y los agravó y amplió, por el contrario.

 

 

Una política transparente y responsable y hacia allá debemos apuntar, no solo para sobrevivir con dignidad sino para volver a ser una república.

 

 

Nelson Chitty La Roche

@nchittylaroche

nchittylaroche@hotmail.com

Por una Navidad… sin presos políticos 

Posted on: noviembre 18th, 2022 by Maria Andrea No Comments

 

 

“La soledad es muy hermosa… cuando se tiene alguien a quien decírselo”

Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870)

 

 

La existencia de un hombre llamado, Ieschoua (Jesús), contracción de Yehoshoua’ (Josué), no puede ser negada, como quiera que se afirma incluso por aquellos que lo contrariaban a él y a su doctrina. Un estudioso del asunto recoge un comentario que trataré de traducir desde el francés así: “su crucifixión en Jerusalén por orden de Poncio Pilato, prefecto de Judea desde el año 26 al 36 son hechos probados. Independientemente de los cuatro evangelios canónicos, su existencia está atestiguada por varios autores ajenos al cristianismo: Tácito, exgobernador de la provincia de Asia, Plinio el Joven, procónsul de Bitinia a principios del siglo II, Suetone, jefe de la oficina de correspondencia del emperador Adriano un poco más tarde… Un texto capital es el de un escritor judío romanizado del siglo I, Flavio Josefo, que había conocido las primeras comunidades judeocristianas en Jerusalén: habla de un «sabio» llamado Jesús que hizo muchos seguidores. “Pilato lo condenó a ser crucificado y a morir. Pero los que se habían convertido en sus discípulos decían que se les había aparecido tres días después de su crucifixión y que estaba vivo: por lo tanto, era quizás el Mesías de quien los profetas han hablado maravillas. El Tratado del Sanedrín del Talmud de Babilonia menciona por su parte a Yeshû ha-notsri (Jesús el Nazareno) ejecutado “en vísperas de Pesaj” por haber “seducido y engañado a Israel”. Incluso el filósofo platónico Celso (siglo II), un polemista violento que odiaba a Cristo, de ninguna manera discutió su existencia histórica. El cristianismo, la religión de la Encarnación, se basa pues en la existencia de un hombre real, y no de una criatura mítica, cumpliendo ficticiamente las profecías del Antiguo Testamento, como han pretendido algunos pensadores marginales desde el siglo XIX (o como Michel Onfray todavía lo hace hoy), sin un estudio serio de las fuentes. (Jean-Christian Petitfils, historiador y escritor, autor de Jésus (Fayard/Livre du Poche) y del Dictionnaire amoureux de Jésus (Plon/Tempus).

 

 

Vivió pues un hombre en el siglo 1° de nuestra era, registrado de diversas maneras y acota Petitfils de seguidas y referido a la convicción de que fue Jesús, de carne y hueso y, por cierto, un extraordinario líder, de una fe sorprendente. “Además de los apóstoles, más de quinientos hermanos, dice San Pablo, fueron testigos de la Resurrección de Jesús. ¿Cómo imaginar que unos pobres pescadores del lago de Tiberíades, asustados por la muerte de su patrón, soltaran de repente sus redes, abandonaran a sus mujeres e hijos para recorrer el mundo por un personaje ficticio concebido por unos pocos individuos en la trastienda de una taberna de Judea? Aprehendidos por el deslumbramiento pascual, ardiendo de convicción, lo soportaron todo, burlas, insultos, prisión, tortura, incluso la muerte, sin renegar nunca de sí mismos. ¿Morimos como mártires por un holograma? (Jean-Christian Petitfils, historiador y escritor, autor de Jésus (Fayard/Livre du Poche) y del Dictionnaire amoureux de Jésus» (Plon/Tempus).

 

 

Empero, no se trata sino de brevemente ubicarnos con relación a una de las más seguidas tradiciones de nuestra cultura criolla. Me refiero al más importante festejo que como sociedad se permite la Venezuela mayoritaria y que reúne a católicos y cristianos y en alguna medida, también, a los que no lo son, en una celebración familiar y fraterna importantísima y cuasi universal.

 

 

Es una fiesta de alegría, empatía y simpatía, llevada a su mejor expresión y, consiste en honrar y rendir homenaje al nacimiento del niño Dios, Jesús de Nazareth, incorporando a los niños y a los más próximos, a un ágape que, no por modesto, deja de ser de especial significación.

 

 

El espíritu familiar y el sentimiento mas fraternal se enseñorea en ese día. Un abrazo, un beso, un presente lo caracterizan. Puede decirse que aquella famosísima pieza musical titulada Noche de paz, noche de amor (Stille Nacht, heilige Nacht) y que es un conocido villancico austriaco compuesto originalmente en alemán por el maestro de escuela y organista austriaco Franz Xaver Gruber. La letra fue realizada por el sacerdote austriaco Joseph Mohr encaja perfectamente el día de Navidad.

 

 

No obstante, es menester situarnos en nuestro contexto más bizarro. El régimen de Maduro, Diosdado, Padrino y los hermanos Rodríguez, quienes se ufanan de detentar el poder y la legitimidad, aunque más bien exhiban ilegitimidad de origen y de desempeño en cualquier examen que se les haga de alguna seriedad; anuncian que comienza el período de Navidad, pero, nada dicen del contingente de presos políticos que obra en las mazmorras del edificio represivo, la mayoría de los cuales no muestran otra imputación distinta en realidad a disentir y exhibir su ciudadanía en términos críticos, pero sin cometer delito alguno.

 

 

Centenas de civiles y de militares, compatriotas todos, hijos, padres, hermanos, amigos, esposos, sangre y corazón de la patria ultrajada, yacen trémolos varios, expuestos a todo, desatendidos, hambrientos, vulnerables, precarios, entre guarismos de morbilidad y mortalidad groseros, sin olvidar las torturas, tratos crueles, violaciones, ultrajes, humillaciones y demás ofensas.

 

 

Es triste ver que la otrora fuerza armada nacional dejó de ser del país para ser ahora del interés político y crematístico del régimen. Oficiales exilados, anulados, algunos fueron presos, torturados, asesinados y la corporación que constituyen los uniformados dejan hacer y dejan pasar. Es vergonzoso.

 

 

Viene la Navidad y pedimos a Dios por nuestros familiares, afectos, amigos, por nuestro prójimo e incluimos a aquellos que nos ven como enemigos, ni siquiera como adversarios; para que obre en ellos el milagro y los alcancen del sentimiento de humanidad más sencillo y elemental, para que esos compatriotas privados de libertad la recuperen y vayan con sus familias y su entorno a la comunión de la Navidad.

 

 

Son varios centenares de venezolanos, injustamente desconocidos sus derechos ciudadanos que maculan al oficialismo ante el mundo que, sabe bien que se trata de un crimen practicado sin pudor, ni el más remoto atisbo de respeto a la dignidad humana y menos aún, a la cualidad de ciudadanos.

 

 

De nada han servido los informes de la Misión de Derechos Humanos de la ONU, la cual, en tres informes consecutivos, ha ratificado la grosera y ominosa comisión de transgresiones de todo género y en particular, crímenes de lesa humanidad. Se ha tratado a cualquier costo, la desciudadanización y no los ha detenido nada. Criminalizarlos es la orden.

 

 

Me pregunto si vale la pena ir a México en estos días decembrinos, mientras los coterráneos señalados por el mal de la satrapía sufren y menguan en los distintos antros que, con detalle, describe el informe de la ONU.

 

 

Me detengo y evoco mis navidades de niño y “si la virgen fuera andina y san José de los llanos, el niño Jesús sería un niño venezolano…”

 

 

 

 Nelson Chitty La Roche

nchittylaroche@hotmail.com

A México y otras quimeras

Posted on: noviembre 11th, 2022 by Maria Andrea No Comments

 

“He renunciado a ti. No era posible. Fueron vapores de la fantasía; son ficciones que a veces dan a lo inaccesible una proximidad de lejanía…» Andrés Eloy Blanco

 

 

Vuelve el perro y salta el cuero, se oye decir en el coloquio más popular y otra vez, se rumorea, aunque aún no se confirma que, otra ronda de negociaciones tendría lugar en Ciudad de México o tal vez se muden en un salto turístico vistoso a Paris, entre los opositores que generosamente escogió el régimen, cada día menos republicano y más sátrapa, por cierto.

 

 

Si mis cuentas son buenas, será la duodécima ocasión que se encaran en supuesto diálogo los unos y los otros, lamentablemente siempre monológico y no dialógico, por cierto.

 

 

Han sido a la postre las anteriores experiencias, falaces, incumplidas o desconocidas por parte de los “dignatarios” y con poca o ninguna efectividad para los intereses democráticos y pluralistas que pudieran visualizarse y, valga la ironía o el sarcasmo según se vea, esto tampoco está fácil a detectar y más aún, a creer.

 

 

Así como Maduro declaró la navidad, sin cumplir con los compromisos laborales de los maestros y docentes universitarios o fraccionando el ya mísero ingreso, también se dispondría a otra probable parodia que no sorprende que vuelva a pasmar porque se conduele y presiona por la libertad del colombiano Saab, “diplomático venezolano”, como lo hizo con los sobrinos convictos en Norteamérica, pero, veamos a qué nos lleva el temido sainete.

 

 

En todo caso, desde mi barricada ciudadana, observo que, en caso de que se haga una agenda seria y diré de una vez, no lo que fue la anterior, que como las otras once veces a nada llego, me permito sugerir algunos puntos a considerar que me lucen impretermitibles.

 

 

Comenzaré exigiendo se dispongan los mecanismos para que los ciudadanos venezolanos que habitan en otras latitudes puedan votar en las próximas elecciones presidenciales, en 2024 y, en aquellas que luego tendrían lugar en 2025 si el despotismo no termina por imponerse y modificar el calendario.

 

 

Seguidamente, garantizar que aquellos votantes no inscritos en el Registro Electoral Permanente o que se han mudado o cambiado de residencia, puedan aligerar sus trámites y acreditada su cualidad puedan entonces, para los comicios próximos, estar en capacidad de sufragar a voluntad.

 

 

Debe igualmente exigirse la libertad de centenares de presos políticos que fueron privados, por expresar su pensamiento crítico o porque a algún capo uniformado lo exigió. Es vergonzoso llamarse demócrata y tolerar ese infame irrespeto del derecho humano mas elemental para un miembro del cuerpo político, atentar contra su libertad y su derecho a disentir es inaceptable.

 

 

El mundo democrático sabe que las sórdidas inhabilitaciones impuestas a ciudadanos opositores, conocidos por todos, son inconstitucionales, ilegales e irregulares. Restringir de esa manera el ejercicio de su ciudadanía, es una práctica propia de regímenes fascistas y nunca de una república y como de aparentar se trata, ténganlo en cuenta.

 

 

Judicializar los partidos políticos para colocar al frente de ellos, agentes que pretenden encubrir su enajenación; no debe ni puede dejar de reclamarse. Lo hecho por la sala constitucional del TSJ, en flagrante e insolente desconocimiento precisamente de la CRBV y el enervamiento de la dinámica política de la sociedad civil y política en particular, por decisiones constitutivas de grotescos exabruptos, es un delito que se articula con la tutela política del aparato de justicia y la pestilente impunidad que los precede.

 

 

Permitir el regreso al aire de los medios radiales abruptamente impedidos, cerrados y confiscados sus equipos, en cerca de un centenar de ellos, es imperativo. El pueblo tiene derecho a saber y a decir y solo se persigue coartar el derecho a manifestarse los ciudadanos, sin otro argumento que el abuso y las vías de hecho.

 

 

Se trata a fin de recuentas, de establecer certezas indispensables. Si alguno o algunos de estos petitorios no se logra, la legitimidad democrática estará largamente comprometida en Venezuela y los procesos pendientes estarían inficionados de ventajismo y adulteraciones que lo pervertirían.

 

 

No puede admitirse que la fecha de las elecciones se determine al arbitrio de Maduro o de Cabello. Eso es contaminar, manipular, corromper la constitucionalidad, la legalidad y el sistema democrático y, además, es burlarse de la soberanía popular. ¿Cuánto nos ha costado y hasta cuando el chavomadurismo nos humillará Dios?

 

 

Siempre recuerdo aquel galo que, con su ejército, venció a las legiones y asedió a Roma y para levantar el sitio, solicitó un rescate y lo obtuvo en oro. Cuando se estaba pesando el metal, se percataron que se les hacía trampa y se le reclamo a Brenno, ¡quién simplemente y para que el buen entendedor lo comprendiera, colocó su espada en la balanza y sentenció, “Vae Victis!” (“¡Ay de los vencidos!”)

 

 

Vuelvo a la poesía del mas excelso poeta de los nuestros poetas, “He renunciado a ti, y a cada instante renunciamos un poco de lo que antes quisimos y al final, cuantas veces el anhelo menguante pide un pedazo de lo que antes fuimos!

 

 

Nelson Chitty La Roche

nchittylaroche@hotmail.com,

@nchittylaroche