Coronavirus, serenidad y responsabilidad

Posted on: marzo 15th, 2020 by Laura Espinoza No Comments

 

 

Estamos viviendo horas de gran incertidumbre y preocupación en Venezuela una vez que se ha confirmado la existencia de casos de Coronavirus en nuestro país.

 

 

Éste es un virus que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado pandemia porque ha enfermado a decenas de miles de personas y cobrado cientos de vidas en países alrededor del mundo.

 

Por eso es muy importante identificar cuáles son las acciones realmente efectivas para ayudar a protegernos y a minimizar el contagio.

 

 

En primer lugar, hay que buscar el distanciamiento social. Esto significa evitar el contacto entre mucha gente. El Coronavirus es una enfermedad fundamentalmente urbana, pero todos, incluso en las zonas rurales, debemos actuar con responsabilidad.

 

 

Por ejemplo, en el transporte público, tratar de no tomarlo cuando hay muchas personas dentro de las unidades; no acudir a concentraciones o reuniones públicas y nunca, nunca, dar la mano al saludar. Es importante mantener una distancia de por lo menos un metro entre las personas, mientras sea posible.

 

 

Aquellos comercios y empresas que no presten servicios o productos básicos, es conveniente buscar mecanismos de trabajo a distancia o posponer sus actividades.

 

 

Pero lo más importante, es lo que podemos hacer protegiendo a nuestras familias en nuestras casas: mantener a nuestros niños en nuestros hogares y cuidar a nuestros adultos mayores, que son los más vulnerables.

 

 

Indiscutiblemente se requiere agua, jabón y desinfectantes que son productos difíciles de conseguir en nuestro país. Hagamos un esfuerzo por obtener algunos de ellos y por supuesto, lavarnos las manos tantas veces como sea posible a lo largo del día y durante no menos de un minuto cada vez.

 

 

En Vente Venezuela hemos tomado la decisión de postergar todas nuestras reuniones grupales o de activismo en la calle y dedicar nuestras redes sociales a ofrecer información veraz y confiable a los ciudadanos. Todo lo que podamos hacer para colaborar con quienes más lo necesitan, lo haremos. En tiempos como los actuales, la solidaridad entre los venezolanos es indispensable.

 

 

Trágicamente, en estos últimos años no hemos tenido información epidemiológica oficial y por eso no sabemos cuántas otras enfermedades hay en Venezuela, ni quiénes las padecen. La presencia de estas enfermedades, así como las deficiencias nutricionales e higiénicas aumentan el riesgo para quienes pueden contagiarse con el Coronavirus. Hoy Venezuela tiene la población más vulnerable del Hemisferio con el sistema de salud público menos capaz de enfrentar esta pandemia.

 

 

La épica del ejército en la calle es tan populista como tiránica. Esta irresponsabilidad sólo logrará cobrar más vidas, incluyendo la de los propios soldados enfermos.

 

 

Por eso es tan importante cuidarse hoy. Sólo existe una forma de enfrentar el Coronavirus para hacernos menos vulnerables y consiste en aplicar tres principios de gerencia de riesgos : Prevenir, Proteger, Planificar.

 

 

Los venezolanos hemos vivido circunstancias terribles durante estos 20 años. Hemos sido agredidos, perseguidos, maltratados, y todas las veces hemos logrado seguir adelante con organización, generosidad, responsabilidad y serenidad.

 

 

Enfrentar juntos tanta adversidad nos ha fortalecido el espíritu de resistencia e incrementado nuestra resiliencia. Yo sé que nuevamente saldremos adelante.

 

María Corina Machado 

De tierra arrastrada a tierra de gracia

Posted on: febrero 16th, 2020 by Laura Espinoza No Comments

Pocas veces en la historia, una sociedad tiene la oportunidad de comenzar, desde la raíz, el diseño y la construcción de las instituciones que permitirán desarrollar la Nación que ella ambiciona.

 

Algunos pueblos en la historia -como Alemania después de la Segunda Guerra Mundial, Lituania, Israel, Estonia y Corea del Sur- tuvieron esa oportunidad, al encontrarse con tierras arrasadas después de eventos devastadores. La determinación de esas naciones y un liderazgo visionario, con autoridad moral y credibilidad, logró ponerlas de pie y convertirlas en genuinos milagros. Esto enfrentamos hoy los venezolanos: el chavismo ha dejado una tierra arrasada y nosotros tenemos la oportunidad, y la responsabilidad histórica, de convertirla en la Tierra de Gracia. De ese tamaño es el desafío.

 

 

Paradójicamente, la devastación total que ha hecho este régimen criminal en las últimas dos décadas, que ha destruido miles de vidas, acabado con nuestra infraestructura, con las instituciones, desgarrado la familia y los códigos morales, nos permite, una vez desalojadas estas fuerzas criminales del poder, construir con pilares republicanos y éticos muy sólidos, las bases de la Nación que anhelamos. Porque, precisamente esa destrucción de las instituciones anteriores, también reduce las resistencias y los costos de fricción, de quienes se opondrían a perder privilegios y cuotas de poder adquiridas durante décadas.

 

 

Esto exige una genuina ruptura histórica con prácticas como el estatismo, centralismo, populismo, clientelismo, militarismo y el socialismo que dieron pie a la llegada del chavismo y que este sistema ha hipertrofiado.

 

Tendremos que crear instituciones de cero, instituciones inclusivas que estimulen los valores que compartimos la mayoría de los venezolanos, lo cual representa retomar nuestra tradición histórica original, expresada por nuestros padres fundadores: libertad, igualdad, seguridad y propiedad. Es decir, la República Liberal Democrática. Serán instituciones que estimulen el trabajo, el esfuerzo, el mérito, la excelencia, la cooperación, la solidaridad, la responsabilidad y la justicia, en un marco de libertades individuales plenas.

 

 

Todo parte, lógicamente, de replantear el rol del estado, el rol del individuo y su relación. En Venezuela solo hemos conocido un Estado fuerte, rico, que ordena, que impone, que distribuye y, por lo tanto, que somete al ciudadano. Un Estado que ha estigmatizado al emprendedor y denigrado la riqueza.
Por lo tanto, para lograr esta transformación de esa relación Estado – Ciudadano, para que ahora el ciudadano sea el rico con un Estado a su servicio, hay que llegar al poder para limitar el poder del Estado y transferírselo a los ciudadanos.

 

 

Para lograr superar la dependencia y la pobreza, promovidas desde el propio Estado para preservar su poder, es indispensable abrir y dinamizar los mercados y lograr que operen con transparencia y libertad en la producción de los bienes y servicios de todos los sectores. Esto implica entender que el Estado tiene que reducir su ámbito de acción y ser un facilitador y no un proveedor, es decir, el Estado debe asegurarse que los bienes públicos estén disponibles para toda la sociedad, pero que solo debe proveerlos directamente, cuando el mercado no pueda hacerlo. Para ello hay que abrir y promover la participación y la competencia del sector privado en sectores como la educación, la salud, las pensiones, la justicia e incluso la seguridad; subvencionando la demanda y no la oferta. Esto promueve la competencia y genera mejores salarios, calidad del servicio y resultados.

 

Nada promueve la solidaridad cooperativa como el mercado. Es una cadena cooperativa que desarrolla y potencia a los individuos -material, intelectual y emocionalmente- y con ello, crece la sociedad. Por el contrario, los planes estatizadores reducen toda cooperación social. Esto ya lo sufrimos y comprendimos los venezolanos.

 

 

Nunca en nuestra historia hemos tenido una oportunidad de esta magnitud para transformar la Nación e irradiar esta fuerza creadora a toda la región. Yo tengo confianza. Sé que lo llevaremos a cabo con responsabilidad, tenacidad e integridad.

 

 

María Corina Machado

Arrechos, ¡y con razón!

Posted on: octubre 20th, 2019 by Laura Espinoza No Comments

Sí, hay mucha rabia. El venezolano está harto de mentiras, descaro y excusas. Harto de que cuando hay Internet, no hay luz, y cuando hay luz, no hay Internet. Harto porque aunque baja el dólar, igual suben los precios. Arrecho porque la matraca se ha convertido en la humillante y cotidiana interacción con “el Estado”; ya hasta te “cobran” por cruzar la calle.

 

Se burlan de ti. Te engañan; unos y otros. Con su infinito cinismo, el régimen se sienta en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, “libera” como graciosa concesión a algunos presos políticos y se ufana de aumentar el sueldo mínimo de $2 a $13 al mes… Al mismo tiempo, una pseudo-oposición insiste en su pretensión de buscar “diálogos” para una supuesta transición, ya trastocada en cohabitación, en la que las mafias, que saquearon la nación, siguen en el poder.

 

 

En esta dinámica, ambos sectores buscan la normalización de la situación y el apaciguamiento colectivo a punta de hambre y miedo. Necesitan sembrar la desmoralización total, para que la gente se rinda, cierre sus negocios, y huya del país.

 

 

Para esto, se han dado a la tarea de difundir una narrativa que describe a la sociedad venezolana como cansada y derrotada, que condena a la economía venezolana a una mínima expresión, lo que le permite al régimen subsistir con solo su financiamiento criminal, el cual se ha hecho “inmune” a las sanciones externas. Además, banalizan la demanda de apoyo externo asegurando que no va a “haber una invasión” ni otra acción efectiva de fuerza para lograr lo que hoy aspira más del 90% del país: que Maduro y su régimen se vayan ya y “como sea”.

 

La conclusión de estos agentes es simple: lo que ocurra en Venezuela va a depender de lo que decidan Trump, Castro y Putin; no hay nada más que hacer.

 

 

Si esto fuera verdad, por primera vez en nuestra historia, el futuro de Venezuela no estaría en nuestras manos, sino en la de actores externos. Y entonces recuerdo a Rómulo Betancourt en su respuesta a Fidel Castro cuando éste pretendió replicar aquí su revolución: “cuando Venezuela ha necesitado líderes, los ha parido”. Y líderes hay aquí. Miles de venezolanos en nuestra tierra y alrededor del mundo, que hemos enfrentado a este sistema durante dos décadas; sin cuyos ideales, arrojo, coraje y sacrificio, no habríamos logrado sacudir al mundo y colocar a Venezuela como un asunto geopolítico prioritario.

 

 

La única vía, entonces, es que los ciudadanos retomemos el control de nuestro destino. Que dejemos claro a quienes están ejerciendo funciones de representación y a nuestros aliados extranjeros, que el compromiso que asumimos es preciso y no negociable: primero el cese de la usurpación, que dará pie a una Transición genuina, sin mafias en el gobierno, que hará posible una verdadera elección libre y competitiva.

 

La ruta para lograrlo está clara. Hay que cerrar definitivamente los sumisos diálogos de Oslo-Barbados, diseñados para preservar el statu quo, y avanzar en la construcción de la amenaza real e inminente basada en la articulación de las fuerzas internas y externas. Finalmente tenemos un instrumento poderoso para esto, el TIAR. La activación de este Tratado establece el marco para el despliegue de las acciones económicas, jurídicas, policiales y militares, concertadas y necesarias, entre los países que son los verdaderos aliados, porque son los más afectados.

 

 

Por eso, desde esta perspectiva, la elección de Venezuela al Consejo de Derechos Humanos de la ONU adquiere otra lectura. Sí, es una vergüenza que ratifica el cinismo de estos organismos. Sí, es una derrota diplomática del Gobierno interino y sus aliados. Pero al mismo tiempo, es una gran oportunidad; se ha reconocido el liderazgo regional de Brasil y demostrado inequívocamente que no es en la ONU donde se debe dirimir el apoyo internacional a nuestra causa.

 

 

La salida para Venezuela sí está en la conformación de una Coalición Internacional Liberadora, pero no la que pretenden controlar y manipular los criminales en la ONU, sino la que se está gestando en este hemisferio.

 

 

Esto requiere una interlocución con el liderazgo político, económico y social que genere confianza en los verdaderos aliados externos por su coherencia, firmeza e integridad y que escuche y asuma la urgencia de una sociedad arrecha y con mucha razón.

 
María Corina Machado

Verdad y esperanza

Posted on: septiembre 8th, 2019 by Laura Espinoza No Comments

Quiero compartir con ustedes mi comprensión de lo que es mi trabajo como político en la Venezuela de hoy. Para mí, una de las tareas fundamentales de un político es inspirar y eso, en nuestra realidad actual, es extremadamente difícil, porque a veces pareciera que todo estuviese perdido.

 

Vivimos buscando el equilibrio entre decir la verdad y generar esperanza. Es que cuando se viven momentos tan complejos como el que ahora enfrentamos los venezolanos, la realidad es ruda. Por eso, cuando decimos la verdad, también asumimos la declaración honesta de situaciones difíciles, peligrosas y que nos duelen tanto, que a veces la gente prefiere no escuchar.

 

 

En los últimos años he recorrido y he visitado rincones oscuros de nuestro país, he sido testigo de situaciones que han tocado cada fibra humana y he tenido la difícil tarea de contar hechos desgarradores: desde el asesinato de los militares por parte del ELN en Perijá hasta las masacres y el horror de las mafias de Upata. Ahora, más recientemente, el tráfico de niños y el crecimiento de las redes de prostitución en Paria.

 

 

Sé que resulta indignante, pero creo en la fuerza de la verdad; solo así podemos entender lo que enfrentamos y estar totalmente preparados para derrotarlo. Solo así seremos capaces de asumir los errores que hemos cometido y advertir aún más sobre lo perverso que ha hecho el régimen, con todo el dinero del mundo y al mejor estilo del castro-comunismo cubano: penetrar con sus tentáculos los distintos sectores de la sociedad para ir corrompiendo y quebrando gente y, así, apaciguar a la sociedad, manejarla como una marioneta.

 

“La corrupción es un seguro para todos”, me dijo un amigo refiriéndose a los métodos del régimen cubano. Por eso, no podemos convertirnos en la concreción de esta afirmación. Esa es la parte dura y cruda de la realidad y que, solo enfrentándola con la verdad, podremos generar la credibilidad y la fuerza necesaria para derrotarla.

 

 

Pero, al mismo tiempo, es indispensable que como líder político se señale y se valore lo valioso y extraordinario que tenemos los venezolanos: el instinto natural y la herencia histórica para conquistar el objetivo libertario que nos hemos planteado, que no solo pasa por el desalojo de la tiranía, sino también por erradicar un sistema criminal y de complicidad que financia y enriquece a mucha gente.

 

 

Hoy, que vivimos las horas más oscuras en nuestro país, es cuando más debemos mostrar esa fuerza inquebrantable de nuestra lucha. Seamos capaces de entender que los pasos que hemos transitado juntos en las últimas horas contra el régimen de Maduro para acorralarlo y debilitarlo, son reales.

 

Demuestran, además, el profundo rechazo de todo un país que se resume en la madre venezolana que sufre la agonía de ver a su hijo morir por falta de medicamentos, de la familia separada por miles de kilómetros producto de la emigración, del joven con la esperanza rota de un futuro próspero en Venezuela, de cada estómago vacío antes de dormir, del insomnio más grande de la historia producto de largos días y noches oscuras.

 

 

Que justamente sea nuestra verdad más difícil y dura, el impulso para determinar nuestra capacidad de resiliencia para ser protagonistas de la lucha y el avance hacia un solo propósito. El régimen y sus aliados han cometido errores que contribuyen a que ese camino se acelere y fortalecen la determinación de Occidente.

 

 

Como ejemplo, el anuncio de las FARC de retomar la lucha armada y la obvia presencia de sus cabecillas en distintos eventos públicos en Venezuela, o la divulgación de la presencia militar rusa en la frontera, un hecho que ha levantado alertas en todo el mundo.

 

Hoy vemos cómo se está asentando la noción y el entendimiento del carácter criminal del régimen y se intensifican las acciones que profundizan su aislamiento. En esta misma dirección se enmarca la decisión de la petrolera china CNPC de no comprar petróleo venezolano en el mes de agosto, y también el viaje del Presidente de Colombia, Iván Duque, a las Naciones Unidas, donde presentará el expediente que demuestra la íntima relación entre Maduro y la FARC y la forma cómo convirtieron nuestro territorio en su santuario criminal.

 

 

También, esta misma semana, el diputado de Brasil, Eduardo Bolsonaro, planteó en la Cámara de Diputados de ese país y el Comité de Relaciones Exteriores y Defensa Nacional, considerar al PSUV como un grupo criminal. Sé que todavía estamos transitando en medio de la tormenta y eso nos puede hacer pensar que nunca saldremos de ella. Sin embargo, nuestra capacidad de resistencia, la que ya hemos demostrado, es nuestra garantía; de allí proviene la certeza de que por muy duro que sea el camino, si avanzamos en la dirección correcta alcanzaremos el objetivo de todos. Que nuestro norte sea siempre la verdad y la esperanza con fundamentos sólidos y ciertos.

 

 

María Corina Machado

El costo de no actuar en Venezuela ya

Posted on: julio 1st, 2019 by Laura Espinoza No Comments

 

 

Los venezolanos y las democracias de Occidente queremos que la tiranía que destruye nuestro país termine cuanto antes. Ya ha quedado claro que el régimen no soltará el poder; hay que quitárselo. Los partidarios del régimen se han dedicado a cuantificar y exagerar los costos de la acción conjunta -nacional e internacional-, necesaria para liberar a Venezuela de la fuerza criminal de ocupación. Lo que no se dice es cuál es el tamaño del costo de no hacerlo.

 

 

En primer lugar, está el impacto interno; es la urgencia ética de una sociedad sometida a un genocidio. Cada día que pasa muere un número indeterminado de venezolanos por hambre, epidemias y violencia. Hay una generación completa creciendo sin nutrición, salud, ni educación que ya sufre consecuencias irreversibles. Para muchos, ya es demasiado tarde.

 

 

Esta devastación ha causado el éxodo más grande en la historia del hemisferio. Según ACNUR, en los últimos 7 meses huyó un millón de venezolanos, a pesar que vivíamos un período de renovada esperanza en el cambio político. En pocos días concluye el año escolar en Venezuela, y con ello una inevitable y aún más grande ola de migración. Perú, Chile y Trinidad lo han anticipado, y han impuesto controles migratorios; pero Venezuela no es una isla y no hay manera de bloquear la salida. La porosa y amplia frontera con Colombia lo demuestra.

 

 

Para los países vecinos, el incremento exponencial de la llegada de venezolanos no significa sólo una demanda casi inmanejable en los servicios públicos, también representa el riesgo de la llegada de enfermedades no controladas en nuestro país, y la infiltración de agentes del régimen disfrazados de “movimientos sociales”, cuyo propósito es crear conflictividad y desestabilización en aquellos países que han encontrado un camino democrático y liberal.

 

 

Colombia ya es víctima de esta operación criminal expansionista; los ataques terroristas por parte de grupos guerrilleros con santuario en Venezuela se incrementan y ya han causado decenas de víctimas. El debilitamiento del gobierno colombiano es uno de los objetivos explícitos del Foro de Sao Paulo, el cual ha aprovechado la coyuntura del “diálogo” en Noruega en las últimas semanas, para reagruparse y pasar a la ofensiva en su próximo encuentro anual que, precisamente, se realizará en Caracas en el mes de julio. Para formalizar esta alianza, hace pocos días se reunieron en La Habana Diosdado Cabello, Díaz Canel y Raúl Castro. Es previsible que luego de la reunión en Caracas del Foro de Sao Paulo, se intensifique una ola de desestabilización hacia las democracias liberales de la región, con la intención de retomar el control perdido de varios gobiernos.

 

 

Finalmente, existe la amenaza creciente a la seguridad de los Estados Unidos con la apertura del territorio venezolano para actividades militares y de inteligencia de Rusia e Irán, así como la operación de satélites chinos desde bases venezolanas.

 

 

La permanencia de un conglomerado criminal en Venezuela, apoyado por fuerzas antioccidentales, terroristas y del narcotráfico, representa un gravísimo peligro para todo el continente.

 

 

Es preciso entender que no es posible contener sus operaciones dentro de nuestras fronteras y que cada día que pasa avanza la “somalización” de Venezuela, incrementando el costo de derrotar y desmontar el Estado criminal.

 

 

Es por eso que debemos actuar sin demora. No hacerlo significaría la muerte de muchos venezolanos, la consolidación de las mafias criminales en el poder y un riesgo inmenso para la libertad y la paz del hemisferio.

 

 

Occidente no va a permitir que esta “revolución” voraz y criminal avance en su pretendida desestabilización de nuestra región. Las maniobras apaciguadoras con falsos diálogos y farsas electorales ya están descartadas. Sólo queda coordinar nuestras fuerzas y aplicarlas con inteligencia y disciplina.

 

El costo de la permanencia y expansión de este estado criminal es enorme y su derrota es el reto más grande que ha enfrentado nuestro hemisferio en muchas décadas. Se trata de liberar a Venezuela para proteger a toda la región.

 

 

Nuestra única opción es lograrlo.

 

 

@MariaCorinaYa

La salida completa

Posted on: mayo 6th, 2019 by Laura Espinoza No Comments

 

Los venezolanos sabemos la responsabilidad histórica que tenemos en estas horas. La derrota de la tiranía aquí instalada no solo marcará la vida de millones de venezolanos, muchos de los cuales aún no han nacido, también, será crucial para el destino de otros países de nuestro hemisferio, empezando por Colombia, el próximo país en la mira de este Estado criminal.

 

 

Por eso, desalojar al régimen de Maduro del poder con urgencia es tan importante, como la profundidad y el alcance de ese cambio. Tenemos claro que no basta con sacar a Maduro, hay que arrancar de raíz los tentáculos de las redes criminales que han penetrado en todos los órganos del Poder Público y de la sociedad venezolana.

 

 

Esta es la gran diferencia con la derrota de una dictadura tradicional. En un Estado criminal no basta con sacar al dictador y a su entorno autoritario, hay que desmontar las redes de financiamiento ilegal trasnacional, demoler sus pilares de sustento dentro del sistema y expulsar hasta el último criminal extranjero del territorio venezolano.

 

 

Por supuesto que un proceso de esta complejidad y envergadura no ocurre de un día para otro, y requerirá de significativa asistencia tecnológica, financiera y operativa por parte de nuestros aliados democráticos externos, que saben que liberar a Venezuela de las garras de las redes criminales y antioccidentales del mundo es una prioridad para la seguridad hemisférica.

 

 

Aunque esta tarea requerirá meses y le corresponderá finiquitarla al gobierno democrático electo en la Transición, la conformación de este gobierno interino será decisivo para que el cambio en Venezuela sea real y definitivo, y no sólo un reacomodo superficial y temporal.

 

 

Ante la desesperación por lograr que Maduro se vaya, algunos pueden verse tentados a aceptar cualquier arreglo que consista en deshacerse de Maduro y establecer un pacto con sectores del régimen cuyos expedientes criminales están comprobados. ¿Es concebible cogobernar con miembros del Cartel de los Soles? ¿O con integrantes de las organizaciones que realizaron las transacciones financieras más obscenas de la historia como las notas estructuradas, los dólares preferenciales o los bonos ilegales de la República? ¿Es posible sentar las bases de la Transición democrática con los más poderosos “juristas del crimen”, con perpetradores de crímenes de lesa humanidad o con los jefes de bandas paramilitares?

 

 

Creer que individuos comprometidos hasta los tuétanos con la mafia mundial van a facilitar un proceso de Transición cuyos pilares son la justicia y el fin de la impunidad, la honestidad y el reintegro de los recursos robados, la solidaridad y el respeto a los derechos humanos, el libre mercado y el fin del intervencionismo estatal; es profundamente ingenuo e irresponsable.

 

 

 

Tenemos demasiado cerca y demasiado vivos los errores de Nicaragua para no entender que si allá el sandinismo regresó en pocos años, aquí en Venezuela, si no se desarticulan de raíz y desde el principio estas redes criminales, llenas de plata y vínculos internacionales, en un plazo mucho menor estarán de vuelta ocupando todos los espacios de poder.

 

 

Un Gobierno de Transición debe ser muy amplio política y socialmente, incluir a todos los sectores de la Nación y demostrar grandeza, firmeza y humildad. Pero este Gobierno de Transición debe significar una ruptura con el crimen y la corrupción de manera radical, o no contará con la confianza de los venezolanos.

 

 

En estos 20 años de lucha épica hemos aprendido y crecido admirablemente como ciudadanos y como sociedad. Hemos entendido que se trata de una conquista existencial y espiritual. Los errores que hemos cometido, subestimando la crueldad y complejidad del sistema, han significado la prolongación de la agonía, y el régimen nos los ha cobrado con muertos. Ya no más.

 

 

Avanzamos en la ruta del coraje, de la liberación definitiva de Venezuela.

 

Estamos cerca, concluyamos con fuerza la tarea completa.

 

 

María Corina Machado

 

No hay vuelta atrás

Posted on: febrero 25th, 2019 by Laura Espinoza No Comments

 

 

No hay vuelta atrás. El inminente quiebre de la tiranía ya no es solo una certeza para los venezolanos, es también una determinación de los gobiernos democráticos de Occidente que han entendido la gravedad de las consecuencias que la permanencia de Maduro en el poder tendría para sus países.

 

 

La inevitabilidad de este desenlace también lo han asumido otros actores mundiales en los mercados, el sector militar, comunicacional, cultural y social. Sin embargo, nadie subestima las fuerzas criminales que aún sostienen a Nicolás Maduro, porque finalmente ha quedado claro que no enfrentamos una dictadura convencional, sino la convergencia de los grupos criminales más oscuros y crueles del mundo. Estos también saben el costo que para ellos significa perder el control de Venezuela.

 

 

Por una parte, el régimen cubano está consciente de que la derrota en Venezuela representa el fin de 60 años de “revolución”. Para la guerrilla colombiana, cobijada durante años en nuestro territorio, se termina la aspiración a regresar a ocupar Colombia. Los carteles del narcotráfico, las redes de contrabando de armas, minerales y los grupos terroristas que se han financiado con recursos ilícitos producidos en Venezuela, entienden que se inicia el desmontaje de este “hub” internacional del crimen organizado que se instaló en el hemisferio Occidental.

 

 

Otro gran perdedor es el Foro de Sao Paulo, y sus diversos y numerosos grupos que durante años saquearon a Venezuela y con ello financiaron proyectos ideológicamente afines en Latinoamérica y Europa.

 

 

Todos estos actores saben lo que implica el fin del régimen de Maduro. De allí la ferocidad con la que actúan y la urgencia con la que han buscado mecanismos financieros, comunicacionales, tecnológicos y militares para intentar evadir las firmes acciones que la inédita coalición mundial, encabezada por el Grupo de Lima, la Organización de Estados Americanos, los Estados Unidos y la Unión Europea, han emprendido para apoyar la transición democrática en Venezuela.

 

 

Esta coalición, que ha logrado el apoyo de más de 50 países del mundo actúa no solo para revertir la catástrofe humanitaria que Maduro ha provocado intencionalmente en Venezuela, sino también por poderosas razones de orden geopolítico y de seguridad nacional.

 

 

Cuando en su reunión del 4 de enero, el Grupo de Lima colocó el ultimátum del 10 de enero a Maduro, la escalada definitiva se inició. El reconocimiento internacional a Juan Guaidó como legítimo Presidente, las sanciones petroleras y, finalmente, el discurso del presidente Trump del 18 de enero, en Miami, demostraron que el punto de no retorno había sido más que superado.

 

 

Simultáneamente, los mercados reaccionan con igual claridad y contundencia. Muchas empresas proveedoras de servicios y transporte petrolero como Lukoil y Trafigura no esperaron a que se cumpliera el plazo formal (del 28 de abril) para clausurar sus relaciones con el régimen de Maduro.

 

 

Esta es una señal inequívoca que los mercados dan por descontada la salida del régimen.

 

 

Las fuerzas externas son muy poderosas, pero el elemento principal que hace la transición irreversible es lo que ocurre en territorio venezolano, tanto en nuestras instituciones, como en las calles.

 

 

La Fuerza Armada Nacional ha sido infiltrada por agentes cubanos con espionaje de última tecnología, porque el régimen sabe que la fractura interna en su seno es profunda y desconfía desde soldados hasta generales. Es por eso que, si alguien sabe que esto no tiene vuelta atrás, es la familia del militar venezolano. Esa que lo recibe cada día exigiéndole que cumpla su deber.

 

 

Y al final, la fuerza más poderosa e indetenible es la ciudadana. La gente harta de corrupción, mentira, cinismo y socialismo. No hay vuelta atrás es el grito en cada hogar, el que nos ha unido a los venezolanos como nunca antes; a los gochos, llaneros, orientales e indígenas. En Santa Elena de Uairén y en San Antonio del Táchirá hay una sola aspiración y determinación. Y este grito significa mucho más que el desalojo inmediato de Maduro de Miraflores; se trata de la ruptura definitiva con un sistema de complicidades y privilegios, de dependencia intencional, de humillación y miseria.

 

 

No hay vuelta atrás es la expresión consciente, profunda, serena y emocionada de cada uno de nosotros, viendo el futuro brillante de una Venezuela soberana, digna, productiva y libre.

 

No hay vuelta atrás, vamos con todo, Venezuela.

 

María Corina Machado

Coraje

Posted on: enero 13th, 2019 by Laura Espinoza No Comments

Es lo que se requiere hoy como nunca. Y es lo que hemos demostrado que tenemos los venezolanos en abundancia. Cada paso, cada grito, cada pérdida, cada victoria en estos 20 años de lucha contra la tiranía criminal nos ha forjado, nos ha unido, nos ha preparado para este momento.

 

 

Llegamos a la encrucijada final: el régimen, ya sin caretas, asfixiado económicamente y repudiado políticamente -dentro y fuera del país-, ha decidido atrincherarse al costo que sea. Nosotros, los ciudadanos, con un apoyo sin precedentes de las fuerzas relevantes del mundo, estamos determinados a avanzar para producir el quiebre del sistema. Es una contraposición de fuerzas inevitable.

 

El 10 de enero, como era previsible, Nicolás Maduro cruzó una línea roja. Lo que él no esperaba es la reacción sincronizada de fuerzas externas e internas que frente a este hecho se han desatado. Y las que vienen…

 

 

El 10 de enero creó una situación inédita; no sólo porque no hay presidente electo ante el fin de un período presidencial; lo cual podría considerarse casi un tecnicismo legal frente a la realidad de la instalación de un Estado criminal, el cual no es más o menos forajido hoy, de lo que era el 9 de enero. Pero el 10 de enero se convirtió en el límite que la democracia occidental le puso a este régimen, atendiendo, finalmente, a las alertas que durante años hicimos sobre el peligro real, para todo el hemisferio, de la permanencia de estos criminales en el poder en Venezuela.

 

 

En este contexto, la Asamblea Nacional tiene una responsabilidad enorme. Debe cumplir la Constitución. El artículo 233 es taxativo y establece que, ante la ausencia del presidente electo, es el Presidente del Parlamento quien asume la Presidencia de la República.

 

 

Eso es lo que está planteado y es lo que hoy respalda la comunidad internacional. La declaración del Grupo de Lima del 4 de enero, fue un punto de inflexión. Nunca antes en este hemisferio se había producido una posición tan firme y tan dura frente a otro régimen. Quedaron atrás las solicitudes de liberación de presos políticos, condiciones electorales o incluso, asistencia humanitaria; y mucho menos de “diálogo”. Por la calle del medio, se plantea el fin de Maduro con fecha de caducidad. Las reacciones sucesivas de gobiernos como Estados Unidos y Alemania, y la propia sesión del jueves 10 de enero del Consejo Permanente de la OEA, ratifican la irreversibilidad de esta postura y la presión en escalada que viene ahora.

 

“Los rusos juegan”, es el dicho. En este caso, literalmente. El régimen criminal reacciona y amenaza a todos como nunca: a los trabajadores y empleados públicos, a los militares, a los diputados. Y todos sabemos de lo que son capaces.

 

 

Coraje. No hay otra. A cada uno de los ciudadanos militares, les ratifico lo que tantas veces les he dicho: nunca en nuestra historia republicana, su país los ha necesitado tanto. La Soberanía Nacional ha sido ultrajada y el territorio se fragmenta. Tienen que decidir; o se hunden con el Estado criminal o contribuyen a salvar a Venezuela, reconociendo a la legítima autoridad que se deriva de la aplicación del artículo 233: el Presidente de la Asamblea Nacional asumiendo las funciones del Ejecutivo. Coraje.

 

 

A los diputados de la Asamblea Nacional; les recuerdo que en la vida se presentan instantes que nos marcan para siempre. Cada uno de ustedes tiene una responsabilidad ineludible de apoyar al Presidente del Parlamento en esta acción de altísimo riesgo personal y familiar. Coraje.

 

 

A cada venezolano, a mis conciudadanos que están aquí en nuestro país o regados por el mundo entero; nunca como hoy debemos avanzar juntos y firmes. Hay que desafiar y desobedecer a la tiranía y respaldar con toda nuestra fuerza al nuevo y legítimo Presidente. Coraje.

 

 

A las democracias del mundo, tengan la seguridad de que en la sociedad venezolana existe el coraje para enfrentar este momento crucial, y el conocimiento, el talento, la experiencia y las ganas para avanzar en un proceso extremadamente complejo y delicado, así como apasionante, de Transición y de reconstrucción de la Nación.

 

 

Es la hora del coraje.

 

María Corina Machado

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El quiebre del Estado criminal

Posted on: noviembre 5th, 2018 by Laura Espinoza No Comments

 

 

Era miércoles, hacia las cinco de la tarde, cuando llegamos a Upata. Es la puerta de entrada al sur del estado Bolívar y parte de la zona que el régimen ha llamado el Arco Minero, rica en minerales, como oro, coltán y diamantes; que se ha convertido en el centro de confluencia y lucha a muerte entre las mafias del país.

 

 

 

Antes de iniciar nuestro recorrido, varias personas nos advirtieron sobre el riesgo que implica visitar una zona en la cual, los propios cuerpos de seguridad del Estado son incapaces de ejercer la seguridad y la custodia de nuestra soberanía nacional.

 

 

 

Sin embargo, aunque el régimen ha permitido la desintegración de nuestro territorio, por la presencia de grupos criminales e irregulares del narcotráfico, del contrabando y hasta del terrorismo, nosotros tenemos el deber de llevarle un mensaje de lucha y esperanza a la gente, facilitar su organización y escuchar hasta al último venezolano en la comunidad más aislada del país. Debemos transmitirles que no están solos, que Venezuela los acompaña y que el mundo entiende la naturaleza de la lucha que estamos dando.

 

 

 

Llegando a Upata nos enviaron mensajes diciendo que ni siquiera nos iban a dejar entrar a la ciudad. Lo hicimos, y nos recibieron cientos de vecinos, que con fuerza y entusiasmo caminaron junto a nosotros durante varias cuadras. Al llegar a la Plaza Bolívar, tuvo lugar el atentado, con una violencia que no había visto antes, usando todo tipo de palos, tubos, huevos y piedras.

 

 

 

Este nivel de violencia nunca es espontáneo, fue una orden directa de Maduro, quien es el responsable de las agresiones y lesiones a 25 personas, entre miembros de nuestro equipo y ciudadanos de Upata. Como también es culpable de la muerte de niños por difteria y paludismo, y las de decenas de mineros, que están siendo masacrados cada mes.

 

 

 

Lo que hoy rescato y celebro es la solidaridad y la valentía de la gente de Upata, que nos acogió y nos defendió. Después del ataque, muchos nos pidieron que regresáramos a Caracas. En el equipo ninguno lo dudó un instante: debíamos continuar. Al día siguiente teníamos convocada una protesta en Ciudad Guayana, nada menos que en la emblemática La Churuata, centro de las protestas y de la resistencia de la ciudad.

 

 

 

Todos supimos que la actividad del día siguiente sería un punto de inflexión: comprobaríamos si el régimen había logrado imponer el terror o si la valentía lo superaba.

 

 

 

Llegando a La Churuata, me bajé del carro unas cuadras antes; inmediatamente sentí una energía vibrante que me llegó al alma: sabía que estaba viviendo una demostración de coraje admirable.

 

 

 

No fue sólo las más de mil personas que llegaron a pie hasta ese lugar; fue la energía contagiosa, y el mensaje a la tiranía: en el mismísimo epicentro del terror de las mafias, la determinación de los venezolanos se alzó, demostrando que no nos rendiremos jamás hasta salvar a Venezuela.

 

 

 

Nos tardó muchos años lograr que el país y el mundo se convencieran de que en Venezuela se había acabado la democracia. Muchos se negaron a llamar esto dictadura. Hoy, corresponde asumir que ya no se trata de una dictadura más, la realidad es mucho más grave.

 

 

 

En Venezuela no hay una “crisis”. En Venezuela hay un conflicto. Pero NO es un conflicto interno, entre los venezolanos. Es un conflicto transnacional. Su carácter no es de orden político, sino de orden criminal.

 

 

 

Pretender darle soluciones políticas convencionales a un conflicto de esta naturaleza, será infructuoso y devastador, como ha ocurrido hasta ahora.

 

 

 

Un sistema criminal es capaz de provocar consciente y sistemáticamente la destrucción de la Nación; de su territorio, población e instituciones, aún sabiendo que eso será condenado internacionalmente. Los criminales no responden a los mismos incentivos y presiones ante las que actuaría una dictadura convencional.

 

 

 

Además, el régimen de Maduro, con Cuba ejerciendo cada día un control más feroz, no se limita a destruir nuestra población y recursos; su propósito es utilizar, cada vez más, a Venezuela como foco de la desestabilización y penetración del crimen en otros países de la región, a través de redes mafiosas que operan libre e impunemente desde territorio venezolano.

 

 

 

¿Quiere decir esto que se ha dificultado el quiebre final de la tiranía? ¡Absolutamente NO! Porque ya está clara su verdadera naturaleza y propósito y hemos descartado las prácticas apaciguadoras y “oxigenadoras” que los cubanos, el régimen y sus agentes, pretenden imponer. Llámense éstas falsos diálogos, farsas electorales, reconocimientos mutuos, convivencia o lo que sea.

 

 

 

Develar al Estado Criminal, ha hecho que, por fin, la comunidad internacional se cohesione en una estrategia sólida con una ruta progresiva de presión. La delincuencia organizada que opera desde nuestro territorio sabe que, al resecarse sus fuentes de financiamiento, los intereses particulares y las ambiciones de poder van a resquebrajar sus estructuras exponiendo sus propias vulnerabilidades, por ello se apresuran a buscar acuerdos políticos que les sirvan de mampara para sus crímenes. De allí que nuestra posición siempre ha sido clara; con los capos de la delincuencia internacional sólo se negocia su rendición, no puede ni debe existir otra política pues es la única que entienden los criminales.

 

 

 

Frente a esta realidad, no queda duda que el conflicto está escalando. El enfrentamiento entre los grupos criminales, dentro del régimen demuestra que las sanciones sí funcionan.

 

 

 

Para que las fuerzas externas -diplomáticas, policiales, financieras y judiciales- funcionen, se requiere una articulación y sincronización con las fuerzas de adentro: populares e institucionales, civiles y militares. Y estas fuerzas internas tienen que alinearse con una dirección política confiable; valiente y coherente; no chantajeable.

 

 

El país sabe quién es quién; y el mundo también. @MariaCorinaYA

 


María Corina Machado

¿Elecciones en dos años?

Posted on: octubre 21st, 2018 by Laura Espinoza No Comments

 

Imagina el 10 de enero del próximo año. Maduro se presenta en la Asamblea Nacional, la legítima, con la pretensión de ser juramentado como presidente con los votos del oficialismo y también, con algunos de diputados que fueron electos con la fuerza y el sacrificio del pueblo democrático venezolano.

 

 

A cambio, ofrece “nombrar” un nuevo CNE, favorecer ciertos negocios en la economía, liberar a algunos presos políticos, bajar la represión, y…. hacer elecciones para “la renovación de poderes” en dos años.

 

 

 

Es decir, dejar a Maduro quieto, justo ahora cuando todas las fuerzas -internas y externas-, crecen y se alinean para provocar el quiebre y su salida.

 

 

 

Si, en serio. Esto es lo que algunos voceros del régimen han planteado como el contenido de la discusión del nuevo “diálogo”; y lo que a algunos, dentro y fuera del país, les parece aceptable.

 

 

¿Pero, además del régimen, a quién le convendría este “arreglo”? Desde luego a aquellos que están haciendo mucha plata a costa del hambre de los venezolanos; a los que no quieren que se acabe la impunidad o se investigue el saqueo que han hecho a Venezuela; y a los que, en el exterior, han recibido mucho dinero para defender al régimen venezolano o para impulsar un modelo similar en otros países. Zapatero incluido, por supuesto.

 

 

 

¿Y los venezolanos, qué? ¿Alguien en su sano juicio puede creer que Maduro, ofrezca lo que ofrezca, es capaz de desacelerar la hiperinflación? ¿Alguien cree que Maduro puede parar el hambre, el colapso de los servicios, o la violencia desatada? ¿Alguien cree que el éxodo se detendrá y que ya no serán 3 millones de exiliados, sino 5, 6 o 7 millones de venezolanos que huyan por nuestras fronteras?

 

 

 

¿De verdad creen que el país, la gente, se va a calar esperar dos años más de penuria porque una “dirección política” lo acuerde con la tiranía? No entienden nada. O no quieren entender.

 

 

En Venezuela hay solo dos posiciones: el régimen dice “Maduro para siempre” y la sociedad, unida como nunca, dice: “Fuera Maduro YA”.

 

 

 

La nueva “Operación Zapatero”, como todas las farsas de diálogo previas, solo busca darle oxígeno y tiempo a Maduro para que se quede; y grandes negocios a los que hoy siguen saqueando a Venezuela; incluidos los grupos criminales de la guerrilla, el narcotráfico y el terrorismo.

 

 

 

¿Es que acaso alguien cree que estos criminales van a hacer una elección en dos años para entonces salir del poder? ¡Por favor! Su objetivo es: “Maduro y sus mafias para siempre”, y, como hicieron en 2014, en 2016 y en 2017, cuando estuvimos muy cerca de una ruptura, hacer creer que están dispuestos a salir por las buenas; con la complicidad e ingenuidad de muchos que el país ya conoce.

 

 

Lo importante para nosotros, los venezolanos, es entender qué ha cambiado hoy y por qué esta nueva maniobra cubana no les va a funcionar.

 

 

 

En primer lugar, los factores con poder real en la comunidad internacional ya asumieron que un régimen forajido y fallido es intolerable en el hemisferio. El asesinato de Fernando Albán fue un punto de inflexión para muchos. Esto queda evidenciado en la lista creciente de países que apoyan la investigación en la Corte Penal Internacional, las iniciativas del Secretario del Tesoro de Estados Unidos de reunirse con los ministros de Finanzas del G20 para cerrar las fuentes ilícitas de financiamiento del régimen, las nuevas sanciones que están en marcha y la reacción de la Unión Europea que bloqueó el intento del gobierno de Pedro Sánchez y declaró que “no existen las condiciones mínimas para un diálogo en Venezuela”. A buen entendedor…

 

 

 

También cambió la realidad en la Fuerza Armada Nacional. El régimen sabe que en el último año perdió el control en la FAN, y Maduro sabe lo que piensan de él en los cuarteles y en los hogares de los militares. Por eso, les ordenó separarse de la “mala influencia” de sus familias…. Hoy los militares venezolanos saben que el tiempo se acabó, y que también deben elegir: o se hunden con la tiranía o se salvan con Venezuela.

 

 

 

Pero lo más importante es la gente, cada ciudadano. El trabajador de SIDOR y PDVSA que no se la cala más. El que le rompe en su cara los huevos que pretenden darles como pago. El campesino que ya no se cala que le roben su cosecha en 50 alcabalas. La enfermera y la maestra que no resisten ver desplomarse un niño más porque no ha comido. El abuelo que se le va la vida en la cola por una pensión miserable. El joven estudiante que está decidido a graduarse en Venezuela y el que no espera para regresar. Y la mujer. Cuando una mujer dice: NO MÁS, ES NO MÁS.

 

 

 

Por fin, después de 20 años de lucha contra la tiranía, todas las fuerzas se alinean hacia la ruptura del sistema: la fuerza popular, militar, diplomática, policiales, de los mercados. Crecen cada día y se sincronizan, potenciándose entre ellas.

 

 

 

Tenemos una estrategia sólida que avanza, y nuestro aporte como ciudadanos es la rebeldía total y la desobediencia cotidiana. Cualquier maniobra que busque sacarnos de la ruta y descomprimir las fuerzas, debemos denunciarla, desenmascararla, desmontarla y seguir adelante; rumbo al quiebre, hacia donde avanzamos.

 

 

Maria Corina Machado