Guaidó  ¿adiós a sus 15 minutos de fama?

Posted on: enero 29th, 2023 by Super Confirmado No Comments

 

 

No lo creo, pues estoy convencido que los millones de opositores venezolanos que lo percibieron hasta hace poco como presidente Interino del país, tienden a verlo más como una víctima de los jefes de las maquinarias políticas que impulsaron la iniciativa de liquidar la dictadura madurista por la vía pacífica y electoral, que como un  victimario que se prestó a maniobras contra los ciudadanos que aun no resultan claras ni explicables.

 

 

Por ahora, solo tenemos claro las acusaciones que se han cruzado el Presidente de Voluntad Popular, Leopoldo López y el Coordinador Nacional de Primero Justicia, Julio Borges  (sin duda los dos líderes que manejaron con más propiedad y soltura las políticas y recursos del Interinato) y sobre los cuales ha venido cayendo la responsabilidad del fracaso de una estrategia que, no hay dudas, ha sido de las más hábiles y lúcidas para poner fin a la dictadura de Maduro.

 

 

No hay que olvidar, sin embargo, que el intento de crear un Poder Legislativo enfrentado sin tregua al “Poder Ejecutivo” de Maduro (que de hecho era un “gobierno paralelo”), nació con el sello del escándalo y la corrupción, como se evidenció la madrugada del 23 de febrero del 2019 -horas antes de que se diera inicio a una operación conocida como la “23-F”-, proyectada para que un convoy de camiones cruzara la frontera entre Cúcuta y San Antonio y llevara medicinas a los hospitales venezolanos, pero frustrada  antes de iniciado el cruce, cuando desde el motel “El Penélope”, en la ruta internacional Colombia-Venezuela, informaron que dos venezolanos, el diputado, Freddy Superlano, de VP, -responsable de la Operación-, y un primo suyo, Carlos Salinas, habían sido objeto de un intento de envenenamiento por dos prostitutas y en cual, el primero había sido rescatado en grave estado de salud, y el segundo, muerto.

 

 

Nunca se le dio una explicación satisfactoria al país de parte del Interinato y del partido que manejaba los hilos tras el operativo, VP, de cómo fue posible que un diputado responsable de un esfuerzo político que involucró a gobiernos y partidos de la región cometiera tamaño estropicio y mucho menos del origen y fin  de los recursos empleados y despilfarrados en un iniciativa que fracasó rotundamente y fue el primero de otros dislates que fueron llegando desde diversas fuentes e implicaban a funcionarios del “gobierno paralelo” que se empeñaba en derrocar a Maduro.

 

 

El siguiente, que superó al primero en dispendio de recursos e importancia estratégica, está centrado en la actuación de dos dirigentes nombrados por Leopoldo López, para que dirigieran el total de las operaciones -y muy en especial las administrativas-en la decisiva línea fronteriza Cúcuta-San Antonio y muy en especial, en la capital del departamento del Norte de Santander: Kevin Rojas y Rossana Barrera, los cuales debían atender el alojamiento y la manutención de 1.450 miembros de la FAN (entre soldados y oficiales) que habían sido ganados por el Interinato para que desertaran, se estacionaran en la raya y esperaran (posiblemente una invasión del país) y se tradujo en otro gigantesco despilfarro, puedes decenas de millones de dólares llegados de Caracas se manejaron “sin control” por los enviados de López, se emplearon en todo, menos en lo que debían, se sobrefabricaron y adulteraron facturas, abultaron nóminas, se sucedieron las francachelas y fiestas en lugares no precisamente legales ni confiables y al final Cúcuta se convirtió en un hervidero donde los comentarios solo se referían al carnaval de billetes verdes que había traído la “Operación 23-F” a la región.

 

 

Aquí también hubo denuncias de parte de cuerpos de inteligencia colombianos y del embajador del Interinato en Bogotá, Humberto Calderón Berti, ante Guaidó, Leopoldo López y otros jefes de las Comisiones de la AN responsables de vigilar y controlar los recursos destinados a la álgida situación de Cúcuta, pero solo se obtuvo el despido del embajador Calderón Berti de su alto cargo en Bogotá y la sospecha expresada al presidente Duque de que el DAS actuaba manipulado por Maduro y las Farc.

 

 

Pero estamos hablando del menudo del conjunto de acusaciones sobre transgresiones a las normas que según la Constitución y la normativa de la Comisión de Contraloría de la AN, no pudieron jamás suceder en una institución como el gobierno Interino que debía entrenarse en un manejo escrupuloso de los bienes de la República que debía rescatar de las manos de funcionarios irregulares acusados de hacer parte de la “Internacional del Crimen Organizado”.

 

 

Sin embargo, señalamientos como el manejo “politizado y partidizado” de los recursos de “Monómeros Colombo-Venezolanos” (empresa de fertilizantes creada por Pdvsa y el gobierno colombiano para el suministro de tan vital aditivo para las labores agrícolas), los gastos que se dirigieron a los conflictos legales que debían defender activos como Citgo en los Estados Unidos y las diversas ayudas que desde la EU, la ONU, la Acnur y la Unsaid, se enviaron para actividades a favor de la democracia y la ayuda a los siete millones de refugiados venezolanos que ruedan por el extranjeros, son preguntas a las cuales aun no se le dan respuestas y de la cual se espera una información para los próximos días o semanas.

 

 

De todas maneras, puede sostenerse con fundamento que el Interinato como gobierno desapareció el 30 de abril del 2019, cuando Leopoldo López convenció  a Juan Guaidó, presidente de la AN y del Interinato, a promover una intentona golpista, con un llamado al pueblo a tomar Miraflores y ocupar los cuarteles, que fracasó cuando el pueblo no respondió y obligó a López a pedir refugio en la Embajada de Chile en Caracas, para después  asilarse en la embajada de España desde donde organizó su viaje y residencia en ese país pero no sin antes de que fueran detenidos y encarcelados los pocos militares y civiles comprometidos en la asonada.

 

 

Debe destacarse que Guaidó, presidente del Interinato y de la AN, -y quien aparentemente era el jefe del frustrado golpe-no pidió asilo, no se fue del país y se mantuvo dando la cara en el curso de los sucesos y en todo momento agitó la calle  para que tomara Miraflores y los cuarteles y derrocara a la dictadura de Maduro.

 

 

Pero no ha sido otra su actitud durante los cuatro años que duró el Interinato, sin duda que valido de la inmunidad que le garantizaba su condición de diputado, pero dando pruebas de un coraje que en diversas ocasiones y oportunidades permitió conocer el talante que aun le garantiza un liderazgo que se ha mellado, pero no perdido.

 

 

Es un político de las últimas generaciones, de apenas 40 años, nacido en La Guaira en 1983, graduado de ingeniero industrial en la UCAB en 2007, en el 2009 está al lado de Leopoldo López en la fundación  de VP, electo diputado por esa organización en las elecciones del 2010 y el 2015 y desde los días en que resultó presidente de la AN y del Interinato, capaz de sostener una relación carismática y de arraigo con el pueblo que, en su mayoría, no le ha dado la espalda en estos años.

 

 

Es difícil precisar cuál pudo ser su responsabilidad en la estrategia que diseñada e implementada por los dirigentes de la MUD  en los meses finales de 2018 (López, Borges, Ramos y Rosales) lo colocaron al frente de la AN y del llamado Interinato, pero lo cierto es que, fuera como delegado o artífice de la estrategia, su nombramiento se tradujo en una movilización popular como no se conocía desde el 2017 y una aceptación internacional que le granjeó el reconocimiento de 60 países y el apoyo de multilaterales que le dio un profundo segundo aire a la entonces golpeada oposición.

 

 

Tampoco está clara su culpabilidad en el manejo doloso de los activos del Interinato que, como se sabe por la “guerra López-Borges”, fue obra de uno de estos jefes (o de los dos) y que Guaidó como funcionario delegado y “disciplinado” tuvo que aceptar.

 

 

Claro que algunos de sus críticos más feroces argumentan que tuvo que conocer y denunciar y aprovechar la oportunidad para separarse de VP y de la MUD para fundar una organización política de sello propio, con su firma y huella dactilar, pero seguramente que consideró que no estaban dadas las condiciones para tal paso.

 

 

Por ahora lo que sabemos de Guaidó es que disuelto y todo el Interinato se mantiene en la calle, animando y promoviendo movilizaciones como las del domingo pasado y quizá hasta pensando en ser el líder de un nuevo partido que empiece recogiendo los restos, hoy dispersos, de los grandes partidos que fueron VP y PJ.

 

Manuel Malaver

 

El Darién o el infierno que espera a los pobres que huyen del socialismo

Posted on: septiembre 18th, 2022 by Maria Andrea No Comments

 

 

El Darién, el pavoroso “Tapón de Darién”, ha terminado al fin despertando el interés de mi teclado y con recuerdos de lecturas, repaso de documentales que ví hace algunos años, relatos de aventureros que se acercaron a sus follajes, y sobre todo, chequeando y confrontando el material que sobre su “siniestralidad” rueda desde hace algunos meses, he ensayado sumarme a la truppe de opinadores que, por los menos, en América y Europa, derraman ideas y noticias sobre el tema.

 

 

No es tarea fácil, pues sus tentáculos pueden extenderse a países tan lejanos como Bangladés, Sri Lanka, Somalía, Yemen y Pakistán y el interés por ingresar a sus cenagosas fauces va, desde ejecutar misiones para el narcotráfico nacional e internacional, hasta huir simplemente de la pobreza de los países de origen, pasando por la urgencia de escapar de la persecucíon de dictaduras socialistas que, al hambre y la miseria, unen la horca y el cuchillo para desterrar a sus ciudadanos de sus bienes y propiedades.

 

 

Por eso, más que un drama o tragedia nacional o continental, “El Darién”, es un holocausto global, definitivamente diseñado y controlado desde los altos mandos del “Crimen Internacional Organizado” y que, tanto como las cifras de un gigantesco negocio que se tasa en billones de dólares, lo activan también intereses políticos, como pueden ser los que se mueven tras la aprobación del “Pacto Mundial para la Inmigración Segura”, patrocinado por la ONU y celebrado en Maruecos el 11 y 12 de diciembre del 2018 y cuyo objetivo fundamental es movilizar poblaciones de unas, a otras regiones del planeta, a fin de fusionarlas, mestizarlas, colorearlas y llegar al Grial de la humanidad de un solo color y una sola piel.

 

Por eso, el destino final de las caravanas que desde aproximadamente 10 años cruzan “El Darién”, son los EEUU de Norteamérica, país del que puede decirse es el último estado nacional con todos los rigores del mundo occidental, fóbico a mestizar su población blanca caucásica con razas de otros tintes, una producción de riqueza en capacidad de sostener el impacto que significa la asimilación de inmigrantes llegados a mejorar sus niveles de vida y un poderío militar que todavía puede enfrentar y derrotar la desestabilización que promueve el “Foro de Davos” y el “Nuevo Orden Mundial”.

 

 

De ahí también, que el primer dato o señalamiento histórico que tengo que dar a los lectores de estas líneas sobre “El Darién”, es que no fue descubierto por inmigrantes venezolanos, ni convertidos por éstos en sus usuarios de primera generación, sino que, antes de que tuvieran noticias de sus posibilidades como vía de escape de la dictadura madurista, ya asiáticos, africanos, sudamericanos y caribeños lo habían atravesado o dejado su salud o vida en él.

 

 

Investigadores con mucho más tiempo y vocación que yo sobre los asuntos de “El Darién”, datan el 2004 como la fecha en que inmigrantes llegados de India -y en especial de Bangladés y Pakistán-, aparecieron por primera vez en el Golfo de Urabá en Colombia tratando de viajar a la intricada selva y al 2010 -año del pavoroso terremoto de Haití-, como hito que comienza acercar a caribeños, y a centro y sudamericanos buscando una salida hacia el Norte.
En este orden, habría que destacar que la inmigración de los haitianos punteó hasta hace poco las caravanas que, por ejemplo, el año pasado, alcanzaron los 130.000 viajeros, seguidos por cubanos, brasileiros, peruanos, ecuatorianos -y ahora chilenos- y que una presencia importante de venezolanos no vino a tomar visibilidad sino en los últimos tres años.

 

 

El año pasado, por ejemplo, ya los nacionales se habían colocado en el primer lugar con 4516 viajeros, y ya para los primeros meses de este año, el pronóstico era que se podía duplicar.

 

 

En cuanto al total de cifras de muertos desde que se abrió “El Darién”, es evidente que se ha hecho imposible precisarlas, pero las autoridades panameñas siguiendo algunas pistas de los últimos años, estiman que podrían situarse en un promedio de 1000 o 2000 anuales.

 

 

Más específicas pueden ser las cifras de los inmigrantes afectados por dolencias postraumáticas y afecciones de distintos signos y de mujeres violadas y maltratadas en plena selva por los llamados “Coyotes” y delincuentes de la narcoguerrilla y la trata de blancas que se cuentan de a miles.

 

 

“Horrores” que recuerdan “El Corazón de las Tinieblas” de Conrad o el film “12 Años de Esclavitud” de Steve McQueen, que no se explica por qué no prendieron las alarmas de ACNUR, la OEA, HRW y tantas ONG globales que, presuntamente, le hacen seguimiento al maltrato y a la trata de inmigrantes, y no realizaron durante años la más mínima denuncia ni mención de lo que sin duda alguna es otro holacausto realizado a plena luz del día y sin que llame la atención de gobiernos y multilaterales.

 

 

En el caso de “El Darién”, pricipalmente de los gobiernos de Colombia y Panamá, las dos administraciones democráticas donde ocurren violaciones diarias y constantes de los Derechos Humanos de tal número de seres humanos y a los cuales simplemente se les “permisa” para que crucen de un país a otro y continúen su viaje hacia una más humana forma de vida, pero que también, sino es reglada y formalizada, puede devenir en atropellos, abusos, torturas y, no pocas veces, la muerte.

 

 

Pero este no es el único -y ni siquiera el más asombroso horror- de los tantos que se tropieza uno cuando se acerca a echarle una mirada al “Darién”, sino que habría que contabilizar el hecho de que en los sucesos que se van descifrando cuando se siguen los pasos de una pareja de bangladeses que están en la población de Necoclí, Antioquía, Colombia, esperando cruzar el golfo de Urabá para desembarcar en Caparganá, el primer pueblo panameño y ya en el Tapón, se descubre que no hay nada casual, espontáneo, improvisado, sino que fueron contactados por una organización en Daca, la cual les vendío la propuesta del viaje por 6.000 dólares, y durante tres meses, los tiene más cerca de la meta: a 6 mil kms de la raya de México a EEUU, y de ahí 7000 para llegar al destino definitivo: Nueva York.

 

 

Y ya estamos frente “El Darién” y el territorio de dos países que dejaron estos pueblos fronterizos en manos de la guerrilla de las FARC, y después, cuando la organización fundada por “Tiro Fijo” se pacificó, a unas tales Defensas Gaitanistas, a grupos del Cártel del Golfo y a unos cuerpos de civiles, “Los Coyotes”, que son los que se encargan más o menos de darle alguna guía a los inmigrantes que tardarán entre ocho o diez días para cruzar la intrincada selva.

 

 

Y ahora a persignarse y seguir a estos grupos de hombres, mujeres y niños que con morrales, machetes, menjurgues de aceite de culebra para contrarrestarse alguna picadura, botellones de agua y provisión de comida, van paso a paso por trochas, vados, quebradas, selva tupida, aullidos de monos de los manglares, cantos de aves asustadas y un silencio de hojas, ventoleras o respiraciones forzadas que hacen pensar que una vigilancia rigurosa se ejerce alrededor y tras los viajeros.

 

 

Por que de eso se trata “El Darién”, de un territorio donde no se divisa ninguna autoridad oficial, pero si paramilitares, mafiosos, guerrilleros, coyotes, que no pierden de vista y trazan el hilo que no deja escapar a estos esclavos del hambre, la exclusión y la represión política que deben entregar hasta el último centavo de sus ahorros.

 

 

De vez en cuando aparecen grupos reporteriles de televisión, cableras o caneles de Youtube, oyen los relatos de los que avanzan o que se quedan, ven los restos de cadávares o esqueletos, o de tumbas medio abiertas, pero sigue la marcha y la lluvia, los rios que se cruzan con riesgos de familias enteras e imágenes que ni Conrad, ni Kafka, ni Vargas Llosa hubieran podido calar en profundidad.

 

 

Y al final, aparece el sol, la luz, la llegada al pueblito de Bajo Frío, que unido a los de San Vicente y Lajas, son los primeros donde autoridades panameñas revisan los documentos y la salud de los sobrevivientes, mientras se preparan a tomar autobuses que les reservan otro mes de recorrido y le permiten conocer las fronteras, autoridades y territorios de países como Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, México y el adorado cruce de EEUU, que viene por el Río Bravo o el llamado muro que penetran sin problemas.

 

 

“Esto no es sino una invasión” me dice un experto en inteligencia que me pide no mencionar su identidad “y en la que están involucrados países, gobiernos, trust económicos y partidos políticos y que en lo que va del gobierno de Biden puede llegar a los cuatro millones de inmigrantes”.

 

 

Y pasa a leerme la portada de un medio donde cuentan que el gobernador republicano de Florida, Ron DeSantis, envió dos aviones fletados de inmigrantes colombianos y venezolanos a la lujosa isla de “Martha,s Vineyard” en el Estado de Massachusetts, cuyo gobernador es demócrata y así sale a la luz pública este choque entre estados y gobernadores de los dos partidos sobre el tema de la inmigración.

 

 

En realidad una situación política conmocional que obliga a pensar que cambios cuyos sentido no nos atrevemos a moldear están sucediendo en el mundo, que EEUU es víctima de una conspiración desde dentro y desde fuera y que titulares que en las peores pesadillas no nos atrevimos a deletrear pueden aparecer cualquier noche en el noticiero de “Time Square”.

 

 

“Durante mucho tiempo” declaró recientemente un inmigrante venezolano en un canal de televisión de Miami “se dijo que EEUU iba a invadir la América Latina y ahora son los latinoamericanos los que estamos invadiendo los EEUU”

 

 

Manuel Malaver
@MMalaverM

Boric y la derrota del totalitarismo identitario

Posted on: septiembre 11th, 2022 by Maria Andrea No Comments

 

 

Sería ingenuo -por no decir irresponsable- no buscar los orígenes de la derrota catastrófica que sufrió el domingo pasado la coalición que respalda al presidente Gabriel Boric en el plebiscito donde se le pedía al electorado chileno pronunciarse por un “respaldo” o “rechazo” a la redacción de una nueva Constitución.

 

 

Y no es que como dice la letra de un muy celebrado tango  “la historia vuelve a repetirse”, sino es más bien “otro capítulo” en la continuidad de una historia política, económica y constitucional, que en lo que se relaciona con el resto de los países latinoamericanos, tiene sus propios detalles, matices y colores.

 

Por ejemplo, Chile fue el único país suramericano en derrotar en la guerra de la conquista a los colonizadores españoles y con tal ímpetu, coraje y persistencia que dio origen al estremecedor poema épico, “La Araucana”, del poeta e historiador hispano Alonso de Ercilla.

 

 

No sé si aún se mantiene en los pensum de literatura del bachillerato de los países de la región los estudios y referencias al poema de Ercilla sobre la guerra entre españoles y araucanos, si fueron censurados por tantas emociones que genera el nacionalismo, pero si fue así me limitaría a recomendarles que busquen en Internet y lean el glorioso soneto que le escribió Rubén Darío al jefe araucano, Caupolicán: “Es algo formidable que vio la vieja raza, robusto tronco de árbol al hombro de un campeón, salvaje y aguerrido, cuya fornida masa, blandiera el brazo de Hércules, o el brazo de Sansón”.

 

 

En lo que quería insistir es que allí, en la Araucania, continuó, se alargó y multiplicó un pueblo, el Mapuche, en lo que se conoce la frontera del Bíobio y que si bien se plegó a la guerra de Independencia contra España, pretendió hacerlo siempre bajo sus propios términos y su particular, rotunda y especial historia.

 

 

Los constituyentistas chilenos del siglo XIX, los que forjaron la república democrática y liberal, entre los cuales estuvo un venezolano excepcional, don Andrés Bello (adorado en Chile y poco enaltecido en su país) no desdeñaron ni olvidaron estas “señalizaciones” históricas y construyeron una sociedad consensuada y plural, multirracial y multicultural que derivó hacia un mestizaje donde los chilenos se reconocen por chilenos y no por descendientes de españoles, mapuches, quechuas, alemanes o ingleses.

 

 

“Yo nací en la Araucanía” decía recientemente el sociólogo y filósofo Axel Kaiser, defensor de la ideología liberal y de la unidad de Chile en una entrevista en Youtube “ y me crié y eduqué entre mestizos, blancos puros y mapuches puros y nunca sentí que era otra cosa que chileno”.

 

 

Y ha sido la preocupación por la preservación de esta identidad lo que ha permitido que Chile haya pasado por grandes crisis como la “Guerra del Pacífico” contra Perú y Bolivia (1879-83), la pugna entre parlamentarismo y presidencialismo (1886-1891) que culminó con el suicidio del presidente José Manuel Balmaseda, la de1925 cuando un grupo de militares socialdemócratas capitaneados por el general Marmaduque Grove obligó a renunciar al presidente Arturo Alessandri (“El león de Tarapacá”), quien regresó meses después, promovió la redacción de una nueva constitución y legó el poder a su más obsecuente seguidor, el general, Carlos Ibañez del Campo.

 

 

De modo que, una crisis de enormes proporciones, con mucho superior a las que condujeron al suicidio de Balmaseda y al golpe de estado de Grove en 1925, no vino a conocer la República de Chile sino el 11 de septiembre de 1973, cuando una asonada militar comandada por el general del Ejército, Augusto Pinochet, derrocó al gobierno democráticamente electo del socialista Salvador Allende, provocando su suicidio y un baño de sangre que aun sacude conciencias dentro y fuera de Chile por su crueldad y quizá inutilidad.

 

 

La gran pregunta es: ¿Por qué el general Pinochet y los militares y partidos políticos que lo secundaron (entre otros el “Demócrata Cristiano” de Eduardo Frei) no buscaron la vía del consenso, de la negociación y la conciliación que tantos resultados provechosos le habían dado a Chile en crisis parecidas y hasta más dramáticas  y se lanzaron a una aventura que es cierto, liquidó a un enemigo temerario como el socialismo, pero sin duda a un costo que no merecía pagar la nación chilena?

 

 

Desde luego que, la respuesta más a mano puede estar en el contexto internacional del recrudecimiento de la “Guerra Fría” entre EEUU y la URSS, las naciones democráticas de Occidente y el bloque socialista y totalitario encabezado por China, Rusia y un enclave que ya habían colocado en América: Cuba,

 

 

Lo cierto es que estábamos ante la gran ruleta de un gran juego internacional, donde jugaban apostadores como Richard Nixon, Henry Kissinger, Leonid Breznev, Chou En-Lai y un conjunto de militares y civiles Sudamericanos, dictadores de tomo y lomo como Stroessner, Videla, Bordavery y Figuereido.

 

 

Tiempos también de “La Operación Cóndor”, entente de dictaduras de la región para traspasarse información, perseguir y vigilar opositores de izquierda y enviárselos a sus aliados o hacerles el favor de liquidarlos en su nombre.

 

 

Y de la aparición de un nuevo credo o filosofía económica, el neoliberalismo democrático y capitalista, que postula que el estatismo económico o keynesianismo que  domina en la mayoría de los países latinoamericanos, es la causa del atraso, la pobreza y las injusticias sociales que corroen la región.

 

 

Música para los oídos del general Pinochet y sus acólitos en Chile, quienes, decidieron “refundar” el país, darle una nueva orientación económica, barrer con cualquier vestigio de socialismo y llamar a los empresarios privados para que gestionaran empresas, servicios y todo cuanto tuviera que ver con la producción y distribución de recursos.

 

 

“Convoco a los chilenos mayores de 18 años” dijo Pinochet en una alocución donde presentaba el nuevo texto “a un plebiscito para que se pronuncien sobre la aprobación o rechazo del texto constitucional propuesto por la junta de gobierno. Un texto fundado en la libertad personal en todos sus ámbitos, en la propiedad privada de los medios de producción y en la iniciativa económica particular en todos sus ámbitos”.

 

 

Y nace así al calor de la más feroz dictadura, entre denuncias de torturas, asesinatos y desapariciones el primer modelo de desarrollo de democracia liberal y capitalista en América Latina, blanco de ataques por los izquierdistas y socialdemócratas de todos los matices y saludado por los partidarios de la economía de mercado y el estado de derecho como la única tabla de salvación de la región.

 

 

Pero Pinochet no logra convertirse en dictador vitalicio y es destituido en un plesbicito sobre su mandato realizado el 5 de octubre de 1988, el cual da inicio al proceso conocido como la “Concertación”, pues tres partidos que representan la derecha, el centro y la izquierda gobiernan el país durante 30 años.

 

 

Es un proceso controvertido que no obstante todos los rechazos que lo rodean después de la caída del Muro de Berlín y el colapso del Imperio Soviético, hace de Chile una economía desarrollada, en vías de escalar las alturas del “Primer Mundo”, con una reducción dramática de la pobreza, de la desigualdad y picos en los índices de educación, salud e infraestructura.

 

 

¿Qué sucedió entonces para que después de 30 años de una sólida paz social, el 18 de octubre del 2019, estallaran violentos conflictos con jóvenes estudiantes y empleados al frente que arrasaron con las más populosas estaciones del Metro, centros comerciales y cualquier signo del lujo y prosperidad que se les apareciera a su paso?

 

 

Dicen los manifestantes que protestan contra la explotación, la pobreza y desigualdad que promueve el capitalismo y contra la complicidad de la clase política que permanece indiferente.

 

 

Pero lo más sorprendente es que lo que después se llama “El Octubrismo” no es un típico movimiento protestatario de izquierda sino de uno que trae entre sus consignas la defensa de los pueblos indígenas, de las minorías nacionales, la ideología de género, los derechos de la mujer y de los grupos LGTB que tanta bulla hacen en el mundo.

 

 

De estos grupos viene el actual presidente de Chile, Gabriel Boric, un abogado no graduado de 36 años nacido en Punta Arenas, fundador de un partido “Convergencia Social” y que el 11 de marzo de este año ganó las elecciones presidenciales al candidato del status quo o derecha, José Antonio Kast con un 10 por ciento de los votos.

 

 

Este es el mismo Boric que en un plebiscito  convocado el domingo pasado 3 de septiembre para que el pueblo se pronunciara sobre si “aprobaba” o “rechazaba” la redacción de una nueva constitución sufrió una derrota catastrófica al obtener el “Rechazo” una mayoría del 63 por ciento contra un 38 del “Apruebo”.

 

 

En otras palabras que, sigue vigente la Constitución de 1980 de Pinochet pero luego de haber sido reformada 60 veces (incluyendo una ley interpretativa de 1992) siendo modificados 257 artículos del total, y reformada en los años 89, 91, 94, 96, 97,99, 2001, 2002, 2003, 2005, 2007, 2008, 2014, 2021 y 2022.

 

 

Un texto que, si bien mantiene el modelo original de la economía de mercado, abierta y competitiva de los tiempos del primer Pinochet, también mantiene espacios donde pueden alojarse algunos de los planteamientos sociales y económicos del llamado “Octubrismo” que respalda a Boric.

 

 

Pero no los “identitarios” que llaman a crear repúblicas indígenas con apenas un 1 por ciento de representación en el total de la población nacional y que harían de Chile, no una republica democrática de unidad diversa y plural, sino un “queso suizo” de sabores sin duda amargos, disgregadores y venenosos.

 

 

¿Qué espera entonces al nuevo Chile, al irrumpido del Referendo del domingo 3 de septiembre, continuar insistiendo en otra convención constituyente o sentar a sus diferentes fuerzas políticas a buscar consensos para que pueda redactarse una nueva constitución que busque el futuro, reconozca al presente y no borre el pasado?

 

 

Boric ha dejado entrever en una alocución a los chilenos, después de la derrota, que una reconciliación y consenso entre gobierno y oposición serían la vía, pero no debe olvidarse que Hugo Chávez, Juan Manuel Santos y Evo Morales dijeron lo mismo después de derrotas parecidas y ya vemos donde están Venezuela, Colombia y Bolivia.

Manuel Malaver

Almagro, Maduro y la cohabitación entre víctimas y verdugos

Posted on: agosto 21st, 2022 by Maria Andrea No Comments

 

No abrigo ninguna duda, Luis Almagro, el Secretario General de la OEA, se ha rendido ante la dictadura de Maduro después de estar ocho años liderando como un mariscal de campo el esfuerzo democrático internacional para poner fin a uno de los peores regímenes de fuerza que han martirizado al continente.

 

 

Tanto, que no fueron pocos los venezolanos que se preguntaron si destituido Maduro del poder no procedía ofrecerle al “uruguayo” una suerte de “presidencia simbólica” aunque fuera por unas horas.

 

 

Pero fuera en serio o en broma, lo cierto es que no hubo otro líder, presidiendo las multilaterales de la región en tiempos tan fatídicos, que se planteara con tanta convicción y coraje el acorralamiento de la satrapía de Maduro como lo hizo Almagro, ya en las Asambleas Generales, en los Consejos de Seguridad o promoviendo instrumentos como la “Carta Democrática” o el “Tratado de Río” para poner fin al horror.

 

 

Pero si no, dándole apoyo a organismos como el “Grupo de Lima”, o “El Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, TIAR”,  o eventos que, dentro o fuera del continente, tuvieron como finalidad fortalecer más y más el entusiasmo de los venezolanos por la victoria contra la dictadura o asfixiar a los tiranos al extremo de obligarlos a renunciar o pactar.

Conocemos también que Almagro no fue ajeno a iniciativas nacionales armadas o pacíficas que se propusieron derrotar a la dictadura, pero con estricto apego a la Constitución y las Leyes y garantizándoles el respeto a los Derechos Humanos  y lo recordamos para subrayar uno de los rasgos más admirables de su carácter: luchar por la libertad y la democracia sí, pero sin castigar más allá de lo que establece el Estado de Derecho a quienes se placen en violentarlo y borrarlo del mapa.

 

 

¿Cómo se explica, entonces, que hace solo hace tres semanas Almagro diera marcha atrás en la que sin duda fue una de las páginas más limpias, dignas y heroicas de su carrera política y personal, y en una carta dirigida a los demócratas venezolanos los incite a aceptar la rendición, a dar por perdida la batalla por la libertad y se resignen a convivir con sus verdugos, aunque ello signifique “endulzarlos”, “dulcificarlos” hasta convencerlos que a unos y a otros no los queda otro camino que convivir y cohabitar?

 

 

Pregunta dolorosa y de respuesta más dolorosa aún, porque, aunque se origina en realidades políticas no hay duda que conlleva una responsabilidad moral, porque no se limita al enfrentamiento entre partidos y facciones políticas adheridas a las normas y usos de la sociedad civil, sino a uno donde un Estado y sus fuerzas represivas, cuerpos de inteligencia, aparatos policiales, colectivos y Ejército reprimieron, golpearon, asesinaron, masacraron y aun tienen en sus mazmorras cientos de ciudadanos presos y cuyo único delito fue ejercer un derecho que les garantiza la Constitución.

 

 

De modo que ¿cohabitar -y aún más, “endulzar” para convencerlos a cohabitar- a tamaños violadores de los Derechos Humanos, a quienes en ninguna circunstancia han dado muestras de aceptar alguna rectificación mientras la “Corte Penal Internacional” de La Haya decide sobre las cientos de acusaciones por “Crímenes de Lesa Humanidad” que instruyen y sobre los cuales decidirán en cualquier momento?

 

 

¿Es posible que Almagro -y en especial la CIDH- hayan olvidado o estén olvidando que fueron partes activas, activísimas, en la instrucción de este proceso y que les corresponde hacer todo lo que esté a su alcance para que no se duerma y se pierda en el burocratismo que por desgracia también alcanza a la justicia internacional?

 

 

Hum, extraño, muy extraño. Y lo que se me ocurre es que el todopoderoso lobby que, encabezado por un ala radical del Partido Demócrata trabaja desde que comenzó la administración Biden para que Maduro pueda terminar su mandato y los que le faltan, llegó hasta Almagro y ya lo tienen trajinando para que cualquiera sea la decisión que decida la CPI recaiga sobre un presidente que está en paz con sus gobernados.

 

 

Y no tendría que sorprender en un político de una época muy diferente a aquella del 2015 cuando Almagro alcanzó su primera nominación como “Secretario General” de la OEA y la Asamblea Nacional venezolana fue copada en las elecciones de diciembre de aquel año por una mayoría calificada de diputados de la oposición democrática que se planteó, razonablemente, encabezar al pueblo para desmantelar a un Poder Ejecutivo que estaba violando abiertamente la Constitución.

 

 

Fue un enfrentamiento por tomar el “poder real” entre gobierno y oposición que duró tres años y que, además, coincidió con el alza de una ola de gobiernos democráticos en la región que parecieron arrinconar al Alba y al “Socialismo del Siglo XXI”.

 

 

El regreso de la democracia en aquellos años se daba por descontado y la caída de la dictadura de Maduro entre otros factores, por una arremetida sin tregua de la OEA y su Secretario General, Luis Almagro, se daba por resuelta.

 

 

Apuesta en la que Almagro fue con todo, hizo una alianza sólida con el entonces presidente de EEUU, Donald Trump, que a vez  soñó con una posible invasión a Venezuela para “noriegizar” a Maduro y con la mayoría de los gobiernos de la región y la UE.

 

 

Hoy, ocho años después, hay otros signos: ya Trump no está en el poder, Maduro ha cerrado más su puño sobre Venezuela y un nuevo bloque de poder mundial ha irrumpido y ya controla los Estados Unidos, la mayoría de los países de la UE, barrió con la democracia liberal en Chile, acaba de ganar las elecciones presidenciales en Colombia y podría regresar a Lula da Silva  el 2 de octubre próximo a la primera magistratura de Brasil.

 

 

De modo que Almagro, sin dejar de ser demócrata ni amigo del pueblo venezolano, puede muy bien hacerse la pregunta que se hace todo el mundo: ¿Si los criminales, asesinos, secuestradores y narcotraficantes colombianos cohabitan hoy con los demócratas y después de un amañado “Acuerdo de Paz” presiden el Congreso y la Casa de Nariño ¿por qué no pueden hacerlo Maduro y los demócratas venezolanos?

 

 

Habría que recordarle a Almagro que antes que Petro ocupara la presidencia pasaron 50 años de guerra que perdió la subversión y un “Acuerdo de Paz” (que el pueblo colombiano rechazó con un “NO”) que estableció la cohabitación.

 

 

Y no fue al revés: cohabitar primero y negociar después, porque entregar el país al enemigo sin tener una fuerza armada o pacifica que te respalde, es perder sin haber peleado.

 

 

Almagro sabe de estas cosas por que fue “Tupamaro” y tiene que estar escribiendo mensajes a la oposición democrática venezolana con conocimiento de causa.

Manuel Malaver 

Miami, la capital antiglobalista que atrae inmigantes de Sur y Norteamérica

Posted on: agosto 14th, 2022 by Periodista dista No Comments

 

Chile, Argentina y ahora Colombia, son los países Suramericanos que encabezan la nueva estampida de inmigrantes hacia los Estados Unidos.

 

 

Los comportamientos de los últimos meses, sin embargo, -si bien conservan las mismas razones que llevaron a los venezolanos a casi despoblar su país al extremo de colocarse segundo tras de Siria en la más grande despoblación del mundo moderno (nueve millones de nacionales)- se diferencian en cuanto a las clases clases sociales que toman ahora el camino del olvido y la nostalgia y el status de vida que aspiran procurarse en la patria del capitalismo, la democracia y la economía competitiva.

 

 

Ni que decir tiene que la nueva ola migratoria está encabezada por colombianos, que desde hace cuatro meses -y en cuanto las encuestas dieron como probable ganador en las elecciones presidenciales a Gustavo Petro- desplazaron a los primeros de aquellos días, a los chilenos, que a su vez habían mandado al segundo a los venezolanos.

 

 

Sin embargo, es poco probable que los colombianos pasen dos o tres semanas liderando el ranking de recién llegados, según se agiganta la crisis argentina, al parecer condenada a una hiperinflación tipo chavista o madurista (grave o más grave).

 

 

Pero pase lo que pase con la crisis argentina, que se aplaque o incendie la pradera, están prevenidos al bate (como se dice en el béisbol) los brasileños, con sus elecciones presidenciales para el próximo dos de octubre y en las cuales, el izquierdista, socialista y fundador de “El Foro de Sao Paulo”, Lula da Silva, supera al presidente y candidato conservador que aspira a la reelección, Jair Bolsonaro, por 15 puntos que se creen imposibles de igualar o superar, por lo que se presume que el tercer presidente del “Socialismo del Siglo XXI” en ascender al poder durante esta año estaría a la vuelta de la esquina.

 

 

Y aquí si tendríamos una tercera ola inmigratoria cercana al Apocalipsis, porque partiría del segundo país más poblado del continente y el primero de Suramérica, convirtiendo al resto de transpoblaciones precedentes en cosa de niños.

 

 

De modo que, la tan temida conquista de los países del patio trasero por la codicia del imperialismo yanqui, se estaría llevando a cabo de forma pacífica y sin disparar un tiro, y por decisión de los candidatos a ser conquistados, quienes, decepcionados porque la invasión o colonización angloamericana nunca se ejecutó, pues han decidido realizarla por su propio esfuerzo y voluntad.

 

 

Y aquí cabría resaltar un detalle que no es de poca monta y oportunidad y es que la inmigración o transpoblación de Sudamérica hacia el Norte, no se está sucediendo a los Estados Unidos, sino al Estado de Florida, y a su ciudad más importante, Miami, que desde hace ya muchas décadas se conoce como la ciudad capital del subcontinente iberoamericano.

 

 

Entre otras cosas, porque comparte una geografía y un clima igual, o muy parecidos, al de nuestros países, se habla tanto o más español que inglés, se come más arepa y tortilla que hamburguesa o hot dogs y la salsa y otros ritmos latinos hace ya tiempo que desplazaron al blue y al rock and roll.

 

 

Pero ahora concurren otras identidades que son de insoslayable trascendencia y oportunidad no subrayar, como son el alineamiento de la mayoría de los inmigrantes que vienen de Suramérica con la democracia liberal y capitalista que, a su vez, coincide con las políticas que las autoridades de Florida, y en particular, el gobernador, Ron DeSantis, practican como militantes del Partido Republicano y de su ala más radical, la que lidera, Donald Trump.

 

 

A este respecto, nada más justo que destacar el rol fuera de la tradición conocida y sufrida, de acercamiento y empatía del gobernador DeSantis con la comunidad hispánica, a cuyos miembros -y en particular a los que huyen de las dictaduras marxistas y de los populismos globalistas-, ofrece toda clase de apoyos, coberturas y respaldos, de modo que se sientan en el Estado nacional de Florida, como en sus propios países.

 

 

Una Miami, que también guarda y hace sentir los valores de la civilización occidental y cristiana, donde se respeta la familia natural, la pareja heterosexual y la salvaguarda en colegios y high school de practicas que alejan a los niños de aberraciones no compatibles con su salud física, mental y moral.

 

 

Todo lo cual ha convertido a Florida y a Miami en un imán de inmensa atracción para estadounidenses antiglobalistas, sean demócratas o republicanos, que huyen de Estados donde reinan los partidarios del abortismo, de la ideología de género, el feminazismo y el ateismo.

 

 

En otras palabras que, no solo una inmigración del Sur fluye hacia Florida y Miami, sino también una del Norte y es de nativos norteamericanos que con sus familias están dejando zonas, regiones y ciudades donde vivieron toda su vida para granjearse otra zona de seguridad y confort.

 

 

Según registra, “Asociation Realtor”, una revista especializada en el tema, los norteamericanos que están comprando en este momento propiedades, casas y apartamentos en Miami, vienen de Washington, Texas, Virginia, Georgia, California, Nueva York, Carolina del Norte, Illinois, Ohio y Michigan, justamente las capitales y ciudades que más se vieron envueltos en los disturbios “progres” del año pasado y cuyos electores votaron mayoritariamente por los candidatos a gobernadores del Partido Demócrata.

 

 

“Miami se ha transformado como pocas ciudades lo han hecho” escribe, Juan Carlos Tobón, CEO de “Tobon Gruop”, empresa especializada en la industria de Bienes Raíces en Florida. “Pasó de ser una ciudad turística y puerta de entrada de América Latina, a una verdadera ciudad global. Se está convirtiendo en el mayor hub financiero de Estados Unidos. Atrae grandes inversiones por sus bajos impuestos, tiene buena conectividad aérea y marítima, y el sector inmobiliario de la ciudad ha experimentado durante 10 años consecutivos apreciación del valor”.

 

 

Es también, se podría agregar, el refugio de una América dividida de Sur a Norte por una ideología, el globalismo, nacida en UE, pero que tiene como blanco fundamental a los Estados Unidos de Norteamerica, que es el buque insignia de la cultura occidendal y cristiana, el centro de la democracia, el capitalismo y el estado de derechos mundiales y sin cuya caída es imposible que las huestes de George Soros y Klaus Schwab, avancen en ninguna dirección.

 

 

Ya una mayoría de estados norteamericanos cayó bajo su patrocinio en las últimas elecciones presidenciales y el globalista, Joe Biden, tomó su dirección, ya repúblicas democráticas latinoamericanas caen más y más bajo su influencia y el objetivo es que el continente donde nació la democracia y la libertad sea en pocos años el propulsor del “Nuevo Orden Mundial”.

 

 

Y adiós democracia, adiós libertad, adiós estados de derecho, adios derechos humanos y elecciones para que cada país elija sus gobiernos, porque surgirá un mundo sin fronteras y un único gobierno global que podría ser la ONU o cualquier otro que decidan los siete o diez amos del planeta que residen, precisamente, en Norteamérica.

Manuel Malaver

@MMalaverM 

Petro ¿socialismo o el primer gobierno globalista de la región?

Posted on: junio 26th, 2022 by Laura Espinoza No Comments

 

No le costará a Gustavo Petro mucho tiempo ni trabajo convertir a Colombia en la nueva joya de la corona del “Socialismo de Siglo XXI” pues tiene en su frontera norte a los promotores y fundadores del experimento y en la sur a un aventajado discípulo que, aunque ha conocido tropiezos para su establecimiento, pronto podría cumplir el sueño de Chávez de la instauración de una “Gran Colombia Bolivariana y Socialista”.

 

 

Y así, se habrá dado otro paso -yo diría que gigante- en el ensayo nacido de la primera reunión del “Foro de Sao Paulo” a mediados de los 90, de postular a la América del Sur como la nueva tierra de promisión para la restauración del socialismo marxista que se había desplomado con la caída del Muro de Berlín y el colapso del Imperio Soviético.

 

 

Propuesta que no quería decir otra cosa de que se imponía un cambio de táctica y estrategia para la conquista del poder y establecer un modelo de socialismo que resultara un híbrido del sistema capitalista y el socialismo proletario, de las instituciones democráticas y burguesas con las que la práctica revolucionara fueran generando y estructurando.

 

 

El intento de golpe de Estado en Venezuela el 4 de febrero de 1992 comandado por un militar de bajo graduación, antiimperialista y marxista, el teniente coronel Hugo Chávez, se prestó idealmente para dar los primeros pasos en lo que podríamos llamar las pruebas iniciales de laboratorio para analizar “in vitro” el proyecto, pues si el golpe de Estado de Chávez fracasó, le permitió lograr una contundente pegada popular desde la cárcel y prepararse para lograr la libertad y continuar acercándose al poder en la calle.

Ya conocemos que los primeros contactos del “Foro de Sao Paulo” con Chávez no fueron antes del golpe de Estado del 4 de febrero del 92 y que solo cuando el teniente coronel no pudo en una nueva intentona golpista el 27 de noviembre del mismo año, a comienzos del 93, agentes fidelistas de larga data como los venezolanos Luis Miquilena, José Vicente Rangel y Manuel Quijada, se acercaron  a ofrecerle el apoyo del socialismo cubano y su jefe, Fidel Castro y a convencerlo de que la vía en Venezuela no era “militar sino civil, pacifista y electoral, creando un partido que se organizara para participar en el sistema democrático y constitucional venezolano y llegara al poder a través de unas elecciones presidenciales.

 

 

También conocemos que Chávez ofreció alguna resistencia porque había conocido y aceptado la tesis del politólogo nacionalista y populista argentino, Norberto Ceresole, quien en un folleto: “Caudillo, Pueblo, Ejército” exponía la estrategia de llegar al poder por la fuerza y luego gobernar como un caudillo que se ganara el apoyo popular al estilo Mussolini, Perón o Velazco Alvarado.

 

 

Pero la tesis ceresoliana no se mantuvo cuando al acercamiento de Fidel Castro se unió el de las Farc y otros grupos guerrilleros colombianos que significan apoyo militar y recursos financieros del narcotráfico y así, el 6 de diciembre de 1998, Chávez resultó electo presidente de la República de Venezuela.

 

 

Para al año siguiente empieza el plan de expansión hacia el sur y la primera víctima, desde luego, es Colombia, país que mantenía una guerra civil con las fuerzas marxistas de las Farc, el ELN y los carteles de la droga y parecía que en 1999 era ya un fruto maduro para continuar con la restauración del socialismo en la región y el renacer del sueño de una Gran Colombia Bolivariana y Socialista.

 

 

Sería inexcusable no recordar que “la primera ofensiva del chavismo” contra cualquier país fue contra Colombia y que la primera medida del recién nombrado canciller “revolucionario”, José Vicente Rangel, fue prohibir el libre tránsito por territorio venezolano de camiones de carga colombianos autorizados para circular, según un acuerdo logrado en el marco de la “Comunidad Andina de Naciones,” CAN.

 

 

Más tarde el  gobierno de Venezuela se declaró “neutral” en la guerra civil entre el gobierno colombiano y las Farc y Chávez llegó a proclamar que Venezuela “no limitaba” en su frontera occidental con la “república de Colombia” sino con “las Farc”.

 

 

Pero más grave en el contexto de la confrontación resultaría ser la intromisión descarada del chavismo en las conversaciones para lograr un “Acuerdo de Paz” llevadas a cabo entre altos dirigentes de las Farc y representantes del gobierno de Andrés Pastrana en la región del Caguán.

 

 

Ilegalidades que fueron denunciadas después del fracaso de las negociaciones por un nuevo presidente colombiano, electo en los comicios de mayo del 2002, el antioqueño Álvaro Uribe, quien se planteó, rápidamente, que derrotar a las Farc era también derrotar la intromisión descarada de Chávez en la política interna colombiana.

 

Puede decirse que la historia de las relaciones entre los dos países a partir del ascenso de Uribe al poder fue el drama de la guerra de Chávez, las Farc, el ELN y los carteles de droga contra la democracia colombiana y que si Uribe triunfó fue porque unió al pueblo colombiano con el ejército y, de conjunto, derrotaron a las Farc, sacaron de juego a sus más importantes comandantes, liberaron más de 500 de los 3.000 rehenes que tenían los irregulares en las selvas y se les incautó un poderoso equipamiento de armas que, en el curso de esta fase final de la guerra, no dejó de llegarles desde Venezuela y enviada de puño y letra del entonces “Comandante en Jefe” de la República Bolivariana de Venezuela: Hugo Chávez.

 

 

Quiere decir que Uribe pudo cumplir sus dos períodos en la presidencia en mayo del 2010 confiado que había derrotado a las Farc, a los carteles de la droga y a Chávez si no deja como su heredero en la presidencia a su ministro de la Defensa y principal ejecutor de sus políticas antinsurgencia, Juan Manuel Santos, quién, al otro día de ganar la presidencia, llamó a las Farc a negociar la paz y bajo el auspicio del gobierno cubano y del venezolano, firmó un Acuerdo donde se reconocía a las Farc como la vencedora en la cruel y espantosa guerra que acababa de terminar, les donaba a sus “comandantes” una recompensación en metálico de millones de dólares por aceptar “pacificarse”, una representación en el Congreso de 30 diputados sin tener que medirse en las urnas y las sujetaba a una llamada “justicia transicional” ante la cual debían dar cuentas por los innúmeros “Crímenes de Lesa Humanidad” que habían cometido durante 50 años.

 

 

Desde luego que, los únicos compromisos del “Acuerdo” que se han cumplido son los que convienen a las Farc, a los narcotraficantes y demás subversivos y de aquí la inserción del narco socialismo en la vida civil y ciudadana colombiana, aprovechando tales ventajas para ganar la presidencia de la República en unas elecciones que se realizaron hace una semana.

 

 

Por supuesto que la incógnita más importante a despejar en el desarrollo de estos acontecimientos, son las razones que llevaron a Santos (militante de vieja data del Partido Liberal, ministro de dos gobiernos y miembro de una familia, los Santos, con una firme representación en el conservadurismo colombiano) a dar el paso de desmarcarse de la tradición democrática de su familia, los partidos tradicionales y del país, para convertirse en un agente de la subversión nacional e internacional y ser una causa decisiva en el ascenso de Gustavo Petro al poder.

 

 

Una primera tesis  habla de que Santos era un agente de la revolución cubana y de los hermanos Castro desde una visita que realizó a La Habana a comienzos de los 90 y  donde lo afiliaron a un trabajo de inteligencia cuya misión básica era facilitar el ascenso de las Farc al poder.

 

 

La segunda tesis -a la cual doy más credibilidad- es que Santos fue captado en un momento de su trabajo como ministro de Gaviria, Pastrana o Uribe, por las tendencias globalistas que desde multilaterales como la ONU, la UE y el “Foro de Davos” impulsan corporaciones y ONG ligadas al “Crimen Trasnacional Organizado”, donde se inscriben superpoderes como la “Open Society Fundación”, la “Rockeller Fundación”, fondos como el “Black Rock y “Vanguard”, familias como los Rothschild y trust como los que agrupan a las “Big Tech” y las “Big Farm, las cuales sostienen que el orden mundial es inoperante, que los grandes problemas y crisis mundiales se acumulan sin soluciones a la vista y habría que pensar en una estructura global sin estados nacionales, democracias, partidos, fronteras ni microgobiernos que no ven más allá de los intereses de sus miembros y países.

 

 

Está también el problema de una sociedad con conflictos derivados del no reconocimiento a los derechos de minorías que no se asumen en su apariencia física y quisieran asumir el sexo a que los inclina su psicología (la ideología de generación), o romper el nudo de la familia natural para hacerla más amplia y definir el aborto de seres humanos ya engendrados como un derecho y no como un delito.

 

 

Todo tipo de parejas podrían haber según el globalismos, y de uniones y de convivencias. Cambios, transformaciones que podrían ser más fáciles de resolver  en un mundo sin fronteras y un solo gobierno y una agenda como la elaborada en el “Foro de Davos” hace dos años, conocida como la Agenda 30-30 y de la cual se piensa saldrá un “Nuevo Orden Mundial”.

 

 

Desde luego que una Colombia sin democracia, Estado, partidos ni caudillos es muy importante en lo que también se llama el “Nuevo Reseteo” del mundo, ya que con la legalización de la enorme producción de cocaína que se ha multiplicado por 4 desde que comenzó el “Acuerdo de Paz”, mejoraría exponencialmente sus ingresos, mientras le permitiría a empresas como las de George Soros acumular un inmenso poder económico que superaría al de las petroleras y al de las tecnológicas y a Juan Manuel Santos emerger como una suerte de virrey de la Aldea Global.

 

 

Entre tanto, el presidente electo, Gustavo Petro, piensa en los planes para adelantar su trabajo que a lo mejor tiene poco o nada que ver con socialistas cavernarios como Maduro, Ortega y Díaz Canel y mucho con esta nueva visión de ver el mundo donde los problemas políticos, económicos y sociales ya no son tan importantes y si estar alerta y participar en guerras que como las de Ucranía y Rusia tratan de darle otra forma al mundo.

 

 

Manuel Malaver

La Lista de los 25

Posted on: abril 17th, 2022 by Laura Espinoza No Comments

 

No es no haya otro tema más importante de que escribir, como digamos el hundimiento del buque insignia de la Armada rusa por patriotas ucranianos frente a las costas de Mariupol la tarde del martes, o el cambio después de 431 años del escudo de Caracas por el dictador Maduro, o el tiroteo ocurrido en el Metro de Nueva York la mañana del jueves con un saldo de 16 heridos, pero ignorar las llamadas de dentro y fuera del país de amigos y seguidores presionándome para que leyera y diera mi opinión sobre la “Lista de los 25” resultó imposible.

 

 

De modo que ok, busqué la lista, la petición que la preside y después de rumiarla por unas cuantas horas decidí dedicarle estas lineas que, no son un libelo, ni un reproche, ni una condena, sino otro agregado a la preocupación que viene persiguiéndome desde comienzos del año pasado y que no es otra que ver como más y más opositores venezolanos con más de 20 años en el oficio comienzan a tirar la toalla y a moverse -o a desmoverse-en la idea de que la batalla por la restauración de la democracia está perdida y lo mejor es llegar a una suerte de acuerdo o “encompinchamiento” con la dictadura socialista para que gobierne hasta que Dios se apiade de nosotros y nos permita cohabitar con el “modelo”.

 

 

Y es que,  no es otro el fundamento, la idea base, de creer que si se le escribe una carta al presidente norteamericano, Joe Biden, para que le quite o anule “las sanciones”  que vienen aplicándole al dictador las administraciones demócratas y republicanas desde que se hizo evidente que era un mandamás fuera de ley, el demócrata y primer magistrado la primera democracia del mundo, los iba a complacer.

 

 

 

Porque, un detalle que olvidaron “los abajos firmantes” de la “Lista…” es que ni una sola de esas sanciones fueron aprobadas durante su mandato, sino que comenzaron durante los dos períodos de Barack Omaba, continuaron con Donald Trump y es posible que se hubieran traducido en una acción militar de fuerza contra Maduro si el republicano repite para la presidencia.

 

 

Extremo al que nunca llegará Biden que más bien ha aplacado la retórica contra el exlíder autobusero y sabe que en su administración y en el Partido Demócrata hay grupos partidiarios de negociar y aprobar un “Acuerdo” macro con el dictador, pero jamás quitándole las sanciones a cambio de nada, sin que de muestras de que rectifica en la aplicación de políticas atroces como encarcelar opositores y perseguirlos hasta expulsarlos del país, de que insista en expoliar la economía, o se vanaglorie de firmar acuerdos de “Defensa Mutua” con países enemigos de los EEUU y la democracia mundial como la Rusia de Wladimir Putin.

 

 

Porque otro elemento de política que ignoran los “abajos firmantes” de la “Lista de los 25”, es que las “sanciones” no son medidas de presión, o de persuación, o de disuación que se aprueban en el Senado o la Presidencia contra un gobierno que, digamos, se está portando mal, no, son en sentido estricto, los sucédaneos o sustitutos de las invasiones de antes, de las que hicieron se contra Bisoph en Grenada, Noriega en Panamá y Saddan Hussein en Irak, y que actualmente podrían considerarse “excesivas” para la comunidad internacional y costosas y peligrosas para los países que las promueven y ejecutan.

 

 

En otras palabras, que al hablar de sanciones en la política de hoy, se habla de una guerra convencional instrumentada por otros medios y que si es cierto no producen finales tan rápidos y expeditos, si horadan la resistencia de quienes asaltan el poder ejecutivo de los gobiernos para fundar dinastías.

 

 

Si queremos informarnos del papel que juegan las sanciones en las confrontaciones de hoy, no tenemos si no que voltear y ver como se le están aplicando al terrorista Putin, cómo empiezan debelitándolo al restarle todo apoyo comercial, financiero y tecnológico con miras a minarle, primero, sus fuerzas armadas  y después buscando una reacción del pueblo ruso contra el terrorista si insiste en llevarlos a una guerra insensata.

 

 

En cuanto a las sanciones que desde Omaba le aplican los norteamericanos a Maduro, hay que aclarar que no son la causa de la devastación a que han llevado los socialistas al país y que, muy al contrario, si no se le hubieran aplicado, la destrucción de Venezuela sería peor.

 

 

A este respecto, quiero aclararle a los “abajo firmantes” de la “Lista de los 25”, que antes de la destrucción de Venezuela, el socialismo perpetró la de Cuba, y siguió con de la URSS, Europa del Este, China, y Corea del Norte, que es el troquel donde se estructuran satrapías  como la de Venezuela y que no hacen otra cosa que ardides para mantenerse en el poder e ir promoviendo réplicas que actuarían para perservar el modelo si el original tuviera tropiezos.

 

 

Lo cual no sucedería en Venezuela si los “abajo firmantes” de la “Lista de los 25” convencieran a Biden de quitarle las sanciones a Maduro, pues su régimen, tal como hicieron Raúl Castro y Diez Canel con Omaba cuando firmaron el famoso “Acuerdo” del 2016,  no haría otra cosa que seguir matando al pueblo de hambre, y desvastando la economía , mientras fortalece las fuerzas armadas y cuerpos represivos para continuar sometiendo al pueblo a una opresión que en poco se diferencia de la esclavitud.

 

 

En definitiva, que yo más bien le aconsejaría a los “abajo firmantes” de la “Lista de los 25”, enviarle una carta a Maduro donde se le exija que empiece liberando a los presos políticos, devolviéndole el status de legalidad a los partidos políticos democráticos que les ha arrebatado para entregárselo a unos maduristas disfrazados de “disidentes” y convocando unas elecciones generales para que este mismo año y con un CNE independiente, libre y honesto, el país elija a sus gobernantes legítimos.

 

 

Al otro día se encontrarían los socialistas,  y los “abajo firmantes” de la “Lista de los 25”, que Biden le ha levantado las sanciones a Maduro.

 

 

Manuel Malabar

Dostoyevski y la pérdida de la salud mental de Rusia

Posted on: abril 10th, 2022 by Laura Espinoza No Comments

 

 

Fue Fedor Dostoyevski el novelista que, en su gigantesca obra (y sobre todo en sus tres novelas fundamentales: “Crimen y Castigo”, “Los Hermanos Karamazov” y “Demonios”), advirtió que la influencia en Rusia de la filosofía de la Ilustración -y su producto más acabado, “la Revolución Francesa”- despeñarían al país de los Zares por un conjunto de traumas cuyo resultado final sería la introducción de un sistema totalitario, comunista y ateo.

 

 

Una profecía que, no obstante los 166 años que nos separan de su aparición en la novela donde la formuló por primera vez (“Crimen y Castigo”) es obligado mencionar cada vez que Rusia, Europa y  América aparecen empeñados en hacerla realidad.

 

 

Hoy, cuando los ejércitos de Wladimir Putin cumplen mes y medio de ocupación violenta de la República de Ucrania, no hemos encontrado todavía artículos y ensayos sobre la premonición  de Dostoyevski, pero el filósofo francés, André Glucksmann, le dirigió un largo ensayo a los meses de sucederse el atentado contra las “Torres Gemelas” de Nueva York el 11 de septiembre del 2001 (“Dostoyevski en Manhattan”. Grupo Santillana de Ediciones. Madrid. 2002), Albert Camus hurgó en su novela “Demonios” (1871) en el tuétano de sus protagonistas ( Verjovenski, Stravogin , Chigalev, Kirilov y otros) en “El Hombre Rebelde” (Aguilar. México. 1959) y Andre Gide al comentar su visita a la Rusia Soviética a comienzos de los 20 dijo que le “parecía estar leyendo una novela de Dostoyevsky.

 

 

Como no dudo que hubiera vuelto a comentar si resucitado se tropezara de repente con camarógrafos, entrevistadores  y gente  de a pie en las calles de Kiev, Jarkow o Mariúpol, los cuales, sin saber de quien se trataba, le hubieran enseñado sus heridas para recordarle que la profecía de Dostoyevski seguía cumpliéndose.

A ver, traigamos a escena a  Putin y a Raskolnikov, tan parecidos y compactos en eso de pensar y actuar como “superhombres”, porque decidieron que son superiores, el primero porque comanda el tercer ejército del planeta y el segundo porque “intelectualmente”  decidió que es un sujeto por encima del resto de los humanos y puede darse el lujo de matar a hachazos a una anciana usurera porque la considera “un piojo”.

 

 

La ejecución de un crimen o de miles, millones  de crímenes por una razón de supremacía, como fue Dostoyevsky el primer en reconocer y describir, 30 años antes que Nietzsche y prepararnos para  lo que veríamos en su más destacada proyección cuando Hitler publicó “Mein Kampf” y luego su pavoroso intento de hacerla realidad durante la II Guerra Mundial.

 

 

Pero esperen, que apenas estamos entrando en el glosario de asesinos que anticipó Dostoyevsky en “Crimen y Castigo” y “Demonios”, y entre los cuales, se había referido a otros en  “Los Hermanos Karamazov” (1879), trama de las más violentas y corrosivas que jamás he leido  y donde tres vástagos de un padre borracho, vil, inescrupuloso y sin límites en la comisión de delitos, es ultimado por uno los tres Karamazov, Iván, quien resulta ser un intelectual escéptico, cínico y ateo cuya consigna de vida es la frase: “Si Dios no existe, todo está permitido”.

 

 

Pero estamos hablando de desquiciados mentales individuales y no colectivos, como son los que aparecen en “Demonios”, una reseña casí periodística de los  miembros de una secta o partido político que se trasladan a un pueblo de provincia a ejecutar toda suerte de fechorías, para empezar y avanzar en la creación de una organización para el terror y donde no haya escrúpulos ni prejuicios para llevar a cabo los delitos más sofisticados, ni vulgares.

 

 

Se ha dicho, no sin razón, que en “Demonios” Dostoyevski hace de presentador en la historia del partido Bolchevique y que en sus páginas ya se pueden reconocer a Lenin, Stalin, Beria, Yagoda, Yezgov, Voroshilov y tantos militantes y criminales de uno de las estructuras  del horror mejor dotadas de la historia.

 

 

Aunque sin un ejército con tecnología de punta como el que sigue hoy a Putin en la destrucción de Ucrania, ni una organización global donde los recursos que le proporcionan al invasor la venta de gas y petróleo a Alemania y otros seis países de la Unión Europea, son las “razones” para que quienes cuentan con las armas y los hombres para detener las masacres, hayan tomado la vía más larga para lograrlo, como son las sanciones a la economía de Putín y el envío de armas a una resistencia ucraniana que cada día se percibe más agotada y exhausta.

 

 

Entre tanto, una pavorosa recesión económica bulle entre los males que traen en sus bagajes los invasores de la profecía de Dostoyevski, y ya no es solo la UE y EEUU quienes crujen por un futuro de hiperinflación, desabastecimiento y desempleo, sino que África, América Latina y parte de Asia, que no están involucradas en el conflicto, temen por unos años frente a una suerte de “Tercera Guerra Mundial” de nuevo cuño y que no precisa que estén en el blanco de un enemigo que  se vanagloria de tener bombas nucleares, sino solo  hacer parte de la clientela de los países beligerantes para sentir que se les mueve el piso de su indiferencia y neutralidad.

 

 

Una crisis global lanzada por un país del cual difícilmente se puede decir que hace parte de la civilización occidental (ni de ninguna otra),  porque,  cuando Europa y EEUU  hicieron el gigantesco esfuerzo de llevar adelante la revolución industrial durante los siglos XVIII y XIX , Rusi se mantuvo con una aristocracia y una religión que vivían de una servidumbre entre esclava y campesina y al momento de romper con siglos de atraso cuando se derrumbó el Zarismo durante su catastrófica derrota en la Primera Guerra Mundial, no optó por el capitalismo y la democracia, como propuso el presidente Woodrow Wilson de los Estados Unidos, sino por una revolución exportada de Europa y fundada por los alemanes, Marx y Engels, filósofos del comunismo ateo y contrario a la modernidad que la mantuvo por 70 años con un sistema ecómico y político cercano a la esclavitud del Mundo Antiguo.

 

Atraso, represión, miseria y anacronía de la cual pareció desprenderse Rusia y una suerte de mini imperio que dirigía, la URSS, por decisión del pueblo y sus satélites que destruyeron el comunismo y optaron por la democracia y el capitalismo, pero otra vez una búsqueda de la civilización fallida, porque los comunistas desmantelaron la trama socialista pero no abandonaron el estado, y desde la nueva estructura de poder, montaron grupos económicos corruptos, mafias criminales, pandillas de estafadores que son los que este momento sostienen la satrapía de Vladimir Putin.

 

 

Quien ha regresado al parecer a reclamar su imperio, al que el pueblo destruyó en 1990 y pretendió desaparecer para siempre, pero el dictadorzuelo quiere reinstaurar, usando como arma estratégica las materias primas que Europa más necesita como son el gas y el petróleo y una amenaza de guerra nuclear, con bombas que no salieron de laboratorios rusos sino de tecnologías y el uranio enriquecido contrabandeados del mundo occidental.

 

 

En definitiva que, una ironía tan desmesurada que esa si creo no hubiera salido de una imaginación desbordada y sin límites como la Dostoyevski.

 

Manuel Malaver

A un mes del intento de Putin de ocupar a Ucrania

Posted on: marzo 27th, 2022 by Maria Andrea No Comments

 

 

Me cuento entre los millones que creyeron que bastaría una semana, -o a lo sumo dos,- para que el ejército ruso ocupara a Ucrania y luego de un “tratado” que la reanexara al primer imperio “oficializado” en el “Siglo XXI”, partiera en dos la historia que nos prometía un mundo globalizado, pacífico y avanzando hacia la inteligencia artificial y la interconexión inalámbrica y digital.

 

 

El dictador Putin y la pandilla de políticos y militares que lo secundan decidieron, por el contrario, retrotraernos al Siglo XX, o quizá al XIX, a los tiempos en que, como en rapiña de buitres carroñeros, potencias, semipotencias o casi potencias inundaban de sangre la tierra para repartírsela entre príncipes, reyes y emperadores.

 

Pero sin pensarlo ni esperarlo llegamos a las dos últimas guerras mundiales, la Primera y Segunda, en las cuales la carnicería y la sangre derramada llegaron a tales volúmenes y niveles que los sobrevivientes, por primera vez en la historia, concluyeron en un planeta de paz, unión y fraternidad de la que derivara una suerte de gobierno mundial, la ONU (Organización de Naciones Unidas)  que funcionara como un foro donde se conocieran, discutieran y resolvieran los conflictos antes de empezar.

 

 

Y así ha sucedido algunas veces, menos cuando los involucrados en los choques forman parte del llamado Consejo de Seguridad de la ONU, que es la cúpula de los países ganadores de la II Guerra Mundial (EEUU, Rusia, Francia e Inglaterra y China que fue agregada posteriormente) y hacerse guerras o hacérsela a otros, sin que el resto de los países integrantes de la organización (unos 190) pueda evitarlo.

 

Esa es la situación de Ucrania. Invadido desde hace un mes por un país que es miembro del Consejo de Seguridad de la ONU, igualmente sin posibilidad de recibir una ayuda militar efectiva por parte de Unión Europea, ni de la OTAN (multilaterales de las cuales no hace parte) y, por tanto, obligada a hacer frente sola y con la única fuerza de su Ejército y sus 40 millones de habitantes, a una potencia bárbara, aislada desde hace décadas al ordenamiento jurídico internacional, que envía a terroristas a envenenar opositores en otros países, que ya hizo guerras de tierra arrasada contra Georgia y Chechenia, que es convicta de destruir con un bombardeo a la ciudad siria de Alepo, y ahora pretende imponer su báculo imperial y expansionista anexando y destruyendo a Ucrania.

 

 

Y todo mientras un comercio abundante y fluido con países clave de la UE, como Alemania, al cual suministra el 80 por ciento de su consumo de petróleo y gas, sin contar que maderas, oro, artículos de ornamentos y de útiles para vivienda y fábricas ruedan a lo largo y ancho de miembros de ONU y la UE que deben aceptar de brazos cruzados la pretensión de reducir a polvo la resistencia de uno de los países de la Europa y Asia modernos.

 

Criminalidad que ya dura un mes y sin que se vean señales de que los ejércitos de Putin puedan regresar a casa a preparar nuevas agresiones contra naciones soberanas que no le merecen confianza ni simpatía y se vea animado a recrear aquel imperio que pretendieron hacer Lenin y Stalin con los resultados de todos conocidos.

 

 

Porque a diferencia de lo que esperamos muchos, el pueblo ucraniano sin el apoyo militar de los EEUU, de la Unión Europea, ni la OTAN, ha enfrentado a Putin y sus ejércitos y no una guerra relámpago, ni de una, dos o tres semanas, sino de cuatro tiene a los invasores realmente comprometidos con el miedo que de resultar una guerra larga, termine defenestrando al gobierno del dictador eslavo y su pandilla de militares y civiles y no al del presidente Volodomir Zilensky y su pueblo.

 

 

Milagros se le han visto hacer a los ucranianos en estas semanas en ciudades como Mariúpol, Odessa, Zaporiyia, Jarkov y Kiev, sujetas al hostigando de bombardeos y ataques terrestres noches y días, pero sin que hasta ahora pueda decirse que alguna de ellas haya sido tomada por los invasores rusos.

 

 

Han provocado la muerte, eso sí, de casi 3 mil de sus defensores y la búsqueda de refugio de 3 millones de ucranianos hacia los países vecinos (Polonia, Moldavia, Rumanía y la República Checa) sin contar los invaluables daños a la infraestructura física, pero la Ucrania, la heroica Ucrania sigue ahí, de pie y sin síntomas de que en ningún momento dejará el campo de batalla.

 

 

Del otro lado, un ejército ruso que pierde velocidad y eficacia en sus ataques, con bajas que se acercan a los 2000 soldados, la pérdida de equipos aéreos, terrestres y marítimos que ya producen atascos en algunos espacios del frente, en tanto el abastecimiento en alimentos, combustible y falta de repuestos es cada día más dramático.

 

 

En definitiva que, frente a la perspectiva de una guerra a mediano o largo plazo, Rusia puede verse en pocas semanas paralizada por las sanciones de la UE, Estados Unidos y otros países de América, Asia y África en una grave crisis de desabastecimiento alimentario, sin acceso a los mercados financieros internacionales, con millones de rusos huyendo del país, fábricas y fincas abandonadas y más y más gente protestando y exigiendo el fin de la guerra y del gobierno del dictador Putin.

 

Una auténtica victoria para el pueblo ucraniano que, no obstante, tendrá que enfrentar y resolver su crónica crisis interna postsoviética, que ya se alarga por dos décadas y que alcanza problemas políticos, sociales, económicos y de gobernabilidad.

 

 

Entre otros, la normalidad en sus relaciones con tres millones de rusos que habitan la región del Donbás, que aspiran a ser reconocidos como una república independiente y con facultades para tomar el destino con relación a su Madre Patria, Rusia, que decidan sus habitantes.

 

 

En lo que toca a Europa, a EEUU y al conjunto del Mundo Occidental, el choque entre Ucrania y el país que pretende rediseñarle su destino, Rusia, es evidente que introduce cambios en la Agenda del “Nuevo Orden Mundial” que ya desde la ONU y el Foro de Davos, se daba como el nuevo formato o reseteo que debía tomar el planeta, transformando conceptos tradicionales como la relación de la pareja humana, la naturaleza de la familia, la ideología de género y una actitud más abierta o permisiva con relación al aborto.

 

 

En definitiva, un avance o retroceso que el tiempo dirá su racionalidad, porque en lo que toca a la naturaleza humana, es difícil que se le tome como un “conejillo de India” de laboratorio.

 

 

Manuel Malaver

Putin, un dictador tras la restauración del imperio de Zares

Posted on: marzo 6th, 2022 by Laura Espinoza No Comments

 

Al hurgar en la carrera política de Vladimir Putin nos encontramos que, durante los primeros años de su carrera, no pasó de ser un funcionario medio del KGB y el resto un agente activo que trabajó ardorosamente en la caída del comunismo hasta llegar  a ser uno  de los hombres de confianza del hoy casi olvidado presidente, Boris Yelsin.

 

 

Fueron tiempos de caos, anarquía, disolvencia y desestabilización cercanas a un Apocalipsis, como quizá solo se habían vivido en Alemania después de la derrota del Nazismo, pero que, sorpresivamente, no tomaron la vía de las matanzas, de los pogroms, de los ajustes de cuentas y persecuciones típicos de tales terremotos, sino más bien el forcejeo entre facciones políticas civilizadas que convinieron en desmontar el Imperio Soviético y la URSS y sustituirlos por la experiencia política y económica que hacía furor en los 90: la democracia constitucional y de economía capitalista y de mercado abierto.

 

Hubo, por supuesto, una Primavera, y una activísima ola de acuerdos entre los satélites que se desencajaban de la órbita soviética y los países líderes de la “Guerra Fría” del lado democrático que los patrocinaban, como podían ser Estados Unidos, Alemania, Francia y Gran Bretaña, cuyos estados de ánimos era de euforia, ya que la unidad había destruido en paz “un muro” que, por lo menos una vez, (durante la crisis de los cohetes en Cuba en 1962)  tuvo al planeta al borde de la extinción total.

 

 

Del otro lado, del lado exsoviético, también se respiraba euforia y todas las apuestas se hacían a que la vasta tierra rusa liberada del comunismo y del totalitarismo, emprendería la vía de la democracia constitucional y el capitalismo del mercado para que otra vez se situara en el exclusivo y privilegiado club de las “potencias mundiales”.

Pero si hasta un filósofo de la historia norteamericano, de origen japonés, Francis Fukuyama,  escribió un ensayo con un título que haría época, “El fin de la historia”, prediciendo que el fin del “Imperio Soviético” era el triunfo definitivo y total del capitalismo democrático y de mercado y no había sino que esperar la tierra prometida en la Biblia donde solo se derramaba “leche y miel”.

 

 

Lo cual resultó, no en  una profecía, sino en otra utopía. Porque al poco tiempo de instalarse la “democracia capitalista” en la exUnión Soviética empezó un orden de conflictos que, no se referían a las oposiciones políticas restauradoras que pudieran apelar a recursos armados para boicotear el “nuevo orden”, sino a la incapacidad de la burocracia para acoger y adaptarse a la cultura capitalista para hacerla “impracticable”, llevarla hasta la gente con lo peor de sus efectos y resultados y entonces abrirle paso a una corrupción que no se conocía desde los días más empobrecedores y envilecidos de los Zares.

 

Rusia, entonces, y el pueblo ruso en consecuencia, en manos de un presidente dipsómano como Boris Yelsin y una cleptocracia que era la misma que había cometido las atrocidades del comunismo, no podía sentir ninguna ganancia con los cambios y poco a poco se fue filtrando la idea de que “con los comunistas se vivía mejor”.

 

 

Particular mención tendría que hacer a la aparición de “las ultra corruptas mafias rusas” y que se originaron en la riqueza que cayó en manos de particulares y hombre públicos involucrados en el proceso de la privatización de las empresas del estado que, formalmente eran vendidas a precios irrisorios pero en la práctica por sus costos reales que iban a parar a manos de funcionarios como fueron los casos de Lukoil y Gazprom.

 

 

Tendría que hacer referencia también a como las conquistas que se le lograron con el nuevo régimen, como pudieron ser la libertad de expresión y las elecciones generales libres, independientes y auditables para nombrar la nueva maquinaria gubernamental fueron corrompiéndose, hasta convertir el proceso que llevó a una antigua autocracia que había durado 500 años, pasando otros  70 en manos de otra autocracia de comunistas utópicos, en una farsa, en una democracia y un capitalismo de pandilleros que, lógicamente, perdieron el apoyo con que empezaron a construirse en las mayorías populares.

 

 

Pero en el horizonte esperaba un hombre, un caudillo autoritario, un exfuncionario medio de  la KGB que se había plegado, primero, a las huestes de Gorbachov y después de Yelsin para derrocar el comunismo y había participado en todos los avatares para sustituir la URSS en una nueva Rusia, hasta que Yelsin lo propuso para sucederlo en el poder en 1998, que había mirado y observado y evidentemente que ascendió al poder con la idea de regresar a otra Rusia, que no era la postcomunista, ni la comunista.

 

 

Vladimir Putin, un ruso más bien callado, tranquilo, apaciguador que no hizo nada por mejorar la situación económica y social que siguió deteriorándose, apareciendo a veces en conflictos regionales como el sirio y buscando clientes para sus industrias de guerras que empezaron a recomponerse, lo cual explica su cercanía con los gobiernos de izquierda de América Latina, y con gobiernos y movimientos fundamentalistas como los islámicos.

 

 

Pero Putin no es socialista, ni capitalista, ni populista. Es más bien partidario de un modelo nacionalista que patrocine una economía patrimonial, donde el Estado se reserve la última palabra sobre la propiedad privada pero sin perjudicar ni intervenir a los particulares.

 

Una economía patrimonial, diría Richard Pipes, quien en un texto magistral, “Propiedad y Libertad”, usa el término para explicar por qué la “libertad” nació en Inglaterra y por qué nunca ancló en términos occidentales en Rusia.

 

 

Y cayendo en esta posible nostalgia de Putin por los viejos Zares habría que explicarse por qué su primera aparición en la escena internacional es por un problema territorial con un país exsoviético, Ucrania, último espacio o estación con los países de Occidente que Stalin se había anexado después de la “Segunda Guerra Mundial” y se había perdido en los 90 con la caída del “Imperio Soviético”.

 

 

Ucrania, el país donde nació Rusia, pues vio pasar aquellos escandinavos, los Rus, que fundarían la gran potencia de Asia central, pero también a las tropas napoleónicas y hitlerianas que la invadieron y también para los que se atrevan a hacerlo si el país es parte de la OTAN y es el único país de tierras planas y clima cálido con el cual se nutre de trigo al otrora gigante comunista.

 

 

Un país multiétnico en el cual hay tres millones de rusos en la región de Dombás, y que es un pretexto que Putin está utilizando, como a los rusos de Abjasia y de Osetia del Sur, para declararle la guerra a Georgia en 2008, cuando al igual que Ucrania, manifestó su decisión de pedir su ingreso en la OTAN.

 

 

Ya la invasión de Ucrania por Rusia lleva 10 días, y por los resultados solo se siente un choque que si Putin pensaba podía ser una “guerra relámpago” se cuenta como una guerra de posiciones donde los rusos no terminan de imponerse ni los ucranianos de expulsarlos.

 

 

La salida entonces que surge en el horizonte es una negociación donde los rusos tratarán de imponer la salida del actual presidente Zelenski y los ucranianos de dar garantías de no exigir su ingreso en la OTAN.

 

 

Pero más allá de estos resultados, la esfera de los acontecimientos internacionales toma un nuevo giro con una potencia nuclear planteando sus exigencias al mundo democrático y liberal y el mundo democrático y liberal discutiendo si se los da o mantiene el forcejeo con el heredero de los Zares.

Manuel Malaver