Los bodegones de gasolina

Posted on: marzo 11th, 2021 by Laura Espinoza No Comments

A principio de la década de los 90 había tenido lugar la invasión de Saddam Hussein a Kuwait. Iraq fue obligada por una Alianza Árabe Occidental a retirarse pero, antes de hacerlo, incendió cerca de 800 pozos petroleros kuwaitíes y las Naciones Unidas le aplicó un embargo petrolero a Iraq. El mundo se quedó sin el petróleo de Iraq y sin el de Kuwait. La escasez era aguda.

 

 

Los mercados petroleros hicieron lo que siempre habían hecho: voltearon la mirada hacia Venezuela, considerada todavía como el abastecedor de petróleo más seguro y confiable del mundo.

 

 

Venezuela atravesaba por una severa crisis económica y financiera que había acabado con la mitad de los bancos del país. Necesitaba aumentar su producción petrolera para atender su propia crisis y los mercados le demandaban ese petróleo.

 

 

Pero esa vez no podía hacerlo. Años atrás se había nacionalizado la industria y, aun disponiendo de enormes reservas petroleras, el Estado carecía de los recursos para hacer las inversiones requeridas.

 

 

Eso condujo a la Apertura Petrolera. El proceso fue complejo y cumplió exhaustivamente todos los extremos legales. Se comenzó por pedirle a la Corte Suprema de Justicia que definiese los mecanismos que, sin violar la nacionalización, permitiesen la incorporación de capitales privados a la industria.

 

 

Allanado el camino jurídico, se le pidió al Congreso Nacional que fijase las bases mínimas de negociación. Se procedió a un programa de licitaciones, públicas que fue modelo de transparencia (se transmitía en vivo por TV), para asignar las distintas modalidades de contratos. Posteriormente, cuando fue necesario, se devolvieron los contratos ya suscritos al Congreso para que comprobase que se ajustaban a las bases aprobadas por ellos. Más adelante la CSJ ratificó su validez jurídica con motivo de una demanda de nulidad solicitada por Chávez. De haberse respetado aquellos contratos, Venezuela debería estar produciendo hoy más de 5,5 millones de barriles diarios, pero apenas alcanzamos actualmente 400.000 b/d.

 

 

Como parte de la Apertura se abrió el mercado doméstico de gasolina a inversionistas privados mediante contratos públicos, y vimos aparecer infinidad de estaciones de servicio Texaco, BP, Shell, Mobil, Trébol, Llano Petrol y otras marcas venezolanas.

 

 

Un grupo político encabezado por un teniente coronel cuya causa había sido sobreseída después de una intentona militar fallida, se transformó en el adalid contra la Apertura. Acusó a la dirigencia petrolera de traidores a la patria y de entregar el petróleo.

 

 

Al llegar al poder en 1999, se dedicó a desmontarla. Despidió después a más de la mitad del personal de PDVSA y, a pesar de inmensos ingresos petroleros que recibió producto de un aumento nunca antes imaginado de los precios del petróleo (por razones ajenas a Venezuela), dilapidó esos recursos en un frenesí de populismo y corrupción.

 

 

Curiosamente, dirigentes de aquel mismo grupo político aún en el poder, han aprobado una “Ley Antibloqueo”, que oficializa el secreto y los exime de licitaciones y otros procesos que garanticen los intereses de la República.

 

 

Están anulando unilateralmente las concesiones que existían para el manejo de muchas gasolineras y entregándoselas a un grupo de inversionistas que nadie conoce y de espaldas del país. Por supuesto, en ellas se vende solamente gasolina cuyo precio se fija en dólares.

 

 

Los surtidores de gasolina son comprados a un solo proveedor chino, lo cual aumenta las sospechas de que allí pueda existir un chanchullo y, a la vez, en las tiendas de conveniencia de que disponen, se venden todo tipo de chucherías importadas (prácticamente nada nacional) y desde luego cualquier variedad de licores importados, desde cervezas hasta whisky de 21 años.

 

 

Preocupa qué irán a hacer, valiéndose de esa misma Ley Antibloqueo, con el resto de la industria petrolera y otros bienes del Estado. ¿Dónde habrán quedado sus posturas ultranacionalistas?

 

 

Aquel mismo grupo ultroso que dio al traste con la Apertura Petrolera y que acusó de traidores a la patria a sus promotores, se ha transformado hoy, en asociación con no sabemos quién, en promotores de unos de los mecanismos menos transparentes que conocemos: los bodegones de gasolina.

 

 

 

 José Toro Hardy

Citgo y los bonos 2020

Posted on: octubre 10th, 2019 by Laura Espinoza No Comments

 

Pdvsa, que antes del advenimiento de la revolución había sido la menos endeudada entre las grandes transnacionales petroleras del mundo, experimentó con la llegada del chavismo una transmutación profunda que la llevó a niveles de degradación inimaginables.

 

 

Comprendiendo que la vieja meritocracia no se prestaría a sus manejos, procedió Chávez a ponerles trampas a sus trabajadores en las cuales, según sus propias  palabras, “ellos cayeron”. Fueron a un paro y él aprovechó para despedir a cerca de 20.000, la mitad del personal de Pdvsa, que por tener 15 años en promedio de servicios a la industria acumulaban 300.000 años de experiencia y conocimiento.

 

 

De ahí en adelante a la empresa la politizaron, la devastaron, le cambiaron su misión, la corrompieron, en suma, la destrozaron.

 

 

La sed de recursos del régimen era insaciable. A pesar de que los precios petroleros alcanzaron en esos años su máximo histórico, nada alcanzaba para cubrir los planes demagógicos de aquel grupo de advenedizos que se había hecho con el poder. No bastó el ingreso petrolero, ni el abultado ingreso fiscal, ni el endeudamiento brutal en que incurrió el Estado. Puesto que Pdvsa contaba con mejor rating crediticio que la nación, procedieron a sobreendeudar a la empresa, no para utilizar esos recursos en sus propios planes, sino para arrojarlos a la vorágine populista que brotaba de una mente extravagante que pretendía extender su revolución a toda Latinoamérica.

 

 

¡Pobre Pdvsa! ¡La destruyeron!

 

 

Llegamos así a finales del año 2016. Pdvsa venía ya incumpliendo con pagos a sus proveedores y contratistas, pero el principal problema eran dos emisiones de  bonos que vencían una en abril y otra en noviembre de 2017.

 

 

Propone la empresa canjear bonos de esas emisiones por 7.100 millones de dólares por otros que vencerían en 2020. Los mercados no aceptaron la oferta porque entendían que la empresa no podría cumplir.

 

 

Finalmente, Pdvsa se conformó con canjear bonos por un valor de  2.799 millones de dólares que vencían en 2017, entregando a cambio otros que vencerían en 2020 pero con un valor de 3.367 millones de dólares, perdiendo la diferencia. Además, ofreció un interés tan elevado que solo se ve en los llamados “bonos basura”. Como consecuencia de todo lo anterior, la tasa interna de retorno para quienes aceptasen el canje alcanzaría un insólito 19,8% en dólares. Y en vista de que ni aún así los mercados tenían confianza, procedieron a ofrecer la mayor de las barbaridades: un colateral que garantizase el pago consistente en 50,1% de las acciones de Citgo, o sea, el control de la empresa.

 

 

El 27 de diciembre de 2017 la Asamblea Nacional tomó cartas en el asunto. Expuso que Pdvsa ya estaba sobreendeudada, con lo cual no bastaba con canjear unos bonos que la endeudarían aún más. Planteaba que era necesario renegociar toda la deuda de Pdvsa y además objetó fuertemente la garantía colateral con acciones de Citgo. Las posiciones de la AN fueron publicadas y ampliamente difundidas.

 

 

A pesar de ello, el régimen siguió adelante con la operación, pasando por encima de la Asamblea. Quienes aceptaron canjear los bonos lo hicieron a sabiendas de la debilidad jurídica de aquel canje. Tal debilidad se puso aún más de manifiesto cuando el 25 de octubre la Sala Constitucional, actuando como Jalisco -que si no gana, arrebata-, coartó las atribuciones constitucionales de la Asamblea Nacional.

 

 

En 2018 el gobierno de Estados Unidos comenzó a bloquear ciertas operaciones del régimen venezolano y de Pdvsa. Sin embargo, la Oficina del Tesoro (OFAC) emitió la Licencia General número 5, que permitía a los tenedores de los bonos 2020 -que como dijimos tienen como colateral 50,1% de las acciones de Citgo-  tomar el control de la empresa si Pdvsa no cumplía con el pago.

 

 

Con posterioridad, Estados Unidos reconoció como presidente encargado al presidente de la Asamblea Nacional, cuyas primeras medidas estuvieron destinadas a proteger a Citgo. Procedió Guaidó a solicitar formalmente la revocatoria de la Licencia General número 5 emitida por la OFAC.

 

 

En respuesta, en agosto de 2019, el presidente de Estados Unidos bloqueó todas las propiedades del régimen, incluida Citgo, es decir, no se puede traspasar la propiedad de esos activos. En teoría, esto debería protegernos temporalmente.

 

 

El caso es que el próximo 27 de octubre vence una cuota de esos bonos 2020 por un monto de 913 millones de dólares. Existen dudas acerca de cuál de las disposiciones prevalece en este caso: si la Licencia General número 5 emitida por la OFAC que autorizaría a los tenedores de esos bonos a tomar el control de Citgo, o la disposición del presidente Trump que bloquea las propiedades del régimen, incluida Citgo. Ambas disposiciones se contradicen entre sí.

 

 

Se trata de un asunto de vital importancia por cuanto podría llevarnos a perder el control de Citgo en cuestión de semanas. Una cosa está clara: la culpa de esta tragedia recae sobre quienes irresponsablemente endeudaron a Pdvsa y después dieron en garantía a Citgo.

 

 

@josetorohardy

Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis: Corrupción, incompetencia, dogmatismo e ignorancia

Posted on: octubre 5th, 2019 by Laura Espinoza No Comments

En 1998 había alcanzado el poder en Venezuela, vía electoral, un militar retirado en cuyo récord se encontraba una intentona de golpe de estado y su desprecio por la democracia.

 

 

Aunque sus ideas parecían un ventorrillo de incoherencias y su formación era pobre, su elocuencia fue capaz de hipnotizar amplios sectores de la población.

 

 

Llegó así a la presidencia. A la locuacidad del aventurero se le sumó un golpe de suerte excepcional. A partir del año 2000 estalla un “súper ciclo de commodities”, fenómeno que sólo ha ocurrido cuatro veces en doscientos años en el mundo. El precio de todas las materias primas, particularmente del petróleo, se disparó a niveles nunca antes soñados por un lapso de tiempo casi tres veces mayor al de un ciclo económico convencional. Era como un incontenible maná caído del cielo.

 

 

Los años de abundancia no fueron aprovechados por el líder para crear una economía sustentable. “Exprópiese, exprópiese” fue su lema. Mediante un populismo exacerbado se concentró en tres objetivos: demoler la institucionalidad (incluyendo la militar), crear un partido político que pudiese garantizar el control del poder indefinidamente y destruir el aparato productivo -no sé si por dogmatismo o incompetencia- quizá para crear una dependencia absoluta con respecto al Estado.

 

Aquel líder falleció y su sucesor no reúne las condiciones mínimas. Además, el “súperciclo de commodities” llegó a su fin y a la caída de los precios del petróleo se le suma la vertiginosa debacle de la producción, resultado de la incapacidad absoluta de quienes han manejado la industria.

 

 

El fin del referido ciclo ya se llevó por delante a casi todos los viudos del Foro de São Paulo: Lula, Dilma, Fernando y Cristina Kirshner, Rafael Correa, Fernando Lugo y Zelaya. Quedan otros que a juzgar por los acontecimientos pudieran estar de salida.

 

 

Cuatro Jinetes del Apocalipsis destruyeron a Venezuela en las últimas dos décadas: la corrupción, la incompetencia, el dogmatismo y la ignorancia.

 

En medio de un autoritarismo creciente, en poco más de cuatro años el PIB se ha reducido a la mitad. La hiperinflación es la más alta del mundo. Un déficit fiscal inmanejable cubierto con dinero inorgánico del  BCV, que no hace más que arrojar gasolina al devastador fuego de la hiperinflación. La industria petrolera, que aporta el 96% de las divisas, aniquilada. El cierre de miles de industrias. La expropiación de más de seis millones de hectáreas que antes eran productivas y ya no lo son, dando lugar a una brutal escasez de alimentos que sumada a la falta de medicinas y al colapso de los servicio de salud, nos sume en una profunda crisis  humanitaria. El default en el pago de la deuda y sus consecuencias. La destrucción del signo monetario. El colapso de los servicios públicos. El creciente número de arbitrajes perdidos y el riesgo de perder activos vitales como Citgo. El empobrecimiento incontenible de la población y la migración masiva de millones de venezolanos.

 

 

A todo ello hay que  agregar un aislamiento internacional sin precedentes. Infinidad de países se niegan a reconocer la legitimidad de un presidente surgido de unas elecciones anti democráticas. Y, además,  el inmenso peso moral de las palabras de nuestros Obispos que también desconocen la legitimidad del régimen.

 

 

Sólo faltaba un elemento: el pueblo en la calle. Para el momento en que este artículo sea publicado, ya habrá pasado el 23 de enero. Será un día decisivo a partir del cual, pase lo que pase, la cadena de acontecimientos luce indetenible. El país se está uniendo en torno a la incuestionable legitimidad y autoridad moral de la Asamblea Nacional y de su presidente, Juan Guaidó. Todos esperan que ese día Guaidó se juramente. Si llega a hacerlo frente a una concentración de ciudadanos que se espera pueda batir récord, no cabe duda que contará también con el respaldo mayoritario de la comunidad internacional.

 

 

Históricamente la legitimidad ha sido la clave que determina el veredicto final de quienes detentan el uso de las armas. Pérez Jiménez o Fujimori creyeron hasta el final que esas fuerzas les eran incondicionales. Lo fueron hasta que dejaron de ser legítimos. Después perdieron su apoyo.

 

Ninguno de los elementos antes mencionados, individualmente, parecía capaces de producir el cambio que anhelan las mayorías. Sin embargo, la suma de todos ellos augura finalmente un rumbo.

José Toro Hardy

¿Vendrán los chinos?

Posted on: septiembre 13th, 2019 by Laura Espinoza No Comments

 

Desde hace tiempo escuchamos a personeros del régimen ufanarse de las alianzas internacionales que han desarrollado y de cómo ellas acudirán ahora en su defensas. Tales alianzas formaban parte de una nueva estrategia geopolítica contemplada en el Plan de la Patria, enmarcada en la construcción de un mundo multipolar. Tratemos de analizar caso por caso.

 

 

En este artículo comenzaremos por analizar el caso de China, que es la potencia que durante mucho tiempo más parece haber apoyado al gobierno de Hugo Chávez. En próximas entregas analizaremos también el caso de Rusia y de Turquía.

 

Urgida la potencia asiática de las materias primas y el petróleo que requería su acelerado crecimiento económico, estableció importantes vínculos con Latinoamérica y particularmente con Venezuela, país al cual otorgó financiamientos que llegaron a superar los 60 mil millones de dólares, contemplados dentro del llamado Fondo Chino.

 

 

Buena parte de esos financiamientos sólo servían para comprar productos chinos, por lo cual el país se llenó de todo tipo de productos de ese origen, incluyendo autobuses, carros, celulares, electrodomésticos y toda la quincallería imaginable, además de tres satélites cuyo uso superaba las necesidades del país.

 

 

A su vez, las empresas chinas se beneficiaron de infinidad de contratos de obras públicas tales como ferrocarriles y especialmente con la asignación de enormes contratos petroleros en la Faja del Orinoco, incluyendo una refinería en Cabruta, con una inversión estimada en unos 13.000 millones de dólares, que nunca se construyó.

 

Ese fue el mismo destino de muchos de esos contratos que no llegaron a completarse y en muchos casos ni siquiera a iniciarse. Entonces Dagong Global Credit, la calificadora de riesgos soberanos de China, encendió la alarmas con respecto a la grave situación económica, política y social en Venezuela.

 

 

Ante el incumplimiento de la parte venezolana y la arremetida de corrupción desatada, China interrumpió el desembolso de dinero fresco. Se comprometió entonces el régimen a pagar con envíos de petróleo, pero tampoco ha cumplido con ellos.

 

 

De paso la situación de la economía china ha cambiado. Después de haber crecido durante 28 años a tasas de dos dígitos, hoy en día su PIB apenas alcanzó un crecimiento del 6,2%, el más bajo en 30 años. A la vez su endeudamiento es enorme, superando los 40 trillones de dólares, lo cual triplica su PIB.

 

 

Su economía depende en gran medida de las exportaciones. Pero hoy enfrenta una guerra comercial con los EEUU. El comercio bilateral EEUU – China es del orden de los 633.500 millones de dólares. Ambas naciones se amenazan mutuamente con aumentos sustanciales de aranceles.

 

 

Grandes empresas habían invertido en China para favorecerse de sus menores costos de producción y así ser más competitivas en los mercados internacionales. Sin embargo, bajo las circunstancias actuales, son numerosas las que están optando por migrar, afectadas también por la transferencia de tecnología obligatoria a que son sometidas.

 

 

Tratando de atenuar los niveles de incertidumbre, las autoridades chinas sostienen que solamente el 20% de su PIB depende de las exportaciones. Sin embargo la realidad interna tampoco luce alentadora. Los bancos chinos financiaron la construcción de miles y miles de viviendas que no han podido venderse y que están vacías, contribuyendo a aumentar el riesgo de la banca privada. Según la revista Real Clear Politics, el crédito interno de la banca privada equivale a 161% del PIB. La morosidad es elevadísima. Se teme pues que la economía china pueda enfrentar una nueva crisis como la que padeció toda la región en 1997 y 1998.

 

Al analizar los planteamientos anteriores resulta evidente que China ni está en condiciones ni está dispuesta a lanzarse a la aventura de salir en defensa de un régimen como el venezolano, que de paso no ha cumplido con los compromisos que asumió.

 

 

Un caso concreto de estos incumplimientos acaba de ponerse en evidencia a raíz del anuncio por parte de la contratista china HQC de interrumpir los trabajos de ampliación de la producción de Sinovensa, en Jose, alegando el atraso en el pago de 52,12 millones de dólares. HQC es la filial de ingeniería de China National Petroleum Corporation (CNPC), la más importante empresa petrolera del gobierno chino.

 

 

Sinovensa es una empresa mixta entre CNPC y PDVSA que opera en la Faja del Orinoco. El proyecto paralizado tenía por objeto aumentar la capacidad de procesamiento de crudos pesados de 105.000 a 165.000 barriles diarios.

 

 

De paso PetroChina, filial también de CNPC, suspendió la compra de petróleo a PDVSA para evitar incurrir en sanciones de los EEUU.

 

 

Vemos pues que las alianzas geopolíticas en las cuales el gobierno venezolano había depositado tantas esperanzas no parecen estar cumpliendo con sus expectativas.

 

 

Se comenta en medios especializados que chinos y rusos están dispuestos a hacerse a un lado y que están en negociaciones con los EEUU a fin de que se les garanticen sus intereses en Venezuela en caso de producirse un cambio político en el país.

 

 

 

José Toro Hardy

@josetorohardy

Cuando los hijos se van

Posted on: agosto 22nd, 2019 by Laura Espinoza No Comments

 

 

Mis temas usualmente tienen que ver con la economía, el petróleo y la geopolítica. Hoy me quiero referir a una materia diferente, pero que está estrechamente vinculada a los tópicos anteriores.

 

 

Según cifras proporcionadas por las Naciones Unidas, más de 4 millones de venezolanos han emigrado desde 2015 y advierten con preocupación que muy pronto esa cifra podría duplicarse.

 

 

Nuestros compatriotas se van huyendo de la crisis económica, de la inseguridad y de las múltiples tragedias inducidas por los Cuatro Jinetes del Apocalipsis que asolan nuestra patria: la corrupción, el dogmatismo, el populismo y la incapacidad.

 

 

Su bestial presencia ha desatado una destrucción sin precedentes de lo que antes fue una de las economías más prósperas del continente. De hecho, entre 1920 y 1980 Venezuela fue la economía de mayor crecimiento en el planeta y nuestra moneda, junto al franco suizo, la más sólida del mundo.

 

 

Cada golpe de espada de esos cuatro engendros ha sido capaz de descabezar sectores enteros de nuestra economía, tal como ocurrió con la industria petrolera; la agricultura, dejando una secuela de hambre, escasez y desnutrición;  la salud, con la consiguiente estela de muertes y enfermedades;  los servicios públicos, dejando sin electricidad y sin agua a ciudades enteras; la educación, con lo cual se vacían escuelas y universidades que se quedan sin maestros, profesores ni alumnos; el sector manufacturero, generando el cierre de miles y miles de industrias donde antes se fabricaba la prosperidad de Venezuela.

 

 

En fin, como suerte de Gengis Khan, cuyas hordas no dejaban nada a su paso, estos Jinetes del Apocalipsis lo han destrozado todo, matando, robando y saqueando sin contemplaciones y engañando a un pueblo al que hicieron creer que eran unos redentores, cuando en realidad no son más que una abominación surgida de los avernos del odio, el resentimiento y la falta de valores.

 

 

Pero no quiero insistir en datos ni cifras que, aunque devastadores, no alcanzan a describir  la magnitud de la tragedia medida en la escala que más cuenta: el sufrimiento humano.

 

 

Me refiero al sufrimiento de los que se ven obligados a dejarlo todo huyendo, en condiciones precarias, hacia un futuro incierto, buscando en otras tierras lo que la suya les negó.

 

 

Me refiero al sufrimiento de los padres que acompañan a sus hijos al aeropuerto, pero sin saber si podrán volver a verlos. A las familias desgajadas, repartidas en varios países que van a luchar en lugares donde no tienen raíces y donde, por tanto, se les hace mucho más difícil conseguir las metas que en su propia patria hubiesen estado a su alcance.

 

 

Me refiero al sufrimiento de una sociedad que se sentía orgullosa de su historia, que había llevado la libertad a otras naciones vecinas, una sociedad que había acogido con generosidad a quienes venían huyendo de sus propias tragedias, pero que hoy con frecuencia son percibidos como una carga por aquellos mismos que alguna vez habían acogido.

 

 

Me refiero al sufrimiento de algunos abuelos que se han quedado huérfanos de hijos y de nietos, y que se levantan cada día paralizados sin la ilusión de recuperar aquella vida en familia que antes era la razón de ser de una lucha cotidiana. A la angustia de saber que cada hijo está librado a su propia suerte y que la suerte de uno mismo está atrapada dentro de un torbellino caótico de acontecimientos absurdos que nunca han debido ocurrir.

 

Me refiero a la frustración por los logros y las oportunidades perdidas. A la incertidumbre que omnipresente llena los espacios antes ocupados por la esperanza.  Al abatimiento que cada mañana embarga a muchos al despertarse con la sensación de que todo lo que hubiera podido ser se les está escapando como sal y agua entre manos impotentes que antes eran capaces de labrar con esfuerzo un porvenir lleno de compensaciones.

 

 

¡Pero no! ¡Basta! Lo anterior no es más que pensamientos negativos que nos embargan en ocasiones. En verdad, todo indica que el tan anhelado cambio está a punto de producirse. Vivimos en un país lleno de oportunidades que puede y debe volver a ser el país del futuro. Ese país donde todo está por reconstruirse, donde sabemos lo que hay que hacer para devolverlo a la senda del progreso y donde también conocemos por dolorosa experiencia los errores que ya no debemos repetir en el futuro.

 

 

El drama que vivimos está llegando a su fin. Las condiciones se están dando. La crisis económica, el fracaso y la impopularidad del régimen, así como la reacción de la comunidad internacional, permiten ver la luz al final del túnel.

 

 

Con sólidos argumentos, el Barclays Bank de Londres considera que en Venezuela se producirá el mayor boom económico de Latinoamérica durante los próximos cinco años.

 

 

Como es lógico esperar, la gente –en particular, los jóvenes– van hacia donde están las oportunidades y si las oportunidades surgen donde están sus raíces, el atractivo para ellos será doblemente irresistible. Dadas las condiciones adecuadas, no lo descartemos, nuestros hijos volverán.

 

 

 José Toro Hardy

La guerra psicológica

Posted on: agosto 1st, 2019 by Laura Espinoza No Comments

 

 

Insidiosa, sinuosa, sigilosamente van penetrando en nuestras mentes. No es una guerra económica, es una guerra psicológica. En un momento dado nos inducen a creer que el triunfo es inminente, para después hacernos pensar que es inútil, que todo está perdido. Repiten la operación una y otra vez, pacientemente y con perseverancia. Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe. Y, efectivamente, el objetivo es romper la voluntad de los ciudadanos.

 

 

Si como individuos nos damos por vencidos, como sociedad estamos derrotados. La primera batalla tenemos que librarla dentro de nosotros mismos. No debemos permitir que nos inoculen el virus del pesimismo. No podemos entregarnos a la desesperanza.

 

 

No hay guerra más devastadora que aquella que se libra en la mente de los individuos. Aquellas batallas que el adversario intenta que se desaten en nuestro subconsciente con el objeto de conducirnos a un punto de quiebre. Las armas de la contienda son introducidas subrepticiamente en nuestra psique. Lo hacen a través de una propaganda goebbelianamente concebida.

 

 

Detrás de ese continuo vaivén del optimismo al pesimismo y nuevamente a la esperanza, para inmediatamente caer en el desasosiego, existe toda una planificación perversa.

 

 

No hay mayores trampas que las artimañas que día a día nos tienden para controlarnos. Una guerra psicológica bien estructurada. Una guerra destinada a paralizarnos, a que nos resignemos.

 

 

Me referiré a algunas de las sensaciones y angustias de las cuales nadie escapa en Venezuela. A todos nos ha pasado en un momento o en otro. Pero no, no nos dejemos dominar por ellas. Vamos bien, por más que a veces la angustia nos paralice. No caigamos en la estratagema de la desesperanza que despliegan ante nosotros.

 

 

Esto se está acabando. La economía colapsó. La moneda también. La lógica nos dice que el final es inminente. La comunidad internacional por fin está actuando. Pero al ver las noticias esta gente actúa como si nada estuviese pasando. Vivimos en una montaña rusa de emociones.

 

 

¿Tendremos que irnos? Más de 4 millones lo hicieron ya. ¿Qué nos depara el futuro? ¿Qué será de nuestros hijos si se van? ¿Y qué será de ellos si se quedan? ¿Cómo lograremos salir de esta locura? Quieren que nos acobardemos y resignemos.

 

 

Y como si todo lo anterior fuera poco, hay un segundo frente de batalla al cual nos conducen. Es un plan para dividirnos, para ponernos a pelear entre nosotros mismos. Tratan de confundirnos para que comencemos a disparar hacia los lados, contra nuestra propia acera, sin entender que el adversario común, al cual debemos vencer, está en la acera del frente.

 

 

Para eso nada más fácil que introducir a través de las redes campañas de descrédito que hablen del fracaso de nuestros líderes. Se trata un ardid que rápidamente consigue adeptos. Ahí las ambiciones personales tienen un papel relevante.

 

 

“Tanto tiempo y no ha logrado nada”, es el argumento que insidiosamente inoculan en las redes y que innumerables incautos repiten con distintas tonalidades. “Cae en las encuestas”, “es que no tiene experiencia”, “está cayendo en su juego y les permite ganar tiempo”. Con estos y otros argumentos similares se pone en funcionamiento una estrategia que tiende a desbancar a quien hoy representa la mejor opción que en mucho tiempo hemos tenido, dado el apoyo popular e internacional que ha logrado.

 

 

Y todo lo anterior conduce a una crisis sorda, callada, que atenaza el corazón de cada venezolano. Una incertidumbre siempre presente. Una angustia que se somatiza, que no nos deja dormir y que al despertar, a veces temblando, nos paraliza y a veces conduce a crisis de pánico. No, no nos dejemos engañar. ¡Vamos bien!

 

 

Quizá el mejor antídoto frente a tantos ardides es colocarnos en los zapatos del adversario. Pongámonos en su lugar. Saben que hay una situación insostenible y que el tiempo se les acaba. ¿Qué irá a ocurrir con ellos? ¿Y la familia? ¿Quién los va a recibir? ¿Cómo vivir en un lugar extraño, quizá sin ni siquiera conocer el idioma? ¿Los meterán en el mismo saco junto con otros que hicieron cosas mucho peores? ¿En quién pueden confiar? ¿Quién los estará traicionando? ¿Cuándo será el momento de irse? ¿Lo perderán todo? ¿Dónde esconder lo que tienen si en todas partes les siguen la pista? ¿No será mejor aprovechar la oportunidad que aún les ofrecen antes de que sea tarde? ¿Quién será el próximo sancionado?

 

 

Cuántos trucos les estará jugando su psique. Deben estar viviendo un infierno. La misma guerra psicológica que desataron ahora se está revirtiendo contra ellos. Están llenos de miedos e incertidumbres.

 

 

Cuando las cosas dejan de ser viables, simplemente dejan de ser viables. Hasta Goebbels lo sabía y al final, junto con su jefe, tomó una decisión fatal.

 

 

¿Quiénes estarán más angustiados, ellos o nosotros?

 

 

@josetorohardy

Auge, caída y reconstrucción de Venezuela

Posted on: mayo 2nd, 2019 by Laura Espinoza No Comments

 

Venezuela fue una de las sociedades más exitosas de la historia. Con la aparición del petróleo el país inicia un proceso de transformaciones impresionante, logrando en pocas décadas lo que otras naciones lograron siglos o incluso milenios en alcanzar. De ser una de los países más pobres de Latinoamérica, pasamos a ser el más rico.

 

 

Entre 1920 y 1980 fuimos la economía de más rápido crecimiento en el mundo. Gracias al petróleo sembramos al país de liceos, escuelas y universidades. Acabamos con el analfabetismo y fuimos ejemplo mundial frente paludismo e infinidad de enfermedades endémicas y epidémicas. De tener una de las tasas de mortalidad más altas del planeta en pocos años igualamos a las naciones desarrolladas.

 

 

No había inflación. El bolívar venezolano, junto con el franco suizo, eran las dos monedas más sólidas del planeta. Para 1947 éramos el cuarto país con mayor renta media per cápita, superados solamente por Estados Unidos, el Reino Unido y Francia.

 

 

Caminos vecinales, grandes sistemas de riego, fertilizantes e insecticida y apoyo financiero del Estado contribuyeron a la expansión extraordinaria del sector agrícola.

 

 

Carreteras y autopistas cruzaron nuestra geografía.  Electrificamos a Venezuela y construimos puertos, aeropuertos y la segunda mayor represa del mundo. También cloacas y acueductos en todas las ciudades y pueblos. Levantamos hospitales, liceos, escuelas y universidades que preparaban extraordinarios profesionales. Desarrollamos uno de los sistemas de salud más avanzados de la América Latina y la educación era gratuita y obligatoria.

 

 

Se urbanizó el país  y se adelantó un rápido proceso de industrialización con créditos blandos de la CVF y el Banco Industrial.  El sector financiero creció de forma extraordinaria poniéndose a la cabeza de la América Latina. Se construyeron millones de viviendas a través del Banco Obrero y a través de la banca hipotecaria privada.

 

 

Fuimos considerados ejemplo de convivencia porque todos esos logros se alcanzaron en paz con una asombrosa permeabilidad social que atenuaba las inevitables diferencias que surgen en cualquier sociedad en rápido crecimiento.

 

 

Lamentablemente, ya alcanzando la década de los ochenta comenzaron a surgir dificultades. Cometimos algunos errores. El crecimiento económico se desaceleró. No fuimos capaces de mantener la misma energía de las décadas anteriores y enfrentamos devaluaciones y controles de cambio. La industria petrolera nacionalizada incrementó su vitalidad, pero el enorme peso relativo del Estado, ahora dueño del petróleo, comenzó a asfixiar progresivamente al sector privado. Venezuela, que durante 60 años había experimentado un prodigioso y vibrante crecimiento, comenzó a estancarse.

 

 

Pero nada nos había preparado para la tragedia que llegaría comenzando el siglo XXI.

 

 

Un grupo político que a lo largo de las décadas anteriores había quedado marginado en las preferencias de los electores por representar posiciones extremas que el país rechazaba, por haber fomentado guerrillas y golpes de Estado sangrientos, súbita e inesperadamente llega al poder.

 

 

Lo hizo de la mano de dos protagonistas: uno de ellos fue uno de los mayores demagogos que ha conocido la historia de este continente y el otro fue el jefe de una nación caribeña que por décadas había intentado invadir a Venezuela. En esta oportunidad conquistó a un solo hombre y se apoderó del país.

 

 

 

Circunstancias excepcionales los favorecieron porque en los años siguientes se produjo un incremento nunca antes soñado en los precios de los hidrocarburos. Populismo y precios altos del petróleo nos llevaron al desastre. Bien aprovechados esos ingresos han debido transformar a Venezuela en una nación desarrollada. Pero solo sirvieron para alimentar un absurdo proceso político, un carnaval de expropiaciones y de inseguridad jurídica que destruyó en apenas 20 años buena parte de lo que se había logrado en las nueve décadas anteriores, incluyendo a Pdvsa que había llegado a ser la segunda mayor empresa petrolera del mundo. El Estado ya no es capaz de cumplir con ninguna de sus funciones esenciales: la educación, la salud, la seguridad, la justicia, la defensa y ni siquiera atender los servicios públicos esenciales.  El resultado fue una hecatombe, una destrucción masiva, un colapso brutal alimentado por dogmatismos e incompetencias y una ausencia total de valores.

 

 

Así como deslumbrante fue el crecimiento que experimentó Venezuela durante 60 años, asombrosa fue también la destrucción del país en solo 20 años transcurridos entre 1999 y 2019.

 

 

Ahora que el colapso se ha consumado y que la revolución está implosionando, el cambio resulta incontenible. Venezuela debe prepararse para emprender una vibrante etapa de reconstrucción. Retomando el rumbo de la racionalidad, Venezuela podría transformarse en el mayor boom de Latinoamérica en las próximo cinco años. Las condiciones están dadas.

 

 

 

José Toro Hardy

@josetorohardy

Trasladan el oro a Moscú

Posted on: abril 25th, 2019 by Laura Espinoza No Comments

 

El principio de no intervención se desprende de otro proveniente del derecho internacional público como lo es el de la autodeterminación de los pueblos. Son los pueblos –no los gobernantes– como su nombre lo indica, los que tienen derecho a la autodeterminación. También sus gobiernos siempre y cuando emanen del pueblo y sean respetuosos de otros principios de naturaleza superior como el respeto a los derechos humanos.

 

Apegándose al principio de no intervención en los asuntos internos de otros países, a veces las naciones democráticas occidentales se abstuvieron de actuar en situaciones que de haberse atendido oportunamente hubiesen evitado tragedias que aún hoy en día abruman la conciencia de la humanidad. Un caso que inmediatamente salta a la memoria es el de Chamberlain tratando inútilmente de apaciguar a Hitler (“appeasement policy”) en nombre del no intervencionismo. Aquello irremediablemente condujo a la Segunda Guerra Mundial, en la que murieron cerca de 60 millones de personas.

 

 

 

Pero el tema al cual me quiero referir hoy tiene más bien que ver con el envío del oro a Moscú. Fueron 510 toneladas de oro que fueron trasladadas a Rusia por decisión del gobierno para pagar deudas provenientes de la compra de armas a ese país y también para evitar que cayeran en manos de sus oponentes. A otros países también se enviaron cantidades sustanciales del precioso metal.

 

 

 

La tragedia que se desarrollaba en aquellos momentos resultó devastadora y quizá hubiera podido ser evitada si las democracias occidentales –Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia– hubiesen intervenido a tiempo. Pero aferradas al principio de la autodeterminación de los pueblos no lo hicieron.

 

 

 

Como suele ocurrir, otras naciones sí intervinieron. Moscú lo hizo en favor de la República, en tanto que Hitler, Mussolini y Salazar (Portugal) lo hicieron en favor del bando franquista.

 

 

 

Para evitar malos entendidos debo aclarar que me estoy refiriendo al caso de la guerra civil española en 1936.

 

 

El episodio del traslado del oro a Moscú fue una decisión del gobierno de la II República, presidido por Francisco Largo Caballero, por iniciativa de su ministro de Hacienda, Juan Negrín, quien por cierto nunca rindió cuenta ante las cortes de aquella operación.

 

 

El oro trasladado subrepticiamente a Moscú representaba 72,6% de las reservas en poder del Banco Central de España (20,54 millones de onzas troy). Tendrían actualmente un valor mínimo bruto de 12.200 millones de euros (en términos del año 2010) por su contenido metálico y un valor numismático que podría superar los 20 000 millones de euros. Otro 25% de esas reservas del Banco Central –193 toneladas– fueron trasladadas a Francia en una operación que  se conoce como el “Oro de París”.

 

 

Lo cierto es que España nunca más pudo recuperar el oro enviado a Moscú. La URSS alegó que fue vendido a pedido del gobierno republicano español para financiar gastos vinculados a la compra de armas rusas.

 

 

 

La decisión de enviar el oro a Moscú sigue siendo objeto de polémica entre los historiadores. Unos afirman que el gobierno republicano no tenía otra opción que recurrir a esas reservas para pagar el armamento ruso. Menos de tres años después, en 1938, Moscú afirmó que aquel oro se había agotado. Las especulaciones sobre si los soviéticos se quedaron con parte de ese botín o si realmente se gastó siguen despertando resquemores.

 

 

 

Pero volviendo al tema del derecho a la autodeterminación de los pueblos, el mismo día en que las ingenuas democracias occidentales anunciaron su decisión de no intervenir en España, Hitler daba su consentimiento para el envío de un primer lote de aviones, tripulación y equipo técnico a Marruecos. Famoso fue el Bombardeo de Guernica (Operación Rügen) realizado el 26 de abril de 1937 por parte de la Legión Cóndor alemana que quedó inmortalizado en un cuadro de Picasso. El gobierno nazi utilizó una empresa fantasma, la Sociedad Hispano-Marroquí de Transportes, como tapadera para canalizar sus suministros a Franco.

 

 

 

Por su parte, el 27 de julio, Mussolini enviaría numerosos aviones de transporte que serían utilizados para el puente aéreo de tropas hacia Sevilla el 29 de julio de 1936. También envía tropas, incluyendo a su propio hijo, Bruno, a combatir como voluntario.

 

 

 

Mientras tanto, a finales de septiembre de 1936, los partidos comunistas de diferentes países recibieron instrucciones del Komintern desde Moscú para el reclutamiento y organización de las Brigadas Internacionales que combatieron junto al bando de la República.

 

 

 

La historia parece tener una terca tendencia a repetirse. El tema –incluyendo el caso del oro o mutatis mutandis del petróleo– nos luce intensamente actual. Mientras por un lado las dictaduras se rasgan las vestiduras alegando derecho a la autodeterminación de los pueblos, por el otro son las primeras en violar el principio de la no intervención al recurrir a fuerzas extranjeras para que vayan a sostenerlas, mientras violan a gusto los derechos humanos de sus ciudadanos.

 

 

José Toro Hardy

@josetorohardy

Cae el Muro de Berlín en Venezuela

Posted on: marzo 28th, 2019 by Laura Espinoza No Comments

 

Hay sucesos que marcan la historia. El 9 de noviembre de 1989 cayó el Muro de Berlín. Aquel acontecimiento simboliza el fin del comunismo. El muro había sido erigido por orden de Kruschev 28 años atrás para frenar la migración masiva de ciudadanos que huían del comunismo.

 

El comunismo y el capitalismo se enfrentaron al terminar la II Guerra Mundial. El 5 de marzo de 1946  Winston Churchill anunciaba en un discurso en el Westminter College: “Desde Stettin en el Báltico hasta Trieste en el Adriático, ha caído sobre el continente un telón de acero”.

 

 

Se desata entonces un conflicto de proporciones planetarias. Las dos superpotencias  -Estados Unidos y la URSS-  trataban de imponer su sistema al mundo. Aquel nuevo drama se conoció como la “Guerra Fría”.

 

 

Los dos sistemas pugnaban por prevalecer. Uno defendía las libertades y la supremacía del individuo y otro defendía la supremacía del Estado y la superioridad del socialismo.

 

 

 

El tiempo se encargaría de dar su veredicto. En los lugares donde se le permitió a los ciudadanos cultivar libremente sus iniciativas, el nivel de vida de la sociedad mejoró notablemente. En cambio, en los sitios donde el Estado coartó las libertades individuales para favorecer un supuesto bienestar colectivo, el resultado fue la implantación de Estados policiales y un atraso generalizado.

 

 

El contraste se evidencia al considerar  ejemplos como los de Alemania y Corea. Sus ciudadanos compartían una misma historia, idiosincrasia, cultura, costumbres, religiones y hasta una misma raza. Su sino ha debido ser el mismo. Sin embargo, el enfrentamiento entre los dos sistemas los llevó a dividir a sus países en Estados diferentes.

 

 

Tanto en Alemania Occidental como en Corea del Sur, donde prevaleció la libre iniciativa, el desarrollo económico y social se transformó en una vibrante historia de prosperidad. En cambio, tanto en Alemania del Este como en Corea del Norte, donde se impuso el comunismo, las sociedades tuvieron que pagar un alto precio en términos de pobreza.

 

 

En el caso de Alemania finalmente terminó por caer el Muro de Berlín y las dos Alemanias se unieron en el mismo destino que les correspondía y hoy es la potencia más importante de Europa.

 

 

Llega a su fin el comunismo con la caída del Muro de Berlín, el desmoronamiento del Telón de Acero y el “Otoño de las Naciones” en Europa Central y del Este en 1989. Su “requiescat in pace” quedó sellado con la disolución y desmembramiento de la URSS en 15 países diferentes en 1991.

 

 

En Venezuela no podemos hablar de una separación en dos países. Podemos, sí, hablar de una división de la historia en un mismo país. Antes y después de Chávez. A pesar de un retroceso en los últimos años de la democracia, el progreso económico y social de Venezuela había sido impresionante. Hacia 1913 estábamos sumidos en una pobreza que lucía insuperable. Un factor vino a cambiarlo todo: el petróleo. En las décadas siguientes a su aparición, Venezuela pasó a gozar del más rápido crecimiento económico en el mundo. De ser quizá el país más pobre llegamos a ser el más rico de Latinoamérica.

 

 

Pero al finalizar el siglo XX nace el fenómeno Chávez. Contó con ingresos petroleros nunca antes soñados por Venezuela. Lo tuvo todo a su favor. Pero en lugar de aprovechar aquellos ingresos para crear una economía próspera y sustentable, se dejó seducir por los cantos de sirena de Fidel Castro y del Foro de São Paulo y dedicó todo su empeño a insuflar vida a aquel sistema socialista de inspiración marxista que ya había fenecido en el mundo.

 

 

 

El Estado policial y las privaciones que conocieron las naciones comunistas fueron reproducidos en esta tierra. Las mismas situaciones que condujeron a la caída del Muro de Berlín se están dando aquí. El país colapsó y la población está sumida en la pobreza. El maderamen del régimen cruje. La historia no tolera fracasos. Aunque no sea un camino fácil, aquel sistema moribundo se apresta a sucumbir, quizá para siempre, en suelo venezolano.

 

 

 

José Toro Hardy

@josetrohardy

Citgo en el ojo del huracán

Posted on: marzo 7th, 2019 by Laura Espinoza No Comments

 

Con frecuencia escucho a dirigentes políticos vinculados a la revolución afirmar que los EEUU se quieren apoderar del petróleo venezolano. Me temo que están equivocados. EEUU, con una producción que ya superó a las de Rusia y Arabia Saudita, es el principal productor mundial de petróleo. Su producción está creciendo al ritmo más acelerado de los últimos 100 años gracias al desarrollo del fracking, tecnología que les ha permitido explotar inmensas reservas de petróleo de lutitas.

 

 

Más interesados estamos los venezolanos en conservar nuestro acceso al mercado de los EEUU que los estadounidenses en apoderarse de nuestro petróleo. Me explico:

 

 

El nuestro es un petróleo pesado, con mucho azufre y residuos metálicos que sólo puede ser procesado en refinerías dotadas de procesos de conversión profunda. Hay pocas en el mundo, pero fundamentalmente se encuentran en los EEUU y muchas de ellas pertenecen a CITGO, filial de PDVSA.

 

 

CITGO es el principal brazo comercializador de nuestro petróleo. La empresa llegó a ser propietaria total o parcialmente de 8 refinerías en EEUU con capacidad para más de 1,5 millones de barriles diarios, además de 66 terminales, oleoductos que atravesaban a EEUU de sur a norte y más de 15.270 estaciones de servicio abanderadas con la marca CITGO donde vendían gasolina y productos venezolanos. Llegamos a controlar el 10% del mercado de gasolina de los EEUU, país al que exportábamos 1,8 millones de barriles diarios de petróleo en 1998.

 

 

Se había logrado una integración vertical perfecta capaz de agregar valor en cada eslabón de la cadena. El petróleo de nuestros yacimientos era entregado en los tanques de gasolina de los automovilistas norteamericanos, después de haber sido extraído en nuestros pozos, procesado en nuestras refinerías, transportado en nuestros oleoductos, embarcado en nuestros súper tanqueros, manejado en nuestros terminales y vendido en nuestras estaciones de servicio CITGO.

 

 

En un proceso de inimaginable irresponsabilidad, de aquellas red de refinerías sólo nos quedan tres. Las demás las vendimos o las perdimos. De las más de 15 mil gasolineras quedarán algo más de 5.000 y nos desprendimos de los oleoductos. Ya no controlamos el 10% del mercado estadounidense, pero aún conservamos alrededor del 4%.

 

 

Hoy CITGO está 100% hipotecada. El 50,1% de sus acciones se dio en garantía a quienes aceptaron refinanciar hasta el año 2020 unos bonos de la República que vencieron en el 2017 y el restante 49,9% fue dado en garantía a cambio de un préstamos de $ 1.500 millones a la petrolera rusa Rosneft.

 

 

Para colmo otros acreedores de la República que nada tienen que ver con petróleo y que han ganado arbitrajes internacionales ante el CIADI del Banco Mundial y juicios en los EEUU están intentando cobrarse con activos de CITGO.

 

 

Conservar CITGO es de vital importancia para los intereses de Venezuela. Si la perdemos bien podríamos despedirnos del mercado de los EEUU que es el que mejor nos paga. Además, el valor agregado que se le da a nuestros crudos al procesarlos en nuestras propias refinerías que están diseñadas como un traje a la medida para las características de nuestro petróleo es extraordinario. Otros podrían comprarlo pero pagándolo a precios de gallina flaca.

 

 

Estábamos a punto de perderla. Pero ahora la Administración de CITGO ha sido encomendada a una nueva Junta Directiva designada por el presidente (e) Juan Guaidó y la Asamblea Nacional. Debido a las sanciones de los EEUU, no puede mientras tanto procesar petróleo venezolano ni enviar dinero al país. Sin embargo, su misión fundamental es salvar a CITGO para Venezuela. Temporalmente tendrá que operar con crudos pesados de otras procedencias.

 

 

Esa misión está a cargo de profesionales de la más alta calificación imaginable. Entre ellos Luisa Palacios, graduada cum laude de la UCAB, con maestría en la Universidad de Columbia y Phd en la Universidad John Hopkins de Washington. Ángel Olmeta, quien en la década de los ochenta negoció la compra de CITGO y fue Director tanto de CITGO como de PDVSA. Luis Urdaneta, quien fue presidente de la propia CITGO y Vicepresidente de PDVSA. Están también Edgar Rincón graduado con honores de la Universidad de Michigan y ex director de McKinsey y Andrés Padilla quien cuenta con un MBA en la escuela de negocios de la Universidad Internacional de Florida. El otro director es Rick Esser con una larguísima experiencia en la propia CITGO.

 

 

Sobre sus hombros pesa una inmensa responsabilidad. CITGO está en el ojo del huracán.

 

 

 

@josetorohardy