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Un Pacto de Puntofijo para la oposición venezolana

Posted on: enero 11th, 2023 by Super Confirmado No Comments

El 31 de octubre de 1958, unos meses después del derrocamiento de la dictadura de Pérez Jiménez y poco antes de las elecciones presidenciales que se celebrarían ese mismo año, los principales partidos democráticos venezolanos firmaron un acuerdo de gobernabilidad que se haría célebre por su efectividad. Se trata del famoso “Pacto de Puntofijo”. Aun cuando muchos lo recuerdan como una alianza para gobernar el país, una vez hubiese llegado a la Presidencia de la República alguno de sus firmantes, este pacto incluía también, y de manera muy importante, el compromiso con un código de conducta previo a la llegada al poder. Se trataba principalmente del apoyo, respeto y acatamiento de a los resultados que habrían de producirse en los comicios nacionales. Tal cosa era muy necesaria debido a las serias amenazas que acechaban al nuevo sistema democrático que trataba de imponerse. Era crucial asegurarle la mayor legitimidad posible al mecanismo mediante el cual aquel surgiría.

 

 

64 años después de aquel pacto, las fuerzas democráticas venezolanas se aproximan nuevamente a una potencial coyuntura electoral, a partir de la cual, al menos teóricamente, estaría planteada la posibilidad de restaurar la democracia en el país. Las diferencias entre una coyuntura y otra no pueden ser mayores. Baste mencionar una sola: en 1958, se trataba de un evento electoral que se iba a celebrar habiendo sido la dictadura ya derrotada. En esta oportunidad, la dictadura se encuentra en el poder. Aun así, a pesar de esa y otras diferencias significativas entre una y otra coyuntura, hay algo que aprender de lo que en aquel momento hicieron Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Jóvito Villalba. ¿De qué se trata?

 

 

La oposición venezolana está considerando la organización de unas primarias para elegir un candidato unitario que habría de enfrentarse al régimen en las elecciones presidenciales que se celebrarán eventualmente en 2024. Una parte importante de quienes promueven esta iniciativa son conscientes de que las posibilidades de contar con un proceso electoral medianamente libre y transparente son hoy remotas, por decir lo menos. A pesar de eso, promueven esta iniciativa convencidos de que ella puede servir al logro de dos objetivos importantes: uno, estimular la organización y movilización de la sociedad venezolana y de sus fuerzas democráticas y, dos, decidir sobre el liderazgo de la oposición, hoy seriamente fragmentado. En otras palabras, el objetivo más importante de las primarias sería el de la organización y fortalecimiento mismo de la oposición, como condición necesaria para desplazar a la dictadura del poder, no se sabe hoy exactamente cómo ni cuándo. Lo que esas primarias estarían tratando de garantizar o mejorar, en primer lugar, es la propia gobernabilidad de la oposición.

 

 

Este objetivo pudiera no materializarse si quienes impulsan las primarias no internalizan y asumen plenamente lo que estas significan. Unas primarias son por definición unas elecciones entre candidatos que comparten o tienen posiciones comunes sobre los asuntos más importantes que afectan a la sociedad de que se trate. Son posiciones comunes frente a la de los adversarios. Se supone que las diferencias entre ellos son menores a las que los separan de los otros. Se supone por tanto que quienes participan en unas primarias lo hacen bajo el compromiso y la convicción de seguir y apoyar a quien resulte ganador, pues este es quien, de acuerdo con los resultados de la votación, mejor representaría las posiciones de todos ellos. ¿Se encuentran en ese nivel de convicción y compromiso los potenciales candidatos a las primarias de la oposición en Venezuela? ¿Aceptarían los partidos del G3 a Juan Guaidó como candidato? ¿Aceptarían a María Corina? ¿Aceptarían Juan Guaidó y María Corina a un candidato del G3, digamos, Manuel Rosales o Henrique Capriles? Pero es que no solo tendrían que aceptar a quien ganara esas primarias; tendrían que entregarse en alma y corazón a apoyarlo, a trabajar con él, si es que ese candidato va a tener algún chance en unas elecciones generales.

 

 

La oposición ha nombrado una comisión de personas muy solventes para organizar las primarias. Esa comisión tiene una gran cantidad de asuntos complicados, logísticos y de otro orden que resolver; por ejemplo, el de la participación de los venezolanos en el exterior. Pero hay otros asuntos que van más allá de la comisión y que dependen enteramente de los dirigentes políticos; principalmente de aquellos que sean precandidatos en esas primarias: ¿cómo lograr que esas primarias no sean simplemente un nuevo torneo de ataques y descalificaciones que deje a la oposición en una situación peor de la que se encuentra?; ¿cómo lograr que objetivos comunes de apoyar y fortalecer las luchas y reivindicaciones populares se cumplan?; ¿cómo lograr que el efecto agregado de esas primarias sea el de insuflar esperanza en los venezolanos? Para que todo eso sea posible se necesita que los principales dirigentes de la oposición hagan un ejercicio extraordinario de magnanimidad. Les conviene hacerlo. Nadie creerá en sus promesas de respetar los resultados de una consulta en la que se acusan mutuamente de vendidos, corruptos e incompetentes. Quiéranlo o no, los dirigentes de la oposición están obligados a reivindicarse, en algún grado, como colectivo. Están obligados a presentarse como una alternativa mejor al régimen. Esa fue la fuerza que proyectó el Pacto de Puntofijo y es la misma fuerza, o una aún mayor, que necesitan proyectar los dirigentes de oposición hoy. No es fácil, pero es el único camino que tienen. ¿Habrá alguno de ellos que tome la iniciativa de proponerlo ya?

 

 

 Gerver Torres

¿Se arregló Venezuela? (Hurgando en las encuestas)

Posted on: mayo 12th, 2022 by Laura Espinoza No Comments

Detrás de la discusión actual sobre el estado de cosas en Venezuela suelen estar presentes dos supuestos que vale la pena revisar.

 

El primero es que, si la gente reporta alguna mejoría en su bienestar, ello significa bienestar material y, principalmente, bienestar económico. Significa que la economía se está recuperando y lo está haciendo bien. El segundo implícito es que, si esto último está ocurriendo, si hay signos de mejora económica en algún área, el régimen de Maduro debe estar fortaleciéndose.  Estos supuestos no son correctos.

 

 

Para empezar por este último, abundan las experiencias de gobiernos que han hecho crisis y colapsado en periodos de progreso económico. La primavera árabe que se trajo abajo varios gobiernos del medio oriente se produjo cuando esos países estaban creciendo a tasas relativamente altas. En el caso de Egipto, por ejemplo, la caída de Mubarak en 2011 tuvo lugar en medio de una economía que había estado creciendo por encima del 5% los años anteriores. Un crecimiento muy decente.  Mas cerca de nosotros, las protestas que desbordaron al gobierno de Chile en 2019 ocurrieron luego de un crecimiento significativo de muchos años del producto per cápita, que alcanzó tasas de más de 9% en 2017 y de 5% en 2018. Y está, por supuesto, nuestra propia experiencia.  La agitación política y el golpe de estado de 1992 en Venezuela ocurrieron en medio del comienzo de un crecimiento que apuntaba a ser significativo y que ya en 1991 había alcanzado 9%, convirtiéndose en el más alto de América Latina para aquel año.

 

 

De la misma manera, el empobrecimiento extremo y sostenido de un país no necesariamente conduce al cambio político. Esto lo hemos vivido en carne propia. Se podría incluso argumentar que, a partir de un nivel de miseria y empobrecimiento determinado, la capacidad de un pueblo para sacudirse al régimen que lo oprime más bien se reduce. Y al revés. Que cuando mejoran las condiciones materiales de la gente, su espíritu y capacidad de lucha y protesta se fortalecen. Entonces, no hay que asumir que algunas señales, sean espejismos o sean reales, de crecimiento, recuperación, rebote, lo que sea, que denoten algún movimiento o expansión de la economía venezolana, significan fortalecimiento del régimen de Maduro.

 

 

Pero ¿cómo se siente la gente?

 

 

La gente puede darnos sorpresas con lo que dice. Sorpresas que luego de pensarlas, no deberían serlo. Resulta que independientemente de lo que esté pasando con la economía y sin que necesariamente tenga que ver con lo que hace o no hace el régimen, un número significativo de gente puede decir que “las cosas” han mejorado o están mejorando. Ello a pesar de la abrumadora cantidad de datos que muestran la continuación de los males del país, desde los indicadores generales de pobreza, hasta otros sectoriales como los del colapso de los servicios públicos. ¿Cómo puede pasar eso? Puede ocurrir por diversas razones, como, por ejemplo:

 

 

– El cambio en el comportamiento de alguna variable particular que afecta a todo el mundo todo el tiempo y de manera importante. Por ejemplo, la seguridad. Si la gente se siente más segura, ello puede impactar la percepción de la opinión pública sobre el estado general de las cosas.  Las encuestas de Gallup de 2020 y 2021 en Venezuela, encuentran una mejora significativa en la percepción de seguridad respecto de años anteriores.  A la pregunta de si se siente usted seguro caminando a solas por la noche en la ciudad o área donde usted vive, un 33% respondió afirmativamente en 2021 vs 12% en 2016, el porcentaje más bajo desde que comenzó esa medición en 2006. Este porcentaje del 2021 todavía deja al país entre los cuatro países más inseguros del mundo, compartiendo ese honor con Gabón, Sur África y Afganistán, pero representa una mejora respecto a su propia situación. Lo interesante de este incremento en la percepción de seguridad de la gente, es que ello no tiene nada que ver con mejoras en la calidad de las políticas públicas ni de la gobernanza. En verdad, es más bien el resultado de lo contrario, del mal gobierno. Entre las razones que pudieran explicar esa mejora en la seguridad ciudadana, podrían estar la emigración de quien sabe cuántas bandas criminales, debido al deterioro de la situación económica del país y la aniquilación física, sin ninguna contemplación por los derechos humanos, de quien sabe cuántos de sus miembros. Es posible que la necesidad que tienen ahora muchos enchufados de hacer vida en el país, de disfrutar dentro del territorio nacional de su riqueza mal habida, los ha forzado a tratar de reducir el hampa de cualquier manera. De alguna manera lo que hacen es monopolizar el delito. Pero tratándose esencialmente de un delito de otro tipo, el de cuello blanco, la gente se siente más segura en la calle.

 

 

– El aplacamiento del Covid19. Su aparición perturbó la vida de la población mundial, e igualmente su progresivo disminución y control es hoy fuente de alivio donde tenga lugar. Mucha gente puede decir que la situación del país ha mejorado simplemente porque la amenaza del Covid19 ha bajado de intensidad.  El hecho de que la epidemia arrancara y se expandiera en Venezuela con relativo retraso y más lentamente que en otras partes del mundo, obedece en parte a la situación de aislamiento del país respecto del exterior y del aislamiento interno de la gente, por la crisis del transporte, la escasez de gasolina y la baja actividad económica entre otros factores. Esos factores que identifican a un mal gobierno pueden haber paliado la precariedad de las vacunaciones y el penoso estado de los servicios de salud en el país.

 

 

– El mayor compromiso social.  El abandono de responsabilidades claves por parte del Estado ha obligado a la gente a cooperar más entre sí, a organizarse, a actuar más solidariamente. Un indicador de ello, el voluntariado, ha aumentado en el país considerablemente, según lo muestran las encuestas de Gallup. A la pregunta de si los entrevistados han hecho voluntariado con alguna organización durante el mes anterior al momento de la entrevista, 30% respondió afirmativamente en 2021. Ese es el porcentaje más alto registrado desde que comenzaron esas encuestas y es notablemente superior a los que se producían en años de mejor situación económica. Por ejemplo, para los 7 años que van de 2007 a 2013, el promedio fue 12.71%. Algo similar vemos con la donación de dinero. A la pregunta de si usted ha donado dinero a alguna causa durante el último mes, 22% respondió afirmativamente en 2021, el segundo porcentaje más alto desde que Gallup registra estos datos para Venezuela.  Como referencia, el promedio para los años 2007-2013 es 15.28%. Es decir, que las donaciones aumentaron en una situación de mayor precariedad económica. Eso parece indicar que ha aumentado la solidaridad y el compromiso social.  Este mayor compromiso y solidaridad social generan sentimientos de pertenencia, identidad y propósito, que aun en medio de una profunda crisis, son factores de alivio y bienestar subjetivo.

 

 

– El asomo de la esperanza.  Luego de siete años continuos de brutal contracción económica, cualquier asomo de crecimiento o recuperación, sea este un simple rebote, sea insostenible o esté limitado al mundo del comercio y los bodegones, puede sin embargo crear en la gente la impresión de que las cosas están mejorando o la expectativa de que van a mejorar para todos. Si tal cosa se refuerza con una propaganda y narrativa oficial según las cuales las cosas están mejorando, es posible que muchos venezolanos estén abrigando la esperanza de que su vida va a mejorar. Gallup intenta capturar esta esperanza preguntándole a la gente dónde espera encontrarse en 5 años, utilizando figurativamente para ello, una escalera de once tramos, en la cual el tramo cero representa la peor situación posible y el tramo diez, la mejor situación posible. En 2021 el promedio de respuestas se ubicó en 7,5; siendo este el porcentaje más alto desde 2013, justo antes del comienzo de la gran caída de la economía venezolana. Es decir, la esperanza alcanzó en 2021 su nivel más alto desde aquel entonces.

 

 

Como dijimos al principio de este artículo, el hecho de que una parte de la población sienta que algunas cosas han mejorado o que ellos digan sentirse mejor en algunas dimensiones de sus vidas, no se traduce necesariamente en mayor apoyo para el régimen de Maduro. La gente puede pensar que lo bueno que ha ocurrido o que está ocurriendo no tiene nada que ver con él, e incluso, que más bien ocurre a pesar de él y su régimen.

 

 

Al respecto, cabe observar que la encuesta Gallup muestra una caída de la confianza en el gobierno nacional a 18% en 2021. Como referencia téngase en cuenta que esa cifra promedió 54.14% para los 7 años que van de 2006 a 2012. Es decir, una caída muy significativa.  Esa muy baja confianza se extiende a prácticamente todas las instituciones que gobiernan el país: honestidad de las elecciones (22%); sistema de justicia (18%); militares (18%).

 

 

Por eso amigo lector, cuando oiga decir a alguien en Venezuela, que algunas cosas están mejor, o que se siente mejor, no traduzca eso como que de hecho todo está mejor y mucho menos como que Maduro o su régimen están mejor. De hecho, puede significar lo contrario.

 

Gerver Torres

La acumulación originaria chavista

Posted on: enero 2nd, 2020 by Laura Espinoza No Comments

 

En su explicación sobre cómo se desarrolló el capitalismo, Carlos Marx acuño la frase “acumulación originaria” para referirse a una etapa en la cual se formó históricamente la riqueza inicial a partir de la cual se desató posteriormente todo el proceso de expansión y crecimiento capitalista. Para Marx, ese fue el período en que grandes sectores de la población europea fueron expropiados por una minoría de sus medios de producción y de su riqueza, para luego dejarlos sin otra cosa que vender que su propia fuerza de trabajo. Frente a esa masa enorme y empobrecida de gente, se levantaría la burguesía y su capital que entonces habrían de explotarla inmisericordemente. Esa fase de expropiación habría sido barbárica, criminal.

 

 

Ese proceso de acumulación originaria que Marx describía me viene recurrentemente a la mente cuando pienso en lo ocurrido en Venezuela durante los últimos 20 años, en los que un país entero fue saqueado y expropiado de su riqueza, por un pequeño clan que ha acumulado así inimaginables fortunas. Fortunas alimentadas por toda clase de delitos. Horacio Balzac habría encontrado en esta historia de la formación de las fortunas chavistas, la perfecta aplicación para la frase que se le atribuye, según la cual, detrás de cada gran fortuna hay un crimen, porque ciertamente detrás de la gran fortuna acumulada en el régimen chavista hay un gran crimen cometido contra todo un país. A los perpetradores de este crimen se les ha llamado de diversas maneras; bolichicos, boliburgueses, neoburgueses. Todos nombres excesivamente amables para lo que son y lo que han hecho.

 

 

Habiéndose producido esa acumulación originaria, el capital necesita legitimarse, limpiarse la cara, para lo cual ha ido convirtiendo al país entero en una gigantesca lavadora. Hasta PDVSA, la otrora gran empresa productora de petróleo ha sido utilizada para lavar capitales. Para toda esa operación de lavado, la llamada dolarización de la economía ha sido muy conveniente. Se mezclan allí, como en rio revuelto, todo tipo de transacciones y flujos, de los más diversos orígenes: los pagos al régimen por el oro extraído también primitivamente del sur del país, hechos en efectivo y entregados en grandes containers; los flujos de las operaciones de todas las bandas criminales que operan desde el país, especialmente las dedicadas al narcotráfico; los montos que traen empresarios para remunerar parcialmente a sus empleados; las divisas que entran por remesas; los ahorros en divisas que gente de la clase media utiliza para hacerle frente al creciente costo de la vida, etc. Se calcula que el monto que circula en dólares en el país es hoy mayor al que circula en bolívares.

 

 

Luego está la necesidad de que esos capitales, presentándose ahora como fortunas decentes, bien habidas, puedan operar en un mercado tan libre como sea posible; sin controles de precios, sin restricciones para importar, ni de ningún otro tipo. Y esta puede ser una de las razones que explique esa repentina reconciliación que el régimen está mostrando con el mercado y hasta con el capitalismo más salvaje; lo que explique cómo, súbitamente, el país con mayores controles en el mundo se ha convertido en el del mayor laissez-faire posible. El régimen se desentendió de controles a favor de los cuales pasó años hablando y con los cuales destruyó gran parte del aparato productivo. Algunos piensan que es porque aprendió que no servían para nada. Pero es posible que sea mas bien por los nuevos intereses a los que responde. Por cierto que los controles han desaparecido de hecho, mas no de derecho, con lo cual el régimen mantiene una espada de Damocles sobre todos aquellos que puedan convertirse en actores problemáticos para su supervivencia.

 

 

En esa vuelta al mercado y también, como parte de ese blanqueo general de capitales, se están produciendo privatizaciones y otras formas de apertura al capital privado de las cuales seguramente vendrán muchas más. Privatizaciones al más puro estilo ruso, esas que se hacen sin ninguna transparencia, favoreciendo a los amigos del régimen.

 

El chavismo ha revivido a Marx, pero de una manera muy original e impensable. Porque no ha sido promoviendo los intereses y el bienestar de una clase obrera que por lo demás ha desaparecido, sino mas bien recreando en pleno siglo XXI y en el trópico, la historia según Marx de la acumulación originaria o primitiva, como también se le llama. Porque verdaderamente, y muy claramente en nuestro caso, ésta ha sido primitiva en mas de un sentido.

 

 

@gervertorres

¿Aceptaría usted ser negociador?

Posted on: julio 12th, 2019 by Laura Espinoza No Comments

Usted recibe una llamada telefónica del presidente Juan Guaido para pedirle que lo represente en las negociaciones con el régimen de Nicolás Maduro. Lo invita a reunirse para explicarle la visión que él tiene del asunto y oír la suya. Aun cuando usted tiene serias dudas sobre la conveniencia de sentarse a negociar con el régimen, nada que no sean los términos de su salida inmediata del poder, usted acepta de todas maneras acudir a la cita y discutir el asunto. El dialogo transcurre así:

 

 

Guaido: Quiero pedirle que integre la comisión de cuatro miembros que se sentará con representantes de Maduro a discutir una salida para esta situación…

 

 

Ud: Presidente, le agradezco su invitación, pero antes que nada quiero que sepa que tengo serias reservas sobre la utilidad e incluso moralidad de sentarse a negociar con una banda de criminales. Igual estoy dispuesto a oírlo y darle mi opinión sobre el tema.

 

 

Guaido: Se lo agradezco. No tengo dudas de que estamos frente a una banda de criminales, y mi mayor deseo sería sacarlos de Miraflores sin ni siquiera verles la cara, pero lamentablemente no hemos tenido la fuerza para hacerlo. Ellos no han tenido la fuerza para aplastarnos como quisieran, pero nosotros hasta ahora, tampoco hemos tenido la fuerza para expulsarlos del poder. Es en esa situación que nos vemos obligados a negociar…

 

Ud: Perdóneme presidente, creo que no lo hemos logrado hacer no porque no tengamos o hayamos tenido la fuerza, sino porque no hemos utilizado la estrategia correcta para expulsarlos del poder. Tenemos a la inmensa mayoría de la gente con nosotros, tenemos a la comunidad internacional apoyándonos, tenemos….

 

 

Guaido: Todo eso es verdad, pero no hemos logrado desmontar el único componente que sostiene al régimen, que es el estamento militar. Hemos hecho muchos intentos, conocidos y no conocidos. El último fue el 30 de Abril…

 

 

Ud: Claro presidente, es que el estamento militar no es el soporte del régimen, el estamento militar es el régimen mismo. No se va a quitar apoyo a sí mismo. La opción militar interna no es viable. La única estrategia correcta es trabajar en la conformación de una alianza internacional de fuerzas que intervenga aquí, sitie al régimen y lo obligue a entregar el poder. Sin intervención extranjera, esto no tiene salida.

 

Guaido: En eso no hemos dejado de trabajar ni un día. Si no ha ocurrido hasta ahora no es por falta de voluntad y diligencia nuestra. Nos mantenemos interactuando con los gobiernos amigos y pidiéndole acciones cada vez más radicales contra el régimen. Pero, hasta ahora, ningún país ha querido o podido ir más allá de dar declaraciones, o imponer las sanciones que conocemos. Esto, en sí mismo, quiero decir, las sanciones, ha sido un gran logro porque se trata de múltiples países, y ninguno de estos países es una identidad monolítica. Dentro de cada país hay actores diversos, unos más comprometidos y decididos que otros a actuar. Me gustaría darte algunos ejemplos, empezando por los Estados Unidos. Allí, la Casa Blanca es una cosa, el Departamento de Estado donde está Pompeo otra; Bolton, el Jefe de Seguridad, otra. Luego está Elliot Abrams, el Comisionado Especial. Tiene su propia posición. Y luego están personajes como Marco Rubio y otros congregantes que también opinan. Hemos estado interactuando con todos ellos y tratando de coordinar una sola posición…

 

 

Ud: Pero presidente, antes de seguir con sus ejemplos. Si está trabajando activamente en armar la alianza internacional que sea necesaria para sacar al régimen, que incluye acciones como la aprobación del TIAR, ¿cómo es que al mismo tiempo se está sentando en una mesa de negociación con ellos? Eso es totalmente contradictorio. Eso crea mucha confusión, por decir lo menos.

 

 

Guaido: Entiendo que crea confusión, pero no es contradictorio. Aquí, en lo que si hemos fallado, le confieso, es en la estrategia comunicacional para explicarlo. Pero no es contradictorio por dos razones. Primero, porque en gran medida es la comunidad internacional la que nos está pidiendo que negociemos, y segundo porque mientras nos sentamos en la mesa de negociación, no dejamos de avanzar en los otros mecanismos de fuerza que podamos desarrollar, de manera que sientan la mayor presión posible. Es una forma también de obligarlos a hacer concesiones. Eso lo estamos coordinando con nuestros aliados internacionales…

 

 

Ud: Pero presidente, es inadmisible que nos estemos sentando a conversar cuando acaban de asesinar, torturándolo, a un capitán de corbeta, dejan ciego a un joven de 16 años, y Bachelet publica ese informe devastador sobre el régimen, del que ahora poco se habla, pues la atención se desvía hacia las negociaciones. Eso es lo que Maduro quiere y necesita.

 

 

Guaido: Es verdad, todo eso es muy doloroso. Pero, paradójicamente, son esos mismos hechos los que le han puesto mayor presión al régimen para hacer concesiones. En estos momentos Maduro está recibiendo muchas presiones internas, especialmente del mundo militar para que le encuentre una salida a esta situación lo antes posible. El efecto Bachelet sobre el régimen ha sido duro. Los ha tomado de sorpresa. Saben que pueden venir más sanciones y estamos trabajando en paralelo sobre eso. La amenaza de más sanciones los tiene muy atemorizados…

 

 

Ud: Ahora entraremos en unas negociaciones indefinidas que solo convienen a Maduro porque gana tiempo, logra sobrevivir otra crisis más…

 

 

Guaido: Estas negociaciones tienen un plazo limitado de cinco semanas. Esa es una de las condiciones. En ese plazo, o se produce un acuerdo, o se suspenden. No vamos a estar sentados allí indefinidamente…

 

 

Ud: Pero ¿qué se propone acordar en ese periodo? Lo que se oye es que se trata de una agenda fundamentalmente electoral, donde nos van a ofrecer unas elecciones supuestamente limpias, pero el régimen no va a realizar ninguna elección limpia porque saben que la pierden y no van a hacer unas elecciones para perderlas…

 

 

Guaido: Déjeme decirle algo que lo puede sorprender. En el chavismo hay quienes genuinamente creen que pueden ganar unas elecciones limpias bajo los siguientes supuestos: uno, que como parte del acuerdo, se levantan las sanciones y Maduro tiene entonces recursos para repartir plata y montar cualquier programa populista de los que conocemos; dos, que en la oposición reinaría la abstención por la desconfianza en las elecciones, y tres, que ellos se asegurarían de que vayamos divididos con más de un candidato, haciendo lo que sea para lograrlo. Desde la eliminación de las restricciones a participar que tienen algunos potenciales candidatos, hasta fondos para quienes quieran lanzarse al margen de la unidad. Por cierto, en el campo nuestro, hay también quienes creen que eso podría pasar…

 

 

Ud: ¿Cómo es eso?

 

 

Guaido: Que bajo esas condiciones que dije, de plata, abstención y división, ellos podrían ganar. Pero que lo crean no es malo. Es lo que podría motivarlos a una salida de este tipo. Por cierto, hay otra cosa. El chavismo no madurista, piensa que, con un candidato de ellos, que no sea Maduro, podrían entusiasmar a la gente y ganar. Yo estoy seguro de que eso jamás ocurriría, pero ellos lo creen. Creen que Maduro es el problema.

 

 

Ud: ¿Me está diciendo que el régimen podría estar dispuesto a permitir unas elecciones limpias porque piensan que podrían ganarlas?

 

 

Guaido: Bueno, bueno, sería el resultado de dos cosas: las presiones internas e internacionales y la creencia de que podrían ganarlas. Al interior de ellos vendrían conflictos importantes de todo tipo. Cabello, por ejemplo, arremete contra las negociaciones porque piensa que éstas ahora, son serias, y les teme. Pero, si las ve indetenibles, puede querer ser candidato. En este sentido, las negociaciones también profundizan las fisuras dentro del régimen. La oposición no tiene el monopolio de los conflictos internos.

 

 

Ud: Pero. ¿en qué consistirían esas elecciones limpias?

 

 

Guaido: Se trata de realizar unas elecciones en alrededor de 6 u 8 meses, bajo condiciones distintas a las que hemos tenido ahora, incluyendo un nuevo CNE, total participación y supervisión internacional temprana, quiero decir, en cada una de las fases del proceso: revisión, depuración y actualización del registro electoral; reconocimiento de la Asamblea Nacional…

 

 

Ud: ¿Y Maduro?

 

 

Guaido: Ese es uno de los puntos más álgidos de la negociación; quiero decir, si esas elecciones se hacen bajo Maduro, o con él fuera del gobierno. También, si se le permite ser o no candidato. Pero, en el protocolo de negociaciones de los noruegos, como en otras negociaciones, los puntos más difíciles se dejan para el final. Primero se limpia el terreno. Por lo tanto, el punto de qué hacer con Maduro se ha dejado para el final. Pero, obviamente, nosotros queremos lograr lo más que podamos, y eso depende de la presión que logremos sostener y aumentar. En todo caso, si no logramos algo aceptable, definitivamente no habrá acuerdo.

 

 

Ud: Esta estrategia tiene muchos riesgos. Nos podemos desgastar muy aceleradamente. Si toda esta situación no se esclarece en un tiempo muy breve; si no se ofrece una ruta clara para salir de este régimen…

 

 

Guaido: Lo sé. Aquí no hay estrategia sin riesgos, muchos y de todo tipo. ¡Se lo digo yo! Me lo estoy jugando todo. Estoy apelando a todos los recursos posibles, incluyéndolo a usted. ¿Qué me dice?

 

 

Ud: Presidente, lo pienso un poco más y lo llamo esta noche.  Me preocupa la posibilidad de intentar cualquier cosa con Maduro en Miraflores. Sigo creyendo que la ruta es cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres.

 

 

Guaido: Esa ha sido y es mi consigna, pero los resultados dependerán de las batallas que demos en muchos terrenos. Espero su llamada.

 

 

Gerver Torres

Golpe de Estado

Posted on: julio 24th, 2017 by Laura Espinoza No Comments

Para salvarse, Maduro inventó la trampa de la  Asamblea Nacional Constituyente  y ahora quedó atrapada en ella. Si la hace se hunde y si no la hace también. No es la primera vez que alguien cae en su propia trampa.

 

 

Si Maduro logra hacer su Constituyente el mundo se le vendrá encima, y la presiones interna y externa se reforzaran mutuamente.  Empecemos por explorar lo que pasaría si la hace. Internacionalmente, su aislamiento –ya extremo- se acentuaría. Ese aislamiento que hasta hoy es básicamente político y declarativo, se convertiría en acciones diplomáticas y económicas de la comunidad internacional, con graves repercusiones para la estabilidad y supervivencia del régimen. Los países de la región están considerando entre otras medidas no reconocer dicha Asamblea, ni lo que surja de ella. Un eventual gobierno que emane de allí, así sea el mismo de Maduro, padecería esa suerte: desconocimiento internacional. Estarían considerando también retirar sus embajadores de Venezuela, e igualmente la aplicación de otras sanciones, incluyendo económicas. La suspensión de la compra de petróleo,  o la calificación de PDVSA como empresa criminal podrían ocurrir, como decisiones regionales. Así, con la elección de la Constituyente, lo que hasta ahora el régimen  ha querido presentar –a nivel internacional-  como básicamente un conflicto con los Estados Unidos, se transformaría más clara y abiertamente como un enfrentamiento con todo el continente.  Ello por no mencionar otras regiones como la Union Europea.  El desconocimiento del régimen como gobierno legítimo por parte de la comunidad internacional, le haría  más difícil aun la obtención de financiamiento externo, aun cuando sea de países como China.

 

 

 

En el plano interno la instalación de una constituyente traería también serias complicaciones para el régimen. Quien la presida será de facto el nuevo presidente del país; o al menos, otro presidente. En los tiempos de Chavez, la Constituyente del momento estaba totalmente subordinada a él. Chavez no enfrentaba peligro alguno de rivalidad en el liderazgo. Tenía el gobierno y la constituyente bajo su control. Ese no es el caso de Maduro. Su precario liderazgo en el seno de su partido y de sus propios seguidores se debilitaría más aún. Por lo tanto, el país podría terminar con dos presidentes y dos gobiernos, que muy pronto podrían estar enfrentados. Pero, como las fuerzas democráticas están en el proceso de constituir también un nuevo gobierno, podrían ser no dos, sino tres, los gobiernos que el país tuviese en corto plazo. Este último gobierno sería el que tendría reconocimiento internacional. El poder de Maduro –ya muy precario-  estaría más diluido que nunca.

 

 

Por otra parte, la acción más contundente de la comunidad internacional empoderaría aún más las luchas populares que se están escenificando diariamente en las calles del país contra el régimen. En vez de calmar las aguas, Maduro le habría echado leña al fuego. Hasta ahora la represión no le ha funcionado y tampoco le funcionará aunque la incremente brutalmente, en cuyo caso se expondrá a  a problemas aún más graves.

 

 

Hay que tener en cuenta que la Constituyente no le dará a Maduro ningún poder real mayor al que ya tiene hoy. La legitimidad institucional que se supone busca para hacer lo que haría, como desconocer la Asamblea Nacional, no la tendría. En otras palabras, sería tan arbitrario que la cierre o la desconozca plenamente hoy –como de hecho lo hace en alto grado- como lo sería con el respaldo de la Asamblea Constituyente. El poder legitimador de ésta Constituyente comenzó muy débil y ya hoy prácticamente no existe.

 

 

Por otra parte, si Maduro suspende la convocatoria a la Constituyente, su cuadro sería igualmente más complicado del que tiene hoy. Para empezar, ello constituiría una contundente derrota política. Habría sido obligado a retroceder, y tal cosa daría más fuerzas y entusiasmo a todos los que luchan contra él. Sus cuadros y seguidores, al igual que él quedarían sin rumbo. ¿Ahora qué? Se preguntarían todos. Tendrían razón en estar confundidos. Es que Maduro, más que nadie, está atrapado en su Constituyente.  Por ello la oposición aunque debe continuar  batallando  y demandando la suspensión de su convocatoria, no debe desanimarse para nada, si finalmente ésta se produce. Si tal escenario complica la lucha de los demócratas,  mucho más se la complicará  a Maduro. El será  el primero en arrepentirse de haberla realizado.

 

 

Con o sin Asamblea Constituyente, las fuerzas democráticas debemos seguir adelante en una lucha que no terminará hasta conquistar la libertad y la democracia.

 

 

@gervertorres

Los peligros de bloquear la esperanza

Posted on: mayo 9th, 2016 by Laura Espinoza No Comments

Existe una famosa anécdota de acuerdo a la cual, en una oportunidad en la que el gobierno de Cuba trataba de convencer a inversionistas hoteleros canadienses para que se establecieran en la isla, Fidel Castro les dijo a éstos que invirtieran sin temor, porque en Cuba ya no podría venir nada peor a lo que para entonces allí existía; que la única cosa que podía pasar es que llegara el capitalismo, en cuyo caso, dichos inversionistas estarían aun en mejor situación. Fidel Castro estaba apelando al manejo de las expectativas, consciente de que la forma como visualizamos el futuro incide en lo que decidimos hoy y la forma como experimentamos el presente.

 

 

 

En situaciones de sufrimiento, la esperanza de un mejor mañana puede hacer más tolerable el día de hoy. Dos individuos desempleados pueden lucir idénticos en su situación objetiva. Son desempleados y puntos. Sin embargo, si uno de ellos tiene la esperanza de que va a conseguir un empleo, mientras que el otro no, esos dos individuos son totalmente distintos en su subjetividad. Su manera de actuar y pensar su situación será diferentes. La esperanza altera nuestra manera de experimentar el presente.

 

 

Lo que vale para los individuos vale también para los países. En Brasil, donde la economía vive la peor recesión de los últimos veinticinco años, la expectativa de que pudiera haber pronto un cambio de gobierno gracias al enjuiciamiento de la presidente Dilma Rousseff, ha animado los mercados bursátiles y generado interés de inversionistas nacionales y extranjeros que pudieran pronto empezar a contribuir con la reactivación económica de ese país. La tensión social generada por la prolongada recesión y los escándalos de corrupción encuentran una vía de escape en la movilización política y las expectativas crecientes de un cambio de gobierno en ese país.

 

 

 

Hoy millones de venezolanos angustiados por un presente cada día más duro, albergan la esperanza de que existe una forma de salir de la espantosa crisis en la que el país se encuentra a través del cambio de gobierno, a ser logrado pacíficamente a través del referéndum revocatorio; una figura legal establecida en la constitución de la República y creada por el mismo régimen que hoy gobierna el país. Sin embargo, el régimen parece obstinado en bloquear esa salida utilizando de manera burda las instituciones que controla; el CNE y el TSJ. Al hacer esto, el régimen se encallejona y encallejona al país. Tendrá que apelar a dosis crecientes de violencia y represión para sostenerse y mantener el orden. En este escenario, los desenlaces de las angustias y frustraciones, personales y colectivas frente a la ausencia de salidas se hacen impredecibles.

 

 

 

Por ello, la mejor contribución que Nicolás Maduro pudiera hacerle hoy al país, para comenzar a salir de la crisis, sería decirle a los venezolanos y al mundo entero que en Venezuela hay un proceso revocatorio en marcha, absolutamente democrático, pacífico y constitucional, que o bien relegitimará su mandato o traerá un nuevo gobierno.

 

 
Gerver Torres

Implosión cambiaria

Posted on: diciembre 7th, 2014 by Zacha Escalona No Comments

La implosión de la economía venezolana llegó. Llegó por el lado cambiario. El dogmatismo, la ignorancia, la incapacidad y la corrupción hicieron síntesis en el terreno cambiario y es así que el país ostenta hoy, a juzgar por la diferencia existente entre la tasa de cambio oficial y la del mercado negro, la distorsión cambiaria más grande que exista en el mundo. Ni siquiera países que atraviesan por graves conmociones políticas y militares como Siria, Irak y Afganistán, presentan una distorsión cambiaria del tamaño de la venezolana. La aceleración que ha adquirido en las últimas semanas el tamaño de esa distorsión supone unos niveles de inflación que harán palidecer los ya muy elevados del presente año.

 

El 2014 luce bonito cuando se contrasta con lo que se está prefigurando para el 2015. Algunos esperan que la gravedad de la situación lleve a una rectificación profunda de las políticas económicas, con cambio y todo de equipo económico. Hay quienes apuestan a que muy pronto, distinguidos economistas serán invitados a formar parte del gobierno para iniciar el viraje de 180 grados que se requiere. Simples ilusiones. El régimen no tiene capacidad alguna de hacer una corrección profunda del camino por el que viene. Las taras ideológicas, la corrupción, la incapacidad administrativa y la falta de liderazgo lo impiden. ¿Cómo reaccionará entonces a la enormidad de esta crisis?

 

Con las mismas respuestas que ha venido dando hasta ahora: devaluaciones sucesivas, ajustes periódicos de precios, circo y más circo, cada vez de peor calidad. ¿Hasta cuándo podrá hacer eso? Hasta que actores políticos, liderando el enorme y creciente descontento popular, logren reemplazarlo. El deterioro económico por sí solo no conduce a mecanismos automáticos de corrección ni a la caída del régimen. Para que la implosión cambiaria se traduzca en cambio efectivo del modelo económico y ultimadamente del régimen, se requiere la acción política de las fuerzas democráticas.

 

 

 

 

 

 

 

 

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