¿Quién controla esto?
octubre 9, 2019 6:42 am


 
 
 
 
 
Ahora que el dólar parece ser la moneda de curso, no puede faltar la viveza criolla para complicar aún más la cotidianidad del venezolano. Es la más concreta evidencia de que en este país no hay gobierno, de que lo que tenemos es un régimen dedicado a maltratar a los ciudadanos de todas las maneras posibles.

 

 

Los verdes circulan con total libertad. Ya hasta en los supermercados hay cajas dedicadas a recibir la divisa como parte de pago y hasta dan cambio. Pero no solo en este nivel formal de la comercialización. Cualquier mercado de calle, el camión que trae queso del Zulia o el vendedor de frutas de la Colonia Tovar, todos aceptan dólares.

 

 

Hasta allí, todo está bien. Dirían los economistas que es la manera que tienen los venezolanos de protegerse de la hiperinflación, que ya lleva 23 meses y sigue desbocada.

 

 

Por supuesto que en desventaja están los que ni por casualidad le ven la cara a uno de esos billeticos, que al final es la mayoría.

 

 

Pero, como se dijo antes, este descontrol de dos monedas circulando en paralelo no puede presentarse sin bemoles. Porque tal parece que el venezolano también aprendió con el régimen a complicarle la vida a sus connacionales.

 

 

En Zulia, por ejemplo, hay comerciantes que no aceptan billetes de 1 o 5 dólares por ser de muy baja denominación. En las gasolineras de los estados fronterizos hay filas especiales para los que pagan en divisas, pero les llegan a cobrar 10 dólares por tanque.

 

 

Hay los que no aceptan los billetes muy gastados o si tienen dobleces en las puntas. En conclusión, que la falta de control y el desorden que reina en la economía venezolana es un caldo de cultivo en el que florece todo tipo de irregularidades.

 

 

Pero también se sabe que los delincuentes pescan en río revuelto. Los que se dedican a falsificar billetes ven este desorden como el escenario perfecto para pasar dólares falsos. Una vez más, las consecuencias las sufre el común de la gente.

 

 

Esta situación lleva la corrupción hasta el bolsillo del venezolano, expuesto ahora a una especulación en divisas y la mala intención del que le toque transar.

 

 

El papel de un gobierno es poner orden, pero en este caso se dedicaron a destruir el bolívar. Fueron exitosos en esto, y lo que pase después, poco les importa.

 

Editorial de El Nacional