¿Por qué no dejamos de consumir patatas?
abril 17, 2017 2:35 pm

El problema de las patatas es que no podemos comernos solo una y, aunque el cerebro diga “ni una más”, resulta imposible obedecer.

 

 

 

 

Pero, ¿por qué son tan irresistibles? Los cinco sabores básicos de los alimentos son: ácido, dulce, amargo, salado y umami y, aunque, el último es el menos conocido, es el más presente en nuestra dieta.

 

 

 

 

“El umami activa y envía señales al cerebro, provoca placer, satisfacción y nos hace sentir que lo que comemos es sabroso y deseable. Conjuntamente, impacta en el comportamiento, las emociones y el control del estado de ánimo”, explica Diego Redolar, neurocientífico de la Universidad Oberta de Cataluña (UOC).

 

 

 

 

Por esta razón, las anchoas, los tomates, el jamón, la leche materna, las patatas, los snacks, las salsas, la sopa de sobre y la mayoría de los productos manufacturados son alimentos tan atractivos. Además, son ricos en aminoácidos y los que no lo son, se les añade una sustancia llamada glutamato monosódico, “este aditivo actúa como saborizante, por ello tenemos más ganas de consumirlos”, explica Laura Esquius, profesora de Salud de la UOC.

 

 

 

 

¿Qué problemas causa el glutamato?

 

 

 
El consumo medio de este aditivo es de entre 5 y 12 gramos diarios, “las industrias alimentarias usan este potenciador para mejorar el producto final y aumentar los niveles de consumo, por eso se utiliza tanto en productos manufacturados”, afirma Victòria Agulló, profesora de Salud de la UOC.

 

 

 

 

Agulló explica que los síntomas asociados con la toma de glutamato se conocen como síndrome del restaurante chino y pueden causar ardor, hormigueo, dolor de cabeza o dolores en el pecho. También, un alto consumo de esta sustancia se ha relacionado con el desarrollo de ciertas enfermedades como Alzheimer, depresión, autismo o esclerosis múltiple.

 

 

 

 

Asimismo, un estudio demostró que el glutamato modifica el patrón de conducta del hambre produciendo un aumento del apetito de hasta un 40 por ciento. Esto se debe a que actúa sobre las neuronas de una zona cerebral denominada el núcleo arcuato, que impiden el buen funcionamiento de los mecanismos inhibidores del hambre.

 

 

 

 

“Hoy en día no hay evidencias que impliquen un riesgo similar en la salud como el aceite de palma, pero hay muchas personas que pueden experimentar efectos secundarios, como tensión muscular o debilidad generalizada tras consumir algún alimento con este aditivo”, añade Esquius.

 

 

 

 

No obstante, tal y como explica Judit Barrullas, profesora de Economía y Empresa, las industrias apuestan por glutamato destacando las cualidades positivas y los beneficios que el consumidor podría obtener, dejando a un lado los daños reales que aporta.

 

 

 

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Por Confirmado: MariGonz



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