Sobre Jaime Lusinchi
mayo 29, 2014 8:00 am

No pude estar presente en la despedida final. De estar en mis manos lo hubiera hecho. No fue posible. La noticia de su muerte no nos sorprendió. La esperábamos. Pero fue un golpe recio para quienes tuvimos el privilegio de ser sus amigos. Ha sido duro hacernos a la idea de que está físicamente desaparecido, aunque tenía bastante tiempo fuera de la vida pública. Estos días han sido para repasar muchas cosas vividas y arribar a conclusiones sobre este gran dirigente de la Venezuela contemporánea.

 

Compañeros de su partido lo han hecho con acertada propiedad. Personalmente me limitaré a ratificar el respeto y el afecto que siempre tuve hacia él. Quizás como consecuencia de mis orígenes familiares vinculados al adequismo puro de entonces, pude conocer a Jaime muy temprano. Lo vi desenvolverse con habilidad, inteligencia y mucho coraje como jefe de la fracción parlamentaria de Acción Democrática por tres períodos constitucionales.

 

Lo era cuando presidí la Comisión de Política Interior y posteriormente la Cámara de Diputados durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez. Sus enseñanzas y su ejemplo me ayudaron mucho a la hora de dirigir la fracción parlamentaria de COPEI en el gobierno de Luis Herrera. Ya Jaime era Senador y aspirante a la candidatura presidencial. Tuve el honor de presidir la Comisión Permanente de Política Exterior de la Cámara durante los cinco años de su presidencia, de acompañarlo en casi todas sus giras internacionales. Desde allí pude ser testigo en momentos críticos de situaciones extraordinarias.

 

Para sólo mencionar dos, doy fe de la invalorable convicción y el coraje para enfrentar y superar la crisis con Colombia cuando el incidente de la fragata Caldas y la continuidad a la política de Luis Herrera en la peligrosa crisis centroamericana. Como demócrata integral fue consecuente con las luchas por la libertad, a tiempo completo. Discrepamos muchas veces, incluso con acritud, pero nada empañó la amistad entre nosotros.

 

oalvarezpaz@gmail.com

Por Oswaldo Alvarez Paz