Sigamos jugando a dialogar
diciembre 6, 2017 5:06 am

 

 

En julio de 2016 escribí un artículo titulado “Juguemos a dialogar”, en el cual señalé que las posibilidades de un diálogo entre el Gobierno del presidente Nicolás Maduro y la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) parecía haber recibido una fuerte bocanada de oxígeno, a raíz del anuncio acerca de la disposición de ambas delegaciones de aceptar la inclusión en el equipo mediador de un alto representante del Vaticano.

 

 

 

En esta ocasión, casi un año y medio después, pudiéramos afirmar prácticamente lo mismo, pero en referencia a la inclusión de algunos Cancilleres de Estados “amigos”, como si ello fuera suficiente para modificar la voluntad y disposición de las partes en controversia.

 

 

 

Para algunos, la oferta gubernamental de realizar elecciones presidenciales en el año 2018, como si se tratara de una concesión graciosa y no de un mandato constitucional, ha sido la principal motivación para acudir a esta nueva fase de conversaciones; mientras que para otros, la necesidad de abrir inmediatamente un canal humanitario que permita la llegada de alimentos y medicinas a Venezuela, es una razón lo suficientemente categórica, como para aceptar jugar nuevamente al diálogo y la negociación.

 

 

 

Pocas son las personas que se han detenido en detalles como la imperiosa necesidad del Gobierno de Nicolás Maduro, de lograr el anhelado reconocimiento a la Asamblea Nacional Constituyente, y de esa manera, subsanar, aunque sea parcialmente la precaria institucionalidad del Estado venezolano. Así como pocas personas han entendido, que aceptar la apertura de un canal humanitario sería reconocer el fracaso del modelo económico de la Revolución Bolivariana, para satisfacer las necesidades básicas de la población nacional.

 

 

 

Tal como fue señalado en aquel artículo de julio de 2016, los dos interlocutores están absolutamente conscientes de sus irreconciliables diferencias en el diagnóstico de la situación nacional; así como de las diametralmente contradictorias expectativas en torno a la efectividad de un diálogo en las condiciones planteadas; sin embargo, ambos juegan al diálogo tratando de demostrar la supremacía de su espíritu democrático, frente a la opinión pública nacional e internacional.

 

 

Giovanna De Michele

 



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