Se busca un cisne blanco…
febrero 19, 2020 6:39 am

Un gran error es creer que la responsabilidad es sólo de Guaidó. Todo pasará si queremos que pase… por hacerlo previsible…

Eva Cerrolaza, catedrática de liderazgo de Westfield University [a quien le tengo gran aprecio por su agudeza y voluntad motivadora] nos colige oportunamente sobre nuestro error de “justificar lo inevitable”, nuestra indisposición a lo previsible pudiendo anticipar y evitar cosas. Es hacer lo que tenemos que hacer. Vuelvo con la sentencia del filósofo y existencialista Italiano Giambattista Vico: verum ipsum factum basado en la Teoría de Descartes, según la cual lo que sabemos es lo que hacemos y lo que hacemos es los que podemos armar y desarmar…

 

 

¡Oído al tambor!

 

Nos dice Cerrolaza: “En la vida ocurren cosas impredecibles. No es posible cambiarlo. Escapa a nuestra capacidad. No podemos decidir sobre estos sucesos, no podemos predecirlos para prepararnos […] Taleb nos hablaba de los cisnes negros, sobre cómo los humanos observamos la realidad, la distorsionamos y vemos o no vemos lo que se nos viene (el cambio). Él llama Cisne negro a ese elemento de nuestra realidad que provocará un gran impacto pero que no vemos venir porque estamos ciegos”. En fin, no queremos, no aceptamos o no nos conviene verle venir.

 

 

La lógica del Cisne Negro hace que lo que no sabemos sea más importante que lo que sabemos. El Cisne Negro vendría a ser el resultado de ciertas limitaciones (o distorsiones) de carácter epistémico, colectivas e individuales, en lo que concierne a la confianza en el conocimiento. No es pues un fenómeno objetivo. En otras palabras es no creer y no ver lo que no nos viene en ganas…

 

 

Si mañana amaneciéramos con Maduro montado en un avión e ido a Cuba, a todos nos impactará. Y diremos a coro: increíble? Fue una rareza, una “mano peluda, un cisne negro”. Nos resulta imposible por impredecible, creerlo porque no participamos del ello. La permanencia del régimen en el poder para muchos es inevitable. Cantamos una derrota antes de terminar el partido a cuenta de creer que nos llevan ventaja… Nos hacemos depender de un milagro, de Dios o de un héroe. Desconfiamos que la salida es previsible, que sí lo podemos hacer porque más creemos que no lo sabemos hacer para no hacerlo. Parece un trabalenguas pero es tal cual así…

 

 

EL “Cisne negro” busca justificar nuestra incapacidad e indisposición a hacer más, creer más, armar o desarmar lo que puedo hacer y prever, en fin, evitar fallas y fracasos. Destacamos más nuestras carencias, miedos y privaciones que nuestras capacidades. Y surge el auto-saboteo para justificar el yo no fui. Es Maduro que es más bravo que yo o Guidó que no pidió la intervención…

 

 

Maquiavelo decía que no basta la astucia del príncipe sino también la fortuna. Pero la fortuna no existe. Existimos nosotros [Descartes] por lo cual la suerte [del príncipe] depende de lo que cada uno hagamos, haciendo lo impredecible, realizable. Como nos dice Eva Cerrolaza, “impredecible no significa necesariamente inevitable. Lo inevitable lo podemos predecir”, y agregaría, estando en el lugar correcto, en el momento apropiado, con la persona apropiada. El recurso soy yo y la fortuna eres tú. Unámonos. “En el momento que confluyen nuestros recursos hacemos lo que podemos, lo que realmente queremos, no cometemos errores, tenemos la experiencia, y tenemos la conciencia de los recursos y de nuestro foco de acción. Es entonces cuando las cosas salen como esperábamos y los resultados como consecuencia se dan”. Gracias Eva…

 

 

Se busca. Encuéntralo tú

 

La política en Venezuela hoy nos permite concluir que frente a un régimen de naturaleza autoritaria y criminosa el principal “hacer, armar”, es la protesta ciudadana, popular, masiva y descentralizada. La vulnerabilidad del dictador está en él no en nosotros. Sepámoslo ver. Es identificar clivajes de poder. Pueblo vs. tiranía. Derecho al voto libre y justo vs. fraude. Movilización sin retorno vs. violencia. Paz vs. milicias. La narrativa del Presidente (designado) Juan Guaidó también ha cambiado para evitar lo que nos parece inevitable: Maduro forever. El presidente (designado) ha dicho: no más diálogos y la única negociación es cuándo y por donde te vas. Esto supone retomar la calle y la conformación de un movimiento de movimientos -insisto- inteligente y menos vulnerable. No estamos descubriendo el hilo negro y el agua tibia. Son procesos de lucha no violenta que se generaron en Rumania, la antigua Yugoslavia, Polonia, Sudáfrica, India o la primavera Árabe [Egipto, Sudán].

 

Las elecciones libres no son una quimera, es historia.. No son un “cisne negro”, una rareza, una ilusión impredecible. Son un bien, un valor, un derecho por el que debemos luchar, creer, reactivarnos. Sabemos que es condition sine qua non un nuevo CNE, la depuración del REP y la observación internacional. Evitable era la llegada de Chávez. Previsible es el fraude electoral. Evitable es Maduro y sus camarillas. Y la libertad es nuestra misión inevitable. Hagamos evitable lo previsible por hacerlo propio.

 

 

Juan Guaidó ha propiciado la transición política. El régimen ha quedado acorralado. El mundo democrático está con nosotros. Lograr el cambio es evitar errores. Un gran error es creer que la responsabilidad es sólo de Guaidó. Todo pasará si queremos que pase… por hacerlo previsible. Es evitar que nos hagan [Müll] desecho. ¡Eso es voluntad…! Es encontrar un cisne blanco llamado libertad. ¡Manos a la obra…!

 

 

ORLANDO VIERA-BLANCO

Embajador (designado) de Venezuela en Canadá.

@ovierablanco



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