Quién eres, realmente?
junio 9, 2017 6:54 am

“El momento en que se está obligado a mantener la simple existencia como único fin, es el horror total, en estado puro”, Giorgio Agamben

 

 

 

En diciembre 2015, víspera de las elecciones parlamentarias, convencido de la victoria de la oposición o mejor aun, de la derrota del gobierno, pregunté a los amigos y a mi mismo, que harían los militares en la eventualidad y tomando en cuenta las amenazas de Maduro y Diosdado. Amigos y estudiosos de la materia militar me respondieron, mayoritariamente que, dependía más de los hombres que estaban arriba en la jerarquía que del contingente mismo. Dudé, pero, luego constaté de que se trataba de otro episodio que confirmaba que las instituciones son lo que son la personalidad de los hombres que las encarnan.

 

 

 

Y surgieron nombres y juicios sobre ellos y llegamos a Vladimir Padrino. De él se decía que era inteligente, el número 18 de su promoción, la de 1984, que llevó por nombre General Juan Gómez Moteles, cuando era director de la Academia Militar el general de brigada Heliodoro Antonio Guerrero Gómez. No se le vinculaba a otros nombres o grupos señalados como corruptos. Interrogué sobre su tendencia y lo apreciaban chavista pero no ideologizado. Pensé entonces que habría una respuesta institucional que evitaría cualquier ademán contra la soberanía expresada en la consulta electoral. Me refería a un desconocimiento de resultados, por supuesto. En aquel momento tuve razón, pero me trajo malas vibraciones las maniobras adelantadas para designar los nuevos magistrados del TSJ. Pensé no obstante que eso no concernía sin embargo especialmente a los uniformados. Pero sentía un ruido al evocar el capítulo constitutivo de una fragua deletérea que se cumplía, ante el alto mando militar, con cinismo e impunidad.

 

 

 

Cuentan que Allende, al enterarse del golpe militar en desarrollo, mandó llamar a Pinochet, confiado en su obediente condición y lealtad. Marco Bruto, emparentado con Julio César y dilecto miembro de su círculo más íntimo lo aproximó confiado. Alcibíades estuvo con unos y otros ganándose al hacerlo una distinción poco envidiada. Se talló un nicho como traidor. En esos y otros personajes de la historia pienso, cuando encaro los actores de esta tragedia que vive Venezuela y que amenaza con postrarla, lisiarla si ya no lo está, por cierto. Pedro Carujo siempre fue lo que fue y el mariscal Pétain tuvo dos vidas a mostrar en una sola existencia, sin olvidar a Poncio Pilato por supuesto. ¿Quién es realmente ese ser humano que tenemos enfrente o a nuestro lado?

 

 

 

Ocurre que la pandilla, castrocomunista chovomadurista, ha decidido usar como ariete final en su proyecto de hacerse definitivamente del poder y del país como botín, al guardia nacional mal llamado bolivariano y lo vemos a diario, asegurando su papel de pretoriano y legionario ante multitudes que reclaman el desastre de las acciones que por casi dos décadas se han cumplido contra la patria de la cual, el también forma parte. Así tropezamos a esa legión de compatriotas que se prestan para cualquier cosa, a cambio de poco o bastante según se vea y de solo pensar en lo que nos estamos jugando y lo irresponsable que es ayudar o permitir que se complete el plan macabro de ese fraude constituyente, se nos cierran los ojos del alma para no verlos más como conciudadanos y se nos fractura el ideal de la nacionalidad como diría Ortega y Gasset, como destino compartido.

 

 

 

 

Vuelvo a Padrino y, a los que se saben o se asumen conscientes o no, responsables o no, tienen en sus manos, la fuerza para retornar al poder desaforado, centrifugado, envilecido por la concupiscencia y haciéndolo, trascenderían como verdaderos y auténticos servidores y no como acomodaticios testigos del acabose que banaliza, en la sórdida rutina, la incompetencia y la ruindad que caracteriza este pernicioso tiempo en que entre el populismo, la demagogia, los complejos de la mediocridad se adueñaron de todo para alienarlo, desfigurarlo, corromperlo. Queda poco tiempo señores y no solo para salvar su alma, sino para evitar el pandemónium de una guerra civil que se vislumbra como aquella, luego de imponerles el tratado de Versalles, inevitable, ineluctable, inexorable. El genio de Charles Chaplin viene como un colofón en nuestro auxilio y, “Perder con clase y vencer con osadía, porque el mundo pertenece a quien se atreve y la vida es mucho más para ser insignificante”.

 

 

Nelson Chitty La Roche



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