Pasar haciendo caminos…
julio 26, 2016 6:44 am

 

 
Una de las letras más maravillosas, es Cantares de Joan Manuel Serrat. «Caminante no hay camino. Se hace camino al andar…». En estas sabias, melodiosas y dulces prosas, se desnuda la vida y en la vida, se deshoja la política, el destino y las rutas por andar…

 

 

 

En los últimos 18 años es mucho el camino desandado por Venezuela. Chávez avivó todos los mitos, profanó todos los tabúes y desató todos los reconcomios.  Reflujos de una sociedad variopinta, acosada por la conquista y emancipada por guerras de independencia de mantuanos y blancos de orilla, entre pardos, zambos, mulatos y negros. Repúblicas nacidas de caudillos, entre gorilatos y encopetados, liberales y conservadores; militares y civiles, saqueadores e ilustres pensadores. Un país donde no es nuevo el trepador ni la marioneta política. Donde las montoneras, los taitas, las revoluciones multicolores de ausentes ideales, han dejado mucha huella. Un país -salvo contadas excepciones- de gobiernillos, de mandamás, de generalotes, patiquines o si acaso poetas, con sus respectivos lacayos, abre-puertas, cretinos y aduladores. Un país donde cada república y constitución, han concedido al presidente más derechos que a sus ciudadanos y más mando que al resto de los poderes. Tierra de gendarmes necesarios, donde la justicia va de la mano de los partidos y de pranes, y  donde el petróleo es el botín más anhelado de la clase política y sus apóstoles. Nada nuevo bajo el sol. Caminante no hay camino…

 

 

 

 

Pero tengo, no -el palpito (dixit Teodoro)- sino la convicción, que Chávez a lo menos nos hizo un gran favor. Gracias a su inconmensurable despilfarro y a la conversión de Venezuela en un Estado celestino y bacanal, como no hemos tenido noticia desde la efímera gobernación de Coquivacoa de Alonso de Ojeda en 1501, previo al virreinato de Nueva Granada, o como nadie tuvo mando desde 1620 con Alfonso Arias Vaca, primer gobernador del virreinato, que Venezuela entrará en un ciclo real de orden, libertad y modernidad. Han sido tres lustros de latrocinios, lucros y privilegios, como no se había visto desde la monopolización del cacao y el tabaco por la compañía Guipuzcoana (reinado de Felipe V), bajo el mando de otro Nicolás: (N) Eugenio de Ponte y Hoyo en 1699. Gobiernos coloniales y misioneros de improntas imborrables, que alentaron nuestra inclinación al saqueo, la gula y la forma hispana de hacer negocios de la mano del «rey». Pero tenemos la oportunidad de generar un gran viraje histórico. De salir del letargo costumbrista de desviaciones societales y mundanas. De mutar nuestra deformada y jipata genealogía moral, asida de una curiosa rapacidad en el mal manejo de los fondos públicos, a cambio del respeto a la ley, a la capacitación y al ciudadano emprendedor. Es el inmenso desafío histórico de sacar el país de su «conuco político», para colocarlo camino al siglo XXI.

 

 

 

 

Por ello me resulta a lo menos una peligrosa nimiedad, las críticas a la MUD, a la AN o a todo lo que luzca oposición, con etiquetas cómo «te dejaste quitar curules», «tarde piaste pajarito»; «el RR es el diálogo» o «El diálogo es un salvavidas para gobierno». Al gobierno amigo lector, amigo crítico, no lo salva ni San Bernabé, como no salvó a Caracas de su terremoto en 1641. Lo que se avecina es un telúrico movimiento social y popular que moverá los cimientos de nuestra política contemporánea, de la forma tradicional (desviada) de ejercer el poder en Venezuela, estos es, desde la llegada de la primera misión Jesuita y Juan de la Cosa, a las costas del lago de Maracaibo. Y como reza la prosa de Serrat, «al volver la vista atrás, se verá la senda que nunca se ha de volver a pisar»

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No se angustien por el RR o los fulanos tiempos (que no son perfectos sino son los que son). No hay padrinos ni represión en estos tiempos, capaz de contener el hambre y la indignación. No se afanen por el dialogo. El hambre habla por sí sola. ¡Caminante, son tus huellas el camino…! Porque fue el mismo Chávez quien proclamó que la revolución no va de vestir y comer bien, saliéndole el tiro por la culata, cuando sus escoltas iban de Armani, Channel, de champagne y de pâté.

 

 

 

 

El relevo viene. La nueva Venezuela está a la vuelta de las masas. Actores políticos -conocidos o por debutar- deben tener a mano la nueva oferta país. Un proyecto liberal, moderno, ancho y progresista, por productivo, docente e innovador. No por socialista, parasitario, dogmático y clientelar. Con la vigilancia -sí- de unas FFAA profesionales, democráticas, apolíticas y no deliberantes, donde el civil va orgulloso de sus soldados y los soldados de sus superiores y sus ciudadanos. La transición no es corta ni sólo política, es profundamente humana, ciudadana y cultural. No es el asalto de gitanos y de oliva, sin visión y a puro sable. Es el mundo que pinta Joan Manuel, “amante de lo sutil ingrávido y gentil como pompas de jabón». Es hacer realidad el sueño que cargamos en la piel: la otra Venezuela. No sólo de los políticos, sino de todos los talentos. Es la Venezuela que pasará haciendo caminos y que al decir del poeta Tovar, eres tú.

 

 

 

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