¿Para qué ha servido el control de cambio?
abril 23, 2014 7:25 am

Los controles de cambio suelen ser un mecanismo que incentiva la corrupción. En Venezuela el control en el uso de las divisas instaurado en febrero de 2003 ha sido uno de los medios más expeditos para favorecer el enriquecimiento ilícito de aquellos que allegados al poder han tenido carta blanca por diversas formas truculentas, para hacer una fortuna que en una economía competitiva y libre jamás se hubiesen podido hacer por vías ordinarias. Por ello es que el control de cambio en Venezuela tiene tantos amigos, en las altas esferas gubernamentales y en algunos sectores económicos.

 

Cuando se estableció el control de cambio en febrero de 2003, quienes dirigían la política económica dijeron que con ese esquema cambiario se trataba de proteger las reservas internacionales y de luchar contra la inflación. Luego de once años, no ha servido ni para lo uno ni para lo otro, pero si para enriquecer a un grupo que ha podido sacarle el máximo provecho mediante importaciones fraudulentas, adquisición de títulos en dólares pagados en bolívares, entre otros mecanismos. Muchas veces cuando se analiza el desempeño de la economía el analista debe evitar emitir juicios sobre las personas que administran la hacienda pública nacional y más bien debe concentrarse en las políticas antes que en hacer juicios sobre las personas que las implementan.

 

En Venezuela forzosamente la valoración debe tomar en cuenta tanto las medidas económicas en si mismas como una apreciación moral sobre quienes las aplican. Sobre esto último, para nadie es un secreto que la asignación de los dólares por parte de Cadivi y del Sitme estuvo signados por la corrupción, hasta el punto tal que a Cadivi, debido a su desprestigio se le cambió el nombre a Cencoex. En diversas oportunidades se ha solicitado a la Fiscalía General que investigue el otorgamiento de dólares a empresas de maletín y no lo ha hecho ni lo va a hacer porque esa institución está muy ocupada en la persecución a la disidencia política.

 

Una evaluación del desempeño del control de cambio permite determinar que en términos de la protección de las reservas internacionales el mismo ha sido un fracaso rotundo. En 2003 el BCV tenía un nivel de reservas de US$ 20.666 millones. Once años después, en abril de 2014, bajo el control de cambio, el nivel de reservas se ubicó en US$ 20,700, prácticamente el mismo que cuando se instauró el control, tal como lo refleja el gráfico. Es decir, con un cerrojo a la entrega de dólares, el BCV no ha acumulado activos externos. Siempre se dice que en el BCV no están todos los dólares del país y ello es verdad, el problema es que no hay una contabilidad clara sobre esas cuentas fuera del balance del BCV ni antes ni ahora.

 

Para lo que si ha servido el control de cambios es para propiciar una fuga monumental de divisas que bajo de diversas maneras se ha traducido en acumulación activos en moneda extranjera para unos cuantos mientras el gobierno se ha endeudado masivamente. De esto han sido responsables directos Jorge Giordani y Nelson Merentes quienes hasta ahora han dirigido las finanzas públicas y más recientemente Rafael Ramírez, ungido con poderes plenipotenciarios. Buena parte de la salida de capital la propicio el mismo gobierno con aquella nefasta medida de emitir deuda en dólares pagaderas en bolívares, con el objeto de mantener un tipo de cambio sobrevaluado. A ello se une el Sitme, que bajo la dirección de Merentes auspició una de los desfalcos más importantes de la historia de Venezuela. Y allí anda Merentes, como si nada hubiese ocurrido.

 

Los controles de cambio en muy pocas partes han funcionado cuando se evalúan según los objetivos que se plantearon. Bajo un control de cambios nadie ingresa divisas al país pero todo el mundo las quiere sacar. Este ha sido un hecho claramente identificable en Venezuela. Se estima que entre 2003 y 2013 salieron de Venezuela capitales por el orden de los US$ 130.000 millones, una cifra fabulosa. Para que haya salido esa cantidad de dinero algo ha debido pasar. Y lo que pasó fue que la política macroeconómica generó inflación y desconfianza en bolívar. Al desvalorizarse la moneda debido a la inflación, quienes tenían bolívares procuraron salir de ellos y el gobierno facilitó la tarea ofreciendo instrumentos denominados en dólares pero adquiridos en bolívares. Así, ha resultado incuantificable el daño que quienes han dirigido la economía le han hecho a Venezuela.

 

Por José Guerra