Mensaje ético para quienes aspiren ser magistrados,
Junio 16, 2017 4:20 am

 

Muchos diputados a la Asamblea Nacional han zarandeado, con los adjetivos y calificativos más variados y perturbadores, a los actuales magistrados del TSJ en lo particular, a los integrantes de la Sala Constitucional. Desde espurios e ilegítimos hasta malandros, pranes, bandidos, pasando por ilícitos, sin credenciales, algunos con prontuario y un sinfín de etcéteras, extensos de escribir. Añadimos su inclusión en la lista de sancionados por el Departamento del Tesoro americano.

 

 

 

Sin embargo, esos mismos parlamentarios conforman una Comisión para elegir a los nuevos Magistrados, que adecenten y le den prestigio a la justicia. Pero obedeciendo más a tradicionales y a veces retorcidos acuerdos que a la verdadera trascendencia de la misión encomendada, integran en esa delegación a un salta talanqueras sin ética, con cuestionable historia política y personal, es un politiquero del aprovechamiento cuya honorabilidad es, cuando menos, discutible.

 

 

 

Continúan tercamente anteponiendo, conveniencias e intereses a las exigencias del país, ciegos y sordos testarudos, por ello contradictorios e incoherentes, discurriendo en las muy cuestionables presunciones grupales que son tomadas como burlas, deshonras por el pueblo honesto y esforzado. No se entiende esa actitud, ¿Cuál es el empeño en molestar y desairar al ciudadano? a menos que sea ex profeso, a propósito, y con intención deliberada.

 

 

 

La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela en su Capítulo III, Sección Segunda, “del Tribunal Supremo de Justicia”, artículo 263, expresa: “Para ser magistrado o magistrada (…) se requiere:

 

 

 

Tener la nacionalidad venezolana por nacimiento, y no poseer otra nacionalidad.

 

 

Ser ciudadano o ciudadana de reconocida honorabilidad.

 

 

Ser jurista de reconocida competencia, gozar de buena reputación, (…) tener título universitario de postgrado (…) y reconocido prestigio en el desempeño de sus funciones.

 

 

Cualesquiera otros requisitos establecidos por la ley”.

 

 

 

Aquellos aspirantes que consideren cumplen con el artículo mencionado, en sus numerales 2 y 3, no pueden ser adecuadamente evaluados por una Comisión donde uno de sus integrantes puede perfectamente ser acreedor de cualquiera de los calificativos que los actuales diputados han endilgado a los Magistrados que deben sustituir. Sería una demostración de hipocresía y denotaría que nuestro país está más podrido de lo que pensamos y que esa podredumbre apesta también a sectores de la oposición.

 

 

 

No se puede gozar de buena reputación y pretender reconocida honorabilidad, dejándose calificar por quien ha sido denunciado por violación a los Derechos Humanos, que haya saltado hacia el campo opositor, –a pesar de lo “indevolvible” de la revolución según sus propias palabras-, no cambia su deplorable moralidad.

 

 

 

Quienes se sometan a un veredicto moralmente írrito y nada ejemplar, no tendrán excusa, serán, por haber aceptado a uno de ellos con oscura trayectoria, cómplices de la amoralidad, rehenes y al amparo de la fechoría, al que nunca han querido juzgar, como será juzgado en la primera oportunidad, por el daño que hizo y hace en buenas familias venezolanas. Destruyó hogares, los dejó sin trabajo y en precarias condiciones. Arruinó a trabajadores y profesionales tanto del sector público como privado. Sujeto detestable, infame, denunciado ante la Corte Penal Internacional de la Haya que lo investiga como coautor de la terrorífica y aberrante Lista Maisanta, que ese mismo tribunal ha expresado es “un sistema moderno de apartheid político en Venezuela”. ¿Tendrán tan bajo el sentido de la vergüenza los que permitirán ser considerados y seleccionados por semejante patibulario? De ser así, no merecen ser magistrados y serian un descrédito para sus profesiones y para el sistema nacional de justicia. No serán mejores a los que hoy intentan sustituir.

 

 

 

¿Qué cabeza consiente se somete a ser calificado por uno de los que planificaron la utilización de los círculos bolivarianos para atacar marchas opositoras? ¿Cómo convalidar, señores jueces, catedráticos y abogados pretendientes a Magistrados del alto tribunal de justicia, semejante atrocidad, crueldad y sadismo? ¿Con qué cara administrarán justicia creíble y digna?

 

 

 

¿Cómo los aspirantes a ser Magistrados que se sientan respetables y honorables, pueden tolerar ser entrevistados por quien, con sus vehementes y groseras intervenciones en el recinto parlamentario, impulsó y propició la encarcelación de ciudadanos honestos e inocentes -caso Simonovis- con aquellos testimoniales vergonzosos en las tristes comisiones de la verdad? ¿Lo olvidaron?

 

 

 

¿Han sepultado en la impunidad cómplice las ensordecedoras arengas y discursos envenenados con saña y odio, llenos de rencor y resentimiento, plenos de violencia e intimidación y sin escrúpulos contra los mismos que desvergonzadamente lo admiten ahora como compañeros, defensores y protectores, que hasta ayer nomás eran sus adversarios, enemigos y víctimas más acérrimos?

 

 

 

Los ciudadanos íntegros, con valores y principios éticos no debemos ni podemos callar esta rabanera demostración de arbitrariedad, mucho menos aceptar sumisa y sin reclamo impunidades como este silencio sobre los graves pecados antidemocráticos y violadores de la justicia de su compañero venido de los grupos que enfrentaron y cuya perversidad sufrieron.

 

 

 

Nuestra obligación de padres, por nuestros hijos, nietos y futuras generaciones, por la Venezuela decente que proclamamos, es rebelarnos ante un pacto que pretende imponer por la vía del consenso a este pirata de la politiquería, una aceptación irresponsable que es afrenta y atentado a las buenas costumbres ciudadanas y políticas. Su propia carrera demuestra que es indigno de representar a los venezolanos víctimas a quienes se les debe, al menos, una disculpa pública, porque lo correcto sería que pagara con prisión sus abusos, daños y desmanes.

 

 

 

Los ciudadanos no podemos ni debemos permitir con mudez y complicidad tan inmoral impunidad, es simplemente una ofensa a la república virtuosa por la cual luchamos, una falta de respeto, una traición a la ética y moral ciudadana.

 

 

 

Señores aspirantes a ser los máximos jueces de la República; nuestro país está en plena descomposición por culpa de individuos como éste, demuestren que en la nueva Venezuela, la que proclaman, las cosas cambiarán. Dejen claro que ustedes son verdaderos y confiables garantes de esa patria renovada, lavada, no acepten ser humillados en su propia integridad ni se sometan a la vergüenza de ser valorados por un sujeto que debería estar bajo juicio y no disfrutando de una inmunidad comprada en negociaciones oscuras, agazapadas y de conveniencia política.

 

 

 

Hoy todo un pueblo está en la calle, jóvenes mueren sacrificando futuros, por cientos son los heridos día tras día, reclamando, exigiendo y luchando a pecho descubierto por la libertad, la democracia y la honorabilidad republicana. Piensen en ese pueblo y quienes han entregado sus vidas del cual tienen que ser dignos. Ese sacrificio no puede ser en vano.

 

 

 

El primer ejemplo que deben dar es no participar, demostrándole a los ciudadanos del mundo que aún quedan reservas morales y no toleraran, que sus nuevas responsabilidades estén en manos de quien no tiene moral para enjuiciar sino para ser enjuiciado.

 

 

 

Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini



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