Los voceros de la desesperanza
agosto 13, 2016 4:30 am

 

Esta no ha sido una lucha corta, todo lo contrario, han sido unos diecisiete largos años que para nuestra generación han representado una verdadera eternidad. Quizás muchos de nuestros padres, queriendo dejarnos un país mejor y encantados por el verbo de un populista que prometía transformarlo todo, decidieron pasarle factura a un sistema que languidecía bajo la sombra de la partidocracia y la corrupción eligiendo un vengador. Sin saber que la factura de aquella aventura autodestructiva la terminaríamos pagando todos.

 

 

No podemos decir que durante este tiempo se haya dejado de luchar, solo tres años después de darse cuenta de su error, una parte del pueblo venezolano inició una de las mayores movilizaciones ciudadanas de nuestra historia nacional, una lucha a la que se unieron amplios sectores, pero que en honor a la verdad, fue mayoritaria, pero no representativa de todos los estratos del país. Había un amplio segmento que sin comenzar aún a percibir la política clientelar del chavismo, apoyó decididamente la continuidad del gobierno.

 

 

 

Seguramente, si tocara medir el número de protestas per cápita a nivel mundial, Venezuela encabezaría el ranking. No solo por las miles de marchas que se han producido estos años, sino por las protestas sociales que día a día inundan las calles y que hoy se han profundizado producto de la catástrofe económica. No hemos sido un pueblo que ha esperado de brazos cruzados la destrucción del país, quizás haya desacuerdos sobre las formas de lucha, sobre los errores que en el camino, en lugar de debilitar, ayudaron a perpetuar a Chávez  en el poder, pero pasivos no hemos sido, todo lo contrario, hemos dado ejemplo de resistencia.

 

 

 

Pero hasta las naciones más fuertes tienen momentos de baja, donde pareciera cerrarse todos los horizontes, donde ninguna salida luce viable y la frustración se apodera de la mayoría. Eso no significa el triunfo de la opresión, porque los pueblos no se rinden, no se entregan, siempre se producirán nuevos despertares.

 

 

 

Lo más  peligroso para un régimen impopular es que la gente tenga determinación de cambio. Porque un pueblo con determinación es capaz de superar cualquier obstáculo, incluso uno de los más poderosos: el miedo. Si la gente pierde el miedo y el régimen la posibilidad de generarlo, no hay nada que hacer, es cuestión de tiempo para decretar su fin. Por eso a las dictaduras les encanta golpearle la moral a sus ciudadanos, dejarlos prácticamente inmóviles, sin esperanza.

 

 

 

En tiempos de crisis la esperanza mueve los pueblos, no es raro escuchar a todos los voceros del madurismo hablar como si ellos conservarán el poder eternamente, hasta el fin de los tiempos o hasta el fin del país, pero ni los países se acaban ni los gobernantes duran eternamente. A los voceros de la desesperanza hay que responderles desde nuestras más profundas convicciones con determinación, confianza y fe en Venezuela. Quienes aquí estamos y aquí queremos seguir no tenemos otro camino que no sea creer y si no lo hacemos nosotros ¿Quién lo hará? El cambio se producirá cuando comencemos a creer que es posible.

 

 

 

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