Lo que hay que rescatar
septiembre 26, 2016 6:13 am

No puedo decir que me tomó por sorpresa la decisión del CNE. Pero sí puedo afirmar que además de la indignación que sentí por cómo nuevamente se viola la Constitución de una manera tan fullera, el hecho me llevó a pensar sobre qué tiene que cambiar para que cambie Venezuela. ¿Qué tienen en la cabeza y en el corazón las personas que actúan de esa manera y se acuestan a dormir tranquilas? (Porque estoy segura de que duermen como peñas).

 

 

 

Ese visionario que fue Luis Alberto Machado decía que “no es que la educación sea una prioridad… la educación es la única prioridad”. Porque un pueblo educado cambia todo. Educado en academia, pero principalmente educado en valores. Y aquí en Venezuela los valores los perdimos hace mucho tiempo, si es que en algún momento los tuvimos. No habrá academia que nos salve si no apuntalamos los valores.

 

 

 

En Venezuela el ascenso social ha sido netamente económico. Eso es bueno y es malo. Es bueno, porque habla del poco racismo o clasismo existente. Es malo, porque el dinero lava desde currículos hasta prontuarios, desde multas hasta juicios. Encima, no hay sanción social. Y si no hay sanción social, no hay freno. Porque hemos visto que la ley no frena, porque está a la venta. Entonces tiene que cambiar el Poder Judicial. No pueden existir jueces “uh, ah”. Los jueces deben ser personas de reconocida solvencia moral.

 

 

 

Tiene que apuntalarse el valor de la rendición de cuentas. Que dejen de ser vistos como estúpidos quienes tuvieron la oportunidad de robar y no robaron. La permisividad en todo sentido debe acabarse, porque corroe lo mejor del país. Decir la verdad tiene que ser una costumbre, no una excepción. Que la palabra recupere el peso que en algún momento tuvo. La honorabilidad debe ponerse de moda.

 
Tenemos que rescatarnos a nosotros mismos. Si no cambiamos individualmente, nada cambiará. Podemos cambiar de gobierno, pero estamos tan corrompidos, tan cínicos, tan insensibles, que si no cambiamos seguiremos camino al despeñadero.

 

 

 

Hay que rescatar la decencia, esa dignidad en los actos y en la palabra. La integridad. La probidad. Dejar las solidaridades automáticas. Ser amigo no es taparear delitos, es confrontar a quien los comete. Denunciar. Señalar. Rescatar el alma del país antes de que el país termine de quedarse sin alma.

 

 

Carolina Jaimes Branger
@ cjaimesb