La inmensa dignidad de Leopoldo López
agosto 30, 2016 5:02 pm

 

 

el líder de Voluntad Popular, Leopoldo López se entrega a la «justicia Venezolana». Sin pruebas (a confesión de Nieves), lo hacen responsable intelectual de la violencia que desataron las manifestaciones del 12F-14 en Caracas. Le encarcelan y año y medio después, en septiembre de 2015, le condenan a trece años, nueve meses, siete días y doce horas de cárcel… Recién termino de leer el diario de Leopoldo, Preso pero libre escrito desde la cárcel de Ramo Verde. Un manifiesto de fortaleza, espíritu y dignidad, como a pocos hombres le he conocido.

 

 

El calvario que Leopoldo ha asumido en la cárcel es propio de un luchador a cabalidad, de una convicción indoblegable. Un sacrificio desgarrador por una Venezuela honesta, próspera y libre. Vivir en dos metros cuadrados, con poca luz, impedido de comunicarse con el mundo; separado de sus hijos, de su esposa, padres, parientes, amigos y militantes, comporta un esfuerzo descomunal. La soledad, las carencias, la sensación de pérdida, de hastío, es compensada con un riguroso ejercicio de fe y de carácter. Me pongo en los pies de Leopoldo y trato de sentir lo que escribe su piel antes del amanecer (que no avista). Siento frio, desolación y un dolor penetrante, mismo que emana cuando no apartamos de nuestra mente y corazón, a nuestros hijos, a Manuela Rafaela y Leopoldo Santiago, que crecen sin la bendición ni el abrazo de su padre. Pienso, después 30 meses de un injusto encierro, cómo transmitir a su incansable y fiel esposa, la fuerza y determinación para seguir adelante.

 

 

Pienso en su madre, en su hidalguía al verle (ausente) en esta desalmada injusticia… En su padre, hombre que a su edad merecía contemplar, nietos e hijos juntos disfrutando de la unión de una familia educada, feliz y libre. Pienso en su hermana Diana, una mujer de una bondad infinita, soñadora, generosa, decente como su crianza, ganada a la belleza, a lo espiritual, a su hermano…Pienso cómo un país tomado por el odio y la insensatez, ha hecho de Leopoldo López un gladiador convicto, convirtiendo al pueblo en un coliseo romano, donde la vida  la decide un emperador y sus huestes… Y pienso en cada uno de nosotros que debemos rendir tributo y honor a su sangre, sudor y lágrimas por nuestra libertad.

 

 

Trato de asimilar cómo [Leopoldo] se acobija en sus lecturas. En los pasajes de la Biblia, el vía crucis de Jesús, los salmos, sus oraciones, sus predigas. Pienso cómo se abraza al perdón, a la misericordia, al propósito de enmienda, aun siendo víctima de tanta agresión y perfidia… Reviso la historia de hombres como Martin Luther King, Mandela, Gandhi, en los que encuentro un una fuerza motriz común a la de Leopoldo y que  al decir de Einstein  «es más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad».

 

 

Pero la maldad es terca. A Leopoldo le han quitado los pocos “consuelos” que tenía. No más libros, ni ejercicios fuera de la celda. No más  visitas, salvo  familiar o conyugal, grabadas en todo momento o suspendidas a discreción. En medio de tanta inquina y vejamen, López trata de lidiar con su  verdugo y su circunstancia. En medio de la oscuridad trata de visualizar una Venezuela en paz,  próspera,  decente y reconciliada. Sigue el ejemplo de  su bisabuelo, el médico Eudoro López, quien fue perseguido y preso político del régimen de Juan Vicente Gómez  y por lo cual sus parientes sufrieron exilio por dos décadas.  López, un aventajado estudiante de Harvard, conocedor del buen gobierno y de la libertad como postulado fundamental del desarrollo humano, está preso por un gobierno que no concede (libertad), a quienes se juegan la vida por defenderla.

 

 

Lilian -su esposa- denunció que Leopoldo está absolutamente aislado. No habla con nadie. Le desnudan para requisarle varias veces al día. Sin embargo Leopoldo no se cansa y nos llama movilizarnos pacíficamente y en el marco de la Constitución.  Un ejemplo de dignidad de quien ha sido tratado como el peor de los fariseos, en el peor tiempo, por los peores legionarios. Sin embargo y sin decaer, ha expresado: “Sé que voy a salir en libertad y cuando lo haga estaré más fuerte de alma, mente y cuerpo. Saldré fortalecido y sin rencores. El odio y el resentimiento son las reacciones propias de los miserables que han llevado a nuestro país a esta crisis humana tan severa, a hacernos, física y espiritualmente, más pobres e infelices”.

 

 

Sin duda, palabras de un hombre noble que ha madurado en la cárcel, no sólo lo político sino el complejo desafío de cambiar y rescatar a una Venezuela sensiblemente banalizada, empobrecida y dividida… Por cierto, he leído la carta abierta del Sr. Almagro a Leopoldo López. Celebro la solidaridad del secretario de la OEA, un ente que hablando de vanidad, sigo sin comprender cómo bosteza frívolamente mientras en sus caras, en sus manos y sus consciencias, arde la Carta Democrática Interamericana.

 

 

Es cierto Leopoldo: sigues libre como el viento, llevando en tu martirio la fuerza moral que mantiene viva la esperanza de una nueva Venezuela. Ánimo López. Serás luz fundamental que iluminará el nuevo camino que hemos de andar, con el talante quijotesco de vuestra prosapia, y la inspiración de tus hijos, nuestros hijos de la patria. ¡Falta poco…!

 

 

Orlando Viera Blanco



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