Fallida fuga… hacia adelante
mayo 19, 2017 4:49 am

 

“La gente inteligente habla de ideas, la gente común habla de cosas, la gente mediocre habla de gente”.

 

Jules Romains.

 

Confrontados por la realidad que se desborda en cuestionamientos y denuestos, emplazados por el fracaso, la deslegitimación y la falta de talento, el presidente y otros usufructuarios del poder chavista han decidido intentar la manipulación de los pobres, una vez más, proponiendo una terapia que solo distraería al enfermo, al desahuciado paciente que se llama ciudadanía. Ese estado civil que desbocado anda, con todos sus arrestos, aunque aún militante pacífico. Esa amenaza que alza su voz y pide cuentas.

 

 

 

Vuelve el cuento del gallo pelón incluyente. Vacuo, soso, falaz, como el arrastracueros, se mueve el oficialismo en búsqueda de una boqueada de viento, falto, carente, incapaz de conectar con un pueblo agotado de mentiras y de discursos ligeros que no logran eclipsar el desastre que para todos alcanza y que amenaza con llevarse por el albañal el porvenir de la nación.

 

 

 

Acosado por los yerros, se reúne el presidente con sus asesores y, el referente “constitucionalista” le convence de que solo quedan dos caminos. Renuncia o ataca por última vez, victimando a la V república y el legado de su mentor en el estirón. Piensa el presidente con una oferta demagoga al más puro estilo chavista, reconquistar lo que la calle anuncia que perdió. Se ilusiona y permea una propuesta, sin embargo, obvia la verdad y lo traslada al terreno cínico del fraude. Una constituyente sectorial, territorial. El presidente, por lo pronto, cuenta con Padrino, Reverol que, como él, no tienen el coraje ni la limitante ética sino para utilizar a los felones, adulantes, lisonjeros, que tienen las armas de la república para ensayar lo que presentaran como una jugada maestra. Encaja en la Constitución chavista, una puñalada de esencia chavista y construye su tramoya con convicción. La carrera democrática quiere amañarla el presidente para ver si la gana. Pacta con el demonio sin desesperación.

 

 

 

Entretanto, la patria se bate en la calle contra el hambre, el miedo, el hastío, la frustración y la más completa decepción. La patria no es solamente un vocablo en el ritual militar y en la retórica de los burócratas, es pueblo de verdad, son mujeres que sudan y gritan porque aman y muchachos que no temen morir por una buena causa para vivir. Son unos y otros que se conocen aquel día, en la marcha, en la guarimba y derrochan empatía. Son capaces de asumirse fraternalmente, gustosamente confundidos en el agua que proporciona el viejo de la esquina o el bicarbonato salvador que cura la ceguera momentánea o suaviza la nariz ardida. Ese soplo de aire que regresa a los pulmones míos lo comparto contigo sonriente.

 

 

 

Pudo más bien el presidente mostrar pudor y evitarle al país más muertes, sufrimientos, desfiguraciones. Bastaría enseñarles a propios y extraños que un poco de moral aún queda en la osamenta del líder que, no por afortunado y consentido del caprichoso destino, deja de entender que las resultas postulan un grueso expediente que lo imputa como responsable de seguir y ampliar como pocas veces la historia del mundo fue testigo, del enorme cataclismo que desbarató a Venezuela, por cierto, en uno de sus momentos más prometedores.

 

 

 

En el fondo hay un ser humano como los demás, pero distinto porque trascendió para liderar a sus congéneres, es un hombre del poder, es un semidiós a ratos, una estatua probable que camina, un espíritu envidiado. El nombre de una represa o de un liceo. Muchas fantasías adornan su pensamiento, pero no puede ni debe perder su vínculo con la verdad y con la consciencia. Todo se reúne en un instante que lo coloca en el espejo ante sí mismo y descubre su verdadero tamaño cuando opta por servir al propósito de la institución que representa o, prefiere ese atrayente lado oscuro que al parecer todos tenemos. Viene a mi memoria Nietzsche y: “La maldad no tiene por fin esencialmente el sufrimiento del otro, sino su propio gozo, bajo la forma, por ejemplo, de un sentimiento de venganza o de una fuerte excitación nerviosa”.

 

 

Nelson Chitty La Roche



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