En defensa de la Fuerza Armada
mayo 3, 2015 6:30 am

Venezuela vive una situación de virtual indefensión respecto al hampa, quien ha tomado literalmente al país. Luce el gobierno disminuido frente al poder que despliegan los grupos delictivos, los cuales con armamento sofisticado parece que se han adueñando del país. Las llamadas zonas de paz se han trasformado en especie de aliviaderos para que el hampa haga de las suyas ante la falta de presencia del Estado venezolano y sus expresiones armadas para restaurar el orden. Ahora, frente al vacío que deja la fuerza pública, los conflictos por el control de los espacios se dirimen a plomo entre el hampa organizada y los llamados colectivos, con el resultado lamentable de víctimas fatales, que a diario llenan las páginas de los diarios.

 

 

En esa lucha fratricida el ciudadano se siente indefenso, desprotegido porque las políticas de seguridad con sus múltiples planes han fracasado rotundamente, tanto en la acción preventiva como en la represiva. Ello tiene que ver con un trato complaciente con el delito que se fue incubando con frases desafortunadas como aquellas que justificaban el robo si el ladrón tenía hambre. U otras entre las que destacaba el hecho de que la revolución era pacífica pero armada. Todo ello fue creando una situación donde los hampones o aspirantes a serlo, se sentían empoderados en los hechos. Los resultados están a la vista: un hampa desbordada.

 

 

Los integrantes de los cuerpos policiales se han constituido en víctimas propicias de los delincuentes, toda vez que su arma de reglamento pasó a ser un instrumento de trabajo para quienes delinquen. Una revolver o una pistola es hoy en Venezuela una herramienta para cometer todo tipo de fechorías.

 

 

En medio de esta terrible situación se encuentran quienes conforman la Fuerza Armada Nacional en funciones de garantizar la seguridad pública como es el caso de la Guardia Nacional Bolivariana, cuyos miembros al igual que los policías son las víctimas predilectas del hampa. Es muy clara la función y la contribución de la FAN al desarrollo nacional, tanto por la preparación de sus oficiales como por los riesgos que toman en la defensa del orden.

 

 

La preocupación que me anima a escribir estas notas es la frecuencia con que se están produciendo las bajas de funcionarios que se ha venido apreciando y que por la propia naturaleza de la institución armada, no son ventilados en la opinión nacional. Muchos familiares de los militares, oficiales y el resto del personal, deben estar contestes en que las políticas para mejorar la seguridad no han dado los resultados esperados y ello debe motivar a la reflexión. Soy de la opinión que, dado el estado de avance del hamponato en Venezuela, la FAN es parte de la solución a ese flagelo. Las policías son fundamentales pero insuficientes y sin la participación activa de la FAN no hay efectividad en el combate al auge delictivo que sufre Venezuela.

 

José Guerra



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