El poder y la ética del poder (5)
enero 5, 2015 11:21 am

“Un objetivo que requiere medios injustos no es un objetivo justo.” Albert Camus. Citado por Antonio Ecarri Bolívar

 

Afirmamos que el propósito del poder enmarca su actuación y postula una ética que cuida su actuación. Confesamos no obstante que el tránsito del gestor de intereses comunitarios conoce de espejismos y a menudo vacila en el complejo de inevitables aporías. Lo que escribamos puede y será discutido y hasta contradicho. Lo asumimos por cierto.

 

CAP es un capítulo rico en la experiencia del poder para mostrar su naturaleza y complejidad. Es el hombre duro en la lucha contra la subversión a la que contribuyó decisivamente a derrotar. Luego recibió un up grade democrático conduciendo el país en medio de una, aparentemente, perniciosa abundancia que atrajo a todas las tentaciones. Regreso del poder a la arena criticado pero admirado en simultáneo, lo que facilitó otra elección y de nuevo en el poder pero sin dinero a manos llenas como la primera vez. Decidió entonces atreverse a cambiar la política económica lo que lo postulo al cadalso partidista y debilitó su preeminencia popular. En ese ínterin apareció la aventura militar a la que derrotó sin embargo para después resultar juzgado por una malversación de fondos públicos. Camino siempre dando la cara.

 

HCHF fracasa en un intento de golpe de estado para descubrirse a sí mismo como el carismático actor que destaca en la tragedia de la política con el discurso del odio y la sistematización de una presentación vital que sincroniza a la masa que deambula en la frustración. Notable comunicador utiliza su condición militar como un rasgo ordenador que combinado con la sensiblería del humilde armoniza. Denunciando un orden que ha perdido sus convicciones convence con la administración de una argamasa de invocaciones y atavismos que la ligereza le permite y luego pivotea su luz en el oscuro túnel de las vacilaciones adueñándose de la tea del icono histórico. Bolívar fue arrancado de la nación y con el gesto segrega, divide, extrae una clientela voluble y la captura en la definición de clase social. El y los pobres se funden. Seguidamente lleva a cabo el proyecto Ceresole y ejército, caudillo y pueblo consuma la usurpación de la soberanía popular y además del poder dentro del estado desde el poder del gobierno. En el esfuerzo HCHF construye una entidad político territorial populista, pseudodemocratica, militarizada y socialistoide.

 

Tal vez alguno pensara que exagero o me quedo corto con el uno o el otro pero a los fines propuestos no es grave. He querido mostrar ejecutorias de hombres que conocemos y de los que pienso es posible comparar su relación con el poder y su capacidad para disciplinarse frente al ejercicio que pone a prueba al hombre y al rol que lo mediatiza o al menos lo sesga frecuentemente. No es lo mismo Pepe Mujica que Nicolás Maduro y ni hablar de los Castro o Poutine. Cada uno puede y debe ser examinado por el tribunal de la historia que comienza sus deliberaciones desde la tribuna de los conciudadanos.

 

Existe como diría Maquiavelo pues una ética de la política que se concreta en la actuación que privilegia el interés de la ciudad y que entiende que la responsabilidad ante el colectivo dicta a la consciencia del hombre de poder pero, más allá de la excepcionalidad que ofrece ocasiones difíciles y muestra al bien detrás del mal es la perspectiva del bien y no la del mal la que puede y debe prevalecer. Entre CAP y HCHF la distancia ética es abismal porque el segundo solo era un demagogo que hizo del poder un instrumento para su complacencia personal, amoral e inmoral.

 

Para Maquiavelo salva su alma el poderoso si salva a la ciudad aunque la pierda en el mal. Como diría mi amigo Máximo Febres Siso, no es aceptable pero; el demagogo pierde su alma y pierde a la ciudad que engaña y manipula aunque la sirva como ella lo demanda…!

 

Nelson Chitty La Roche, nchittylaroche@hotmail.com, @nchittylaroche 

 

 

 



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