El milagro de los Balcanes
junio 28, 2016 5:14 am

 

 
Escribo desde Dubrovnik, Croacia. Lamento que compromisos de trabajo me hayan impedido acompañar a la ‎delegación de diputados venezolanos a la OEA. Escucho el informe de Almagro sobre Venezuela. Oír tanta barbarie desde costas del Adriático y tierras Balcanes, donde hace 25 años, 6 pequeñas naciones exyugoslavas declararon su independencia (Monte Negro, Serbia, Bosnia, Herzegovina, Eslovenia, Macedonia y Croacia), tras guerras de mutilados, al mando de sanguinarios como Milošević, no me dejó menos que una profunda vergüenza y sensible perplejidad. Nuestro país lo han convertido en tierra salvaje, desolada y devastada, como lo vivido en estas latitudes. Pero si en Europa Central -incendiada y decapitada-de pronto amaneció en paz, abrazo la misma esperanza que en Venezuela sucederá lo mismo.

 

 

 

En Croacia no triunfan los sentimientos encontrados. Guerras brutales, cuyas brechas han sido superadas. Se respira paz, perdón, conformidad y alegría. Felices de tener un país en pleno desarrollo con una economía pujante, de turismo, tecnología e investigación (con la primera empresa farmacéutica de Europa Central/Pliva), y astilleros de primera línea. Una nueva generación tiene garantizada educación, salud, trabajo y calidad de vida. Croacia es el país más seguro de Europa Central, con 4.5 MM de habitantes. Su limpieza es impecable. Su gente caucásica, hermosa, bien presentada, por amable, educada y saludable. No llevan cicatrices de pasados tórridos y brutales. El centro de Dubrovnik lo resume una citadella-fortín, regia, elegante, como Malta, Venecia o San Petersburgo. Un estilismo románico, empedrado, con campaneros en cada esquina; cruzada por pasadizos que asemejan rutas medievales antorchadas, iluminadas con lamparillas de luz tenue, como épocas greco-espartanas, donde la algarabía -día y noche- es a lo menos apacible y romántica. Nada de violencia, nada de reflujos.

 

 

 

En este marfil ambiente, al pie de un pequeño muelle, me senté a escuchar a Almagro describir en la OEA lo que hoy es Venezuela: «No hay alimentos, ni productos higiénicos. Es el país más corrupto y menos transparente del continente. Su criminalidad es 58 homicidios por cada 100 mil hab. (Siendo la real 98 por cada 100 mil almas). Cuenta con las reservas de petróleo más elevadas del planeta, pero con salarios mínimos de $28/mes (a tasa oficial). No hay medicamentos, instrumentos, equipos ni material quirúrgico. Hay presos políticos y sometidos a juicios sin presunción de inocencia. El 80% de los jueces son temporales, removibles y en efecto, sujetos a una línea de mando oficial. No existe separación de poderes. El CNE tiene 4 funcionarios que pertenecen al partido de gobierno. El control constitucional lo tiene una sala situacional proejecutivo, elegida entre cenas de Navidad y Año Nuevo. No hay luz, porque a pesar de haberse administrado más de 1.4 trillones de dólares en tres lustros, el parque termoeléctrico siguió vetusto. Los camiones de alimentos van escoltados por las FFAA. La inflación tocará el 720% este año, y van más de 250 saqueos en el año. Mueren niños, bien por violencia criminal, bien por hambre o por enfermedades terminales. La escasez llega al 70%, y la gente duerme días a las puertas de supermercados para coger un paquete de trigo o un frasco de salsa de tomate. Si alguien es pillado firmando o promoviendo el RR, puede terminar preso (por legitimación de capitales) o botado de su trabajo. Vamos vigilados por inteligencia cubana. Habiéndose obtenido diez veces las firmas para activar el RR, el CNE de un plumazo, invalido un tercio de ellas.” En fin, Venezuela está a tiro de convertirse en tierra «balcana», otrora tierra de inmigrantes y libertadores. Ese es el legado de la mentada revolución. Y nuestra «canciller» aún tiene ‎garganta para decir, «no se dejen engañar, en Venezuela no hay crisis humanitaria», lo que ocurre acá en la OEA es que se está incitando un golpe de Estado -sic-.

 

 

 

Revisando notas sobre ex Yugoslavia, vemos que sus pueblos fueron subyugados por religiones ortodoxas, ocupaciones fanáticas y violentas, en tierras aisladas. Nuestro país (caudillesco y clientelar), fue tomado por «el falso positivo» de una «revolución bonita»‎, ‎que ofreció empoderar al pueblo, y lo que hizo fue formar militantes ideologizados, idiotizados y obedientes, dirigidos no por la pregonada justicia social, sino por el odio, la gula y la inquina, desde la cual se construyó una sociedad dividida, insaciable, uniformada y empobrecida en lo material y en lo espiritual.

 

 

 

A pesar de la barbarie, el sol salió en Croacia y Macedonia meridional. Un colega croata me dijo: «del mal recuerdo aprendimos, que de la violencia nada». Hoy los Balcanes es turismo. Milošević fue juzgado y su pueblo redimido. La revolución no será la excepción. Pagará el error histórico -antirrepublicano e inhumano- de haber convertido «tierra de gracia» en tierra de «socialismo o muerte». ‎De pronto un video con el corrío “Pajarillo” interpretado a galope, por Jesús A. Joves, aparece en mi ordenador. Al final 11 venezolanos con 11 letras piden revocatorio. Una lágrima y una luz elevaron mi espíritu en los Balcanes. Buen augurio.

 

 

 

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