Diálogo y desesperanza
diciembre 9, 2016 8:02 am

“Cuando termina la palabra, empieza la violencia”

 

 

Hannah Arendt

 

 

 

Una mezcla de fatiga, rabia y escepticismo empapa los espíritus de la gran mayoría de los venezolanos. El diálogo que fue presentado como un intento de evitar el choque entre el gobierno y la oposición, pareciera no lograr los naturales objetivos que ante él país lo hacían legítimo y, una sensación de fracaso común a tantas cosas que nos conciernen se apodera del ciudadano.

 

 

 

Mucho además se especula, sobre las razones de esa percepción general de desastre. De un lado se aduce que las partes no han actuado con la debida franqueza y ello echa sombras difíciles de disipar. Se repiten consejas que apuntan incluso hacia la deshonestidad de unos u otros. De otro lado, se advierte que habría faltado experiencia y calidad en los negociadores de la MUD, lo cual se suma a las ya inocultables diferencias entre sectores y partidos que si bien integran o respaldan a la alianza manifiestan perspectivas distintas con relación a la visión estratégica del asunto. Ni siquiera los acompañantes que llaman también mediadores escaparon ilesos de dudas y sospechas.

 

 

 

Lo cierto es que una capa gruesa de incredulidad se cierne sobre el ensayo y, los conciudadanos evidencian una suerte de compleja desesperanza, aunada a renovada desconfianza y tal vez incluso, ira malsana contra todo y todos se siente a la distancia en el segmento social al cual pertenecemos, sin que luzca distinta la emoción.

 

 

 

El país está harto del bamboleo de la culpa de su situación horrida. El oficialismo no admite ni los apabullantes hechos que a los compatriotas atormentan diariamente. No hay medicinas, ni alimentos, ni repuestos, ni juguetes a precios aceptables. El fulano superintendente de precios justos deambula abusando a placer y algunos comerciantes realmente, subieron los precios sin que racionalmente se justifique. El tema del dólar y su brutal incremento se agrega a las calamidades de aquellos que precariamente sostienen una empresa o sociedad mercantil y lidian con las necesidades de insumos o productos importados sin conseguir en el mercado de divisas lo que demanda la dinámica de su negocio.

 

 

 

Paralelamente y como para soliviantar los espíritus ya caldeados y expuestos, vemos a los enchufados chavistas contar con ventajas, prebendas, prerrogativas, carros, pasajes aéreos, créditos, contratos y podríamos seguir enumerando facilidades y canonjías para militares y afectos al régimen. Hace poco me mostró un conocido un pasaje ida y vuelta a Madrid con Conviasa que al cambio del día le importó 200 dólares americanos y con Cadivi de 2000 euros o aproximadamente, calculó que iría y volvería pero además redondearía su navidad. ¿Quiénes de los lectores se pueden dar ese lujo ?

 

 

La oposición perdió confianza y ganó entre sus seguidores desconfianza, dudando estos de su convicción y de su fe. En efecto; la pobreza de los resultados, por lo menos, hasta ahora, conspira contra el liderazgo. La queja es general y aunque ciertamente sabemos que una suerte de aporía constitucional y democrática caracteriza al asunto, no es menos cierto que hace 6 semanas la gente ponderaba en el ambiente una relación favorable en el forcejeo, en el duelo de voluntades que se libra entre el gobierno y la oposición.

 

 

 

Donde estamos entonces? En mi criterio el oficialismo hábilmente desmontó una presión que aun cuando no garantiza resultados era coherente y congruente con la imprescindible relación de calle y actores institucionales. La AN había tomado un segundo aire aun y a pesar de sus limitadas posibilidades, habida cuenta del cuadro de desconstitucionalización en el que vivimos y del lamentable rol de guardia pretoriana que cumple la FAN. Parte de ese adquirido, pienso, se extravió en el camino del diálogo, dejando exhausto el poder de convocatoria y la disposición de la sociedad opositora.

 

 

 

Se nos agota el tiempo a todos y el cinismo de Maduro conjuga con la patanería de Diosdado convertido en el bocazas chavista, procaz, grosero y amenazante siempre. La MUD debe hilar fino para no estirar la paciencia de sus huestes más de lo que vemos ya agotada y lo más importante a decir es, que, el tiempo que viene será más tenso que el que vivimos, y urge inventar una salida de este gravoso laberinto en que nos metió la demagogia y el populismo sin olvidar la sinverguenzura del universo institucional.

 

 

 

Llegó la hora del pensar profundo como oímos antes decir y, parir entre sangre, sudor y lágrimas, una secuencia existencial llamada cambio, no es lo peor que nos puede pasar. Prefiero el trauma que pueda venir al trauma de que no pase nada y todo siga igual.

 

 

 

Nelson Chitty La Roche