Del madurismo y otros mutantes más
mayo 5, 2017 5:53 am

 

LA OPINIÓN DENelson Chitty La Roche
«El sueño de la razón, engendra monstruos”.

Francisco de Goya

 

 

Confieso que cuando Chávez designó a Maduro como su sucesor, pensé y sostuve, además, ante propios y extraños, que me lucía legítima su decisión por encontrarlo, a Maduro, el más dispuesto a seguir su pensamiento, el de Chávez, y a representar su epígono inclusive. Pocos años después me interrogo una vez más y tardo en responderme siendo, que hay espacio para una duda razonable.

 

 

 

De un lado, Maduro ha sido y es capaz de muchas incapacidades dada su perceptible ineptitud, pero especialmente ha sido incapaz de corregir, ya para el tiempo de la muerte del comandante, el visible fracaso de las políticas públicas que su mentor originó y que nos conducen, aún hoy en día, camino a una interminable caída por los acantilados de las finanzas públicas y del empobrecimiento social, económico, cultural, sanitario, educativo institucional y espiritual que nos desfigura como nación.

 

 

 

De otra parte, llego a la angustiosa conclusión que Maduro, motu proprio, protagoniza una suerte de retorsión, una convulsión que lo desborda como imitador y lo talla, específicamente, en otro rol, largamente más ególatra y resentido, acomplejado, venenoso que su predecesor y más pernicioso igualmente.

 

 

 

Maduro ya no es Chávez ni le importa el chavismo. Maduro es un mutante, una suerte de zombie que trascendió a su origen y perdiendo su alma en el sendero del estelarismo que no pudo desempeñar con acierto, se aferra y con él los otros segundones y espalderos del difunto Chávez, en la idea de que solo el poder los mantiene vivos y, a costa del desastre corrupto y del saqueo irresponsable, tendrán a sus socios de uniforme con ellos, cual pretorianos dispuestos a la quema de la ciudad a la orden del Nerón de Miraflores.

 

 

 

Lo último es la mejor prueba. Sueña, en su irracionalidad el presidente, con una asamblea nacional constituyente integrada por sus compañeros, camaradas, correligionarios del festín baltasariano de la demagogia, del populismo, del totalitarismo, del PSUV y alguna otra gente para redondear la comparsa. Salchicheros, bodegueros, sancocheros, saltimbanquis asesinarían con él la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, de Chávez, y en el evento la quinta república de Chávez, la constituyente de Chávez y cualquier otra forma o parecido con su otrora líder y parámetro existencial también será abatido.

 

 

 

Liberado ya de Chávez y su pesado legado, dejará a Diosdado para esa nostalgia fatua y se hará su propio nicho, con su impronta personal, un dictador sin complejos ni remordimientos y particularmente empecinado en conservar el poder hasta el día del juicio final, y sin rendirle cuentas a nadie ni en este mundo ni en cualquiera otro que pueda haber.

 

 

 

Me viene al espíritu, Academia pesando, una frase de Sieyes, padre de la teoría del poder constituyente y cuyo texto reza como sigue: “En toda nación libre y, toda nación debe ser libre, no hay sino una manera de terminar con las diferencias que se produzcan con respecto a la Constitución. No es a notables a quien hay que recurrir: es a la nación misma. Si carecemos de Constitución hay que hacer una; solo la nación tiene derecho a ello.

 

 

 

Un poder o su ejercicio, desprovisto del necesario compromiso ético, se extravía de su legitimidad y se corrompe inevitablemente. Por eso, el Estado civil debe resistir. ¡Es tiempo de épica existencial, va de retro mutante!

 

 

 elson Chitty La Roche

nchittylaroche@hotmail.com