Aquí nadie quiere cambiar
agosto 4, 2014 6:08 am

Yo te voy a decir lo que tienes que hacer: ¡cambia tú y haz bien lo que tienes que hacer!

 

“¿Y qué puedo hacer yo, que soy un simple ciudadano de a pie?”… Todos, en algún momento, hemos escuchado esa pregunta.

 

He releído recientemente el libro del Dr. Manuel Barroso “Autoestima del venezolano”. Debería ser obligatoria su lectura, pues desnuda los arquetipos de nuestra idiosincrasia y las causas de nuestras enfermedades sociales. Reconocer nuestros problemas como preámbulo para resolverlos.

 

El miércoles pasado estuve en el Ministerio de Relaciones Exteriores. Fui a recoger unas partidas que había llevado el día antes a apostillar. “Venga mañana a la una”, me dijeron. El papel decía que el retiro se hacía a partir de la una y treinta. “No, es a partir de la una”. Innecesario decir que ni a la una, ni a la una y treinta. Cuando sugerí quejarnos, una muchacha me advirtió “ni se le ocurra, señora, recuerde que ahora hay que pedir permiso para protestar; a un primo mío lo pusieron preso en Cumaná la semana pasada por eso”.

 

En dos horas y media me topé con un muestrario de los arquetipos que describe Barroso. Desde el que piensa que no se merece nada en la vida, hasta el que siente que se lo merece todo. Desde el que se conforma “con lo que haya” hasta quien le parece que de “este país de m… lo que hay es que irse”. Desde los abusadores de oficio hasta quienes por costumbre se dejan abusar. Desde los humilladores profesionales, que pisotean la dignidad de quien se les pare por delante, hasta los sobrados a quienes nada les importa.

 

Me topé con los empleados desidiosos y con quienes hacen negocio a cuenta de la ineptitud de ellos, o peor aún, con ineptitudes à propos, porque se aprovechan de su posición en desmedro de los demás. Y como si esto fuera poco, me topé con el culto a la personalidad, una serie de retratos del difunto presidente Chávez con eslóganes que sugieren que si queremos seguir viviendo, tenemos que vivir como Chávez vivió… Mayor subdesarrollo, imposible.

 

En fin, experimenté una muestra de nuestros vicios en el mismo lugar, en el lapso de dos horas.

 

“¿Y qué puedo hacer yo, que soy un simple ciudadano de a pie?”… Yo te voy a decir lo que tienes que hacer: ¡cambia tú y haz bien lo que tienes que hacer! Solo imaginen lo que se lograría si cada uno lo hiciera. Aquí queremos que las cosas cambien, sí… . pero nadie quiere cambiar.

 

@cjaimesb