A mis hijos… ¡gracias y Dios los bendiga!
agosto 19, 2020 7:27 pm

 

“El amor por Venezuela ha sido la tarea bien cumplida que cada uno de nosotros hemos transmitido a nuestros vástagos. Y esa huella perenne, es imborrable…”

 

 

Son las 2 pm de un día normal de verano. Tocan a la puerta. No quiero abrir. He generado cierta resistencia a recibir correspondencia. Sabía que mi esposa esperaba “un paquete”. Despachando en mi escritorio llega “la caja” a nuestras manos, la cual veo con recelo por la paranoia viral que nos invade. “Abre el paquete” me dice mi esposa con mis hijos al teléfono, lo cual me parece sospechoso siendo que además no son días ni de cumpleaños, del padre, aniversario o navidad. Al abrirlo, ¡oh, santo Dios! ¡Lo volvieron hacer…! Mis hijos y su mamá repetían la hazaña que diez años atrás habían realizado. ¡Pero esta vez lo multiplicaron por siete! Demasiada carga para un sólo corazón…

 

 

Siete estrellas, siete años, siete vidas…

 

 

La historia de Venezuela de los últimos siete años hay que releerla para entenderla o replantearla. El sentido de la antifragilidad pasa por el sentido de la impermanencia. De cómo los venezolanos tenemos que ponernos de acuerdo para darle punto final a una historia devastadora que nadie fue capaz de anticipar. Lo que sucedía en 2013 era un verdadero desastre en todos los aspectos de la vida de una nación. La inflación era 50% anual y el valor de la cesta básica el doble del salario mínimo. Esto ya hacía incomprensible vivir así. Sólo un septenio más tarde la inflación pisó un millón por ciento, perdimos el cono monetario, un dólar pasó a costar 3 billones de bolívares y hoy la cesta básica [valorada en 280 dólares] ¡le toma a un venezolano pagarla 15 años de trabajo al hilo, a razón de obtener 5 centavos de dólar el día o 1,50 dólares al mes!

 

 

Todo lo releo en “la caja de pandora” …

 

 

[…] Al abrirla [la caja, con mis hijos en las gradas digitales], encuentro un libro con una foto mía en la portada. Tomo I titulado: “Análisis Cultural de Venezuela 2013”. En la encomienda quedaban más libros. Creía que eran repetición de un mismo tomo. Pero no. Eran seis tomos más correspondientes a los años 2014 al 2019. Todos con portadas y contraportadas diferentes, citas puntuales de nuestros ensayos y entrevistas del universal, revistas, investigaciones y especiales a varios portales. ¡Los siete tomos estaban internamente ordenados por fechas; siete estrellas en el “lomo” de cada ejemplar, biografía del autor y una dedicatoria inenarrable por hermosísima, que no tenía aliento ni voz para leer. Mis hijos-entre alegrías y gemidos-me decían “dale papi, termina, ¡tu puedes!”. Una década atrás habían hecho una compilación de mis columnas. Ahora después de casi un año de arduo trabajo clandestino, hicieron una edición ¡que ni editorial Planeta o Antillana lo hubiese hecho mejor!

 

 

Al abrir al azar el primer ejemplar me encuentro con un ensayo de febrero 2013 titulado “Golpe Seco”. Historia surrealista con la particularidad que no es una novela. ¿En dónde hemos fallado me pregunto? ¿Por qué aún no salimos de esta pesadilla? Es como la del holocausto. La maldad que sobrepasa todas las capacidades de rebelarse. ¿Cómo sobrevivirlo? Pensando que viene un futuro mejor, donde nos reencontraremos todos en casa, en familia. Y escribirlo, sana…

 

 

Contemplé la historia viva que hemos padecido. Cuánto sufrimiento, cuántas injusticias, cuántas nostalgias escritas en más de dos mil páginas, 700 ensayos y sólo siete años. Parece un siglo. Pero amanecerá y los araguaneyes, las guacamayas y la dama ciega en la balanza, volverán.

 

 

Me armé de aliento y pulmón para leer la dedicatoria. En mi cabeza venían tantas imágenes como experiencias de nuestra triste historia de sangre, sudor y lágrimas. No lo hubiese creído si no lo hubiese escrito yo mismo. Lloré. No se si por la dedicatoria de mis hijos o por verlos hacerse adultos fuera de su país. Quizás por ambas cosas…

 

 

Para papá y su incansable lucha por Venezuela…

 

 

Cito: “Ahora, más allá de Venezuela y de la política, queríamos recordarte lo importante que eres para nosotros como hijo, padre y esposo. No queremos esperar a un futuro cuando ya estés viejito para decirte lo importante que eres en nuestras vidas. No pasamos por alto (sobretodo a medida que vamos creciendo y convirtiéndonos en adultos) todo lo que has hecho por cada uno de nosotros a lo largo de nuestras vidas. Sabemos que si nos equivocamos siempre estás ahí para ayudarnos a arreglarlo, que si tenemos dudas sobre algo tú nos sacas de ellas y que, aunque alguien nos trate de lastimar, tu no lo permitirás…” ¿Cómo no creer en la Venezuela grande y buena que viene si la gran mayoría de los hijos de la patria así nos sienten?

 

 

Por eso tanto como creer, tengo la convicción que nuestra antifragilidad, nuestro buen sentido de pertenencia, pero también es de impermanencia de la maldad-que es temporal-cesará.  Es la potencia irreductible de los buenos hijos de la patria, cuya llama no se apaga. El amor por Venezuela ha sido la tarea bien cumplida que cada uno de nosotros hemos transmitido a nuestros vástagos. Y esa huella  perenne, es imborrable.

 

 

Termina la dedicatoria: “Que tu lucha nunca se acabe. Estaremos detrás apoyándote como podamos. Verte hacer lo imposible es un orgullo que sigue creciendo. Es sólo el comienzo, ya que como siempre bien dices, falta poco ¡muy poco!  Te queremos mucho…”

 

 

Y yo seguiré detrás de Uds. La historia no la haremos los padres sino los hijos. !Gracias por tanto y Dios los bendiga!

 

 

Orlando Viera-Blanco

@ovierablanco. 

Embajador de Venezuela en Canadá. 



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