Las razones de la usurpación
enero 11, 2019 6:11 am

 

Maduro quiere continuar en el poder para administrar, todavía más, la ruina de la sociedad que tuvo la mala fortuna de sufrir su paso. De administrar a su manera, desde luego, lo cual significa la prolongación de una faena de destrucción en cuya cabeza ha destacado y que necesita continuar para que no se descubran del todo los infinitos horrores que ha causado junto con una pandilla de acólitos incompetentes y corruptos; o para sentir el cobijo que solo puede encontrar en la compañía de los miembros de su pandilla.

 

 

¿Cómo evita el castigo por el desfile de horrores que ha padecido Venezuela durante su régimen? ¿Cómo encuentra la alternativa de un refugio que lo libre del castigo que sus atrocidades merecen? ¿Acaso tiene un lugar más seguro que el Palacio de Miraflores para sentir la posibilidad de una rutina que puede sobrellevar sin riesgos? ¿Acaso puede topar con mejor compañía, tan habituado como está al trato con los incompetentes y con los delincuentes que han formado su corte de los milagros? ¿Acaso cuenta con albergues extranjeros, locos por recibirlos y dichosos de antemano por disfrutar su compañía?

 

 

Aquí cuenta con la mordaza que ha aplicado a la mayoría de los periódicos y con el alicate que ha aplicado a través de Conatel a las radios y a las televisoras. Así puede, según piensa, evitar que se conozcan del todo sus tropelías y las andanzas de sus secuaces. Aquí cuenta con una llamada asamblea constituyente dispuesta a cambiar la carta magna y cualquier otro papel que se atraviese, con el objeto de garantizar que siga en las alturas mientras tiene la piedad de acordarse de sus miembros para lo que se necesite en materia de empleos y prebendas. También tiene la devoción de un rosario de cuarteles desvelados por el cuidado de su incompetencia y por la celebración de su rapacidad, no en balde permite a sus jefes un mar de libertades, de excesos, controles y decisiones que jamás habían tenido en el pasado. Tampoco le falta el oxígeno de una camarilla de magistrados que administran justicia según los dictados del Ejecutivo, sin necesidad de ser expertos en códigos ni de devanarse los sesos tratando de explicarse ante la república. Y ni hablar de las señoras de la oficina electoral, tan diligentes en el servicio de hacer elecciones al gusto del patrón.

 

 

Cuidar y defender a Maduro es cuidarse y defenderse ellos mismos, asegurar la tranquilidad de sus guaridas y las ventajas de una vida rodeada de lujos extravagantes. Con el “presidente obrero” en el trono no tienen que dar explicaciones, no tienen que cuidarse las espaldas, pueden mirar a las mayorías de la sociedad desde la altura del hombro porque disfrutan la vida en un pináculo dorado que no van a perder por asuntos de conciencia que no vienen en el libreto, ni por actos de contrición que solo conmueven a los ingenuos. La destrucción del país no importa, el hambre y la miseria de los venezolanos carecen de trascendencia, porque solo se trata de salvaguardar la continuidad de un sujeto que los ampara y promueve porque de ellos depende la prolongación de su ominoso festín. Todos usurpan en conjunto, forman un gran equipo de usurpación, en suma.

 

 

Editorial de El Nacional