Las limitaciones de los partidos políticos
junio 20, 2019 5:32 am


 
 
Entre las evidencias interesantes de la realidad que refleja una encuesta reciente de Datincorp destacan las relativas a la influencia de los partidos políticos en la actualidad. Se trata de opiniones pasajeras, pero no del todo, debido a que parecen mostrar una opinión estable, puntos de vista que se han aclimatado a través del tiempo sin que un fenómeno particular la haya llevado a mudarse. De allí la importancia que pueden tener para el entendimiento de lo que sucede en el país.

 

Los partidos más jóvenes sobre cuya aceptación se averigua, PJ y VP, apenas cuentan con el apoyo de 10% de los encuestados, mientras el partido más antiguo y famoso, AD, solo recibe soportes positivos de 7%. Si asumimos que el país está politizado hasta extremos evidentes, y se regodea en los comentarios relacionados con la marcha de la política, no estamos ante resultados que reflejen una influencia destacable de las organizaciones de oposición de las cuales depende el cambio de la situación actual.

 

 

Son datos elocuentes debido a que, según los testimonios de la misma encuesta, 17% de los entrevistados manifiesta simpatías por el PSUV. Tampoco sale bien parado el partido del gobierno, desde luego, pero su preeminencia ante sus rivales demuestra que todavía tiene fuerzas para permanecer en el interés de la ciudadanía, o recursos materiales para el sostenimiento de una clientela que no es desestimable si consideramos el mal gobierno que han realizado las figuras del la organización que la representan y en cuyo nombre actúan.

 

 

El PSUV ha perdido el fuelle que lo movía cuando Chávez estaba en la cabeza, hasta llegar a extremos de crecida mengua, pero demuestra todavía un vigor capaz de salir bien parado ante sus rivales. Es casi milagroso que aún pueda mantener simpatías en medio del desastre que han provocado sus dirigentes, de la postración a la cual ha llegado Venezuela bajo su dirección, pero es lo que señalan los dígitos de los analistas. La influencia póstuma de Chávez, quizá, o más bien la debilidad de quienes pretenden echarlos del gobierno, porque no deja de ser impresionante que la mediocridad de Maduro y la incapacidad de sus burócratas puedan encontrar en la actualidad soportes masivos.

 

 

Lo cual obliga a detenerse en las limitaciones de los partidos de oposición ante los retos y los anhelos de la sociedad. Han sido capaces de crear liderazgos como el de Guaidó en nuestros días, o como el de Capriles antes, pero no han aprovechado el viento que ellos les ofrecen o les han ofrecido para arraigar del todo en la sociedad. Los liderazgos personales han crecido, pero los liderazgos colectivos han quedado a la zaga. Ha crecido un par de impactos personales, pero no ha sucedido lo mismo, ni nada parecido, en el elenco que los rodea.

 

 

Si se compara con la penetración de los partidos de la democracia representativa, ahora destaca la superficialidad de los intentos de establecimiento en la vastedad del territorio, el débil nexo con lo que interesa de veras a la sociedad. Los partidos de la actualidad no solo han dejado de ser organizaciones de masas, fuerzas colectivas de indiscutible raigambre popular, para influir realmente en sectores limitados y en grupos de opinión que difícilmente pueden mover conductas como las que empujaban los partidos antiguos cuando vivían sus mejores tiempos. Los resultados de la encuesta que hemos comentado les conciernen directamente y los obligan a reflexionar, si de veras pretenden tomar el poder en el futuro próximo.

 

Editorial de El Nacional

 

 



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