La Asamblea ¿auge y caída?
Enero 7, 2017 6:27 am

Al gobierno de Nicolás Maduro le conviene que se sigan manteniendo por un tiempo las apariencias democráticas. La camarilla civil y militar no ha terminado de abrochar todos los botones represivos necesarios para cerrar el cerco que ponga fin a esta cuasi primavera venezolana que no llegó a florecer, como sí ocurrió en otros países.

 

 

 

De manera que al gobierno de Maduro le sienta bien que se instale en santa paz la Asamblea Nacional, tal y como se indica constitucionalmente. Estos tiempos primerizos no importan y menos aún cuando todavía no se ha consolidado el campo de guerra y no terminan de armarse las alianzas y comprarse a altos precios las traiciones. Lo que estamos viendo son las precauciones y los reconocimientos previos a la batalla.

 

 

 

Porque la batalla es inevitable y eso lo saben todos. Para que un gobierno se restablezca luego de una desastrosa derrota electoral, popular y política, tiene que recobrar el terreno perdido y para ello no puede esperar mucho tiempo porque ese sería el lapso durante el cual transcurre el velorio y la sepultura.

 

 

 

Un presidente arrinconado, rodeado de burócratas ignorantes y ávidos de dinero, de jefes militares que están claros en el destino que la justicia les depara, de cómplices especializados en buscar grietas para evadir la ley y las normas que imponen no sólo la república sino la decencia personal, no constituyen precisamente una promesa de salvación y rescate de la Venezuela que una vez tuvimos y que queremos volver a tener.

 

 

 

Resulta más que lógico, y nadie puede volver a caer en el engaño de que el gobierno pactará honestamente con la oposición, que Maduro y su camarilla convivirá con una fuerza opositora que lo supera en votos y en esperanzas, que tiene más credibilidad y que ofrece una salida a este desastre que los maduristas no hacen sino ahondar día tras día con sus propuestas que no obedecen a una solución de largo alcance, sino a una labor de albañil que apenas tapa un par de huecos. Venezuela no está para esos engaños de asaltantes de caminos.

 

 

 

Hablando, sin ganas de fastidiar, en el falso lenguaje de los bolivarianos y de la superchería del señor Maduro haciéndose creer el comandante del socialismo, habría que recordarle que Lenin escribió que “ningún democratismo da como resultante el socialismo”.  Así que al PSUV y sus aliados no les queda otra alternativa que eliminar por la fuerza o por la guillotina de la Sala Constitucional. Y eso es lo que viene, como llegará también el huracán de la represión, de la mano militar imponiendo justicia sin hacerle caso al poder civil y, desde luego, convirtiéndose a sí mismo en objetos y sujetos de la justicia internacional que, para desgracia de ellos, carece de la capacidad de olvidar.

 

 

 

El gobierno de Maduro y de su camarilla civil y militar no soporta sobrevivir al lado de una asamblea electa por la base popular que, al ser mayoritaria, le anula legitimidad a una fracción aventurera que asalta o anula el poder en tanto representa un proyecto abyecto, impulsado por la ambición de unos bandoleros.  Por eso asesinarán a la Asamblea Nacional. Necesitan su cadáver.

 

 

Editorial de El Nacional



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