Infanticidio
Marzo 17, 2017 10:05 am

Una  noticia aparecida el 16 de marzo pasado en las páginas de sucesos, de sí ominosas, y por ello acaso llamadas “rojas”, ha tenido necesariamente que conmover a la opinión pública –aunque la displicencia de algunos analistas les compela a aseverar que el venezolano ha perdido su capacidad de asombro–,  por lo terrible del hecho narrado en ella: durante una OLP practicada en el sector Cerro Grande, parroquia El Valle, un sexteto de polizontes derribó la puerta de la humilde morada de la familia Vega y asesinó a Alex Johan, un menor de 16 años de edad.

 

 

 

Para justificar el abominable crimen, la policía nacional bolivariana le endilgó el mote de “Cara de Ratón” y le endosó, sin pruebas, una larga lista de delitos. Eso, al menos, declaró a la prensa el padre de la víctima, doliente, atónito e  involuntario testigo del homicidio que la bofia se encargara de (des) calificar al contabilizarlo entre las “bajas del enemigo”

 

 

 

No podemos poner las manos en el fuego por el ajusticiado; muchísimo menos por sus verdugos, pues  el cuerpo represivo que allí actuó no se caracteriza por la estabilidad emocional o psíquica de sus miembros. Por ello, el beneficio de la duda se concede a los familiares del ultimado.

 

 

 

Sin embargo, no es éste un caso aislado. En uno de nuestros más recientes editoriales se daba cuenta de los desafueros consumados durante esos operativos bautizados con las mismas siglas de la terrorista Organización para la Liberación de Palestina, los cuales han alcanzado tal gravedad, que hasta el desaprensivo defensor del pueblo se atrevió a afirmar que “a veces”, se cometen excesos en los mismos.

 

 

 

No, el homicidio de infantes es, bajo el régimen madurista, moneda corriente. Así se desprende de una información aparecida en el Correo del Caroní y reproducida por La Patilla, según la cual durante el mandato de Nicolás se ha registrado un promedio de 96 niños asesinados.

 

 

 

Esta escabrosa cifra se halla entre las conclusiones del Centro Comunitario de Aprendizaje, organización social que defiende los derechos de la niñez, asentadas en su balance anual “Somos Noticia 2016: un panorama sobre los diferentes tipos de violencia contra niños, niñas y adolescentes venezolanos”, basado en el análisis hemerográfico de 18.802 noticias publicadas en 31 periódicos, 6 de circulación nacional y 25 regionales.

 

 

 

La misma fuente asegura que “entre el 1° de enero y el 31 de diciembre de 2016, los casos de violencia contra niños, niñas, y adolescentes se incrementaron en 52%, al pasar de 6.455 en el año 2015 a 9.807 a la fecha del presente análisis”.

 

 

 

Hay otras formas de violencia que están diezmando nuestra población infantil, cuales la desnutrición, causada por la escasez y el alto costo de los pocos productos que se consiguen, y el deterioro progresivo de la salud que ella acarrea y es magnificada por la insuficiente atención pediátrica.

 

 

 

La autoría de esta modalidad de infanticidio silencioso debe necesariamente atribuirse a un gobierno al que le importa un rábano el vertiginoso aumento de vidas truncadas antes de tiempo. Son menos bocas de qué preocuparse, pensará ese jefe civil que manda hoy en el país.

 

 

 

 

 

El Nacional

 

 

Por Confirmado: Francys García



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