El día de la Independencia
julio 5, 2019 6:10 am

 


 La Independencia fue un hecho estelar que no se puede repetir, pero que deja lecciones ineludibles para la sociedad, lecciones que se deben observar a través del tiempo. Más allá de las manipulaciones a que han estado sometidos los hechos del 5 de julio de 1811, comunican obligaciones colectivas a las cuales debemos acudir como sociedad.

 

 

La Independencia nos obliga a pensar con cabeza propia. Fue la conducta de los padres fundadores y el consejo que dieron a las generaciones posteriores. La realidad se debe enfrentar según se vaya presentando, pese a la diversidad de los desafíos con los cuales nos conmina.

 

 

 

La Independencia fue un proyecto envolvente, que procuraba la anexión de toda la sociedad sin plantear exclusiones. Quería una fábrica para todos los venezolanos, independientemente de su origen social, que se llevaría a cabo en forma paulatina.

 

 

La Independencia fue un designio civil, un pensamiento nacido en el seno de los letrados, los pensadores y los sacerdotes de la época, que la pensaron de acuerdo con los principios de la modernidad sin la presión de elementos militares.

 

 

La Independencia creó un pensamiento nacional, a través de periódicos memorables en cuyas páginas se plantearon los fundamentos del republicanismo que debía establecerse en la posteridad.

 

 

La Independencia creó un pensamiento finito, por supuesto, un conjunto de ideas que pretendían solucionar los problemas de un tiempo determinado sin sugerir pautas inamovibles o perennes. Fue un capítulo, por consiguiente, pero no la historia entera de Venezuela.

 

 

La Independencia quiso que fuéramos republicanos, especialmente. Nos dejó el credo y el reto del republicanismo, el único desafío que se mantiene a través del tiempo y al cual se ha aferrado la sociedad hasta nuestros días.

 

 

La Independencia, al querer que protagonizáramos el republicanismo del futuro, dispuso nuestra lucha contra los fueros, contra los cesarismos, contra los personalismos, contra todo lo que impidiera la autonomía de los poderes públicos.

 

 

La Independencia, como fruto de debates memorables, nos dejó la herencia de la libertad de expresión y la misión de luchar por ella. Hechura de la deliberación, nos enseñó que sin la propuesta de ideas y su libre concurrencia no existe una república que cobije la libertad y la dignidad de los ciudadanos.

 

 

 

La Independencia requiere la interpretación del futuro, la traducción de sus propuestas en atención a las necesidades de las generaciones posteriores. Por lo tanto, está sujeta a apreciación diversa. Los que la manipulan, o quienes se presentan como sus continuadores exclusivos, son unos charlatanes. Tal es la lección de los sucesos del 5 de julio de 1811 que hoy conmemoramos.

 

 

Editorial de El Nacional